viernes, 20 de octubre de 2017

- TIERRA Y AGUA -



Otoño desnudo del verano. La tierra está densa y envolviéndose en costra en torno a sí misma. Demasiado dura la tierra, demasiado pétrea y abrupta. Reseca y deficiente. Desequilibrada, sola y decepcionada. Necesita, a la par que trata de rechazar el agua. Para la tierra, el agua es su vigía y su masaje, su barco de navegación y su modelado dúctil necesario. Demasiado desierto reseco. Demasiada distancia.
Casi o totalmente de repente, inopinada y hasta clamorosamente, la luz del sol se eclipsa y se reduce. La borrasca cuaja desde el horizonte a la bella y a la vez traicionera velocidad de la sorpresa. La tormenta se prepara y se adoba desde los olores de la humedad, humo del agua.
Relámpagos y truenos. Se acota el desenlace final que orlan la percusión del ruido y de la chispa. La gran tormenta va cerniéndose y descendiendo sobre la ciudad y sobre el campo. Sobre el todo de la tierra.
Baja. Muy baja y explosivamente exhuberante la gran nube negra. Horizonte obscuro. Hasta que estalla y se define la tensión. Hay momentos reacios por las dos partes. Porque el agua parece refugiarse en la casi ausencia de luz, y la tierra demasiado profunda y escasa teme la decepción y que su deseo nunca verbalizado quede ajado tras un hipotético vendaval oportunista que aleje lo previsto.
Hay deseo mutuo. Atracción. El agua y la tierra, viceversa, se precisan aunque son dos elementos bien distintos. Como una polaridad. Como la eterna atracción entre un macho y una hembra. Como algo finalmente inevitable.
Primer aviso. Primeras dudosas gotas. Amagos suaves que rocían con la gran timidez una realidad que va a llegar. Como un juego paulatino de seducción. Como algo tan deseado y a la vez temido y pudoroso. Como un rubor mutuo. Como una prueba y cortejo.
Hasta que la lluvia alcanza potente intensidad. Y la tierra, responde y recibe. Besa ese contacto y se hace unidad con quien la llega y afecta.
Agua a mares. Agua a exceso. Agua a orgía que casi ruboriza y sorprende. Agua inevitable que ahora golpea con fiereza a una tierra que ya no se defiende sino que se abre y acepta. La tierra toma al agua, le da orificio y destensa su fantasiosa musculatura. Ya hay cópula y necesidad.
Y la tierra es otra, y es río, y es removida y revoloteada, terremotizada y manejada como un pelele que se antoja inevitable. El agua acoge en todo su seno la avalancha de agua y la transporta a lomos de sus líneas de desniveles, mientras la acerca a todo y al mar que es donde está la continuidad acuosa.
La tierra cumple su función receptiva, y se torna fértil, y acogedora, y amorosa, y excesiva, y tolerante, y permeable y hasta oportuna. La tierra se pone verde y hace más raíces con sus árboles vegetados. La tierra fructifica debajo de esa masa de agua kilométrica que inunda y purifica. La tierra se adapta al chubasco, le hace charco y se sumerge tras ella vencida aparentemente en inundación siempre sumisa.
El polvo y el resecor pierden sentido y presencia, y el barro muestra el otro extremo de lo denso, y nosotros los humanos solo podemos ver y participar en el gran fenómeno supremo que es la Naturaleza poderosa y abierta.
La tormenta,-explosión de exceso y vida-, descarga todo su azar sobre un espacio de zona receptiva que espera ese torrente líquido que bien conoce y conocerá. Agua y tierra, tierra y agua, son dos elementos distintos, sí, pero que se complementan con la sabiduría y la evidencia de un gigante filósofo y meteoro de la Jonia clásica. Y esa junta de vida es hermosa y especial.
-MÁS QUE SEDUCTORA-


sábado, 14 de octubre de 2017

- CAMINO -




Camino del calor eterno, camino complicado, camino de decisiones, camino extenso, camino de dudas y de concreciones, camino de nebulosas y de sueños.
Camino personal. Camino de driblings habilidosos, camino del viento y del fresco, camino del cambio y de la duda, camino de la tensión, y de lo que hay, y de la paz y de la esperanza,
Camino ya con los calcetines dentro de los zapatos, camino las piedras de la tierra,y los llanos, y los extraños, y los desniveles exigentes,y las bajadas contenidas a golpe de sonrisa interior y de conciencia.
Camino de un azar inexcrutable, camino casi como un funambulista decidido, camino trampero, camino poco atractivo, camino dual y traicionero. Camino seguro de lo que yo quiero. Camino de belleza femenina. Camino de curvas e inteligencia, camino de aceptación  y de prudencia. Y de ese amor que duele cuando se aja.
Camino de mañana, camino cotidiano y aceptador, paulatino, camino de recursos técnicos y propios. Camino de paciencia y humildad. Camino de salud y cuidados. Camino de crecer siempre hacia arriba, hacia adelante, hacia el impuso directo.
Camino de abrirse. Camino de elegir aunque yerre. Camino de atreverse a gozar y a tocar. Camino de admirar unos ojos o un porte. Camino de no quedarse como una estatua de sal mientras los demás la gozan. Camino del tren de la vida, de la estación que bulle, del paso franco y claro hacia todas las partes.
Camino localista y universal, camino de expresión libre, camino de pensar lo que me dé la gana y afrontar ufano y responsable todas las consecuencias.
Camino de sorpresa eterna, camino de escuchar, camino de cantar, camino de actuar como sujeto activo de un vivir más pleno. Camino de cometer muchos más errores pero con el firme afán de levantarme potente y leso nuevamente.
Camino de futuro, camino de otra óptica, de otro tiempo, de otro gol, de otro juego, de otra socialización, de un nuevo coito, de un nuevo puente de ocio, de sacralizar la alegría del placer de vivir, y si pierdo este tren que hay ahí sé que habrán muchos más que me darán confort de destino decisivo y certero.
Camino inevitable de transición. Camino de proyectos, camino de sudar y levantar el culo, camino de medir los límites y huír de los alardes, camino del yantar y del llegar a fin de mes, camino de la coherencia, camino del planificarse aquel que soy y seré, camino de tu magia de señora, de tu fragancia de embrujo, de tu catre silencioso pero archidinámico, camino del deporte y de la naturalidad, camino que le da un corte de mangas a la impostura y a la hipocresía, camino de la tentación y de la bisoñez, camino del cartabón, de la regla, del lápiz y la goma de borrar. Camino de la escuela de la vida.
Camino de esfuerzo y de balance positivo y animoso, camino vigilante contra los canallas, camino presto frente a la incomprensión y la ignorancia, camino hacia el descanso y la risa, camino hacia lo que parece imposible barrera irrompible, camino a que nadie ni yo mismo se interponga entre todo mi derecho y mi aspiración, camino de paciencia y de recuperación, camino de la tarde verde y tranquila. Camino tú de mi y camino yo de ti y exactamente de todo y de tod@s.
-Y SIGO CAMINANDO-

