domingo, 27 de julio de 2014

- GAZA EN LA PIEL -



Niño, ¿tienes miedo? Sí. Veo en tus palabras mudas y en tu rostro el azote del terror. Ahí estás. Muerto. Y, vivo. Estás vivo porque por ahora has tenido mucha suerte y te han sacado de entre los escombros.
¿Qué son los escombros, muchacho? Los escombros no son más que cuando se amontona la destrucción y la impotencia. Debes llorar, vida. Llora mucho porque has perdido a tu familia, porque te la han matado y tienes el sacro derecho a estar roto, decepcionado y asombrosamente desolado.
¿Ves lo que es la guerra, niño inocente?, ¿ves cómo hay gente sin entrañas que vive la guerra como quien ve un partido de fútbol o de basket? Sí, mi nene. Y, mi nena. Sé que no podéis entender cómo hay gente tan cruel. Y no es que vosotros no lo entendáis porque seáis burritos, sino porque todo esto de la guerra y de las bombas no es racional ni tiene la menor explicación. Toda guerra es la mentira. No hay nada más peor que una guerra.
Eso que tienes ahí son heridas, mi niño. Y, ¿qué puedo hacer yo para que no te hagan daño? ¡Decirlo! Decir a quien me lee que los niños son sacros, intocables, piel vulnerable e inocente, y la forma de ser y de pensar del mañana y del pasado mañana.
En Gaza solo hay salvajismo y fracaso diplomático. En aquel territorio el ser humano vuelve al mono, al árbol, al simplismo, a la incapacidad de soñar y de tener anhelos, y sencillamente al averno inducido. Por eso te digo que me llores, niño. Nunca te quedes callado y suéltalo todo. Y grita, y corretea, y saca tus gestos de vida, y cágate en quien quieras que comprendo tu ira.
¡Oh, mi niño! ¡Mi niña! Solo queréis jugar, sonreír, imaginar, volver a ver a vuestras familias, y que sencillamente os dejen en paz. En Paz. Con mayúsculas, aunque no parezca que esté bien escrito. Pero las reglas están siempre para ser cambiadas.
Palestina. Mirad la parte positiva. Antes no teníais ni bandera, ni nombre, ni señas de identidad. Ahora ya se os acepta. Ya sóis palestinos, y tenéis toda nuestra simpatía, y sabemos que existís, y que os invaden, que os cercan y os matan. Pero, seguís siendo Palestina. Palestinos en Gaza y en todas las partes del mundo.
Yo de mayor quiero ser niño palestino. Como suena. Es mi mejor manera de solidarizarme con vosotros. Mi mejor deseo, para que pronto toda esa salvaje guerra se vaya al archivo del nefando recuerdo y vuelvan a oírse los trinos de los pájaros y de la libertad que surcan todo vuestro cielo lleno de estrellas. Quiero vivir vuestro terror para haceros compañía y para que sepáis que nunca váis a estar solos. Porque a un niño nunca se le deja solo.
A tí, ¿te faltan las piernas? Mi pobre niño. No puedes andar. Pero ahora hay mucha suerte y tienes que pensar en positivo. Fíjate. Hay una cosa que se llama prótesis, y que sirve para que quizás un día puedas volver a caminar. Tienes que tener confianza. ¿Me comprendes? Seguro que ahora no puedes comprenderme. Yo, no podría. Pero por lo menos intento contarte mi cuento mágico y amigo de Navidad en Julio. ¿A que es graciosa la Navidad en verano? ...
Te tapas los oídos, mi niño. Sí. Se te nota. Te molesta oírme. Y quizás tengas los tímpanos rotos y demasiado cansados a causa del fuego y de los impactos. Por eso te pongo a tu disposición mi silencio de comprensión. Necesitas ese silencio de olivo y de juego.
Precisas mi silencio hercúleo de sosiego y de compañía. Necesitas que te protejamos, que te sedemos las heridas, que te cicatricemos el rencor, y que te vacunemos para ese odio inevitable y maléfico que te sobrevendrá. Necesitas que mi silencio sea calor y playa, y pozales de arena al lado de la orilla, y el recuerdo de lo tuyo y de los tuyos, y que te queramos mucho, y que logres salir de ese atolladero de mierda y muerte que te abrasa. Sí. Necesitas que te dejemos, niño, libre y en paz.
-ES TU MEJOR DERECHO-

