jueves, 3 de octubre de 2013

- SOLO FUI UNA IDEA -



Con la llegada del otoño, las sombras me avanzan y hasta me desconciertan. Me despierto en mi cama, sorprendido y novedoso. Todo suena a extraño. Pero hay algo dentro de mí que ahora sí que tiene sentido.
Y, en silencio, y mientras voy construyendo mi presente que será mi futuro, puedo reflexionar sobre lo que fui, o casi mejor sobre lo que no estaba siendo.
Miro hacia atrás con ternura e inquietud. Yo era alguien que iba por el mundo buscando apoyos y muletas, intentando alcanzar un afecto y una atención que supliera al familiar. Mis padres no estuvieron a la altura, y mi familia sanguínea nos abandonó a nuestra suerte. Poco les importó que mi hermano y yo fuésemos por entonces unos niños.
Pero, lo anterior, siempre es victimismo. Cuando te maltratan, entonces no puedes pensar y buscas errada y desesperadamente un enganche de supervivencia. Te vuelves orgulloso e inconformista, y crees que el mundo se construyó para hacerte daño. Y la buena verdad, es que la familia en donde caes o te toca nacer, nunca se elige. Te la encuentras y ya está. Es como una lotería.
Sí. ¡Qué tiempos aquellos en los que no era yo! Pasaban los años, y delegaba en unos y en otros. No me sentía obligado a ser yo mismo y a afrontar mi responsabilidad. Yo no le veía el gustito a ser sujeto de mí mismo. Que mi vida me la cocinaran otros ...
Era sin duda una sutil venganza. Como no me habían tenido en consideración social desde casi mi nacer, ahora iban a saber lo que vale un peine. Yo iba a ir por la calle de en medio. Me iba a desviar y a descolocar. A desconcertar. No iba a presentarme con mi verdadera cara, sino con una máscara y una impostura. ¡Que se jodiesen tod@s! ...
El "enemigo" enmascaraba mis dificultades para crecer. Buscaba culpables de mi no ser. Los otros habían sido. Siempre habría un tipo cabrón o cabrona a quien yo haría responsable de mi desubicación y de mi decepción.
No fue nada fácil, mas finalmente fui hallando mi sendero. Importaba un sano carajo lo que me habían hecho de niño. Las ausencias eran dolorosas. Pero, había final y realmente una ausencia mayor. La mía. Mi ausencia. Había estado mucho tiempo negándome a mí mismo las realidades y los contextos cotidianos. En vez de ponerme a vivir, yo me había puesto defensiva y terroríficamente a dormir. A taparme los ojos y a desentenderme.
Ahora, ya voy siendo yo. José Vicente. Ahora, los demás son realmente las otras y los otros. Pero yo, también. Ahora ya me preocupo por mí y por mis cosas. Me palpo, me toco, me pellizco, me doy cuenta, y mi crecer ya no tiene marcha atrás.
Bien es cierto, que este momento de desierto inevitable en mi vida,-el tiempo de ir descubriendo la realidad-, se caracteriza por la dureza. Es más que duro seguir y no decaer. Pero hay una dureza todavía mayor, que es la derrota. La derrota en la negación de mi yo.
Ahora ya puedo decir que estoy aquí. Vengo de décadas de dejadez y de sueño de pavor. Me he despertado, y lo que siento no se parece a mi edad cronológica. Pero no me tiro atrás. Soy como alguien que saliera de un coma autoinducido. Sorprendentemente casi, me he puesto de pie.
Ya existe, ya está ahí José Vicente. Y delante, hay muchos caminos para elegir y una sola verdad. El ser yo mismo. El intentar formar parte de la vida, exactamente como todos los demás. Y ese descubrimiento me llena de energía y de aliento. Me defiende de los cansancios y de los errores. Afortunadamente aquella mera idea que fui, ya va siendo un triste recuerdo.
-YO, CONFIESO-

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