martes, 10 de octubre de 2017

- LOS TIEMPOS DE PACO -




Su mirada es lenta y amable a un tiempo. Paco está sentado en la silla de la habitación de un hospital para crónicos. Sabe que soy yo, que le cuido a ratos, que le acompaño en ese su otoño personal que no huele a optimismo, está como medio atontado y hábilmente paciente mientras apenas me habla y tengo que ser yo el que tire una y otra vez de su mutismo, sabe lo que le espera porque ya depende plenamente de los otros; Paco sabe mucho más de la cuenta de lo que se cree o puede creer.
Es suave, dulce, guapo, mayor, rubicundo, educado, sabe estar, no cree en el mundo de hoy, y sencillamente nunca esperaba tan pronto su decrepitud. Paco es ahora otoño de la hoja amarillenta que cae, ya no se tiene en pie, y me hace cara somnolienta mientras yo le doy la tabarra con mis cosas de amateur acompañante.
Sí. Paco es la viva estampa del otoño y del ocaso de quien fue. Pero no ha dicho su última palabra. Ahora, está estratega, porque valora su situación y no ve nada claros sus próximos meses o sus próximos tiempos.
Yo prefiero a Paco dando hiriente e irónica batalla dialéctica con su mujer. Me gustaba más cuando sacaba toda su real mala baba de siempre y apuntillaba sus asertos. Cuando era tiernamente cabroncete y poco amante de la vana impostura.
Yo creo que Paco finge entre sedantes. Ha decidido ahora que sea la inercia de los otros quien le sitúe en su futuro indeseado. Paco hace tiempo que me dijo que no quería seguir viviendo, y yo le comprendo perfectamente. Por eso me esfuerzo para quitarle de la cabeza la idea negra y fatal. Aunque tenga argumentos, mi misión como voluntario es regateárselos y distraerlo con mis ocurrencias. Y que cuando quiera darse cuenta, ya sea la hora de la comida, de la cena o del dormir nocturno.
No debo llevarme sus penas a mi casa, sino estar apto en el escenario de su realidad. Paco tiene mucha energía emocional, lo fue todo para su familia, el motor del equipo familiar, sigue teniendo mucha fuerza de cintura para arriba, y una cabeza que le lagunea sus ideas pero que no las seca.
Me gustaría que Paco se siguiera cagando en todo. Porque le aprecio. Y supongo que su actual aspecto envejecido y estupefacto, se romperá positivamente cuando llegue a su casa. Paco nunca será un obediente sino un valiente activo y hasta acelerado. Me gustaría que golpeara con contundencia su mesa,-como de habitual-, y que pusiera inquieto a su derredor más cercano.
Porque Paco finge un tiempo. Es cauteloso hasta la saciedad, se sabe ahora incapaz de plantar batalla, y cuando me ve, mira hacia abajo porque sabe que le conozco y que a mí no me la va a dar con queso. Nos conocemos los dos más que bien. Un año y medio no pasa en balde. Ha habido mucho tiempo para entrar en su mundo y él en el mío.
Si en casa puede estar,-lo van a intentar nuevamente a pesar de que sus piernas le han dicho adiós-, estoy seguro de que a Paco se le irán las sedaciones y volverá a mostrar su potente parcela de poder. Es un padrazo, e intuyo que a mí me ve más como a un sobrino que como a un acompañante desinteresado.
Le soy voluntario porque me acepta y valora. Y porque si hubiesen dudas, hay anécdotas que certifican la cercanía. Acerco mi mano a la suya, y entonces Paco me la aprieta con fuerza y con otra de sus manos me cierra los huesos para quitarme la capacidad de pulso y reacción. Jugamos a esa complicidad.
Eso no estaba cuando le vi por vez primera. Ni pienso cambiarle, sino compartir unas horas de su otoño pactado. Cada vez hablaremos menos, seguramente. Cada vez, será otro. Pero yo espero que no pierda su esencia contestataria. Si lo hace, ya no será Paco sino un mero recuerdo de su verdad.
-ASPIRO A ESA COMBATIVIDAD-

jueves, 5 de octubre de 2017

- EL TENSO MOMENTO LLAMADO CATALUÑA -




Me pongo a escribir sobre este triste monográfico en la actualidad. Me siento triste. No quiero que mis hermanos catalanes se independicen de mi país. Siento angustia y una zozobrante sorpresa. Desde que nací, Cataluña había sido también España, y aún lo es, y solo el conflicto vasco con la terrible ETA, me insinuaba la posibilidad de una separación territorial.
España es un país muy difícil de gobernar. Lo componen diferentes pueblos, algunos de ellos con lenguas diferenciadas y señas de identidad distintas. Las llamadas nacionalidades históricas: Cataluña, País Vasco y Galicia.
Las porras. Aunque ya había lío larvado, a consecuencia de una política de Mariano Rajoy faltando el respeto a Cataluña de modo progresivo y a través de sus enmiendas "manos tijeras" en el Tribunal Constitucional, las cosas y las rivalidades se iban manteniendo estables.
El primero de Octubre de 2017, marcó una tremenda herida fraccionadora, que tensó las cosas de un modo tremendo. El separatista President Puigdemont convocó un referéndum ilegal, Rajoy erró en la estrategia y optó por la represión sin miramientos.
Juegos al gato y al ratón. Sangre de porrazo. El caos. Unos intentando votar ilegalmente, y la Policía y la Guardia Civil entrando a saco a parar dichas votaciones. Los Mossos de Escuadra, decidieron prudentemente dejar hacer y se apartaron.
Muchas heridas. Actuaciones policiales contundentes. Con toda dureza. Aunque yo creo que no fueron las heridas físicas lo que más rabia causó en una ciudadanía catalana y general, asombrada. Lo que mas jodió fue ver la soltura de la Guardia Civil y de la Policía, actuando allí en sus calles, plazas, lugares históricos, su desparpajo y su desconsideración. Esa sensación de ser capada su libertad e invadidos sus movimientos, se constituyó en la potenciación de un odio brutal que espoleó siempre hacia adelante en busca de la protesta contundente y del grito. Las calles no se tocan.
Fue un impacto mucho más emocional que físico, aunque hubiesen centenares de heridos por los porrazos y el caos. Esa sensación de límite y de odio desconcertante, precipitó las cosas. Y la gente, herida de corazón sorprendido, se enfrentó a los Cuerpos de Seguridad, y nunca dejó el ágora gritando: ¡Independencia! ...
La estrategia de Rajoy fue una gran cagada histórica. No era conveniente lo que se hizo. Se debía haberles dejado votar, declarar nulas las votaciones, y no dar ni un solo porrazo. Si así hubiese sido, los independentistas hubiesen tenido las cosas mucho más difíciles de lo que ahora las tienen. El odio ha crecido como un hongo gigantesco, legitimándose a sí mismo desde el victimismo, la desazón y la idea de marchar hacia adelante sin importar los porqués o las inoportunas y fallidas porras.
Jamás. Nunca. Nunca una cuestión política se resuelve a golpe de mandoble. No. Los conflictos delicados y en general solo se pueden resolver con toda la paciencia, con comprensión y respeto mutuo de las partes afectadas, y con frialdad. Con toda la mayor frialdad posible.
Porque los nacionalismos siempre son emoción. El español, el catalán, el chino, el ruso o el yankee. Y frente a esos movimientos de hormona política, solo cabe el hacer codos y el mostrar afecto y buena disposición.
No se acabará el mundo si Cataluña se separa. Pero a mí, me dolería. No creo en las fronteras, ni en las banderas, ni en las patrias, ni en las separaciones. Solo creo en el bienestar y en la fraternidad. Por eso quiero que mis amigos y hermanos catalanes no se alejen. Deseo que sigan junto a mí, conmigo, sin malas caras y queriendo seguir en la Unión Española.
Les admiro, les envidio su practicidad y vanguardia, son laboriosos y productivos, aportan mucho humanismo y cultura, su riqueza suma y añade mucho a ellos mismos y al conjunto de España. Si se van, me afligiré mucho. Y echaré de menos el tiempo que han estado y están con nosotros. Es un pueblo tan admirable como todos los demás pueblos de aquí.
-AHORA NO ME SIENTO BIEN-