sábado, 26 de julio de 2014

- SIRENA -



Sirena que poco sospeché, sirena humana y de agua, sorpresa necesaria en el crecer y en la vida, paso necesario para que mi oído escuche otros rumores, otras canciones y hasta otras confidencias.
Cantos de sirena de ciudad, eterna, son mundano y responsable, magia de día y noche, de tren y luna, de risa y lesitud, de descanso e intimidad. Sirena nueva e iterada, sirena faro, sirena de lo que tenga que ser, sirena nueva.
Sirena para muchos meses, años y segundos. Sirena inmediata y realista, sirena de Mediterráneo y de cercanía, de comunicación y brazada.
Sirena quieta y profusa, sirena complicada, sirena interior con mucho que pasar y sacar, sirena amable, acogedora, respetuosa y real. Sirena de paz y gratitud.
Sirena tú y yo, y todos los siren@s que hacen posible la vida. Sirena que abraza a un marinero y camina lentamente con él con su personalidad femenina y sus sandalias blancas en su cola de pez.
Nadas, sirena. Nadaste de niña, y de mayor, y de siempre, y sin agua no serías tú. Ni yo. Porque la vida viene del mar, y estuvo desde el mar, y el planeta agua se llama tierra por vicisitudes que tienen más de seguridad que de aventura.
Sirena rubia, vikinga y consejera, que tiene suavidad en su voz tranquila, que muestra seriedad y estima, aprecio y estar. Sirena de tí, sirena que marcha y sigue laboriosa como una hormiguita que llena su hucha de sueños y de proyectos, sirena familiar y a la vez independiente, sirena de pintores, de creadores, de risas y de cenas. Sirena inolvidable, de necesidad de salirse de la norma y de decirle a los científicos que a veces dos y dos no tienen que ser todo el tiempo cuatro ni todo tan rígido.
Sirena que yo hallé, inesperadamente, imprevisiblemente, sin darme cuenta ni propósito, como cuando te encuentras a alguien y sin saber porqué la sigues viendo, y admirando, y sintiéndote a gusto a su lado sin la más mínima explicación.
Sirena de verano e internet, sirena de playa y de youtube, sirena de noticia apresurada y desinhibida, sirena de nosotros, imposible, de lo que solo podremos decirnos entre nosotros mismos. Sirena que tú sabes.
Vida, seguir, caminar, moverse entre los acuosos senderos, y rehacerse todos los días con la fuerza de un tiburón de bondad. Sirena a veces inquietante, de carácter potente y definido, sirena a respetar y a comprender sus silencios y prioridades. Sirena que siempre estarás.
Yo sigo mi camino, pero siempre hay un lugar en donde detenerme. Exactamente a tu lado, sirena. Donde está toda tu magia y tu poesía, y tus pies grandes y flexibles, y donde hay ternura y buen rollo, y amistad y cosa positiva, y donde sé que me esperas, y me agradas, y me padeces, y sobre todo donde sé que me entiendes como nadie.
Nunca, sirena, podré saber yo tanto de tí. Y deberé esperar entre mi tiempo de aprender a crecer más y a nadar mejor, y a cometer menos errores en medio de tu sonrisa divertida y hasta cómplice. Y aprenderé de tí, sirena, y haré, y haremos, y nos contaremos todos los mejores encantos del mundo conocido, y no habrá nadie que nos mire mal. Y a los envidiosos de nuestra paz les daremos indiferencia y sello.
Y cuando parta desde tí, sirena, habrán murmullos de desconfianza y hasta de incredulidad, y tú sabrás que todo es anécdota e intrascendencia, y que la realidad le da una patada  en el trasero al mito y descubre una savia de verdad bonita y afectuosa. Y siempre de mar, como la vida misma.
-COMO TÚ, SIRENA-

miércoles, 23 de julio de 2014

- LOS CARACOLES -



Algún retazo de mi infancia. Años sesenta. Yo, un niño. Mis padres, más que a la deriva. La idea era agradar en los dominicales tiempos de ocio de los meses de Julio.
A la montaña. Al monte de El Vedat. Muy cerca del campestre,-y del pueblo de Torrente-, restaurante El Porvenir. Allí me llevaba mi madre. Mis padres. También venían mi abuela materna y mi hermano. No había más niños en aquellas excursiones dominicales. Carencias y tiempos de nebulosa y de irrealidad.
Recuerdo el bar "Grecia". Allí, mi padre compraba las bebidas y preparaba la intendencia. Y a continuación, nuestro casi anónimo desfile familiar se llegaba hasta la valenciana calle de Espartero. En esta calle, estacionaban los autobuses que llevaban al monte y a algunos pueblos cercanos. Nunca hubo coche en casa y la actual Estación de Autobuses aún no existía. La citada calle de Espartero, servía por su longitud y característica, para albergar la citada flota de autobuses sin recinto.
Yo tenía alegría. Un niño alegre, que no paraba de corretear. No podía estarme quieto. Y, naturalmente, salir de la barriada siquiera por unas horas en los domingos de Julio, suponía una más que esperada y hasta necesaria aventura.
El autobús, tardaba bastante. El que iba a Torrente tenía más servicio. Pero el que se dirigía al monte de El Vedat, era realmente tardón. Esperaban a que se llenara. O, algo así. Yo recuerdo los agarraderos del autobús, que eran blancos. Y el autobús al principio, bien vacío. Y las dudas de mi madre. Porque con todos los asientos libres, ella no terminaba de decidirse en cuál de ellos deberíamos tomar asiento. Finalmente se cansaba y lograba elegir.
Una cosa muy bonita era el tiempo del trayecto. Del viaje. Algo se movía. Era como despegar. Como casi toda la magia imaginada de un viaje. Mucha ilusión. Mucho por ver. La necesidad de tener mucho por ver.
Llegar al monte y bajar, era precioso. Mis padres alquilaban unas sillas, y las añadíamos a una mesa plegable que traíamos de casa y que todavía conservo. Y después del almuerzo, mi abuela no sé muy bien qué hacía, y mi padre se ponía a descansar y a deambular por los alrededores del restaurante, en cuyas proximidades había igualmente un autoservicio.
En ese momento llegaba el momento festivo y crucial de la jornada. Porque mi madre decidía que íbamos a ir caminando durante algunas horas yo y mi hermano con élla, y de paso a coger todos los caracoles que pudiésemos ver durante el tiempo del recorrido campestre. Agotador y precioso, todo a un tiempo. Benditos caracoles bien difíciles de encontrar ...
No había más niños allí que mi hermano. Yo no podía saber muy bien qué pasaba y ni siquiera desde la inocencia y edad infante me lo podía plantear. ¿Por qué estábamos tan solos y tan pocos en medio del monte en una festiva y veraniega jornada del caluroso Julio? No obstante, era un pregunta muy importante y hasta crucial.
En la huída de mi madre hacia ninguna parte, en su camino enfermizo y de ostracismo, nos embarcaba a sus dos hijos. Pero yo no sentía en absoluto aquella sensación. Empezaba a no echar de menos a nadie. Mi pobre madre me estaba condicionando la vida, pero ella nunca lo ha sabido. Ni lo sabrá nunca. Jamás tuvo la menor intención de hacer daño a nadie. De hecho, se lo hacía a sí misma y no se enteraba ...
La vuelta a Valencia en el autobús era bonita. Recuerdo que yo jugaba a pilotar el autobús. Me cogía al asiento de delante e imaginaba que era el volante de un coche. Y giraba hacia la izquierda, y hacia la derecha, y le metía rapidez a las manos e imitaba a un avezado piloto de carreras.
Era muy importante inventarse otro mundo. Y jugar con ese otro mundo paralelo e imaginado. Ser niño era muy positivo aunque no hubiera ni libertad ni sentido común en mi familia. Y aquella niebla rara en la inconsciente infancia, lograba retener mi sonrisa.
-COMO LO HACÍAN TAMBIÉN LOS CARACOLES-

