jueves, 28 de mayo de 2020

- RUIDO ELECTORAL -




¡Catacrak! Terrorista. Pim, pam, pom, pem, zas; oratoria dentro de la pandemia en la España de mis amores. Pataplás, mucho ruido, pescadores en un extraño Pisuerga, insultos, quejas, prisas, imprecaciones, cansancio de confinamiento, la economía del pressing y toda la duda intencionada.
PP, VOX, PPVOX, VOXPP, viva voz, sin miramientos, al ataque, al descarne, a convencer como sea, a laborar votos, a seguir atacando en un intento de que a fuerza de repetir las cosas la gente se lo crea.
Desolación del dinero, bailando sobre la preocupación, sacando coches con banderas, apelando a otros regímenes no democráticos, más catacrack, pumba, leña, caña, grito, desahogo y números. Las elecciones autonómicas y las mayorías absolutas por decidir. La chicha democrática y el músculo, al descubierto.
La pose, Madrid me mata, el erre que erre, la busca del chivo expiatorio, el atrás, el cuestionamiento y la desobediencia, el descaro y la no rigurosidad. La duda y el desgaste. Inventarse las más nimias estrategias y las mayores agarraderas posibles dentro de la nada.
A la querella, a la requerella, a la cacerolada, a la España de los poderosos y privilegiados, las alusiones a los tiempos etarras, la cerrazón y la insistencia.
Convence. Convence como sea. Igual alguien logra situaciones comprometedoras. Hay que poner en jaque y en apuros a los bolivarianos coaligados, a los invasores, a los que dicen lo que hay que hacer, a esos señores de la ciencia pandémica que cada día dicen una cosa diferente y que no hay ya quien les entienda. ¡Quieren joder! Dominar. Ganar desean esos intrusos. Destituír a su antojo a la Guardia Civil y hacer lo que quieren. Y éso, nunca. La Patria España no se conforma. El Poder se resiste como gato panza arriba y deja oír toda su furia. Ésos, van a sufrir por todos los sitios. Va a ser su calvario y pasión.
Marlaska, el doctor Simón. La sevillana Montero, el comunismo, la falta de libertades, la otra Montero que anda calladita con su 8 de Marzo. Tarde, tarde, tarde, lo hicieron tarde, debieron haber previsto, muy tarde todo, los españoles han de abrir los ojos. Pedro Sánchez, Pedro Sánchez ...
Cayetana le ha dicho la gran burrada al coletas Iglesias. Le llama hijo de terrorista a ver por dónde sale. Y el coletas le contesta contenido y firme. Crispa, que se acaba, más madera que es la guerra, movamos, empujemos, meneemos, amenacemos, riamos a juegos de estrategia, y hasta hagamos nostalgia de otros miembros que habían antes en el PP y que ya dieron relevos a gente nueva. Los cambios generacionales.
Abascal, dales duro. Háblales de futuro y de que se hizo todo tarde, aposta y mal. Y que hay perversidad. Y maldad, y mucha trampa, y soviets de peligro y nunca fiarse.
No. No hay fútbol ni leches. Y las fases avanzan al arbitrio de la inconsistencia y de la velocidad de la tortuga. Además del coronavirus, el confinamiento y la economía, tenemos más cosas. Como las ganas de gritar alto y claro, y de desquite, y de levantar el felpudo para que haya más polvo, y tirar de megáfono, y nada de términos medios que solo favorecen a los intrusos y a los domados que les votan.
¡Cataplás! Cataplón, pumba, tira de ahí, deja ya de dar por saco que me estás encendiendo, no hay lugares de ocio, sino telematía y pescados en el aire. El último, que apague la luz. Arrimadas intenta callar abochornada ante tanta inquina. Me muero por un pacto de Gobierno. ¿Qué demonios es éso de Bildu?, ¿Rufián?, ¿el independentismo? ¡Cataluña! La confrontación como estrategia. Vamos a rebañarles a escraches y a denuncias. ¡Los sanitarios! Todas las grietas. A presionar y a meterse dentro de área del fútbol bronco y copero. Porque la estrategia es la estrategia.
¡CATAPLÚM!

lunes, 25 de mayo de 2020

- VIAJE OSCURO -




Lo recuerdo todo como en una secuencia inevitable y a toda velocidad. Fue, el otro día. Un día decisivo y durísimo para mi vida. Descorazonador y bien preocupante.
Razones de salud. Veinte años, que se dice pronto. Veinte maravillosos años de esperanza. De cuando yo aún no era yo, y de cuando le tiré mucho valor. Y luché por mí. Como fue mi obligación.
El terapeuta me lo había advertido. El 21 de Abril, se jubilaba. Cosa que así sucedió. Y tras algunas sesiones telefónicas a causa de los impedimentos del coronavirus, ya tocaba volver a despedirme y pagarle al hombre el dinero que le debía.
¿Y después de esta fecha?, ¿qué pasaría con mi futuro de salud? ... Sí. Veinte años luchando como un salvaje. Aquellas peleas eran brutales. No sé cómo me contenía cuando aquel hombre impenetrable me gritaba en algunas de sus sesiones. Yo le bauticé como "el boxeador". Se ponía muy tenso y me contagiaba el malestar. Pero me di cuenta de que con él, o le admitía como era o nada más. Poco más. No se trata de cambiar a las personas.
Mi "entrenador" me llevó hacia el escenario de combates similares a los de Alí y Foreman. Y logró meterse bien adentro de mí. A mí nunca me convencieron ni sus formas ni su talante. Pero mi estructura estaba tan delicada que solo puedo agradecerle mis avances en la salud. Soy un hombre agradecido, y me tengo por noble. Pero la verdad es que en veinte años de contacto nunca me sonrió ni me dio el más mínimo golpe de ánimo en la espalda. No fue de dar concesiones. Un tipo duro, el cual un día me confesó que tenía fama de buenazo entre su círculo de amistades. Yo, nunca sabré ni me incumbe saber quién es este señor.
Ochenta y un euros le debía. Me fui a la papelería y compré un pequeño sobre, en cuyo interior puse el dinero. Y con la mascarilla colocada y tomando un par de autobuses, me presenté en su casa cercana a la bien popular y universitaria avenida de Blasco Ibáñez.
Llegué en punto a la hora acordada, y llamé a su casa desde el portal. El hombre, abrió y yo entré y tomé el ascensor. Al situarme ante su puerta, llamé esta vez de nuevo. Mi rostro denotaba una tristeza enorme y absolutamente extraña. ¿Todo terminaba ya y en este punto? ...
El hombre abrió la puerta, y me sonrió cortesmente. Yo, desolado, le mostré el sobre y él me preguntó si ahí adentro estaba exacto el importe del dinero o si tenía que devolverme algo. Yo, con un gesto y sin decir apenas nada, me hice entender. El hombre recepcionó dicho sobre del dinero y me dijo:
- "Mire. Por lo menos ya puede usted salir a la calle ..."
Se refería a la Fase 1 del Estado de Alarma. Yo, no contesté. Y nos dijimos adiós. Un adiós tremendo, tentador y peligrosísimo. Sí. Era mejor no entrar en su casa. Él intuía que utilizaría ese tiempo para lamento de futuro. Pero yo ayudé a las cosas. Rápidamente, me di la vuelta y volví al ascensor. Bajé y salí de aquel sitio. El 21 de Abril se había muerto toda la realidad contractual con "el boxeador".
Más que rápido. Rapidísimo y sin pensar. Sin mirar hacia atrás ni pensar en desamparos futuros. Mi mirada seria, inteligente y práctica. Alea jacta est. ¡Fuera los lamentos! Como un zombie con mascarilla, tomé dos autobuses más y regresé a mi casa del Casco Histórico de Valencia. Y decidí entre lloros internos que no quería pensar. Y que pensaría lo menos posible. Porque el futuro cabrón o como se llame, se come todas las nostalgias y los anhelos.
Y al llegar a casa me hice la comida y no sé qué más. Y la herida es inevitable porque siempre me acompañó. Y no siento ni quiero siquiera pensar en un nuevo tiempo, potente y siempre exigente. Y me pido una pequeña bonoloto afortunada, y valorar más lo que tengo, y apurar toda la batería que me brindó "el boxeador". Y seguir sobreviviendo como un salvaje.
-COMO SIEMPRE-