sábado, 30 de septiembre de 2017

- "PLAYBOY", REVISTA PARA ADULTOS. -




La revista Playboy es un fenómeno apasionante. Años 50 en Estados Unidos. Su fundador, Hugh Hefner, y de bien mayor, acaba de morir.
Playboy es diferente. La revista prohibida y hasta prohibitiva. Algo raro y nuevo, excitante; parecido a lo que ahora llamamos icono o impacto de masas, y a pesar de todos los peses.
Había y hay muchas Américas. Muchos Estados Unidos. Mucha gente diferente, diversa, dispar y encontrada. La clave del Playboy está basada en el desnudo exhuberante, en la liberación absoluta del cuerpo de la mujer, en el furtivismo sexual, en el machismo, en el money, en lo pionero y rompedor que epata, en la idea de pecado, y también en la ruptura de muchos corsés antaño moralistas y religiosistas.
Playboy fue la gran tentación. La revista que nunca te dije porque te escandalizarías, las conejitas muchachas de tremendos senos y prietos traserazos con mucha ambición, las sonrisas, las pieles al desnudo integral con un excepcional calidad fotográfica, el glamour, las entrevistas a personajes muy poderosos, la oportunidad de las chicas y de las actrices para triunfar o darse del todo a conocer para la posteridad en el mundo del cine o del espectáculo. O, simplemente, la belleza como seducción excitante para romper y hacer añicos las moralidades al uso.
Playboy nació en Estados Unidos, pero es top en casi todos los países. Y es que en aquellos locos años cincuenta, el mundo evolucionaba y cambiaba a la velocidad del vértigo. Todo se modificaba. Y el escándalo o lo light, alcanzaban una exitosa dimensión.
Aquello no era porno sino tías buenas, una revista muy bien cuidada, y presentada con ínfulas de delicadeza o de prestigio. Abrías tras detenerte bastante en la portada, y te esperaban una sucesión de deseos reprimidos colmados.
El Playboy sería de guarros o de libertinos, pero tenía una fuerza de desarrollo y un éxito imparable. Hasta que finalmente dejó de dar miedo y cobró prestigio. El Playboy era ya una referencia, algo aceptado, caro de comprar, prestigioso, y carente ya de balas de peligro inminente.
Décadas lleva aguantando y aguanta un formato de publicación que se adelantó a su tiempo, o que sencillamente corrió a su ritmo. Al ritmo de ese tiempo en donde la mujer cambiaba y empezaba a mostrar toda su piel.
Esa belleza casi de caricatura, mujeres explosivas y bellísimas, cochazos, lujo, esa idea del conejito de seña de identidad, de complemento y casi de logo que causaba polémicas entre el feminismo e indiferencia ventajerista en el machismo siempre desgraciadamente imperante. Ahí enseñó las bolas Marilyn Monroe, o Barbara Carrera, o todo un torrente de bellezas absolutamente excitantes. El hedonismo y el tiempo que tiende hacia hoy, empezaba a aparecer como un valor en sí mismo y como un modo evidente de poder. Y a su alrededor, un gran márketing tentador: las fiestas, el sexy, la exageración generosa, las chicas, las orgías públicas y privadas del club selecto, pero todo ello con un casi sorprendente sello particular.
Llegó el porno en imágenes, y las revistas explícitas,y el colosal mundo nuevo de internet con esas películas sin fronteras que te puedes bajar sin gastarte un dólar. Y Playboy no se resintió. Sigue siendo hoy en día la revista para adultos más vista de Estados Unidos. Increíble. No muere porque aunque la foto a papel es el atrás, igualmente Playboy es el mundo del 2017. Y además con finura, elegancia y hasta tradición. A veces son mucho más eróticos unos imponentes ligueros que un democratizado y masificado coito sin ambages.
Ahora que murió el astuto jeff y fundador Hefner dejando el mundo millonario del exceso y del placer del éxito, hay que reconocer que más allá de gustos o desagrados Playboy es algo que te llega y te hace dudar o decidir. La carne, el sexo, la señora despampanante, el cuidado de la revista, no dejan a nadie indiferente. Sus años mágicos resisten el desgaste con una frescura que crea el debate.
-COMO TODO LO QUE NO SE ESPERA-