lunes, 21 de julio de 2014

- 54 AÑOS TODOS MÍOS -



Eso pone en el calendario. Cronos es descriptivo e histórico. Te dice la edad. Acabo de tener y de cumplir cincuenta y cuatro años. Cosa que celebro y he de celebrar.
No son unos reales cincuenta y cuatro años. En realidad, hace bien poco que empecé a vivir. Lo cual, no me importa en absoluto. Porque lo que cumplo son los segundos, los minutos, los día a día, y afrontando desde el crecer toda mi nueva realidad.
Son años de sufrir, y de seguir aprendiendo, y de buscar en las cosas y en las personas, pero sobre todo es tiempo de hurgar en mí mismo. De ver mi realidad. Es tiempo de apostar por mí mismo, de sacar mi personalidad y de irme aceptando tal y como voy siendo. Sí.
Es tiempo de vivir y de hacer, de seguir tomando la responsabilidad de cuidar a mi frágil y senecta madre, de tener valentía y de no arrugarme, de seguir caminando infatigable hacia muchos sitios de sorpresas y hasta de estupor. Es tiempo de estoicismo y de reinvindicación personal, de ubicarme más y mejor, de tener paciencia por mis errores e impulsividades, de tomarme mi tiempo de ocio y de salir a respirar.
Soy joven porque llevo todas las ganas de aprender en mis venas. Mi familia me abandonó, pero cada día les tengo menos rencor. Pasan de mi madre, igual que pasaron de mi padre hercúleo y noblote. No son mi familia. No quieren ser mi familia, y yo entonces aunque a regañadientes, voy cerrando las páginas de la nostalgia imposible, archivando, y abriendo otros libros de mi realidad de presente y siempre de futuro.
En mi cumpleaños, quiero perdonar y perdono a esos seres cercanos en sangre y carne para los cuales yo nunca existí. Es verdad que a la familia uno no puede elegirla. Y voy asimilando y asumiendo que por ahí nada hay que hacer. C ´est la vie ...
Me alegro de mi convicción para salir de mi tsunami personal. De mis fuerzas casi hercúleas, de haber podido crecer sin afecto y sin amor, de haber tenido sangre de hierro para salir de casi todos los charcos en los que me metí cuando andaba a la deriva. Quiero dar las gracias al destino por haberme podido dar plena cuenta aún a tiempo.
A cincuenta y cuatro años de ilusión y de responsabilidad. Y también de sonrisas y heterodoxia, de gustarme la gente llana y real, y de molestarme los hipócritas y los quedabién.
Yo. Quiero y debo ser más, yo. Y en eso estamos. Alcanzar más seguridad y más recorrido, no renunciar a nada, pensar en todo, y decir con absoluta libertad lo que se me dé la gana. Tengo derecho a mostrar mi cacho de personalidad.
No hago caso al tiempo que transcurre. No es real. Yo empecé bien tarde en esto de la vida, y aunque soy joven, soy por eso todavía más joven. Soy nuevo en mi vida y la voy construyendo y fortificando. A veces me canso y lo mandaría todo al descanso y al carajo, pero eso sería mi tremenda injusticia.
Necesito hacer, haceros, hacerme, seguir haciéndome y sin parar. Mi necesidad y mi convicción son cada vez más la misma cosa. El camino es mi vida y mi felicidad. Como decía el gran Machado a todos los caminantes. Yo soy un caminante. Me enorgullece ser un caminante, aunque con las rodillas lesas por causas de los excesos deportivos y alardes exagerados. Es lo mismo y con más mérito.
Quiero ser amigo de mí mismo y de mi realidad, y daros a todos los que me conocéis y queréis de verdad un enorme beso y mil abrazos. Y sobre todo, quiero dar gracias al día, y a la noche, y al escribir, y a la amiga, y a los paisajes, y a todo lo que me hace soñar y vibrar. ¡A tod@!
-GRACIAS A LA VIDA-

sábado, 19 de julio de 2014

- SOR LUCÍA CARAM, LA MONJA GUERRERA -



De amplias facciones, con todo el acento argentino y la visión de una española más, la monja católica Lucía Caram muestra en las mañanas televisivas de la "Cuatro", una actitud que sorprende por lo inhabitual.
Y seguramente que lo que nos sorprende tenga que ver con lo que de mujer tiene Sor Lucía, que es todo. Tenemos en la mente la idea de la monja queda, de hablar bajito y reservado, modosa y bien poco amante de la notoriedad.
Por eso nos deja asombrados el desparpajo de esta mujer y la clarividencia y contundencia con las que decide opinar y no obviar ni uno solo de los temas sociales y candentes que desgraciadamente marcan la realidad de los españoles y de sus capas más vulnerables e in crescendo.
Irreductible, sor Lucía es una máquina de hablar y de denunciar. Anda bien lejos del miedo. Demuestra al mundo que la mujer sabe ser clara y combativa, sin ambages, comprometiéndose desde sus ideas y desde su Iglesia con el mensaje de Jesús que apostó por los más necesitados. Por los desheredados ...
Y habla de política social y de calle, y denuncia una y otra vez los abusos inadmisibles del poder económico neoliberal, y les cita por sus nombres y apellidos. Les muestra con el dedo y con sus argumentos llenos de reflexiones pensadas y osadamente valientes.
Cuando la señora Caram comienza su discurso, se la ve encendida y con ganas de lanzar por su boca fuego de agua bendita. Habla de la gente que sufre, de los niños que pasan hambre, de los desahucios, y nunca rehúye nada. Se posiciona claramente desde la izquierda, y habla de todos los responsables políticos y banqueros en un acto de maravillosa osadía.
Cuando la escuchas, te reconcilias con la actitud tantas veces pasiva y hasta complaciente de otras y otros miembros de su misma Iglesia. Porque la Iglesia de la Caram es la Iglesia de mojarse el culo, de arriesgar, de arremangarse, del manos a la obra, del seguir peleando, de no rehuír la vista ni la mirada, del ora pero también el labora, y con un genio y carácter potentes y hasta bien apasionados.
Es otra Iglesia, es la femenina Iglesia del sudor y del combate, de la acción y de la reivindicación. Sor Lucía Caram es una lideresa combativa y especial, y cuando la llaman demagoga aprieta las mandíbulas y contraataca irreductible.
La mujer. Insisto en esta idea. Un nuevo tipo de mujer monja ahora mediática, pero que seguramente siempre estuvo y existió. Es una mujer. Una mujer generosa e indignada, libre en su fe y en su libertad de la expresión, y conocedora del efecto multiplicador de las cámaras de la televisión.
La mujer viva y mediática que usa los recursos con la buena astucia de quien cree en lo que dice. Es sor Lucía el martillo mediático y guerrero. El ejemplo y la actitud que puede servir para que dentro del femenino en la Iglesia cunda el ejemplo y se levante la buena voz. La de los pobres.
Sor Lucía Caram. Le dicen de todo menos bonito. El poder la llama absolutamente de todas las descalificaciones, pero ella parece crecerse ante la adversidad. Es el gran ejemplo de la mujer monja, de su inconformismo contagioso, de las ganas de que una mujer coja y recoja el protagonismo masculino y jerarquizado de su Iglesia, y que mire de tú a tú y de hito en hito a quien haga falta. Con una valentía de mujer que hace pensar.
¡GRACIAS, AMIGA!