jueves, 21 de mayo de 2020

- VERANO...¿HORRÍBILIS? -




A ver si nos vamos enterando. Si llevamos meses metidos en casa como conejos, ha de llegar la cosa de la recompensa. Sí. Han sido demasiadas semanas de demasiado estrés, y de demasiado dolor y de demasiada locura. De demasiado pánico. Los psicólogos privados se van a poner las botas...
Pero ya huele a calor. Aunque estemos en Mayo, esto ya es pleno verano. Y a mí no me joden las vacaciones. Soy libre, ¡joder! Y tengo muchos derechos. Y no solo a pasear en busca de la tienda cerrada o la de la cita previa telefónica.
Quiero más. Quiero muchísimo más. Quiero volver al antes de toda esta historia del virus. No se llama coronavirus. ¡No! Se llama, virus de los cojones ...
¿Sabéis? Me he sacrificado demasiado. He jugado demasiado a la lotería como para que no me toque ni siquiera la devolución del décimo.
Habladme de otra cosa. Metedme en lo más profundo del chip la palabra playa y la palabra vacación. Y la palabra bar, y la palabra viaje, y la palabra fútbol, y la palabra ir de birras con los amig@s los findes, y la palabra perdernos con el coche camino de donde nos dé la gana.
Yo, ésto, no lo voy a aguantar. Ni a consentir. Necesito ruido, "mucho mucho ruido", y bullicio, discoteca, ambiente de la noche, botellón hasta el sueño, y que Silvia se plante las minifaldas que solo ella sabrá cómo se hace para ceñirse favorablemente su trapo tan corto.
¡Ah! Y, visibilidad. Quiero visibilidad. Quiero, ver. Y quiero que el vaho de la mascarilla sobre mis gafas no me tenga zombie y a tientas. Y quiero volver a visibilizar la sonrisa y la magia de Daniela, cuya mirada salva mi vida y le pone a todo lógica y sabor.
Moverme, sin miedo. ¿Tengo derecho? A veces siento que voy por la calle engañado, y que en realidad no me estoy moviendo del pasillo de mi casa. ¡Que vuelvan las calles! Y que la gente se junte y se ría a carcajadas reales. Y que se descojonen, pero para mearse de la risa sin remedio. Y que no haya un hándicap de pose al final de la sonrisa no creíble.
Quiero ver a Vanessa moviéndose con energía por el spining del Gym, e ir ya de una puta vez al cine y a engatusar a Rosalía en la fila de los mancos. Y que las terrazas recuperen el antes de Cristo.
Este post cosas, es de cartón piedra. Es una insoportable estética para hacernos ver que viene lo bueno. Y como nadie sabe nada, nosotros tampoco, y el puto piojo que vino de Wuhan parece que ha substituído a la hegemonía del homo sapiens del poder en la Tierra y ahora es el amo dictatorial y dominador. Conclusiones de demasiados días de delito de confinamiento ...
¡Ni hablar! La playa nació para ser el analgésico y ansiolítico de mi tiempo. Como el fútbol. De modo, que no quiero volver a ver en la tele a esa belleza confinada de libertad en la playa luciendo un imponente bikini y un cuerpo fetén, pero todo encorsetado por una maldita mascarilla que no deja ver toda la realidad y que capa la ilusión.
¡Con dos cojones! Yo confío ciegamente en el verano. En su poder del aire libre y en su magia. Y seguro que el tórrido sol coge a ese virus y lo fríe y se lo carga. Pero hay muchos más virus que ya dependen de mí. Soy una fiera a la que han encerrado, y que tiene unas determinadas necesidades humanas y evidentes.
Aquí hay que vivir la vida, que son dos días. Y volver a trabajar, que a algún parásito le ha venido más que bien esta mierda para no moverse. 
Hay que romper el verano por algún sitio. Hay que respirar de una puñetera vez. Hay que hacer algo. Hay que pensar en el chapuzón y hasta en el patito de goma, y perseguir cual Alberto Cortez a Manuela en bicicleta para ver las estrellas en la playa, y pensar que bajo los adoquines del virus se esconde la arena de una cala virgen de la que emergerá una diosa de belleza, de sexo, de sanidad y de amor. Hay que volver al directo y al cara a cara. No quiero morir estando vivo.
¡ME CAGO EN LA PUTA! ...