domingo, 24 de septiembre de 2017

- ISCO, TALENTO Y ORLA. -




Estuvo a punto de no seguir en el Real Madrid. Fue discutido y dudado porque el fútbol es una máquina de capricho total. Le pasó algo muy parecido al míster Zizou, cuando todo el mundo le acusaba y prejuzgaba de no tener carácter y de estar verde para las hechuras y riendas de un trasatlántico como es el Real.
Todas las dudas. Y siempre duelen las dudas cuando alguien se sabe y es distinto. Como Francisco Román Alarcón, "Isco". Un artista de los que pocos quedan. ¿Iba a triunfar en la titularidad en medio de la urgencia loca de los éxitos? ...
Y aunque el fútbol siempre es manía y emoción, Isco se ha convertido finalmente en un imprescindible y en un gran defendido. Zidane le ha dado pausa y continuidad. Isco necesita ese cariño de apuesta.
El "Iniesta" del Madrid ha encajado por fin en el equipo y por muchas razones, entre ellas porque la plantilla se ha equilibrado en todas las líneas y eso favorece a Isco, usado antes como una suerte de último capricho final para resolver cosas imposibles.
Malagueño, un poco bajito para el fútbol de atletismo de hoy, y tremendamente creativo. Isco no tiene miedo y es arriesgador al máximo porque su juego es así. Malabarista, genialoide, exquisito, lleno de virtuosismo, valiente y gustoso de caños,fintas o regates imposibles, Isco se ha convertido en el jugador más esperado del Real Madrid cuando tiene el balón en los pies.
Isco procede de una maravillosa generación de España sub-21, que trata en lo posible de hacernos soñar con que la Roja de Luis o Del Bosque en donde estaban Casillas, Puyol, Xavi o Iniesta, puede tener continuidad y hasta regeneración.
Al lado de Luka Modric, Isco elabora y piensa, baja el cuerpo pero no la cabeza, y hace facilísimas las cosas que son muy difíciles de hacer y que te salgan bien. Ahora, Isco tiene toda la autoconfianza y ya le duelen menos los escepticismos que siempre deberá sortear.
Es demasiado buen regateador, ve el pase con nitidez, se proyecta hacia adelante, y en la cabeza ya lleva la jugada bastante antes de recibir el balón. No es director de juego, ni media punta. Es un interior creativo, punzante, más que habilidoso, y capaz de marcar goles en momentos oportunos callando bocas que le tachan de pinturero de salón. Sus goles y su capacidad para dar recitales sin pausa, le sitúan en una posición de privilegio.
Ahora todo el mundo ya cree en Isco y en las tremendas posibilidades de notoriedad y hasta de mejora en el ensamblaje militar blanco. Ahora es soldado de arte y finura, y suda como pocos porque tiene carácter.
Isco se adapta bien al Madrid, y a la selección de Lopetegui, y en el recuerdo del arte y orfebrería quedó el caño que le metió a Verratti en un reciente partido contra Italia y  para la clasificación hacia el Mundial del próximo verano.
El artista Isco no debe bajar la guardia. Se le exige cada vez más, y deberá superar la presión. Ahora lleva galones de ganador y encandila a todos. Lo que pasa es que el fútbol es de los exquisitos pero también de los ambiciosos, y eso le genera opositores que temen que su gigantesca creatividad y su excelso talento artístico se estrellen contra los gruesos músculos de sus defensivos rivales sin escrúpulos y dispuestos a todo para derribarle y sacarle del campo y de sus casillas de paciencia.
De no girar el destino,y un Madrid al que el Barça se le ha ido unos cuantos puntos por delante, Isco se afianzará en la selección, y puede ser una de las sensaciones del Mundial de Rusia 2018. E Iniesta podrá despedirse arropado por alguien que no será su sucesor, pero que llevará su marca de maravilloso loco bajito con el canario Silva.
Isco es un jugador español y de la escuela andaluza. Y a mí me gustan los jugadores diferentes y que puedan sorprender. Los que llevan chistera y recursos ocultos. Aquellos elegidos, de los que siempre esperas sueños. De los que aunque no sean directores adustos, puedan ser más que necesarios para el color y la atracción en el regate, en el desborde, en el caño, en el control de la pelota y en el gol que llega de sus botas. Yo creo en Isco y en sus dificultades para encontrar alfombras francas de éxito. Pero el fútbol necesita al malagueño. Porque es más que espectáculo.
-MUCHO MÁS-

jueves, 21 de septiembre de 2017

- LAS TIERNAS DUDAS DE LYDIA -




Morena, aparentemente tímida, ojos almendrados, libre, esclava, crecedora, vitalista, llorona, eufórica, niña eterna, y buscadora infatigable desde sus inercias y vitalidad. Lydia ya no tiene treinta años, pero tampoco cuarenta y cinco. Es muy joven aún. Tiene y tuvo amores perdidos, amores futuros, amores in fraganti, y amores que están ahora y otros que ya llegarán.
¿Acaso Lydia es mística? No. Es pija, un día se fue de casa sin decir nada a sus padres a quienes llamó días después desde París en donde se había enamorado de un francés pensador y en donde se afincó y casó, y cuando las cosas le fueron mal regresó a su Madrid y sus padres tras unos días de hacerla morros, la perdonaron y la acogieron en su casa.
Lydia se vino de Francia con lo puesto y con un hijo. Los abuelos hicieron como que se alegraban, pero no. A Lydia no le convenció el postureo. Y decidió abrazar a la familia de las amigas y amigos esporádicos y por supuesto con dudas espirituales.
Lydia es una duda con bonitas y morenas piernas de playa escondida. Pero al entrar en un mundo menor con trabajos que ella considera impropios, empezó a llorar y a preguntarse por demasiadas cosas. Y sintió la necesidad de buscar respuestas casi inmediatas.
Ella cree en algo distinto a los líderes convencionales del espíritu. Lo cuestiona todo aunque trata de ser optimista e independiente. Ellos están ahí, la madre naturaleza, las civilizaciones milenarias que censura la antigüedad de la historia, los sucesos paranormales, el yoga, las meditaciones, las otras realidades o los cursos de milagros.
A Lydia le gusta reñir con chicos de su edad y ver películas distintas y siempre sorprendentes. Sí. A Lydia le encanta desconcertar,y que la mires sorprendido, y dejarte atrás y buscar sus propios caminos. Largos caminos que por ahora no asume en culminar sino en transitar.
Bajo su aspecto de buscadora de verdades, en Lydia hay asertos incuestionables, pompas de jabón, tristeza, y muchas más dudas con las que le encanta merodear, jugar y vivir.
Seguramente es su proceso. Porque Lydia lo pasa mal y no está dispuesta a volver a creer en fármacos o en psiquiatras. Prefiere juguetear con la kinesiología, con los masajes siatsu, y con las afirmaciones de energía que dice que le dan resultado, éxito y hasta vanidad.
¿Madurará Lydia? ¡Pues claro! Es inteligente y aún no ha aprendido a llorar y a aceptar sus mundos inmediatos. Ni es monja ni soldado; solo es una chica normal que todavía no ha encontrado ese nuevo rumbo que se llama amor propio y amor de chico.
Bucea entre un mar imposible, porque todavía no se siente con branquias para salir a la tierra firme y ponerse unos nuevos nombres y apellidos a sus máximas y a sus conductas.
A la risueña e impulsiva Lydia le falta un potente amor. Alguien que la adore y la aconseje y la diga que el mar solo es un abismo de huída, que bajamos como los simios de los árboles, que tenemos oxígeno y no Disney en los pulmones, y que hay que ser honesto y dejarse de ese tremendo postureo que es su miedo vital.
El día que a Lydia se le pasen las heridas y las nostalgias, aterrice y se observe en retrospectiva, entonces sentirá ternura de lo que ahora es. Y reirá seria su traje de cenicienta actual, y le dará igual tener más arruguillas o patas de gallo. Y hasta se sentirá en paz con sus canas incipientes.
Pero por ahora, Lydia es ternura incompleta y contradicción fresca, huídas hacia adelante, todo el individualismo y la mejor y más cómoda ropa interior. Hoy que hoy, Lydia te ofrece distinción y apuros, arrolladora capacidad escurridiza, y un ansia voraz de ser vegetariana y de dejar la carne. A esas sus carnes le faltan músculos, y definición y claridad. Y muchos, pero que muchos besos de cariño sincero.
- ¿O NO LOS MERECE? -

