Me espera un sueño, un cambio grato, un moverme, algo que va a ocurrir. Algo vital y necesario. Algo personal. Me lo dice Abril y toda la sacrosanta Primavera. Me lo dice un río de ilusión que fluye.
La ilusión golpea mis miedos. Porque romperé la barrera de mis renuncias y tomaré un avión. Y partiré lejos de aquí. Pero nunca lejos de mí. Al revés. Volaré en la certera diana de mí mismo y hacia mí. Buscándome. La lejanía me hará explorarme todos mis miedos y gozar de todos mis deseos. Hay una fuerza positiva que apaga todos mis llantos y que da respuesta a todas mis dudas.
Partiré. Sí. Partiré, volveré, llegaré, me pondré a prueba, conoceré otros acentos, otras personas, otras geografías, otras sonrisas, y me zamparé un buen cacho del pastel del placer.
Hago unas maletas y me muevo a mí mismo los sentimientos. Priorizo. Es lo más importante concederse nuevas de descanso y de toda la autoestima. Atrás han quedado las perezas, surcaré los cielos, avanzaré sobre las nubes, nunca subí en un aparato del aire pero esa asignatura la voy a aprobar porque tiene los días contados.
¿Las nubes? He crecido. Sigo creciendo. Quiero brillar como lo hacen las plantas rojas y amarillas de mi balcón al que adoro. Y seré un pájaro, un pasajero que podrá volar alto, y hasta dejar mi Península en busca de una enorme y volcánica isla. Y no puedo evitar decir que la espera me corroe las venas. Pero es la mejor de las esperas. Es una espera voladora, kilométrica, real, viajera, loca, extraña, intrigante, reveladora, rebelde, feliz, sensata, integradora; como un colofón victorioso de mi inconformismo.
El miedo al exterior se va a aguantar. Puede esperar y hasta perderse. La vida es el gran caballero y guerrero frente a la muerte que decepciona. Estoy hablando y no de otra cosa que de las ganas de vivir.
Mis desconocidos aeropuertos, mi absurdo temor a que la nave de la ilusión se derrumbe y me despierte decepcionado. Pero, ¡no! No va a haber ningún contratiempo. Porque mi ilusión es la misma que tú sientes, que tú tienes, y sueñas como yo, e intentas hacer realidad esos sueños. Y sabrás esperar para bien, y siempre habrán en tu vida momentos inolvidables que saltarán gozosos sobre tu euforia nada desmedida.
Voy a ver el mundo siquiera por unos días. Me voy a meter en uno de los líos más gozosos de mi vida. Y aplaudo a esa vida que me dice sí. A esa espera mágica que hará que mi presente vivencial engorde de nuevas experiencias y sentimientos que primero gozaré y que luego contaré a todo aquel que desee leerme.
Se fortalecerá mi espíritu, haré mi peque viaje a la luna, y miraré admirado las hermosas y largas piernas de las azafatas, y yo seré también mis maletas mareantes y de seguridad. Y tú mirarás mi vivir y esbozarás una de las mejores sonrisas de toda tu vida.
Y Su Majestad el Teide se asombrará al notar mi valiente insolencia, y el silbo canario será mi hilo musical, y si puedo me traeré papas arrugás, viajaré en guagua, y probaré un mojo picón auténtico.
Y el anticiclón de las Azores será benevolente conmigo y con mis anhelos. Y hará el clima más benefactor para que yo pueda gozar de una maravillosa travesura con valor y decisión. Y en mi corazón se cerrarán heridas y se suturarán muchas penas. Y la reina María del Pino sabrá valorar a un valenciano que tiene derecho a su poesía.
-TODO EL DERECHO.-






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