viernes, 19 de diciembre de 2014

- MIREIA, GENIAL Y SINGULAR -



Ahí está esta nadadora inigualable. Se terminan y empiezan a la vez todos los adjetivos. La élite de la natación. El oro en su enorme calidad como atleta, española e internacional, mujer triunfadora y arrolladoramente imparable. Sorprendentemente mágica, y trabajadora con convicción en sus duros entrenos. Veterana para lo suyo y realista. Con una clave especial. Como todo genio, Mireia es diferente.
Tímida, suya, clara, cotidiana, explosiva, guapa, y con los pies en el suelo incluso dentro de su magisterio en las piscinas. Lo ha conseguido todo y  no nos lo esperábamos. Mireia Belmonte. La mejor deportista española y sin duda de todos los tiempos. A sus veinticuatro años busca una medalla de oro para los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro. Seguro que llegará.
Sí. Especial. Los genios, lo son. No son campechanos ni excesivamente abordables. Mireia ya conoce lo que es el periodismo oportunista y hasta interesado. Sabe que interesa más por ser guapa y recordwoman mujer que por ser una deportista de tronío. Se valora el exotismo intrusista en el reino masculino de los deportes, y se respeta que de sus brazos salga una colección de récords y de oros. Vende y es precisa.
Mireia puede vender. Gusta la chica casi de fantasía y mosquita muerta que destroza a todas sus rivales. Gusta su lozanía y su poder. Gusta su naturalidad y su poco ruído para triunfar una y otra vez en sus piscinas de natación.
Gana casi siempre. En el mundo del show deportivo solo pueden contar quienes ganan y nunca quienes solo porfían. Es lo que hay. El sexy del oro y de su bañador especial se impone a todas las barreras críticas. Pero es mejor y hay gente preparada para hacer leña cuando le llegue la decadencia. Somos así en este negocio.
Tiene la cabeza fría la Belmonte. Se parece en eso a Rafa Nadal, otro crack inolvidable. Saben protegerse a través de toda la relativización. Hacen su trabajo y sienten realmente su íntima satisfacción. Lo demás siempre importará menos.
Admiro la intocabilidad de Mireia. No sonríe o ríe a carcajadas exageradas, elude el show y el prestarse a la gran concesión, y sabe que si se deja perderá velocidad y resistencia. Si se esconde y pavonea por las teles y los saraos, su rendimiento para Río podría peligrar.
La Belmonte es una profesional. Independientemente de su valía genética, poco se sabe de sus entrenos extenuantes y de su capacidad de soportarlos con consistencia. Y ahí está la mitad de su grandeza. Se pone el mono de faena y empieza de nuevo cada prueba. Su genialidad es la versatilidad. Nada en muchas distancias y en la velocidad del tiburón. Resiste como Induráin, y a ataca como Phelps. Es completa, y siempre puedes esperar de ella lo mejor y más imposible.
Es segura. La conseguidora de éxitos. La gran vitrina insaciable de medallas. Y Belmonte sabe que una plata nada tiene que ver mediáticamente con un oro. El oro es top y la plata mera anécdota que se llevará el recuerdo.
Mireia es una triunfadora siempre inesperada. Una deportista genial y racial. Ese personaje que nunca te puedes esperar porque te hechiza y te maravilla. Y luego le preguntas cosas en la radio y la piropeas, y solo se ríe con cuentagotas. Y esa aparente frialdad la hace todavía más diosa y más descomunal. Inolvidable e imprescindible para caminar por el Everest de la historia del deporte femenino español.
¡OLÉ MIREIA!