sábado, 16 de mayo de 2020

- NOS DEJÓ JULIO ANGUITA, "EL CALIFA ROJO". -




Desde Pasionaria o Santiago Carrillo, la izquierda española de verdad no conoció a un líder del calado del cordobés Julio Anguita. Comunista confeso y valiente. 
Sí. De Córdoba La Llana, ojos grandes, descendiente por rasgos físicos de aquellos prohombres del gran Califato omeya en España, el maestro Julio Anguita tuvo siempre ese porte engañañoso y poco complaciente de orgullo, el cual no dejaba ver inicialmente su enorme humanidad y lucidez democrática.
Julio, nunca cambió su chaqueta y ha muerto defendiendo lo que siempre postuló desde su PCE e Izquierda Unida. Su ausencia no es precisamente la mejor de las noticias para la verdadera izquierda, y en la cual el Psoe ya no está.
Anguita peleó mucho con Felipe González. Y al cordobés le dolía ver cómo ese Partido Socialista y Obrero, se tumbaba a la bartola del tancredismo y del hasta aquí he hecho y he llegado ...
¡No! Julio Anguita siempre reinvindicó otra cosa. ¡Programa, programa, programa! Transformación, nada de superficialidad, densidad argumentativa y pedagógica, defensa de la gente real que más sufre, cuentas claras, y denuncia de las injusticias de una Transición fofa y de cartón. Vindicación permanente de la lucha de los obreros contra los señoritos, y en su profunda convicción se ganó el respeto de todos.
Orgullo cordobés y serena elegancia. Ojos elocuentes y mirada incómodamente inolvidable. El corazón de la izquierda. El hombre que nunca levantó su voz porque no hacía falta chillar, sino pensar. El que huía de los periodistas gallineros y les ponía en su sitio. El que se hacía de respetar. El que dignificaba la figura de la política ideológica frente al mercader. El "Averroes" sencillo que nos explicaba el porqué de las cosas que nos pasan a los pobres y las causas.
Julio Anguita fue el alcalde de Córdoba. Y aunque procedente de bien abajo, nunca se arrugó ni se postró ante nadie. Habló con dios y el diablo, pero siempre mantuvo el equilibrio personal de su convencida decisión definitiva. Los cordobeses le adoraron, y su potente carisma conquistó al país.
A veces, cuando los de la derecha arreaban a diestro y siniestro político, al llegar a Julio tomaban una duda de aceptación. Porque su fina educación y su inexistencia de boutade en su trayectoria le hizo ganarse muchas más simpatías de las previstas.
Sí. Julio Anguita estaba jodido del corazón, y cuando recayó el otro día, temimos lo peor porque su salud llovía sobre mojado y porque hoy en día le seguimos necesitando. Alberto Garzón llora desconsoladamente. Y toda la izquierda auténtica.
También Pablo Iglesias lloró cuando aquel mitin de Podemos en Córdoba. Cuando Julio había dicho que no iría a dicho mitin, pero que finalmente su humanísimo corazón cedió generosamente y se presentó al acto eclipsándolo todo. Y Pablo le abrazó, en una de las manifestaciones más emocionantes en la izquierda cainita que yo nunca olvido ni olvidaré.
Julio Anguita pudo sonreír de nuevo cuando vio al 15-M y a la tremenda pegada del "Tyson" de Podemos. Había por fin, relevo. Se podía confiar en la gente de nuevo. Se habían levantado. Eran y seguían siendo valientes. Pero en aquel mitin, el "padre" político de Iglesias advirtió que vendrían tiempos difíciles porque los privilegiados siempre están ahí al acecho como los buitres carroñeros. Y que muchísimos de ellos no eran demócratas. Y que la respuesta era la summa unión.
Anguita ha sido la referencia de una generación que cree en el pan y en el sudor, en la brega, en el campo y en su faenar, en que la tierra es para quien la trabaja, en la gente que no tiene los privilegios de los ricos de siempre, en la justicia social, y en la unión como gran fuerza final contra las injusticias. Yo voté siempre a Izquierda Unida, y a Anguita cuando le llegó el turno. Ahora voto a Podemos. Y oro por pensar y desear que mi izquierda siempre reme junta.
¡GRACIAS, MAESTRO!