jueves, 17 de julio de 2014

- LAS COSAS DEL SEÑOR PEPE -



Entre los personajes clásicos de mi barriada, decido hoy hablar de un hombre singular y entrañable, que tenía un negocio de mantas con su hermano en la calle de Guillem de Castro. Le habían dado el curioso y pomposo nombre a su negocio de "El Palacio de las Mantas".
Camino del Mercado Central de mi Valencia, yo me encontraba todos los días al señor Pepe fumándose un puro en el exterior de su establecimiento. Haciendo tiempo, para que el olor a tabaco no invadiera su lugar de labor. Y yo aprovechaba para hablar bastante con este hombre moreno, bajito, de hablar quedo, de fina ironía valenciana, en nuestra lengua, y de todo aquello que la actualidad o nuestra voluntad, decidían.
El señor Pepe era bien valenciano. No lo podía negar. Su sentido del humor era aparentemente fino, pero tenía el ruído y la potencia de una traca. Recuerdo que era tremendamente antirreligioso. Y de política, más que de izquierdas era crítico y absolutamente desencantado. Como buen  tendero, miraba y se fijaba en el dinero. En el dinero que cobraban los poderosos, y seguramente en el fondo a él también le hubiera gustado andar en la abundancia. Lo doy por seguro.
Mas de momento, en el día a día, el señor Pepe se fumaba sus puros irredentos y disfrutaba así de sus pequeños placeres cotidianos. Era listo y muy práctico. La palabra la utilizaba para descansar. A su manera, disfrutaba y vivía cuanto estaba a su alcance. Y cuando te cogía cercanía y aprecio, te podías reír mucho con él y pasar momentos entretenidos. Siempre se lo agradeceré. Esa barriada mía que ya no existe, entonces sí era y de la forma de ser del señor Pepe. Cuando le evoco, evoco la vida.
No tragaba a los curas. Y nunca perdía los nervios hablando de las personas que no eran de su agrado. Mantenía una contención personal y una amable y prudente distancia. Era fino y normal.
Defenestraba a los sacerdotes, de los que afirmaba que no trabajaban nunca, que se limitaban a hacer las misas, y a cobrar todos los meses. Y que luego cobraban la jubilación, y a vivir del cuento ...
Tenía una especial teoría acerca de los bienes vaticanos. De, la Curia. Del Papa y de las posesiones de la Iglesia. Decía que todo el dinero y elementos de valor que tenían en Roma, no quedaba ahí. Que él conocía a gente a la que a su vez le habían contado que guardaban un secreto más. Casi, increíble. Que, en África, en un país que nunca se puede saber ni se sabrá, había escondido otro Vaticano, en el cual habían aún más cosas de oro y valor que en el romano. Que todo era por si  alguien se levantaba y le daba por invadirles y expropiarles todo lo conocido. Su plan B.
El señor Pepe me miraba entre convencido y pillo, y me decía que sí. Que lo que me contaba no pertenecía a ninguna fantasía ni nada. Y mientras me hablaba, me miraba distraídamente, y en ese momento sé que me observaba para conocerme mejor. Es como si a través de sus cuentos quisiera hacer apertura y cariño. Abrirse.
La verdad es que no sabía si reírme a carcajadas o ponerle objeciones a sus contares. Me desconcertaba. Así que prefería callar y escucharle. Merecía ser escuchado. Yo tenía la impresión de que el señor Pepe no había tenido muchas ocasiones en su vida para decir lo que le daba la gana. El franquismo había estado ahí, y eso le había marcado sin duda. Y todo su contexto.
Hacía mil años que no le veía. Su negocio había bajado la persiana. Pensé que se habría jubilado, pero el otro día vi a su callado hermano y me dijo que hacía tres años que se lo había llevado el cruel cáncer. Me sentí realmente tocado. Pero seguramente, el señor Pepe allá en donde esté, se estaría riendo de su mala suerte y con toda la calma.
-GENIO Y AUSENCIA, SEÑOR PEPE-