viernes, 15 de septiembre de 2017

- R. NADAL ABRE SUS BRAZOS HACIA TODO LO ALTO. -




Abarcando el esplendor. Empoderándose de los cielos de la gloria y el éxito. Caminando por la regia senda del mejor. Del elegido. Del king del tenis.
El destino le dribló a Federer en el Us Open. Su única duda celestial y longeva. Rafa Nadal se merece con creces su excelso reinado de Flushing Meadows y de todas las grandes pistas de los Slams. Aporta mucho. Destruye a pesimistas y euforiza a las ánimas resignadas.
Le habíamos,-yo el primero-, mandado al averno, muerto, sepultado, y condenado al adiós del placer del ganar. Pero Rafa tiene algo que sorprende y que engrandece y mitifica a su deporte y al deporte en general. Es un soldado insaciable.
Rafael Nadal voló muy bajo. Reiteradamente, bajo un Djokovic que ahora se ha ido al tao a distraerse. Nadal estaba como avejentado, sin ánimo, como resignado a papeles segundones, lento, fallón, y casi una caricatura de quien fue y es.
Me imagino aquellos días de dudas y puñetas. ¿Entrenar para perder una y otra vez? ... Esa idea fue machacada. Había que entrenar para volver a ser él y a dar miedo a todos. Y para ello, Rafa cogió su fusil mental.
Competir, luchar, la tenacidad, no dar por perdido ningún punto, entrenar como un espartano, no perder la fe, ganar velocidad y confianza, y afirmarse a sí mismo que su espada podría tumbar cíclopes.
La seguridad. Poco a poco, la seguridad. Nadal volvió a muscular con rotundidad su velocidad y ese talento frío que te hace perder los partidos contra él desde bastante antes de que empiece el partido.
Se fue a por "Nole". No le importaron las estadísticas, sino la ilusión de futuro. Le vio bajo de forma y no esperó. Rafa se atrincheró atrás, pero también se movió como un fondista ágil y más que poderoso. Se centró en el saque. Una de las claves de ésto. No es el saque más potente, pero uno de los más temidos. No hace falta sacar como un salvaje si se es estratega. De lo que se trata es de confiar en que ese juego que le corresponde por saque va a ser para él. Y, lo es. Rafa raramente saca mal. Y resuelve. Y cuando toca restar, entonces sus rivales se ven demasiado desarbolados. Porque nunca jamás dará una bola por perdida. Y como te la pille, vas a sudar ...
No es exagerar el afirmar que Nadal está en el momento más brillante de toda su colosal carrera deportiva. Porque aquel niño melenudo y profundamente precoz y certero de la arcilla, ha dado paso a un tipo orgulloso y competo, pegador y cerebral, pletórico de facultades, y psicoanalista del juego de todos sus rivales. Una máquina casi cibernética.
A veces no ataca porque lo que quiere es desesperar. Juega al ajedrez de la paciencia en acción. La sangre fría. Prepara sus golpes con celo. Les prueba a ver por dónde van. Y si se da que sus rivales responden a su juego, entonces saca otra infalible caja o plan B. Otro nuevo registro.
La furia. Rafa se pone a correr y a arriesgar, y avanza sin miedo hacia la red. Y cuando la bola le entra, le estalla el éxtasis y su alegría de ganador le lleva al éxito. Da leña, no te deja respirar; bolas anguladas imposibles de devolver. Y cuando te das cuenta, te mete el 6 del set y adiós. Se ha paseado por Estados Unidos.
Toda la prensa internacional se hace consenso y alaba y explota sus éxitos. Ganador sin fronteras ni miramientos. Consenso general. Es brillante, espectacular, sabio, rápido, competidor, constante, y con una concentración que acojona a sus rivales. En todos los idiomas.
Y Rafa culmina una especie de éxtasis tranquilo, abriendo los brazos hacia todo lo alto y como una cópula con las alturas y los olimpos del elegido. Nadal se gana a sí mismo y a sus dudas. Rafa no solo ha vuelto, sino que seguramente,-como el bello Federer-, para quedarse aún muchos años en las estrellas. Su sello genial me hace intuírlo.
¡BRAVO, RAFA!