martes, 12 de mayo de 2020

- MIS PLANTAS DE MÍ -




En mi balcón, mis plantas están solitarias. Se ve demasiado la tierra de las macetas, y poco el emboscado inevitable y consistente de sus tallos y hojas. La frondosidad del verde, escasea. Le he dado quizás demasiado a la tijera, y no he sido capaz de contener el deseo. El confinamiento es tentador. Te convierte es un excesivo de los cuidados y de las correcciones, y no reparas en las consecuencias sino en el azar de la inercia del aburrimiento.
Mis plantas, viven. Están ahí. Con sus bellas flores de Mayo por bandera vanidosa. Los geranios, las flores de un día, las begonias, las margaritas que semejan crisantemos y que nacieron de semilla, y hasta las flores que se aúpan desde los potentes tallos de lo que parece ser diente de león.
Pobre de foresta. De hoja verde. Y es que, seguramente, a esas plantas no es riego lo que le faltan sino mi contención. Aunque no obstante, yo las sigo observando y trato de asistir al parto de sus procesos. Las plantas de mi balcón siguen siendo sin duda para mí un laboratorio y un síntoma de vida.
Mi balcón se ha movido mucho. He rotado. He cambiado de posición las plantas una y otra vez, buscándolas ángulos nuevos estratégicos y favorables. He hecho una verdadera revolución dinámica, buscando también nuevos resultados estéticos y muchas aventuras. La primavera, me ha llevado a sacar mis rústicos instrumentos de jardinería, y a mostrarme continuista y exagerado como casi siempre. Quizás, pensando en el estatismo y en la monotonía del otoño aburrido y hasta extraño, y de menos horas de luz.
Mayo de pandemia y 2020. Percibo que a los esquejes de begonia que planté en dos nuevas macetas, les cuesta dios y la ayuda consagrarse y romper a crecer y a ensanchar. Insisto. Salvo una de mis plantas que mantiene buena copa y bosqueado, y un excelente por productivo y obediente arbusto citrícola, la mayoría relativa y hasta absoluta de las plantas de mi balcón, presentan problemas de crecimiento y de asentamiento.
Y los primeros calores preveraniegos, no irán a ayudar. A las plantas y a mí,-que solemos ser una sola cosa-, nos falta velocidad y reflejos de crecimiento. Es como si la tierra necesitara comer mejor y ser regada menos. Como si a dicha tierra, le faltaran minerales y productos para la gran exhibición y crecida. Se parece a tierra lenta e inactiva.
Lo percibo más quizás este año. Los años de la tierra no pasan en balde. Y eso que añado sustrato. Y naturalmente que ese abono ayuda, pero hay algo que todavía falla y que no acierto a diagnosticar plenamente qué es.
Hace tiempo que he retirado las bulbáceas calas, y las he situado ya en la parte de sombra de mi casa que es la terraza. La cala va desapareciendo hasta el bulbo y cesa en su floración y majestad. Y en ese momento trabajo con los espacios, y doy paso a riesgos y a experiencias cíclicas anuales. El hecho de que busque verticalidad y le dé a la poda, nada bueno puede querer decir. Porque para que las plantas se reposen y agarren diámetros, necesitan ampliarse y abarcar toda la maceta. Y desde ese completar de casi toda la superficie, ya se puede derivar la abundancia floral y la sucesiva continuidad.
Por eso ahora voy a parar con la tijera y a respetar más los procesos de cesación y observación. Voy a dejarlas ir, y solo actuaré cuando vea demasiadas carencias o irregularidades de ayuda inmediata. Jugarlas en plena primavera e incluso en plena floración, no es otra cosa que un exceso. Y mis plantas, más que tijeras, necesitan que las horade y airee camino lateralmente de sus raíces. Su prioridad es ahora la tierra y su densidad. Ya tengo labor ...
La buena noticia me la acaba de dar una maceta que está llena de minipalmeras que brotaron de semillas. No sabía a qué altura podarlas. Pero he pasado mi mano acariciando sobre éllas, y me he dado cuenta de que estaban más que agarradas desde sus raíces. Tema solventado. Otrora, las movía de un lado para otro, y algunas dudaban y cedían. Hoy, no ha sido así. He abortado lo que en mi pensar sería una buena poda larga y rigurosa. No es necesario. Me he limitado a darles estética corta a las palmeritas que afeaban el conjunto, pero no me pedían nada más. Ya tienen su base y su raíz. El tacto con mis manos y movimientos, me avanzaba el the end. Sí. Me he alegrado. Este sui géneris palmeral conjunto que crece al unísono desde una maceta, ya tiene personalidad y ya se las ventila solo. Y hay que respetar. El riego, y nada más. La observación, y a dejarlas tranquilas. Y ese respeto, me hace igualmente respetarme y continuarme más a mí mismo y darme seguridad personal. Quien me siga, sabe que las plantas son igualmente una metáfora de mí mismo, además de la vida que continúa. ¡Siempre! ...
Y al fondo, agua de Mayo. De la lluvia. Un regalo necesario. En Valencia, la suavidad se llama calor. Cuando llegue el verano, desconozco cómo deberá denominarse tal calor.
-PERO AGUARDARÉ ACONTECIMIENTOS-

lunes, 11 de mayo de 2020

- EL GRITO DE LITTLE RICHARD -




Si lees su biografía, casi que no la crees. Años cincuenta. Macon. Georgia. Estados Unidos. Postguerra mundial y un pionero anhelo de cosas nuevas.
Lo mejor que puedes hacer para conocer mejor a uno de los padres del rock y de tantos estilos, es escuchar sus canciones, y sobre todo, ver actuar en directo a Little Richard.
Sobran las palabras. Fue un niño negro que dio tumbos geniales y atravesó distancias y paradojas para tratar en vano de huír una y otra vez de sí mismo. Pero sus aventuras fueron geniales.
Little Richard solo fue música. Y ritmo, y arte, e innovación, y una idea caso masoca de la alegría, y un juguete roto y longevo que jugó consigo mismo y que hizo explotar al público con su excitación y propuesta musical.
Little no iba a ser regular. Ningún genio lo es. Contexto durísimo, marginalidad inicial y autoafirmación permanente. Si quieres vibrar, muévete al ritmo que desde su piano y su magia eléctrica te marca el exceso del gigantesco artista.
¡Un volcán! Inventó muchísimas cosas. No se consintió ser homosexual, se refugió en las Iglesias, y sobre todo nunca renunció a su gran grito genial que le salía del alma de su voz de tenor.
Agudo, agitador, tocahuevos, necesario, polemista, capaz de sorprender, y con el don de dominar el ritmo como los antepasados esclavos y afros. Ya se sabe: drogas, enganches, orgías, salidas de madre, rompedor, conflictivo y avasallador. Un grande entre los más grandes. Pero, itero, olvidaros lo que podáis de su biografía. Porque estas letras en el homenaje de su reciente fallecimiento, solo tratan de ser música en vivo, en carne, en influencia y en pasión.
Semejando un puto mierda, Little Richard fue tan grande que no necesitó apenas de letras de canciones para ser un absolutamente necesario. Y lo certificaron los Beatles o Dylan. No fue casualidad tal interés.
América y los derechos civiles. Pero Little Richard combatía a su manera cachonda e irreverente, desenfadada, extraña y definitiva. Hacía moverse y bailar a la gente que asistía en masa a sus recitales. Y ahí queda su legado para el que ande triste estos días. Pones un vídeo de Richard, y todo pasa a un segundo plano. Nada es tan acuciante y terrible.
Fue la banda sonora y la carne de los nuevos estilos libres, y todo lo llevó a competir sin apenas rivales. Negro, excluído y autoexcluído, casi cojo, raro, casi ido, casi siempre todo, extravagante, diferente y sin complejos. El dios de su religión siempre le miró pensativo.
Porque aquí el único dios de la apertura a los nuevos estilos musicales abiertos desde América al mundo, fue él. Como no era blanco no podía tener el sex de Elvis, pero eso le estimulaba. Little Richard es bien difícil de catalogar porque solo él es el catálogo musical de un nuevo paradigma de rebeldía de acción extenuante y excelsa.
Iba y venía Little Richard. Moría y renacía cual Ave Fénix de entre las músicas. Jugaba magistralmente y de nuevo, entre el adiós y la magia renovada y exitosa.
Porque Little Richard podría ganar mucho antes de empezar sus actuaciones, a causa de su colosal estilo y creatividad de showman puro. Epataba. Dejaba maravillosamente flipados a todos. Les hacía reír y soñar. Y entonces lo solemne se iba al garete y llegaba todo su vicio estruendosamente sensacional.
Y su energía loca y descomunal no conocía el límite. Y la gente fue feliz y pegadiza con él. Y su golpe agudo de garganta fue capaz de convertir a una casa abandonada en un monumento de arte vivo. Little fue la música moderna y la gran referencia.
¡VIVA LA MÚSICA!