miércoles, 16 de julio de 2014

- CICLISMO, FRAGILIDAD Y VALENTÍA -



Ya sabéis que Alberto Contador,-que es el mejor ciclista español-, ha tenido que abandonar el Tour de Francia 2014 a causa de una caída que le provocó lesión. Tenía todas las cartas para ganar la prueba. Y la primera impresión que siento, es la de las condiciones de los ciclistas profesionales y veo cómo asumen unas situaciones que les convierten en seres puntuales y con un  Damocles inmenso de azar sobre sus cabezas.
Son los atletas de fondo. Como el marathón. El ciclista ha de ir con mucha gente cerca, midiendo distancias, haciendo filigranas y orando mucho. Pidiendo gracia y árnica de los dioses, encomendándose a las estrellas del azar, y buscando una y otra vez la suerte de la lesitud. Dos ruedas y con muchos riesgos a su alrededor. Las carreteras, la ruta, las subidas y las bajadas, las enormes distancias, muchos lugares sin control y siempre temibles, un aguacero posible y durante horas sobre sus organismos, y a veces un frío atroz
En tiempos de doppings y leyendas negras, de pobres e hipócritas, de indiferentes que les dan la espalda a estos maravillosos esforzados, te das cuenta de la magnitud extraordinaria de esta fastuosa y mágica idea que es y supone el ciclismo.
Me imagino a Froome o a Contador en sus tiempos invernales, entrenando casi furtivamente o anónimamente jugándose el pellejo entre el imperio de los coches y de la modernidad con la sola protección del casco o de su coche de apoyo. Poco más. Preparándolo todo para la primavera y para el verano. Para poder triunfar en su deporte. En un deporte que es sencillamente colosal y fantástico.
Estos ciclistas son gente de ideas nobles y románticas. Una piedrecita puede ser la distancia entre el olimpo y el averno. Y aún así salen y se la juegan, y entrenan, y compiten, y siguen vivos como unos aventureros y desafiando las adversidades y hasta los complejos. Son realmente, grandes.
Grandes, en su situación de vulnerabilidad. Porque si les empujas o les tocas, pueden caer. Pero si las cosas les sonríen, son capaces de poner alegres a las aficiones de sus países. Depende todo de cientos de cosas, y con un estoicismo admirable asumen los retos.
Alberto Contador se disponía a atacar para ganar el Tour 2014 y darnos a los españoles que lo veíamos todo sentados cómodamente en el sofá de la casa o acostados sobre la cama, unas tardes divertidas y emocionantes. Alegres y hasta trepidantes.
Y de repente, en un instante, la caída y la lesión. Y en escasísimos minutos el rey escalador debe utilizar su imperiosa necesidad. Algo muy extraño le está pasando a su pierna que es su medio de locomoción. Las piernas de un ciclista. Su cuerpo. Su cuerpo maltrecho y fuera de combate. Y Alberto ha de llorar porque le da rabia que todos sus entrenos se sepulten debajo de lo irremediable. Lo mejor que debe hacer y por su bien, es poner pie a tierra y pensar en positivo. Que le vean los médicos,-que son los que saben de estas cosas-, y que le digan como puede ser su futuro.
Esa es una de las verdades del ciclista. Sus reglas del juego. En este deporte que semeja otros tiempos y contextos ya pasados, hay mucha crueldad y fugacidad. Te sientes mal y desprotegido, muy del vaivén del azar, a merced de los sueños, entre mil condicionantes, y tratando de esquivar a manotazos todos los malos pensamientos. Hay gente de hoy que no quiere ser ciclista. Nos hemos vuelto burgueses y acomodadotes, queremos seguridad y las cosas más o menos previsibles. Necesitamos unos tiempos y unas condiciones de garantías, y una protección que entendemos necesaria y que nos interesa.
Por eso cuando veo lo de Contador o lo de Froome, les valoro y aplaudo más. Son de otra pasta y hasta quizás de otro tiempo. Una suerte de valientes montañeros del asfalto que saben que a veces hay que desnudarse y sufrir. ¡Ánimos, Alberto!
-SENCILLAMENTE, ADMIRABLES-

lunes, 14 de julio de 2014

- ALEMANIA ABRAZA MARACANÁ Y GANA SU CUARTO MUNDIAL -



El triunfo de un equipo. De un bloque. Del fútbol de conjunto. De donde no hay suplentes o de si los hay apenas se nota. Es una de las grandes lecciones de este Mundial 2014, que firma la histórica tradición de la Selección de Alemania. Sin conjunto suelen haber más decepciones.
Por eso el Káiser Beckenbauer no podía solo, ni el Torpedo Müller, ni tantos históricos y ciclópeos jugadores. Ni Cruyff, ni Pelé, ni absolutamente nadie. Porque es el esfuerzo unido de once futbolistas y de todo el banquillo. Es el triunfo evidente del fútbol clásico, con personalidad, audaz y constante.
El equipo de Joachim Löw es el resultado de una gran generación de futbolistas como Kroos, Khedira, Schweinsteiger, Neuer, Özil, Humels o Müller. Un equipo de amigos y de profesionales en donde nadie nunca se cree el más grande. Y esa modestia sobre el césped que muestran los valores necesarios del esfuerzo y la constancia, mantiene bien arriba ese mito en forma de dicho que reza que esto del fútbol es cosa que inventaron los ingleses y que ganan los alemanes. Con este cuarto título mundial, aumenta la idea y el mito se hace consistencia.
Alemania ha sido el mejor bloque de este Mundial de batacazo infernal brasileiro, y de bravía y casta argentina. Todo lo intentó el equipo de Sabella en la final. Confió en su orgullo y en sus gladiadores, pero Messi no pudo redimirles. El mejor jugador del mundo y sucesor de Maradona no pasa por el mejor de sus momentos. Y no es el líder que el "Pelusa" sí supo ser.
El Cristo del Corcovado perdona todas las tristezas y se hace luna llena al lado de la playa de Copacabana. Porque hay mucha gente que está alegre y grita eufórica su reto anhelado. Alemania es la España que Iniesta y los locos bajitos nos regalaron hace cuatro hermosos años en la nostálgica Sudáfrica. Brazil se junta con el mito de su Maracaná y festeja al fútbol. A ese deporte tan castigado y a la vez tan aglutinador e internacional que puede hermanar países y simpatías arrolladoras y demostradas.
Cuando el fútbol no tiene el brillo de la fantasía, aparece otra enorme verdad. El fútbol vertical y convencido, el de aceptación y que no tiene porqué tener complejos. Y sin rubores ni excusas, un tal Schürrle le centra un balón a Götze y entre los dos hacen el soberbio gol del telón del Mundial. De la final. Del todo. De la verdad. Nuestro gol de Iniesta es ahora en la Historia el de Götze. ¡Enhorabuena!
Sí. Cuando parece que no pasa aparentemente nada, de repente salen al área unos muchachos, centran y meten la pelota dentro de las redes. Catón del fútbol. Eficacia y concreción. No hay tu tía. Ni excusas de mal pagador. Cuando hay dudas, se resuelven y a otra cosa. Cuando nadie decide, alguien te llama a la puerta y te dice que es él y no tú quien ha de levantar la Copa del Mundo. Es, ¡el fútbol! ...
Ha ganado la tradición. Alemania es un gran trozo de la Historia de los Mundiales. Cuarto título. Brazil,-que tiene cinco-, llora en silencio su shock imposible. El fútbol tiene mucha más verdad y salsa de lo que los simplistas van a afirmar.
El Mundial de Brazil dice adiós. No ha habido un fútbol de jogo bonito salvo el castañazo teutón a los de Felipao. Un Mundial planote y estratega, de mucha igualdad y de poco mito. Ha sido un torneo a cara descubierta y a mantel destapado, con actitudes y recelos, con hundimiento de los anteriormente campeones y de los infelices anfitriones. Ha ganado quien tenía que ganar. Quien mucho más que nadie lo mereció.
Ha ganado la actitud de los jugadores de Alemania, el bloque, la personalidad, el esfuerzo, la capacidad de sobreponerse y de creer mucho en éllos mismos. Ha ganado la verdad, la discreción de un míster conocido pero muy discreto, la lógica del gol y de la agonía, la fuerza del orgullo, y la idea de que hubo unos padres y unos cracks mucho antes que los actuales.
Alemania es tierra de fútbol y de triunfos, de káisers y de porteros, de atletas y goleadores, de defensas insistentes y de pulmones imparables. Y además, juegan y más que bien al fútbol.
¡CHAPEAU A LOS NUEVOS HÉROES!