lunes, 11 de septiembre de 2017

- ALBERTO CONTADOR NOS EMOCIONÓ A TODOS EN LA VUELTA DE SU RETIRADA. -



¡Gracias, Contador! Este deporte por etapas es una summa locura. Para lanzarse a entrenar jugándote la vida contra la supremacía amenazante de los coches, hay que estar un poco ido, tener mucha necesidad, ser un inconsciente del riesgo, querer ganar dinero y hacerse famoso, o tener una pasión sin límites por esta durísima disciplina deportiva.
Alberto Contador, lo acaba de dejar. Pero hay muchas cosas que quedarán y permanecerán en la memoria colectiva de los aficionados y por mucho tiempo.
Larguirucho y flaco, Alberto ha sido un escalador sensacional y un contrarrelojista muy completo. Ganó dos Tours, dos Giros, tres Vueltas, y quedó en el aire si lo del dóping del clembuterol fue una trampa intencionada de algún cabrón, o si un despiste paleto y confiado de un pinteño inexperto. Con esa sombra, le quitaron un Tour y un Giro. Pero aún así, ganar siete colosales Vueltas sitúan a Alberto como a uno de los mejores ciclistas españoles de la historia española, y uno de los más laureados a nivel mundial de siempre.
El ciclismo es locura. Un deporte televisivo, durísimo, bestial y cruel, en donde te tienes que hacer durante tres semanas cerca o más de 200 kms todos los días, y donde han de pasar desapercibidos los durísimos entrenos pretemporada.
El primer ciclista español fou y mediático, fue Bahamontes. El impulsivo toledano ganó un Tour y puso en el blanco y negro a España en el éxito y el privilegio individual. En los setenta, llegó el conquense Luis Ocaña, y también el escalador astur "Tarangu" Fuente, y en los noventa apareció el ciclón Miguel Induráin. Pero antes había pasado Perico Delgado y su carisma, sonrisa y simpatía. Había ganado un Tour y varias Vueltas, y ponía en pie a toda la afición cuando atacaba en los puertos.
Llegó el desierto. Casi, la nada. Y casi de ella surgió un jovencísimo muchacho nacido en Pinto,-que se había recuperado de un ictus-, y que de modo precoz se puso a asombrar.
Alberto ha sido distinto. Un culo inquieto que bailaba sobre la bici y les ganaba a todos cuando la carretera se ponía pared. Lo ganó todo y se llevó la admiración general. Hasta nos olvidamos un poco de Miguelón o de Perico y más nostalgias, y nos centramos en Alberto.
Hasta que le llegó el palo de la carne del clembuterol. Debió ser un mazazo brutal, pero Alberto es genio rebelde. Lo superó. Las pasó canutas, le zarandearon el prestigio, pero Contador se volvió a la bici y siempre negó haberse dopado.
Se cayó mil veces bajando las montañas, y sus porrazos le privaron de muchos más éxitos. Seguramente tenía miedo bajando, y las dudas le llevaban a la desgracia.
Pero jamás perdió la sonrisa. Y aunque los años le pasaron factura y ya no ganó nada destacable, él siguió entrenándose y bailando a su aire sobre su bici de carisma. Contador ha sido la prolongación de Perico en la tele.
Alberto y la épica fueron una misma cosa que nos dejaron a todos realmente con la sonrisa marcada de la sorpresa. Atacaba desde los primeros puertos y no esperaba a esos últimos puertacos de la ansiedad. Su valentía y heterodoxia,-al estilo Hinault-, le llevaron al ciclismo guerrillero y de ataque, al de la ausencia de pinganillos encorsetadores, y a ser rebelde y feliz sobre su grandeza que siempre conservó. Lo que ha hecho en esta edición de la Vuelta 2018 y última para él ha sido alucinante. ¡Atacó en casi todas las etapas! Y, nos ganó. Y lloramos con él, y gritamos como con Perico, y le vimos capaz de todo, y las gestas podían ser posibles, y toda la fantasía de nuestro cariño se desbordó y alcanzo clímax cuando descansó en su último Paseo de la Castellana de Madrid.
Froome ganó su primera Vuelta y le felicitó. ¡Todos le felicitamos! Porque parece fácil hacer lo que hizo, ¡mentiras!, pero Alberto lo ha logrado. Como su firma victoriosa en el Angliru.
Alberto ha sido el ciclismo sexy que no nos deja indiferente. Ha sido campeón y racial, se ha retirado haciendo mágicos alardes, y nunca perdió su contagiosa sonrisa de ganador.
-EL CICLISMO ES AHORA UN POCO MENOS-

sábado, 9 de septiembre de 2017

- TENTADORAS ADELFAS -




Mi pasión por las plantas de balcón es bien conocida por aquellas personas que siguen este blog. Las prefiero de luz, de exterior, de lucir; de presencia vital. Es decir, que para mí simbolizan la vida expuesta que sigue, continúa, se ralentiza, se acelera, y prosigue así el indicado ciclo ad eternum.
Me gusta ser pesado con las plantas, y acariciarlas, y nunca descuidar el riego ni los cuidados. Esa obsesión con las plantas es mi obsesión por la vida y su continuar. Me relajan y me dan paz, y hay como un intercambio de sensaciones y energías entre ellas y yo. Mi manía es su manía ...
El otro día caminaba por un larguísimo boulevard de mi ciudad, y me llamaron la atención las flores de unas plantas que ajardinan y decoran dicho lugar, y lo que al principio eran ganas de fotografiar la belleza de sus flores, se ha ido convirtiendo en ganas de llevarme algunos tallos a mi casa, para reproducir aquí tanta belleza de admirar.
Fue algo impulsivo al principio. Con la sola fuerza torpe y avariciosa de mis manos y con grandes dificultades para cortar, logré arrancar unos tallitos y me los metí en el bolsillo. Craso error. Demasiado pequeños e ineficaces. Los planté y se me murieron en seguida. Y también recuerdo que noté picor en los brazos y en las piernas, pero le di a todo esto una importancia relativa.
Hasta que alguien comentó que las adelfas eran malditas, y que poseen un índice de veneno y toxicidad potentísimos. Ya entendía yo el porqué de mi picor en los brazos, piernas o manos.
Pero el gusanillo de la curiosidad ya lo llevaba en el cuerpo. Las flores de las adelfas son más que bellas. Son sexys y aparatosas. De modo que decidí tomar precauciones y monté una estrategia. Me metí en el bolsillo del pantalón unas tijeritas y una pequeña bolsa. Me dirigí al boulevard, miré que nadie me observara, y con toda la mala conciencia del mundo agarré las tijeras y corté los tallos que escupían veneno y los introduje nerviosamente en el interior de mi tupida bolsita.
Sí. Todo volvió a picarme a pesar de las pequeñas precauciones. Y creo que hasta unas traicioneras y confiadas hormigas también lo hicieron.
Y como alguien me dijo que las adelfas eran resistentes y hasta devastadoras con sus compañeras las otras plantas, decidí ubicarlas en la parte de atrás de la casa, en donde hay menos luz pero la suficiente para ellas. Sus raíces han hurgado bien en la tierra de las dos macetas en donde he situado los tallos. Por ahora, todo va correctamente y pronto se definirán y mostrarán que ya son de las macetas.
Pero una vez que se me fue mi afán estético y acaparador, reparé en algo que me pareció decisivo. A mí me gusta tocar las plantas, aproximarme a ellas, moverlas, juguetear con ellas durante los cuidados, cortar, regar, esperar,y relajarme junto a ellas. Mis plantas de mi balcón de luz ...
Con las adelfas, no podré jugar. Si las toco me llegará su potente veneno y me lamentaré sin argumentos. Con las adelfas lo único que podré hacer es verlas evolucionar y regarlas cuando me parezca oportuno. Demasiada monotonía y traba. Ahí atrás de mi casa mandan las adelfas y yo no puedo actuar sobre ellas.
Experimento con mi fantasía de botánico amateur en espera de los brotes espectaculares que puedan traer rojas y más que bellas flores blancas. Me llevó el deseo de la belleza que predominó sobre la fría sensatez. Y a la vez, me da apuro y negación actual tirarlas a la basura. Cruel, y hasta injusto. No todo lo que reluce es bello, y yo debo adaptar las plantas a mí y ver mis límites y mi oportunidad.
No sabía de las adelfas ni de su veneno. Ahora las miraré de lejos, como a las divas imposibles y hasta traicioneras. Su mundo sensual y exhuberante no es el mío. Las adelfas me atraen y deslumbran por su sensualidad, pero yo no busco eso. Busco conversación con las plantas, tocarnos, naturalidad y buen olor. Como todas las demás plantas de mi balcón.
-QUE TAMBIÉN SOY YO-