domingo, 10 de mayo de 2020

- NO ES ÉL -




- "Papá, ¡ya podemos vernos! ¡Se ha acabado el confinamiento! ¡Esta tarde ya voy a poder verte en persona! ..."
- "Claro, hija. Estoy deseando verte igualmente, Silvia ..."
- "¡Yupiiiee! ¡Pues mira que yo! ..."
Cinco de la tarde. Ricardo tiene la mirada rara. Muy extraña. Lleva meses sin salir de su casa. A comprar, y de vuelta a su hogar. Por eso debería ser una fecha muy diferente la del reencuentro. Pero hay algo en Ricardo que ...
Ricardo y su hija Silvia se ven finalmente en persona. Y además de su hija, están sus dos nietos Raúl e Iris. Los niños dan saltos de alegría al verle. Y hasta su hija debe contenerles para que no dejen de respetar la distancia sanitaria. Y se han sentado todos en una terraza, y hablan. Sobre todo, Silvia ...
- "¿Qué te pasa que estás tan poco hablador, papá? Si tú eres de los que nunca para de charlar ..."
- "Jejeje. No te preocupes, Silvia. Han sido meses duros. Estoy como atontado. Ya se me pasará, je,je,je,je ..."
- "Eso espero, papá ..."
- ¡No te preocupes, mi tesoro! Aysss ..."
- "Ja,ja,ja,ja, papá ..."
Ricardo está de vuelta a su casa a la hora de cenar. Es viudo. Y dos veces a la semana, va una chica a hacerle las cosas de la casa. Ricardo ya está jubilado. Trabajó en la comunicación. En la radio. Fue una de las voces más conocidas.Y era lo de menos. Porque lo de más fue que su profesión le llenaba plenamente. Absolutamente vocacional su labor.
Al día siguiente, temprano, Ricardo comienza a pasear por las calles de su barrio. Todo el mundo le conoce. Y le saluda con cariño y efusividad. Pero Ricardo, aunque responde a los saludos, se limita a ser cortés. Y pronto se despide.
Ricardo está profundamente triste. Nada parece alegrarle. Todo se antoja aburrido y rutinario. Cuando nadie le ve, llora. La chica que le hace la casa, también se ha dado cuenta del abatimiento de Ricardo. Y como le aprecia, está entre extrañada y preocupada.
Suena el teléfono. Es su hija Silvia. Ha preparado una fiesta familiar sorpresa para el día siguiente. Y Ricardo, acude. Pero tras la comida, y antes y durante ella, le cuesta seguir el ritmo de su hija y de sus nietos. Y le cuesta estar atento a lo que le dicen. Y entonces se inventa que ha quedado con su mejor amigo, y decide partir. Su hija le mira un tanto sorprendida, pero no hace comentarios.
Lo que desea Ricardo aquella tarde,-si es que desea algo-, es caminar por la ciudad pero sin rumbo fijo. A veces le dan ganas de echarse las manos a la mascarilla y tirarla lo más lejos posible de él. Lo único claro que tiene el hombre es que todo esto es demasiado raro, y que desea volver a los tiempos anteriores a la pandemia.
Ha perdido la ilusión. O, éso pareciera. No tiene ganas de mucho. Es como si todo le diese igual. Cuando llega a casa, se acuesta vestido. Al día siguiente se levanta de mala gana y se ducha presto. Pero no se afeita. Ya lo hará.
Siente un raro miedo interior. Es como si no asimilara el nuevo tiempo. Y las calles no le saben a libertad sino a rutina. Tiene aspecto de muy envejecido en tiempo récord, y su mirada aguda parece haber perdido el brillo habitual.
El fútbol apasiona a Ricardo. Es del Real Madrid. Y, socio y todo. Pero no presta ahora atención a las noticias. A las del deporte, nada. Y a las de actualidad, cada vez menos.
Y no se siente con capacidad de reacción. Era siempre de moverse a zancadas enérgicas y casi impulsivas. Hizo mucho deporte en sus años mozos. Y ahora, con sesenta y cinco años, lo seguía practicando. Era un veterano runner más. Pero hace tiempo que no le apetece correr. Se queda mirando como hechizado a la gente que corre y pasea.
- "¡Papá!... ¡tú no estás bien! Es como si estuvieras depresivo y ..."
- "Ja ja,ja,ja. ¿Depresivo yo, Silvia? No te preocupes que yo no tengo nada."
- "¡Sí tienes, papá! ..."
- "Verás, hija. Para que estés más tranquila, iremos un día de estos al médico de familia y que me haga una revisión completa ..."
- "Pues es buena idea, papá. Es que no sé qué te veo ..."
- "Tú, tranquila, Silvia. El papá está perfectamente."
- "Bien. Te creo. Pero ..."
- "¿Sin peros, Silvia? ..."
- "Vale, papá ..."
Le acaban de llamar sus mejores amigos. Le saludan y van a verse pronto. Pero a Ricardo todo esto le da un poco igual. Antes, él era el motor de las fiestas ...
Ahora, lo único que percibe el hombre, es que no siente ninguna atracción por los viajes, a pesar de que fue un empedernido y apasionado amante de los desplazamientos a otros lugares para disfrutar conociéndolos. Y fotografiar dichos momentos. Y ahora, todo le parece distinto ...
Es como si quisiera viajar únicamente hacia un universo interior zarandeado y confuso. Su casa. Su casa parece convertirse en su alfa y omega. Ahí se siente bien. Y no quiere volver a su automóvil y ponerlo en marcha. Porque cuando está en la carretera, la competencia con los demás conductores le impide concentrarse y acaba agobiado. Ve su vida en riesgo.
Prefiere otros transportes. Y sobre todo, estarse quieto y no alejarse mucho de en donde vive. Ricardo quizás reconocería en otros momentos que su ánimo está como perturbado. Pero ahora no logra asumirlo. Prefiere no pensar en nada. Dejarse ir. Quizás, esperar alguna grata sorpresa. O que, sea lo que el destino quiera. No se ve capaz de pelear. Está como noqueado.
El día de la visita del médico le es indiferente a Ricardo. El médico le hace pruebas y todas salen bien. Y el hombre trata de tranqulizar a su hija:
- "¿Ves, Silvia? El doctor me dice que nada importante tengo. Espero que ya no estés preocupada, hija ..."
- "Sí. Sé lo que nos ha dicho el médico. Pero yo sé, papá, que a tí te ocurre algo ..."
- "Je,je,je, Silvia. ¿Además de economista, también eres doctora? Ja,ja,ja ..."
- "Sé lo que digo, papá ..."
- "Y además de economista y doctora, ¿también un poco testaruda, Silvia? ..."
- "No me convences ..."
- "¿Quieres tranquilizarte, Silvia? ..."
- "¡No! ..."
-UNA HIJA ES UNA HIJA ... -

