martes, 24 de enero de 2012

- LA MADRE DE ANDREAS BENDER -



Alemania, Europa, Berlín. La madre de Andreas Bender, acaba de demenciar    quasi   súbitamente. Su ataque de locura, parece sacado de una película de inquieto terror. Kornelia,-que así se llama la pobre demente-, empuja con su pequeño cuerpo todo lo que puede a su fornido hijo Andreas. Sí. Kornelia  quiere irse. Desde la locura, dice que quiere marcharse, aunque no sabe ni puede pensar bien a dónde desea dirigirse.
Finalmente, llega la ambulancia. Un impecable médico profesional, le inyecta   un  sedante farmacológico a la mujer, y se despide y retira. Adiós y muchas gracias, amigo ...
Mas la pelea, va a continuar en el interior de la casa. Kornelia grita, y le dice a su Andreas que le deje ir y que no se apalanque enfrente de la puerta, porque se ponga como se ponga, ella se va a ir. Y le insulta y grita ante los vecinos asustados.
Andreas, está perplejo. Aquel ataque de locura parece desgarradoramente   imparable.  Contiene sin inmutarse aparentemente Andreas los empellones de su madre, en un intento desesperado de apartarle y de abrir paso libre a su demencia y riesgo.
No pasan los minutos para la tensión, a pesar de de que ya ha transcurrido media hora desde el pinchazo sedante. Kornelia sigue percutiendo imparable y compulsivamente sobre su hijo. Éste, trata en vano una y otra vez de calmarla. Incluso llega a pensar Andreas en tirar   la toalla, perder la paciencia, ceder, quedarse sin fuerzas, y finalmente dejar partir   a   su  progenitora al abismo de su desastre patológico. Quizás, a la muerte.
Andreas, logra sacar la fuerza de un fondista, y neutralizar casi con besos y con firmeza a un tiempo, a la incontrolada ferocidad de Kornelia. Semeja a un soldado o policía. Hay murmullos de admiración.
Al fin, la paz. Andreas le dice a su madre que qué quiere, y ésta, le indica con el dedo   la dirección contraria a la puerta de la salida de la casa. Ya acepta entrar. Y unos minutos más tarde, ya está reposando en la cama totalmente dormida.
El hombre, aprovecha, y sale unos minutos a la calle para respirar y recuperarse     de   la  conmoción. Echa chispas. Nada le parece bien. Todo es injusto, fatal e imparable.     Está  indignado y lloroso.
Y de repente, Andreas Bender encuentra a su paso a un mendigo envuelto en una manta, y tirado en la derrota y en el suelo de una calle. Por fin, el hijo de Kornelia se va reconciliando con su madre. Y toma oxígeno y sosiego.
Ese pobre hombre tirado en el suelo, le ha hecho ver que la conmoción está en muchos sitios, y que una vez es ruidosa y estrepitosa como la de su madre, y otras, silenciosa como la del referido sin techo.
Sí. Por lo menos, la madre de Andreas Bender tiene un techo donde cobijar su dolor y su vida, y una cama confortable. El mendigo, ha perdido demasiadas cosas, y ni siquiera un sedante llamado alcohol le apartará demasiado del frío de las tristezas.
Media hora más tarde, Andreas sube a la casa. Kornelia sigue durmiendo. La gran batalla desgarradora, ha dejado la tregua de un tiempo de reflexión. Ya veremos la nueva batalla del devenir de las horas.
-SUERTE, ANDREAS-

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