
Venía del campo rompiendo las ruedas de mi coche el verano, para dar paso a las luces menguantes del Septiembre impepinable,¿sabes?... Y ahí estabas tú.
Y eso que no quería mirar nunca por donde tú sabes que pasó, María. Porque este coche va solo sin ti, y también él te echa de menos. Hueles a asiento vacío y a mi lado, amor.
A punto de entrar en la gran ciudad un Septiembre muy parecido al de hoy, hacíamos tú y yo juegos cómplices de amor, jugueteando entre el límite y la gran alegría.
Hace muy pocos años que pasó. Que nos pasó,¿ves? Mira ahí. En ese sitio. En esa puta curva que me apartó de ti. Hicimos lo que no debíamos. Nos relajamos demasiado, María. Y lo sabes, aunque ya estés muerta, porque tú eres eterna. ¿No lo ves? Sí. En esa curva hay un ramo de amor y de recuerdo. Déjame llorar un poco. Es mejor casi que detenga el vehículo, porque no es el parabrisas de la lluvia ni mis ojos empañados.
Eres, tú. Y tu recuerdo imborrable. Y tu presencia siempre enamorada e insustuíble.
¿Quién nos iba a decir que una absurda curva de carretera acabaría con nuestro intenso y feliz amor? ¡Nadie!
Sí. Yo vengo ahora del campo. De caminar por aquellas montañas salvajes y vírgenes, pero esta vez sin ti. Y casi siempre y del todo, sin ti.
Ya no te cansas a mi lado, ni me tocas las manos furtiva y cómplicemente, ni me besas en lugares imposibles, ni me deja el destino ser feliz en el regreso.
Ahí está ese ramo de flores para ti, María. Siempre lo pongo. Y cuando paso por este lugar, solo puedo recordar que eras la mujer más guapa del mundo y que tenías veinticinco años cuando todo se fue al garete. ¡Mierda!...
No lo puedo evitar. Me hundo al pasar por aquí. Porque yo, conducía. Y es cierto que los dos hacíamos ascos a las normas de tráfico, pero yo llevaba el volante, bello amor.
Y yo también tenía veinticinco años, y estábamos a punto de casarnos, y ya tenías a nuestro futuro bebé en el vientre, y toda nuestra joven vida y envidiable, estaba plagada de proyectos, y marcados todos ellos por la felicidad y el amor.
Y seguiré pasando junto a esa fatídica curva, siempre. Aunque a mi lado vayan otras mujeres u otros hombres. Nada cambiará. Y como todos los Septiembres de siempre y de hoja semicaduca, seguiré sintiendo al pasar tu beso enamorado.
- Y SINCERO -