viernes, 8 de mayo de 2020

- ¿ENCUENTROS EN LA TERCERA FASE?" -




Sí. Extraterrestres. Vinieron. Llegan. Están ahí. Proceden de mucho más allá del Sistema Solar. Ganímedes, se llama su planeta, aunque no tiene que ver con el satélite de Júpiter. Son inteligencias diferentes a las conocidas. Pero también tienen puntos vulnerables. Porque en Ganímedes también está la vida. Y se organizan de modo admirable. "Uhn" y "Xseven" están en misión espacial de exploración. Y nos acaban de descubrir. Su nave se desplaza a siete veces la velocidad de la luz, y su aterrizaje es indetectable e insonoro para nosotros.
"Uhn" y "Xseven" acaban de decidir en dónde van a posar su nave. Es un territorio emboscado que propicia discreción. Su nave se llama "Vixty". Piden permiso para el aterrizaje. ¡Concedido! ...
Son enormes. Los extraterrestres superan los tres metros de estatura. Su tecnología es muy diferente y superior a la de aquí. Vienen en son de paz. La paz es siempre su ideología, y el venir a conocernos, su obligación ética y su guía.
Han aterrizado en Tanzania. Les ha sorprendido ver poca gente. Pocos terrestres. De modo que "Uhn" y "Xseven" se han adentrado en una de las aldeas para observar todo mejor. Su misión de contacto será individual. Al menos, inicialmente. Porque los habitantes de la aldea de Tanzania en la que se hallan, huyen corriendo aterrorizados al verles. Algunos de ellos, llevan una mascarilla. Pero "Uhn" y "Xseven" no reciben de su Punto Central modificación de actuación. Y deciden que el único modo de detener a estas personas, es lanzándoles rayos paralizantes. Y una vez hecha la técnica, los astronautas de Ganímedes ya pueden actuar. Y lanzan a los tanzanos mensajes de sabiduría y de paz. Pero no están logrando sus objetivos. Y hay un denominador común. Cuando los rayos paralizantes cesan, los negros tanzanos vuelven a huír a la carrera. Y entonces se vuelven hacia los visitantes de Ganímedes, hacen un gesto con las manos indicando sus mascarillas, y con los dedos siempre marcan preferentemente una misma dirección y un mismo edificio. Es un modesto lugar sanitario. Y los médicos y las enfermeras, huyen todos despavoridos al verles. Quienes no lo hacen, es porque están postrados en sus camas y afectados por el Covid-19.
Pero ni "Uhn" ni "Xseven", retroceden. Se acercan a los enfermos e infectados, les exploran, les toman muestras de sangre, y no salen de aquel destartalado lar presuntamente sanitario en cinco horas. A los astronautas les atrae todo aquello. Buscar respuestas y comparar a unos y a otros. Los enfermos les gritan. Otros no pueden hablar porque se ahogan. Mas la inteligencia en Ganímedes se mide por otros parámetros. Entienden que las pandemias terrestres no pueden afectarles, y nada les preocupa. Hasta que deciden volver a Ganímedes finalmente. Allí pasarán toda la información a su Consejo Central, que es el Órgano de Gobierno de su planeta. Más tarde, tras estudiar, ya entrarán en conclusiones.
"Uhn" y "Xseven han vuelto a su sofisticada para nosotros nave "Vixty". Y en un par de horas terrestres, ya se hallan muy cerca de su base desde la que han partido.
"Uhn" mira a los ojos de "Xseven" pero no se atreve a decirle nada. Lleva un tiempo que nota malestar. Piensa que solo será el esfuerzo y las diferentes fuerzas y presiones astronómicas. Lo malo es que es ahora "Xseven" quien mira a "Uhn" con idéntico semblante preocupado. A ambos les está fallando la respiración, les duele la cabeza, y comienzan mutuamente a toser compulsivamente...
- "¡Atención! ¡Pista Central! ¡Vamos a tener que hacer un aterrizaje inmediato! ¡Estamos mal! ¡Pedimos permiso! ¡Es urgente! ...
- "¡Denegado el permiso! ¡Actúen como se les ordena y aterricen donde se les indica!..."
- "¡Pero, han de ayudarnos! ¡Estamos en peligro! ...
- "¡¡Denegado!! ¡Pongan el automático y aterricen! ...
- "¡Pero! ..."
- "¡Ya lo han oído todo! ¡Obedezcan o serán sancionados fuertemente, pilotos "Uhn" y "Xseven" de "Vixty"! ¡¡Quedan advertidos!! ..."
Ambos exploradores espaciales, presentan un estado lamentable. ¡Terrible! Ni siquiera son capaces apenas de tomar los mandos ni de fijar la posición sobre su Base y Pista Central que es el lugar en donde deberán posarse.
La "Vixty" puede impactar en cualquier momento contra cualquier risco o apéndice montañoso. Finalmente y haciendo un esfuerzo límite, "Uhn" logra poner el piloto automático. Y a continuación pierde el conocimiento al igual que su compañero "Xseven" ...
Al cabo de unos minutos, el personal técnico espacial de la Pista Central observa demoras. Y ven que nadie sale de la nave. Y entonces deciden actuar. Veinte seres de Ganímedes armados hasta los dientes, están rompiendo las puertas de la nave bellísima "Vixty".
Finalmente, logran acceder a su interior. Y observan a sus dos compañeros en el suelo inconscientes y hasta con sangre saliéndoles por la boca y por la nariz. Y nada más entrar, los técnicos espaciales empiezan a sentirse mal igualmente. Enormes dolores por todo el cuerpo. Se caen  y gritan.
¡Sí! ¡Son los efectos del Covid-19 en Ganímedes! Unos efectos, que alcanzan patogeneidad en aquel planeta, con una fiera potencia de treinta veces más que en la Tierra. ¡¡Qué hacer!! ...
- "¡Atención! ¡Acordonen inmediatamente varias zonas de seguridad! ¡Esa nave trae peligro! ..."
El virus Covid-19, hace ya mucho que ha escapado de la nave "Vixty" y está rompiendo con facilidad todas las líneas defensivas.
Se acaba de reunir de urgencia el Consejo Mayor Médico y Científico Superior de Ganímedes. El planeta está en peligro. Las pantallas más que sofisticadas de sus ordenadores, están detectando al terrible virus patógeno.
- "¡Ya lo tenemos! ¡Vamos a actuar antes de que sea demasiado tarde! ..."
Hay mucha gente de Ganímedes en el suelo. Evidentemente, aquello es una tremenda catástrofe. Pero dos horas más tarde, se pone en marcha toda la mejor Tecnología de rastreo.
Dos días después, ya no queda Covid-19 en la superficie de Ganímedes. Al virus, ellos lo han bautizado como "Tervix-10". Ya ha sido erradicado. Apenas han necesitado confinamiento. Ahora, están discutiendo otra cosa. Se trata, de la ética. ¿Deben volver a la Tierra para entrar de nuevo en contacto con los terrestres y ofrecernos así su solución?, ¿o debe dejarse que sean los habitantes de la Tierra los que descubran por sí mismos el modo de acabar con la letalidad y patogenia del virus? ...
"Uhn" y "Xseven", han logrado sobrevivir. Ha sido algo inesperado y casi milagroso. Y están lanzando mensajes a favor de volver a la Tierra y ofrecer las soluciones y de inmediato. Lo malo es que la decisión está en el Consejo Mayor Médico y Científico de Ganímedes, el cual está ahora mostrando su sentencia inapelable:
- ¡Concluímos que no transmitiremos nuestros conocimientos, al considerar que es una injerencia en las posibilidades de desarrollo de los científicos terrestres! ¡Volveremos a la Tierra en cuanto ellos hayan resuelto su pandemia! ¡Y entonces seguiremos nuestra labor de encuentro! ¡Pero sin el más mínimo de los riesgos para nadie! ..."
-Y ASÍ SE HIZO. ¡Y YA PRONTO PIENSAN VOLVER!-