miércoles, 17 de diciembre de 2014

- CIENTO TREINTA NIÑOS MATADOS, ¡CANALLAS TALIBANES! -



Un niño. La cosa pura. La cosa vulnerable. Intocables e indefensos, frágiles y fáciles. Ciento treinta niños matados por unos simios sin evolucionar y fanáticos beatorros. Los han asesinado. ¡Canallas!
Debe ser uno de los crímenes más viles en la historia de la humanidad. Mejor decir, en la historia inhumana de la barbarie y de la desfachatez más intolerable.
Los talibanes, malditos hijos de puta, son capaces de perder el horizonte y la referencia al considerar que todo fin justificaba los medios y que todo vale para conseguir sus objetivos. ¡Miserables!
Cuesta, me cuesta, contener las emociones. El cuerpo me pide venganza y hasta colgaros del palo mayor, insensatos asesinos. Mi rabia me lleva al insulto y hasta a la falta de concentración. Cuesta escribir con la ira disparada. Es mi escrito triste e impotente, casi un sarcasmo en el deseo, y me ha de salir el guerrillero primario que bajó del árbol. Soy mierda en el odio y en la desazón que me produce que en el mundo y contexto en el que me ha tocado vivir pasen estas cosas descerebradas y bárbaras.
Todos somos culpables de que mueran estos niños. Es un fracaso internacional y diplomático. La paz no va a lograrse con un tipo con una metralleta delante de un salvaje, y armado hasta los dientes.
Pero los niños precisan justicia y protección. Son mis niños, tus niños, todos los niños del mundo los que están tristes y amenazados a través de la vileza y de la crueldad de los mayores. No me da la gana que unos cafres les metan el odio y la muerte descarnada. Esos talibanes han de ser llevados ante un Tribunal justo o internacional. No creo en las venganzas. Un niño sabe perdonar. Yo sé perdonar y quiero ser el papá de todos esos niños. Mis niños, pobres niños que ya no podrán jugar, o darle a un balón, o hacer de mamacitas de una muñeca, o sencillamente darnos un beso de ternura.
¡Niños, mis niños! Esos niños de la tierra son intocables. Exactamente como las mujeres asesinadas y violadas. Malala, la joven heroína mágica, es su tía y su referente. Ella es una niña grande que se libró del fanatismo cabrón. Malditas sean las sectas y las religiones que adoptan métodos crueles y del todo vale. Sus dioses son inventos suyos con cara de monstruos. Un dios nunca hace daño, sino amor. Los endiosados son esos talibanes mal nacidos que han terminado con más de un centenar de sueños vírgenes e inocentes. ¡Malditos seáis!
Arrepentíos. Pedid perdón. Yo pido perdón por esto. Tengo sentimientos, soy humano, y ahora me da vergüenza serlo. Ser mayor. Siento hoy rechazo a ser mayor, y quiero ser un niño para consolar a los otros niños que lloran con desgarro. Y para velar los cadáveres. Solo de pensar en esas criaturitas muertas me da parálisis y se tensa mi estar. ¡No! ¡Now! ¡Stop!
Sí, asesinos. ¡Pedid perdón! ¡Nunca máis esas barbaries! Sed personas, reflexionad. Nunca habéis podido hacerlo. Pero me resisto a pensar en que vuestra cabeza esté hueca del todo. Algo debe suceder y moverse en vuestro espíritu irresponsable. Sóis unos herodes de nuestro tiempo que merecéis un castigo ejemplar y duro. No creo en la pena de muerte. Nunca creeré en esa venganza.
Dejadme, amigos, que hoy sea un niño en homenaje a ellos, y que llore, y que cuando se me pase todo vuelva a jugar, y al plumier, y al lápiz y a la escuela. Hoy soy niño de silencio.
-SOLO SOY LUTO-