sábado, 12 de julio de 2014

- ENCIERRO EN SANFERMINES -



Ocho de la mañana. Pamplona. ¡Viva San Fermín! ¡Gora San Fermín! El toro y el mozo. En medio de la fiesta salvaje, parece demasiado pronto las ocho de la mañana. Preguntas que nunca te haces aunque lo pienses todo. 2014. La tradición y el ancestro. La milicia y la vitalidad que concretan. Nada espera. Los atletas ya están ahí. Como los cabestros que aguardan el gran disparo de la salida. Hay ansiedad latente y guiri bobo, senyeras oportunas y festeros atolondrados y figurones. Y el imperio del orden que marca la cuadrilla de los grandes y curtidores corredores. Para correr éso, hay que tener facultades físicas y mucha decisión e inmediatez.
Todo es un gran estallido. Un gran sprint sostenido de cuatro eternos minutos en donde pueden pasar las contradicciones más inesperadas. Mas lo único que te llegan son los tremendos astados. Con unos cuernos demoledores y hasta necesarios que se llaman emoción. Casi o más que la adrenalina que tiras cuando haces el puenting o el balconing. Es importante estar jadeante y un poco fou para jugársela a esas horas intempestivas y con suelo resbaladizo. La noche fue larga, rubia, morena, masiva, potente, siempre festiva y nunca suficiente. La fiesta nunca podrá saciar la suficiencia en el placer.
Pero los toros no van a mirar nostalgias ni humanidades. Los toros son fieras maravillosas y sin escrúpulos que sienten demasiada excitación. Entre otras cosas porque les rodean centenares de unos mozos que literalmente ya no caben por entre las calles tradicionales. Todo queda chico y sin renovar ante la gran tradición. Hay que buscarse la vida, apañarse, contarlo y bien, y que el azar pueda respetarte. Retar a una osadía es éxtasis si sale gratis.
Estampida. No hay sitio. Concentración máxima con deuda de oxígeno. No todo el mundo va a poder correr el encierro de los sanfermines. Eso es para gente que sabe a lo que se enfrenta. Gente de relevos, de capotazos a golpe de papel, de saber hacerse con agilidad el muerto en el suelo, de quien aguanta el rugby del pisotón inesperado, de quien manda al carajo a un imbécil y abre paso franco a la mediática y hasta dichosa manada.
Nada de fotos ni de recuerdos de internet ahí. El encierro es carne y piel, mojarse el culo y aguantarse la sangre, tener capacidad de sufrimiento y toda la sensatez para no desesperarse y hacer el egoísta. El toro y tú. Y nadie más. A carrera desnuda, a orden, a toda mecha, a fondo de etíope, a cara de decisión, a por todas, a marchar en silencio como un pastor atento y desbocado.
No mires demasiado al bicho, pasa con él, no le pierdas demasiado la valentía y el miedo, casi eres una misma cosa alocada que él, es un empate técnico a sustos y a leches, a hostias y a impactos, a no haber más remedio que seguir como se pueda al sol y al aire de la gran plaza de toros en donde volverá a hacer aparentemente el esoterismo del silencio.
Si corres junto a los toros, no escucharás gritos ni prácticamente nada, no habrá tiempo al lamento o al arrepentimiento, solo podrás hacer lo que sabes, intuír para salvar el pellejo y la solidaridad gestual ante los novatos. No te queda más que ser mozo, y osado y con arrojo. Cuatro minutos más tarde habrá terminado la orgía de la gran fantasía real. Y entonces un médico dará el parte de heridos del presente de indicativo del verbo realidad.
-MUCHA SUERTE TENGAS PUES-