domingo, 3 de septiembre de 2017

- SEPTIEMBRE -




Una nueva estación del tren de la vida. El vernos de nuevo las caras. El ocre en las hojas de los árboles que marcan la nueva tendencia que lleva al otoño de los días cortos.
Tránsito, tráfico; la gran urbe vuelve a bullir frente a la abisal estampida de las vacaciones. Septiembre son pocos versos lentos. Septiembre es concreción, y nuevos logros e iconos, y renovación y marca que presenta un tiempo nuevo que es el continuar vital.
Septiembre es responsabilidad, y libros del colegio con ternura, y el fútbol renovado de cosas,y el cambio de hábitos y de vestidos, y lo social, y las nuevas poses y el seguir creciendo en busca o huyendo de uno mism@.
Llega el fresco matinal y el no se qué ponerme, y ya no huele a azul playa ni a desnuda chancla. Septiembre ya es asfalto, y más tensión en las costumbres, y un detenerse fugaz para tomar el impulso camino de los trabajos basura que son mayoritarios y hacia esa esperanza que es la necesaria creencia en un futuro mejor.
Septiembre es el despertar desde la necesaria holganza o tontería, es el fin de la sandía frente al verde de la uva tradicional que lleva agua pero en diversos y pequeños granos. Septiembre es la alfombra tupida que desemboca al otoño. Es su estuario, su desembocadura, y hasta su inevitabilidad.
Desentrenados y nostálgicos, marcados por el moreno playero del sol picudo, atrás quedan el chiringuito y la tumbona, y adelante se halla el gran polígono industrial de la poliactividad. Septiembre es literario y para suicidas que se cansaron en la decepción. Es un mes tramposo e indefinido que pone a prueba nuestra resistencia y nuestro sentido vital.
Septiembre es el silencio del finde, y el estrés atronador de los coches que rompen e invaden la paz de la gran ciudad dejando por el suelo la rueda sucia de tierra del pisado del campo del veraneo.
El pie se libera de la arena del mar, y los armarios son repasados, y la ropa se ha metido presta en la lavadora en el preestreno. Han aparecido los calcetines y las mangas largas. Ha comenzado el septiembre de toda la programación de nuestras decisiones de supervivencia.
Septiembre es el río saudade pero frío que no nos hace dudar. Y si dudas, te aguantas. Hay que seguir caminando hacia el lugar que sea. Da igual que sepa a salado o a dulce, o que las tormentas les den un corte de mangas al sol fijo y potentísimo del estío en franca retirada. Nos vengaremos con el senderismo y los cines.
Siempre es así porque siempre es la vida. Por eso ahora estoy oyendo el canto imperturbable de los pájaros en la mañana, o el estruendo de los chicos con sus tubos de escape dando por saco volviendo a casa de los padres desde la discoteca social, sexual y actual.
El paso del tiempo no se juzga. Y se hace autenticidad. Papá Septiembre no es ya la caída de la hoja o la dimisión de los bikinis. El tiempo es sacro y aprovechable. Nosotros somos el tiempo. Nuestras actitudes. De nosotros va a depender el próximo horizonte.
Somos hijos de la vida itinerante e impepinable. Hay lo que hay y lo que haremos. Y seremos sujetos activos de nuestros errores y aciertos. Y seguirá habiendo hideputas, y almas de buen corazón, y clase media ética, y profunda diversidad, y juguetes rotos y ausencias que no lograron superar el parón veraniego. Septiembre ha llegado para irse también. Por esa fugacidad que es todo, pero desde la cual debemos siempre alzarnos y reivindicarnos.
¡ADELANTE!

miércoles, 30 de agosto de 2017

- EL "BAR GRECIA" COMO SÍMBOLO PERSONAL. -



Como preámbulo de este escrito diré que el bar Grecia de mi valenciana Gran Vía de Fernando el Católico, ya no existe. Pero exisitió mucho para mi. Porque recuerdo que el bar Grecia delimitaba un tanto mi radio de acción en mi azarosa infancia, y siempre lo recuerdo con cariño de acción y concreción. A ese bar iba yo con mi padre y familia a adquirir las botellas de vino y refrescos todos los domingos de Julio de camino al autobús de El Vedat de Torrent, el cual estacionaba muy cerca del citado bar. Fue un punto de partida infantil en mi vida. Una aventura entrañable y nostálgica. Y cuando lo evocaba, el chico de la peli de esa evocación era el fortachón de mi padre.