lunes, 15 de diciembre de 2014

- LA LIGA ROJA -



Hermosa liga de mujer. Entrañable, pícara, noble y humana. Liga de puntilla y sexy, que guardo con ilusión en uno de los cajones de mi mesita de noche. Estoy muy orgulloso de esa liga de rojo color.
Porque he crecido. He logrado dejar las fantasías, y acercarme al apasionante mundo de las mujeres personas. Sí. Digo de las mujeres personas y nunca de esa pasión enfermiza y extraña que parece que alude al sexo y a la tenebrosa superficialidad inane.
El otro día, en el transcurso de una cena, una mujer se quitó una de sus ligas que sostenían sus medias, y se la puso en la cabeza jugueteándola entre su pelo. Me miró con picardía, y yo la sonreí. Me acerqué a ella y puse ante el asombro y la aceptación de todos los demás amigos de la cena mi mano sobre su cabeza, y recogí la liga pizpireta y potentemente femenina. Ella no dijo que no y me la ofreció en un gesto en extremo humano.
Complicidad. Esa persona amable y cómplice, se había divertido mucho en esa cena. Yo, modestamente, había contribuído a animar dicha reunión social, cuando casi de repente y tras haberme puesto un luminoso gorrito de Papá Nöel, lancé mi camisa por los aires.
Lo habíamos hablado previamente todo, medio en serio y medio en broma. La fiesta debía concretarse. Tomar sal. Y para ello no todo iban a ser palabras y más palabras, escritos, y cosas que el viento se terminase llevando.
Mas siempre hay un trecho para la decisión. Atreverse a cosas así, entre decenas de personas, implica convicción y atrevimiento. Y también valentía y sorpresa. De modo que lancé mi camisa a volar por los aires con el único propósito de que el hielo se rompiera y la timidez quedara desnuda.
Cayó mi camisa cerca de la cabeza de alguien, y otro alguien la recogió, y otra alguien la escondió, y otro la sacó y fue a caer sobre uno de los platos de la mesa, y ahora voy a ver si tengo suerte con el jabón de la lavadora o si ya no tiene remedio y hay que desechar dicha camisa.
La inversión pícara tuvo la gran recompensa de la aceptación y del buen rollo. Algunas chicas venían radiantes tanto por adentro como por afuera. Con ganas de gustarse a sí mismas y de paso a los amigos y simpatizantes.
Una liga de mujer. No vi cómo se la quitó. Solo la vi en su cabeza y cómo me miraba con picardía. Nada de maldad, excitación o moralismo. Solo una prenda de mujer divertida y generosa. Una prenda íntima que solo la mente convierte en polaridades o en equilibrios y mesetas. Es una prenda neutral si así lo deseas ver. Fue mi caso.
Aprendí. En el cajón está guardada como oro en paño. No le doy más importancia que la que tiene. No es un fetiche sexual ni una muñeca de esa que venden en los sex-shopps. No lo veo en esa clave, sino en otra más gratificante todavía.
Es el triunfo de mi actitud, y un trofeo dentro de mi nuevo patrimonio personal. He sido capaz de progresar como persona. La liga está bien, mi gesto de lanzar la camisa fue oportuno, pero no dejan de ser asuntos puntuales. La mujer y el hombre no somos machos ni hembras, sino seres humanos con todos o casi todos los lugares comunes para ser gratos y naturales, alegres y positivos, divertidos y cercanos, festeros, y hasta especiales.
-CON LOS PIES EN EL SUELO-

jueves, 11 de diciembre de 2014

- TANA -



Menudita y morena, vital y atractiva, arrolladora, un torbellino incansable y una gran fragilidad actual. Se llama Tana, y su marido hace tres años que se le fue por un infarto.
Tana nunca podía esperarlo. La vida no podía ser tal hostia ni revés. La vida no podía ser tan traidora y canalla. Pero durante la ceremonia del entierro se dio cuenta de que esta vez había perdido buena parte de su entereza.
Nadie podía consolar a Tana. Todo era irrisorio, menor, extraño, incomprensible, adverso, imposible, triste, anulador, desgarrador, frío, de desamparo, irreconocible y hasta repugnante.
Ahora Tana tiene a sus hijas que adora, y a sus nietas que idolatra. Y piensa que durante su larguísimo matrimonio con su finado Andrés, tampoco fue lo feliz que debía haber sido.
Por eso Tana desconcierta y epata. Porque el volcán de su impulso vital la lanza al marathón cotidiano y persistente de su aventura. No para. No se le puede seguir el ritmo. Se va al cine, al teatro, a caminar, se apunta a un bombardeo, cuida su cuerpo, y se pone un tatoo casi visible. Coqueta o nada.
Huye. Tana tiene tanto miedo que está necesitando huír ahora de sí misma. Se nota en sus ojos vivarachos que necesita silencio e impulso. Contagiarse de la gran fantasía del placer.
Tana no es ahora Tana. No quiere hablar en serio, ni escuchar en serio, ni sentirse en serio. Y si se te ocurre tocarle las narices y ponerte solemne y hasta real con ella, es que te la juegas. Porque entonces Tana te sacará las uñas y te borrará de su lista de cercanos.
Tana es un tsunami de vitalidad y de huída hacia adelante. Es su vida de hoy. Quiere ser la superwoman que todo lo puede y acabar sus canciones moviendo a ritmo sus caderas. No puede serenarse. Necesita tener el culo inquieto y no poder sentarse cómodamente en una silla, para así tener la perfecta excusa para no aburrirse y marchar a donde sea. ¡Salir! ...
Tana, se dice no. Que nada de hombres traicioneros o fugaces. Que aquí te pillo y aquí te mato si eso, pero nada más. El recuerdo vivo del atrás le sabe a bofetada y a misterio. A desamparo y a traición.
A Tana hay que aceptarla tal y como es, que tampoco pide tanto. Solo quiere que no la preguntes demasiado y que la llenes de chistes y chanzas. Quiere que la protejas con su aceptación y con tu dejarla hacer. No la muevas. Deja que el aire acaricie su blanca piel o que sus senos todavía turgentes logren captar el entusiasmo masculino de muchas edades. Déjala que sea pizpireta, y caprichosa, y que elija sus caminos, y que haga bastante lo que le dé la gana.
No le tomes la mano ni la beses en la mejilla así como así. Es niña herida y susceptible. Juega con ella sin pasarte, y respeta ese todo dolor que nunca admitirá porque le da vergüenza social ser vulnerable y hasta como los demás.
Tana es un coche sin freno, un vendaval de libertinaje atractivo, un tren que lleva a miles de kilómetros de distancia en busca de algo inconcreto y de rojo color, una mujer de hoy y laboriosa, y bonita, y sencillamente ella misma.
-LA ACEPTO-