martes, 5 de mayo de 2020

- ADORABLE ELSA-




Cuenta la leyenda que todas las tardes cuando dan las cinco y todos los días del año, una estrepitosa belleza negra se acerca siempre hacia la playa. Con un andar seguro y femenino, con aplomo y toda la decisión. Y que nadie puede parar su magia.
Se sabe muy poco de Elsa, a pesar de haber nacido bien cerca del barrio de  Ipanema. Pero se rumorea que partió a otras lares muy lejanos de muy joven, y que por fin ya hace años que ha vuelto. Y que está ya aquí y sin importarle absolutamente nada.
Como su baile solitario sobre la arena exuberante y a la orilla del mar en donde la miran asombradas las gaviotas. Porque Elsa llega a la playa de la libertad, y descalza sus pies lanzando a cualquier parte sus sandalias. Allí ahora no hay nadie. Y prescinde también de su ropa, y se queda únicamente con su minúsculo bikini. Y también ese breve pedacito de tela saltará por los aires. Porque a Elsa le molesta para lo que hace, cualquier tipo de ropa.
Y Elsa se deja ir, y lanza el desafío de su imaginación ahora al desnudo. Y gira sobre sí misma, y lanza su belleza expresada, y vuelve a girar sobre sí, y hace samba y hasta candomblé, e invoca a sus antepasados africanos, y sus senos perfectos muestran la belleza salvaje de su gen.
Salta, sí, ríe, sonríe, musita unas palabras, ejercita su cuerpo, se deja llevar y se concentra. Elsa es una mujer mito, una referencia inaplazable, otra heredera de la chica de la canción de Vinicius de Moraes, aunque no haya ahora nadie que la jalee o piropee.
Y, ¡qué más da! Elsa es mucha Elsa, y sus pies y la arena hacen una cópula suave sobre playa de todos los deseos y las imaginaciones. ¡Danza, Elsa! ¡Danza y no pares! ¡Saca todo tu ingenio y tu explosiva femineidad, acaricia al sol con tu hermosa mirada de ojos grandes, desafía a todos los impedimentos y a todas las represiones! Que,¡tú puedes! ¡Oh, Elsa! ...
Veinte minutos después de las cinco y aunque nadie mirará el reloj, Elsa lanza varios besos al cielo sin nubes o con ellas, y vuelve a ponerse su minúsculo bikini blanco, o de cualquier color, da las gracias al mundo porque ha sido parida, y ya ha creado una atmósfera de placer y de debate.
Porque dicen los maledicentes y las envidiosas, que Elsa es puta, y que ha logrado con sus pérfidas artes de mujer hermosa que el encargado jefe de la vigilancia policial de la playa, le permita esos increíbles veinte minutos de libertad y exhibición y a costa de todos los favores sexuales de este mundo en días excepcionales como estos de ahora.
Hay más versiones. Las que dicen que la belleza de Elsa tiene inmunidad a todos los virus, porque es en realidad una diosa que está por encima de todos los seres humanos. Y que, por tanto, no precisa ni de mascarillas, ni de guantes, ni de la menor protección pensada.
Y la mayor versión que rula, es la negación de que todo lo referido anteriormente pueda jamás tener lugar, y que solo es un anhelo y una proyección imaginada y colectiva.Una ansiedad ...
Y que no hay pues belleza carioca a las cinco de la tarde del té inglés, ni arabescos gimnásticos y artísticos sobre la majestuosa playa, ni senos turgentes, ni glúteos de esculpir. Y que únicamente el deseo de salir de ahí marca el relato y la mentira deseosa. Porque ahora, todos somos un poco Elsa.
¡BEIJOS!