Pasaron muchos años. Demasiados, por supuesto. Mi padre se fue al lado de donde ya no se vuelve, y mi madre empezó a mostrar la ilógica casi habitual desde que se casó con él. Yo, también seguí mi inercia. Afortunadamente, otra inercia ...
Algo se abrió en mí, paulatinamente. Algo cambiaba en mí. Yo, tomaba conciencia de cosas simples que me atañían. Pasaban los segundos, los años, los meses, y hasta las décadas, y en la casa no había orden alimenticio. Mi madre había presentado demasiadas dimisiones. Nunca estuvo para responsabilidades. Y además, la cocina no era lo suyo ni le gustaba. La paella. La paella de Valencia. Pasaban los años y yo no podía comer paella valenciana siendo de aquí. Mi hermano mostraba ante estas irregularidades alimenticias, una extraña y más que preocupante indiferencia.
Pero yo, pensaba en lo buena que tenía que estar una ración de paella. Y seguí pensando. Y pasé varias veces por delante del bar Grecia, pero me daba unos tremendos apuros entrar. Yo nunca había ido a ningún sitio a comprar comida hecha, y me daba una potente vergüenza.
Finalmente, mi deseo rompió al apuro. Entré en el bar, y respiré. Alguien estaba pidiendo una ración de paella, pero sucede que era para comérsela allí mismo en mi simbólico bar Grecia.
Regentaba el bar un matrimonio ya mayor. Y la señora era la cocinera. Me debió preguntar qué deseaba, y yo me justifiqué. Al final le dije si hacían raciones para llevar, y aunque creo que no las hacían, la mujer me dijo que no me preocupara y que me apartaría una para mí. ¡Oh, gracias! ...
¿Estaría buena aquella ración de paella valenciana? Los primeros días, las primeras raciones, yo noté la falta de confianza en la preparación de un plato procedente del exterior. Porque aquello estaba buenísimo, pero, ¿y qué diría mi madre y hasta mi hermano, los cuales me miraban negativos, celosos y hasta censuradores? ... Mi madre, crítica total ...
Yo estaba asustado por mi audacia acertada. Costaría críticas, pero yo todos los jueves y con paulatina seguridad y confianza, me zampaba unas raciones de mi paella que no veas tú ... Había salido rebelde de aquel mal comer cotidiano, en donde no había orden y todo valía. Mis ganas de alimentarme de sabor y acierto, me hicieron romperme muchos tabúes personales. Comer paella no era otra cosa que lo más natural del mundo en Valencia. ¿Debía yo renunciar a éllo? ...

Un día llegué al bar, y los dueños estaban tristes. Se les juntaba todo. Pero sobre todo se les juntaba la vejez, y que ya tenían derecho a descansar y a pasar los últimos años de su vida con un poco de holgura y de reposo tras tantos años de trabajo casi diario. O, sin casi ...
La señora me dijo que volvían al pueblo y que dejaban el bar. Me dio y la di un par de besos, y el dueño me sonrió. Nos deseamos lo mejor, pero yo salí muy insatisfecho y apenado del lugar de mi conquista alimentaria. Y ahora, ¿qué? ...
Pasó mucho tiempo. En ese mismo bar que ya no se llamaba bar Grecia, habían obras. Y muy pronto aquellas obras, dieron paso a una casa de comidas que con el tiempo se llamó Pizzería Rafa, y en donde se servían pizzas y todo tipo de comida para llevar. Comidas caseras...
El nuevo dueño del ex bar Grecia y ahora Pizzería Rafa, era un tipo alegre y desenfadado, laborioso y castizo, creo que homosexual, listo como el hambre, el cual tenía como su mano derecha y gran ayudante de cocina a un chico obeso y aparentemente menor, el cual debía escuchar de contínuo las bromas de su jefe a él destinadas. Siempre estaba el jefe metiéndose en broma con el citado obeso Rafa.
Desconozco si se enfadaron, o si el dueño se jubiló y se dedicó a viajar confesando que era uno de sus placeres favoritos, o qué demonio sucedió. Pero la realidad fue que en los últimos tiempos, el orondo Rafa se convirtió en el dueño y jefe de todas las operaciones, asumió la ausencia de su jefe y mentor, y se afanó laboriosamente preparando pizzas de todos los tipos, y utilizando aquel potentísimo horno de leña con troncos llamativos a la vista, y que era su particular joya de la corona de su establecimiento.
Al principio con apuros, yo volví al ex bar Grecia de mi corazón ahora llamado Pizzería Rafa. Los primeros años solía atenderme el jefe del grueso Rafa. Pero cuando se lo dejó, entonces Rafa me atendió directa y personalmente, y sinceramente me sorprendió.
Porque yo creía que Rafa era un poco bobo y todas esas cosas. Pero el paso del tiempo, colocó las cosas en su sitio. Rafa era y es un hombre entrañable. Una gran persona.
Por cierto, que los recelos de mi hermano pasaron a convertirse en oportunismo. Y como sabía que yo iba a comprar a la ahora pizzería, se aprovechaba de mi inocencia y me decía que le comprase a él también una ración. Pero, solo paella, ¿eh? ... Ni fideuà, ni arroz al horno, ni arroz a banda, ni nada. Únicamente, paella. Las cosas peligrosamente enigmáticas de mi hermano ...
Aparcaba yo la silla de ruedas de mi madre demente en la puerta de la pizzería, y enganchaba las bolsas de comida en dicha silla, las cuales ya le había encargado por el teléfono que Rafa me facilitó.
Mi madre se fue, Rafa fue testigo de mis apuros ante la demencia previa, veía cómo la mujer gritaba fuera de sí, y a veces yo le contaba a Rafa temores míos como el no poder con ella o cosas así ...
Lo primero que hacía el gordo de Rafa, era dejar lo que estaba haciendo y escucharme. Me miraba con una gran paz y fijeza. Y siempre tenía la palabra oportuna para definir mis momentos y mis situaciones. Acertaba plenamente en sus veredictos y en sus consejos. Era un placer y una sedación inteligente poder apreciar su tremenda humanidad y bonhomía. Madrileño, trabajador, intuitivo, allí con su gordita mujer y gorditos hijos, y sereno y cordial, campechano y nada impostor. Era llano y real. Y, es ...
Hace unos meses escasos que me sorprendió. No es que se quejara. Él no era de esos. Simplemente se limitaba a describirme la realidad de lo que estaba sucediendo. Cerraban las tiendas, el horno de al lado, no se veía una mosca en la Gran Vía de Fernando el Católico especialmente en el verano, y ... En otras palabras, Rafa estaba muy preocupado. Pero lo más destacado es que raramente hablaba de estas cosas vitales. Ya lo había dicho, y no era cuestión de repetir ...
Raro. Yo le notaba raro. No era él. No hacía vacaciones porque no se lo podía permitir, y allí se asfixiaba bajo el horno que ha sido Valencia estos meses. Su hijo ya no estaba atendiendo. Allí se palpaba el no futuro.
El día 15 de Agosto, me extrañó que el establecimiento estuviese cerrado. No lo estaba. Sencillamente, Rafa ha dejado su entrañable tienda. ¡Adiós! ...
Os confieso que lloré. Porque yo lo viví como algo más que un cierre. Rafa no era un tipo que vendía y ya está. No. Yo podía hablar con él, comprarle la comida a un precio más que barato, y mi pensar era mucho más denso pues se iba a la infancia del bar Grecia y a mis primeros tiempos de emancipación y dudas.
Pero también de logros personales inopinados, y de un crecer personal tan vital y necesario como evidente. Ahora se han revuelto muchos sentires por adentro. Pero en el homenaje a Rafa se incluye el nunca detenerse y, ¡a por nuevos proyectos! ...
¡GRACIAS, AMIGO RAFA!