viernes, 11 de julio de 2014

- MI NUEVA ESTACIÓN DE AUTOBUSES -



Tenía ganas de hacerlo. De efectuar la necesaria comprobación. Y sin pensármelo dos veces, me he llegado a la estación de los autobuses de mi ciudad. Y en mi tiempo de ahora y de realidad, mis sensaciones son bien diferentes a las que lo fueron en otros momentos y pretéritos de mi vida. De lo cual, me he alegrado más que profundamente.
Una estación, es en el fondo un lugar triste, rutinario, fugaz y hasta anodino. La gente va y viene. Sube a los autobuses, y estos parten camino de sus destinos ahora preferentemente vacacionales y de reencuentro. La estación la percibo en este momento como un lugar casi frío y funcional, con lógica y sin grandes sorpresas. Una estación no es siquiera una duda sino una decisión. Un punto que te llevará a una ilusión concreta, a otra parte que tú deseas o a la que tienes que ir, y luego volver, y estar nuevamente ahí rápida y fugazmente para regresar con naturalidad y convicción a tu lugar. Ubicado. Bien.
Antes la estación no era para mí sino un triste recuerdo de vana fantasía. Un lugar imaginado, que solo me ponía envidias en los pensamientos. La estación no era la salida de la vida o la itinerancia con sentido, sino una manera de matarme unas horas de la tarde que olían a desilusión, a límites y hasta a envidia.
Porque mientras yo estaba por allí aburrido y temeroso, la vida me soltaba unos sopapos que no podía encajar bien. La estación era un modo de sufrir, de ver por unos minutos a unas señoras atractivas y espectaculares, maletas camino de un rumbo decidido, mirar el aliciente de los otros, lamentar mi mal destino, y las tremendas ganas de que mi vida pudiese cambiar de una puta vez. Ganas frustradas e impotentes.
No eran los autobuses el medio, o la fantasía la concreción de sueño alguno. No. El único vehículo que no se movía, era yo. Solo soñaba con cosas pesimistas e imposibles, con ojos de guiri hermosa inalcanzable, y con muchas ganas casi infantiles de que me pasaran muchas cosas. Yo iba a llorar a la estación. A lamentarme por adentro; a que mi dolor redimiera mi sensación de falta de combustible personal. Sin saber, que la literatura en estación es cuando puedes y estás en disposición de aceptar y hasta gozar todos los silencios y todos los movimientos. Sin entender del todo que yo también tenía derecho a ser un pasajero lógico y hasta apasionado y alegre entre toda la vorágine de maletas y trajines.
Sí. Hoy ha sido otra cosa. Todo  más bellamente frío y explicable. No he sentido la necesidad de quedarme ahí parado viendo cómo los demás vivían. No tenía ya sentido ser el espectador de las vidas activas de los demás. Adiós a la magia errada y paralizante, y a la nostalgia de un pensar que nunca merecí.
Hoy he visto que la gente iba y venía por la gran estación, y que los conductores hacían su labor, y que los autobuses parecían previsibles y detenidos como en un gran garaje o box de realidad. Y las chicas que te informaban o te vendían los billetes, eran chicas de labor y trabajo, y de sueños y universos personales que casi nunca pueden hallarse en su lugar de rutina y esfuerzo.
Hoy ya lo he podido ver todo mejor. Hoy todo o casi, era y entraba dentro de un guión necesario y auténtico. Hoy no había extraños sueños e impotentes expectativas. Hoy me gusta el autobús que nunca se detiene y que no sabes si viene o se va, quiénes suben y quiénes bajan, la realidad de sus itinerarios personales, y de su necesidad de vivir y de llenar dicha vida.
Me he sentido a punto de coger los autobuses, y de pagar los billetes, y de abrirme puertas y mundos, e ilusiones, y ramas nuevas de realidad e ilusión, y que una estación es mi oportunidad y mi obligación, y que está para utilizarla e irme, y volver, y no parar, y nunca jamás seguir parando.
-HE CRECIDO-

miércoles, 9 de julio de 2014

- BRAZIL DESNUDA SU REALIDAD ANTE ALEMANIA: ¡1-7!. -



El futebol es un rey implacable que no se detiene ni en evocaciones ni en nostalgias. Por eso llorar solo sirve para descargar las ilusiones vanas al tiempo que necesarias. El Continente brasileiro y sus millones de simpatizantes futboleros descubren ante una gran Alemania toda la verdad y nada más que la verdad. Que Brazil solo es ahora un equipo menor y ramplón, y que los alemanes quedaron sorprendidos ante tanta simpleza y tanta ausencia de identidad. Les metieron siete jugando con compasión y respeto. Pudieron ser muchos más.
Acaban los ciclos. Y todo se va al garete. El Mundial se ha ido, se ha escapado casi peor que en el Maracanazo ante Uruguay en el 50. Brazil se sabe desilusionado y sin técnica, sin ideas, sin magia, sin jogo bonito y sin alegría. Y el Brazil,-la marca Brazil-, es colorido y caño, y finta, y regate y folha seca, y calma y categoría. Brazil es orgullo y deberes hechos, y O rey Pelé, y cinco títulos mundiales, y hacer soñar, y globos, y mulatas en top-less levantando al personal de los asientos, y samba, y bossa nova, y Rivelino, y Gerson, y Tostao, y Falcao, y Domingos da Guía, y Zico, y Ronaldo, y Romario, y centenares de jugadores de fábula. 
¿Por qué Cronos o la insensatez del músculo parece haberse tragado a los grandes malabaristas y hasta globetrotters del balón?, ¿quién ha sido?, ¿por qué ahora solo es la carne y el gimnasio el que impera y no la creatividad y el talento en un país enorme en el que el futebol es la gran religión? Demasiadas preguntas que huelen a lamento ...
Ayer, en la semifinal de Belo Horizonte, Alemania no se trabó en timideces ni en una interpretación del desarrollismo excesivamente embustera. En absoluto. Los de Löw jugaron al fútbol de siempre basados en un bloque perfectamente ensamblado, clásico, real, de circulación rápida de balón, y dejándose todos los complejos en el vestuario.
Alemania se fue al ataque y empezó a mandar. Y atacó y marcó goles y más goles, y no cometió errores, y supo distribuir con talento y categoría la pelota. Enorme e histórico partidazo del equipo que todo parece indicar que se va a llevar la Copa del Mundo. Un verdadero huracán de jugar al fútbol de siempre. Equilibrio y potencia, goles y talento, fuertes, rápidos y convencidos. Thomas Müller está siendo el mejor jugador del torneo. Pero, hay más candidatos en ese mismo equipo ...
La identidad de Brazil solo mostraba la estética de su mítica camiseta amarilla. Todo lo demás no era Brazil. El 1-7, escoció más que demasiado. El equipo de Felipao fue una marioneta frágil en manos de un gigante. No hubo partido sino funeral. Ni los derrotistas más acérrimos esperaban tanta pena y tanto estrépito en el batacazo. Mas el futebol es cruel y vilmente realista. Brazil solo tiene ilusión. Y, poco más. Lo que pasa es que a los que nos gusta el fútbol y desde pequeños, poder ver a estos chicos de la camiseta amarilla fue siempre especial. Siempre tenían algo nuevo que ofrecernos. Ayer, absolutamente nada, y un muchacho como Neymar pasto de la lesión. Brazil fue una verdadera saudade penosa y de lástima. ¡Pobres! ...
Lo único que puede serle positivo al gran disgusto, es pensar en el futuro y en las causas del ahora. Lo mejor de Brazil será la reflexión en torno a su futuro y a las grandes causas del desastre. Del Waterloo brutal y picajoso.
No vale decir que esto va por rachas, que se vienen a Europa y que les hacen correr y sudar en perjuicio de otras virtudes. Es excusa insuficiente. El futbolista brasileiro tiene catorce mil caminos para volver a ser lo que fue. En sus venas está la alegría y la rebeldía, la genialidad y el talento. Como en sus bailes desatados y en su ritmo inigualable.
Ahora termina mal un trozo de la historia de Brazil en futebol, y comienza un nuevo tiempo. Hay que volver al balón y dejar al músculo en su sitio. Dejar que se recupere uno mismo sin que se lo digan.
¡CONGRATULATIONS, DEUTSCHLAND!

