jueves, 17 de octubre de 2013

- EL EXTRAÑO VIEJO -



El señor Pérez, siempre sorprende. Alto y distante, orgulloso y sabihondo, el viejales Pérez camina sin demasiados escrúpulos por su vida anodina y triste.
Llama la atención el que detesta las compañías. Parece como si necesitara un tiempo que le roban o que se le escapa en seguida. Es de Utiel y está aquí por cosas de la inmigración y de las mejoras económicas personales. Heredó campos y terrenos, pero no lo parece. De hecho, hace todo lo que puede para pasar absolutamente desapercibido.
Su cruz y su gran fracaso,-aparte de su equivocado modo de ser-, ha sido su victimismo. Para el extraño viejo Pérez, su mujer es la culpable de muchas de sus cosas. Aunque realmente el culpable es él. Pero no lo sabe. Solo lo sabe la asignatura de la sexualidad.
Pérez va de víctima y se queja de Franco y de su ideología. Pero en el fondo se parece mucho a aquellos a los que denosta. Porque el viejo es astuto, no tiene piedad, y hasta no se emociona prácticamente nunca.
Su obsesión, es el sexo. Su mujer no le soporta más de dos días seguidos y se va a Utiel con la excusa de estar con sus nietos. Hay odio mutuo. Pelea. Y si los dos se enfrentaran, ganarían los kilogramos y la fuerza del viejo. Ella sabe que él podría matarla si le hablase claro. Mejor no menear las cosas ...
En cuanto el desgraciado Pérez ve la carne de una mujer, entonces se le va el oremus y el santo al cielo. Pierde los papeles, y con cualquier excusa sus manos se excitan con el mero contacto con la piel femenina.
Pérez es igualmente vengativo. Le encanta mofarse de los seres débiles y sacarles gusto y partido. Los niños. Con cualquiera artimaña, se acerca a los padres de los nenes pequeños y les habla de sus dos nietos. Y sobre todo, les dice que se parecen mucho los niños entre sí, y entonces dichos padres le muestran confiados a sus retoños. Y el señor Pérez vuelve a perder la cabeza, saca unas almendras o unos chuches de su bolsillo, y mientras seduce a los niños también les palpa disimulando. No lo puede evitar.
Pérez, se siente un ser vulnerable. Y no hace otra cosa que cerrarse puertas reales y vitales. Lleva un bastón, que dice que utiliza porque sus rodillas no le van. Pero ese bastón, es para más cosas.
A pesar de que calza unos botines que cuestan más de ciento cincuenta euros y de que posee mucho dinero, tiene una falta y una ausencia que necesita completar. Por eso actúa como un robaperas. Y todos los días marcha en dirección a un callejón cercano a su casa, que es en donde caen las pelotas de tenis de un colegio cercano. Y Pérez las agarra y las esconde. Se pone unas gafas de sol, y sube las pelotas a su casa. Debe tener ya una colección.
Su último invento, consiste en imantar el lugar de apoyo de su bastón. Se le ocurrió, al ver cómo los turistas lanzaban monedillas a una fuente, y darse cuenta de que agachándose no lograba su objetivo. No las podia alcanzar y llevárselas para sí.
Ahora, ya no tiene ese problema. Cuando no ve moros en la costa, introduce en la fuente su largo bastón, pica las monedas, las imanta, y se las mete en el bolsillo. Y sin decir nada, camina y sigue caminando disimulando con sus gafas de sol.
¿Cómo va de chorizo de poca monta, si tiene mucho dinero de las herencias? En realidad, no lo sabe ni él. El viejales solo sabe que ahora es su tiempo de astucia, y que cuando trabajaba la madera en una fábrica lo puteaban demasiado. Sí. Es su tiempo de venganza y de desquite. Ahora,-dentro de su tremendo fracaso de amargura-, Pérez juguetea a veces peligrosamente llenando su tiempo.
Robar y sobar son sus aficiones preferidas. Pero todo ha de ser aislamiento y discreción. El único que tiene que saber de su vida es él. Y no se anda con rodeos si alguien intenta decirle algo o afearle la conducta. Entonces, se repliega y se aleja. Sabe, que si se ponen serios con él, tendría mucho que perder. Pero cuando todo se relaja y desvanece, entonces vuelve a las andadas intentando aparentar ser un venerable vejete.
-MAS NO LO ES-

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