jueves, 23 de febrero de 2012

- DESDE SU FRÁGIL TRONO -



En la medida que pasan los días y mi dedicación exclusiva hacia mi madre senil permanece, puedo afirmarme en cosas que ya sabía y descartar algunas otras. Es un juego casi inevitable de observación y deducciones. Veréis.
A mi madre no le gusta que le dirija, nadie. Y cuando digo nadie, digo nadie. No le gusta que le mande Cronos, es decir, que no le gusta tener ochenta y cinco años. No le gusta ser vieja. No está dispuesta a aceptar con naturalidad sus achaques y vulnerabilidades, propias por otra parte de su edad.
Es bastante terca. Acostumbrada a que su vida sea regida única y exclusivamente por ella misma, es hasta incapaz de valorar en una mayor medida, los cuidados que se le profieren.
Mi madre traviesa, tiene tácticas para seguir mandando, a pesar de su fragilidad psicofísica. Sí. Trucos y artimañas. Y, como piensa que ser mayor es un castigo injusto, decide no querer saber nada del mundo que la rodea. Y, a su vez, quiere seguir llevando el timón y la iniciativa de cuantos le rodeamos. Y no digamos del cuidador, que soy yo. Me tiene frito. ¡Grrrr! ...
Sí. Es duro cuidar a alguien que no desea demasiado colaborar con el cuidador. Y, entonces, he de ponerme firme como un soldado, y decirle las cosas. No quiero ni estoy dispuesto, a que la dinámica de su patología me atrape también a mí. Lógico.
Élla, quiere mandar hasta el último momento o tiempo de sus días. Sus ojos son como el eje de una poltrona, los cuales deciden lo que es preciso hacer y lo que no. No admite colaboradores. No quiere dejar paso a la juventud. Odia los relevos, y se reafirma en su inmovilismo. Y hasta finge bastante la citada fragilidad como forma de identidad.
Bien es cierto que anda poco, pero le ha cogido gusto al andar poco. Y si no pierde el miedo a andar, no logrará caminar como realmente puede, dado que su naturaleza es la de un portento físico.
¿Cómo va a cuidarla alguien como yo, al cual ella siempre ha cuidado? Éso, no la entra en la cabeza a la mujer. Y siente una mezcla de desconfianza y de frustración. No se siente útil. Y no tolera no sentirse útil. Mi madre está cabreada por estar como está, y éso se constituye en uno de sus principales problemas. No se fía del envejecimiento. A mi madre, que no le anden con milongas. Ella siempre tendrá veinticinco años. Y como le rebatas esa idea, es que te la juegas...
Mi madre se duerme adrede para no pensar en su realidad, y da guerra para hacer ver que sigue siendo la reina de su trono particular. Cuando me cansa y me saca de quicio, ella siente que ha conquistado buena parte del poder que ha perdido. Me desquicia, luego existe ...
A medida que pasan las horas del día, el cuidador se pone soldado, y también necesita respirar. Más enfado para mi madre. Ha decidido unilateralmente, que cuidarla es poco menos que ser su siervo de la gleba.
Para poder aguantar tan dura labor, solo hay una muleta y un secreto: quererla muchísimo, y cuidarme yo mucho más. Solo así tiene ella garantizado su próximo cuidado. Que es el de mañana mismo.
-Y DE BIEN TEMPRANO-

2 comentarios:

Te quiero mucho maguito...eres un ejemplo...y se lo que me digo.

Metukina

Sabes que es recíproco, encantadora mujer que te aprecio ya durante años en estas cosas del internet.
Un beso por muchos años más, Dulce Metuki.
Te quiero mucho.

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