sábado, 2 de mayo de 2020

- EL CORONAVIRUS Y YO -




Todo esto de la sociedad del coronavirus empezó para mí de un modo difuso y extraño. Era finales de Febrero o principios de Marzo, y yo acudía algunos días de la semana a casa de mi mejor amigo para ayudarle a hacer unos ejercicios para poder andar tras un ictus que sufrió.
No recuerdo exactamente cómo percibí esta atmósfera actual. Sé que había un virus en el chino Wuhan y que las autoridades habían entrado a saco en dicha provincia a poner orden. Nunca nadie pudo imaginar lo que vendría y que se nos metería hasta en el comedor. Me recuerdo a mí mismo camino de casa de mi amigo, y en las personas que me cruzaba habían muchísimos interrogantes. Aquello era una especie de preinterrogante, que daría paso a más interrogantes. 
En mi Valencia, hacía fresco y llovía. Cada vez veía menos actividad por la calle, y menos coches, y los autobuses cada vez tardaban más. Alguien decía que este año no tendríamos Fallas, porque las noticias que llegaban eran más que preocupantes. Y el alcalde, Ribó, anunció no recuerdo si su supresión o aplazamiento. 
Yo, me disponía a cogerme unas vacaciones culturales por la zona centro de España y estaba inquieto por si suspendían el viaje en bus que tenía ya pagado. Mientras tanto, su Majestad el fútbol vivía indiferente ante las amenazas. El Valencia CF se desplazó a Italia a jugar con el Atalanta, y acudieron muchos valencianos a animar al equipo. Pero las noticias empeoraban al ser más que negativas. Cada vez habían más contagios, y empezaban las defunciones, cuyos protagonistas eran gente mayor. No todos.
La alarma y la sorpresa dieron paso al pánico. Primero China y Corea, pero después el fatal virus estaba asolando a la creativa Italia, y el desastre empezaba a marcarse con fechas y cifras espantosas.
Yo, seguía caminando a grandes zancadas camino de uno de los dos autobuses que cogía para poder llegar a la casa de mi amigo a ayudarle. Y cuando volvía a mi hogar, yo me notaba como un cosquilleo en la garganta raro. Luego, comía calditos calientes y me ponía la estufa. Se me iba todo en seguida. Pero las cifras comenzaban a llegar a España también.
Yo iba por las calles, con una bufanda pegada a mi nariz y boca. Y cuando llegaba a casa de mi amigo, recuerdo que en los últimos días de verle me nació decirle que no me diera la mano. Y recuerdo que me lavaba las manos con gel, y luego me ponía alcohol desinfectante. No le tocaba. Y hacíamos los ejercicios que el médico le mandaba.
Las autoridades se hicieron eco de lo que empezaba a pasar. Y cundió el pánico en la población. Se declaró el Estado de Alarma, y yo me quedé confinado como millones de españoles en casa.
Me sentía un inútil absurdo. ¿Un virus se combatía saliendo nada a la calle? La respuesta era, sí. De modo que por ahora no puedo ir a la casa de mi amigo a ayudarle. Afortunadamente, tienen a una chica con contrato legal y muy responsable, y en la casa de mi amigo convaleciente va todo bien.
Yo le llamo por teléfono todos los días en este tiempo de masivo confinamiento. Pero no es lo mismo el teléfono que estar allí. En su casa lo que haces se nota y es evidente. El acompañamiento o interés periódico, siendo importante, no es para mí comparable a mi labor anterior. ¡Ni cámaras, ni leches! ...
Sí. Salió en la tele el Presidente Sánchez con cara de preocupación, y mandó parar toda la actividad económica que no fuera esencial para la supervivencia.  Y anunció que la prioridad era ya lo sanitario y esencial y el Covid-19, y que a partir de entonces delegaba en el Ministro de Sanidad Salvador Illa. Y con un epidemiólogo llamado Fernando Simón, empezaron unas tremendas ruedas de prensa informativas, periódicas y terribles. El virus empezaba a comerse a nuestra libertad y a nuestros hábitos cotidianos.
Se infectaba al principio, casi todo quisque. El virus era de un contagio velocísimo y el Sistema Sanitario no estaba inicialmente dispuesto para combatir una cosa tan veloz y terrorífica. No podían haber equipos de protección individual, ni mascarillas suficientes, ni material necesario, y las UCIS quedaron colapsadas.
Era lógico que no hubiese material suficiente. Las mascarillas eran cosa de cirujanos o de gente de desinfección. Una especie de elementos secundarios por su escasa necesidad cotidiana. Sí. Nos habíamos olvidado de las grandes pandemias, pensando en que eso no pasaría porque era cosa de gente que vivía muy lejos. No había conciencia sanitaria ni prevención suficiente, y a pesar de la escabechina y de las incertidumbres, yo pienso que nunca habrá dicha conciencia de seguridad, y que nos seguiremos dejando llevar por el culto al money como gran referencia preferente. Éso, difícilmente cambiará, con pandemia o sin ella.
El personal sanitario empezó a recibir los trallazos del coronavirus. Y acostumbrados a que la medicina avanzada de hoy derrotara como de habitual al agente infeccioso, vieron cómo no podrían con su rival. Y clamaron desesperadamente a la búsqueda de un chivo expiatorio que muchas veces llaman Gobierno, y que manifiesta igualmente el carácter individualista de la sociedad de hoy y la baja tolerancia a la frustración.
Todo ésto, fue aprovechado por pescadores furtivos ideológicos que pescan en ríos revueltos, para arrear con toda su artillería de hipocresía y de deseo de recuperar el voto perdido.
Hay y ha habido, otra gran industria. La de los bulos. Y de la sofisticación de dichos bulos. Lo cual ha contribuído todavía más a permanecer o potenciar la no credibilidad hacia los superiores que son los gobernantes. ¡Hay que ser miserables! ...
El capitalismo se cayó al suelo en dos tardes, y mostró su vulnerabilidad. Y yo y todos, asistimos expectantes y asustados estos días, intentando recuperar la esperanza y el optimismo en una recuperación global de la salud y de las libertades esquilmadas necesariamente.
Como cabía esperar, la gente más vulnerable y con menos medios, hemos sido los más perjudicados por esta durísima película de terror excepcional. Los pequeños comerciantes tendrán dificultades para reabrir, mientras que las grandes corporaciones nunca temerán esto. Y hay una suerte de "capitalismo de Estado", como bien define el extraordinario y veterano periodista, Iñaki Gabilondo.
Se demora todo. Las consultas, las operaciones, la libertad, las siguientes semanas serán de consultas de psiquiatras o psicólogos, puede haber rebrote del Covid-19, y volver al antes costará meses.
Yo he logrado,-y toco madera-, sobrevivir al coronavirus. Y deseo que aparezcan pronto, fármacos eficaces y una vacuna dentro de unos meses. He vivido solidaridad, pero muy hipocritizada. No vamos a cambiar el mundo de actuación social porque está demasiado normalizado, y lo contrario es una quimera.
El otro día vi corrillos en el interior de un súper, gente que se las ingenia para defenderse a la suya, y una enorme desafección con respecto a la clase política.
¡Alea jacta es! No van a haber grandes sorpresas. El neoliberalismo seguirá gobernando a sus anchas y se hará sus propios tests sanitarios. Y volverá el fútbol y el entretenimiento como religión. Y las series televisivas acríticas que reproducen modelos continuistas. Y quizás haya y seguro que habrán muchos más 15-M, pero no ahora. Ahora es el imperio del yo, del sálvese quien pueda, y de lo inmediato. No parece tiempo de matices.
-Y YO EN MI CASA ME PONGO A PRUEBA-