martes, 8 de julio de 2014

- ALFREDO DI STÉFANO, ADIÓS AL GRAN PIONERO -



Cambió el fútbol. Todo se modificó. Nuestro deporte rey y a nivel mundial, acusó el antes y el después del gran futbolista Alfredo Di Stéfano. Renovó el tiempo y lo hizo especial. Le metió chispa y atractivo, hizo con sus goles y su majestuosidad muchas veces Campeón de Europa a su Real Madrid de Bernabéu, y siempre fue especial. Una leyenda, un mito, un genio ...
Nunca pude verle jugar. Me lo perdí. Pero siempre mis mayores me dijeron que había sido aún mucho más grande que Pelé, Cruyff o Maradona. No puedo ser riguroso juzgándole en fútbol. Solo puedo hablar de mis impresiones sobre el personaje irrepetible.
Don Alfredo Di Stéfano. Porteño y español, hombre de otro tiempo y de palabras rebuscadas y arcáicas que tenían un final agudo y plenamente inteligente. Me fascinó y me ganó. El gran guerrero soberbio y distante, me volvió loco. Pocas veces me he reído tanto al escuchar sus cosas siendo como fue un gran padre del fútbol y defensor del juego y de los jugadores a ultranza. De, su fútbol.
Lo mejor de "el pelao", era su fina ironía y sus cuentos narrativos de fútbol. Y su mala leche. Su dignidad y su orgullo sin concesiones ante el periodismo. Pero ese maravilloso cascarrabias nos dejaba siempre a todos finalmente con la boca abierta de la admiración y riéndonos reflexivamente a carcajadas. ¡Qué grande fue, joder! ...
Era formal y echado para delante a un tiempo. Un caballero y un tipo duro e impasable a la vez. Complejo. Como a mí me gusta que sean las personas. Con chicha y sal, con realidad y sin complejos, con aplomo y hasta una formalidad convincente.
A mí me gustaba el Di Stéfano en estado puro. En ebullición. Para lo bueno o para lo menos bueno, pero al ataque. En esa realidad que tienen los ganadores para mostrarse y salir siempre bien airosos.
Se cuentan de Alfredo mil anécdotas. Su leyenda y monumentalidad eran imparables. Era universal. Por eso ahora el fútbol está cojo. No se va con él un trozo de la historia de nuestro deporte, sino algo que ya nunca podrá ser como era. Es la ley de la vida. Cuando muere un rey como él, entonces todo el paradigma varía. La orfandad en la que está ahora el fútbol en duelo, deja paso a una transición que llevará a unos nuevos tiempos. C´est la vie. Y la muerte. Lo inevitable.
Genial don Alfredo Di Stéfano. Era tan grande, que le  sabía mal ser entrenador porque ahí en el banquillo se podían hacer menos milagros y dependencias de medianías y de mediocridades. Finalmente, el maestro logró abrazar las otras realidades aunque no le fue sencillo.
Dijo una vez que no entendía cómo le abroncaban a él cuando uno de los suyos lanzaba un córner y la echaba fuera. Afirmaba que parecía que se pensaba que él tenía que enseñarle a un muchacho de veinticinco años a tirar bien un saque de esquina. Nos reíamos, porque tenía razón. Sabía sacar de en medio de la pasión, la ironía y su tremenda clarividencia y facilidad para ver las cosas del juego del fútbol. Un lince y un privilegiado, siempre socarrón y divertido. Único. Eterno y longevo.
Quería mucho a quien se lo ganaba. Como a Maradona, su paisano sucesor. Una vez soltó: "Maradona aplaude porque está contento" ... Mágica descripción del porteño ante su niño que no logró crecer con los muebles en su sitio. Alfredo quería mucho al Pelusa, pero le dolían sus salidas de tiesto. Y en el fondo, le comprendía y aceptaba. ¡Cómo no hacerlo! ...
Otra de esas anécdotas tiene que ver con su defensa del futbolista. En unos determinados Mundiales en los que ejercía de comentarista para la televisión, y mientras sus compañeros hablaban de estrategias y de movimientos tácticos, don Alfredo no cesaba de exclamar: "Pero, ¡con la calor que hace cómo van a aguantar¡ ¡Por dios! ..."
El humor inteligente y chispeante en el corazón del fútbol. Se va el dios de ésto, el verdadero dios. El más grande e irrepetible. Se muere un trozo enorme del fútbol mundial.
-DESCANSE EN PAZ, MAESTRO-