martes, 9 de diciembre de 2014

- LES VEO VIVIDOS -



A mis nuevas amigas y amigos. Sí. Les observo cómo actúan y cómo expresan su estar y su posición en el grupo social. Algunos están heridos de amor por experiencias anteriores, y cuentan su verdad agarrados a su escepticismo.
Ahí estoy yo. Escuchando. Escuchándoles. Enriqueciéndome con sus caminos de ida y de vuelta. Han vivido y han tenido toda la suerte y la libertad lógica de hacerlo. Mis nuevos amigos me ayudan mucho casi sin proponérselo. Aprendo viéndoles, apreciando toda la humanidad que rezuman sus personales discursos, y trato de evitar hacer el contrariado mohín de mi envidia. Si yo también hubiese vivido ...
Se han enamorado, han roto, se han rehecho, han quedado marcados, son graciosos entre sí y hacia mí, tratan de mostrarse sólidos y universales, y tienen todo el derecho del mundo a estar ahí y a ser tan diversos y hasta divertidos.
Es hasta hermoso el ver cómo tratan de alejarse del dolor y abrirse a las nuevas expectativas del ocio del placer. Es muy hermoso porque se toman su tiempo social para comunicar y aceptar. Heridos y menos heridos, infelices o inteligentes, seductores o descreídos, todas y todos me hacen soñar con una cosa que se llama vivir. Vivir cada día.
Parece que algunos a esta mi edad ya arriesgan menos, se vuelven cautelosos y celosos de su intimidad, y al lado de unas cervezas y unas patatas bravas tienen clara la idea del ocio de su destino. Han de seguir ahí.
Y lo que siguen teniendo claro es la necesidad de juntarse con cualquier excusa porque son y somos sociales. Amigos. La amistad. El compartir. El estar ahí juntos y con ganas de seguir juntos. Parece una magia que se acepta con calor y cariño. Es algo que todo lo envuelve y lo llena. Es mucho más importante que lo que cuenten o dejen de contar. El deseo de reencontrarse como si fuera una libertaria navidad de entre quienes no somos familia.
Tenemos ganas de agradarnos, de respetarnos, de ir aceptándonos, de conocernos mejor, del colorido de las citas, y de darle consistencia a las raíces afectivas que van creciendo y proponiéndose.
C ´est la vie. Es la vida. Lo que cuentan me extraña y nada o poco tiene que ver con mi vida huérfana y carente que fue. Y aún estoy de ida, y ell@s andan ya de vuelta de muchas cosas. Mas no importa. En ambas direcciones, los vehículos humanos respetan las posiciones y hay una línea roja de ética que nunca será traspasada.
Yo, les sigo. Me admira y me asusta lo que les veo y les escucho, pero sé que todo forma parte de mi proceso de acercamiento a sus personas y realidades. Me halaga que yo les guste, y les agrada mi presencia.
Yo construyo ante ellas y ellos mis nuevas y fortalecidas reglas del juego. A veces no se puede hablar de todo lo que a uno le da la gana, pero el grupo también es guardar silencio y aguantar al plasta. Como lo es el aprender y admirarse de sus hablares convencidos y adultos. Esto es una escuela de la calle y de la vida. Igual o más que lo que puedes aprehender en una universidad o en un lugar cultural.
Mi asignatura pendiente. La asignatura de las cosas de la calle, de la interacción, de acostumbrarme a la aceptación de la libertad de los otros y de sus cosas. Aprender a estar ahí, a no ceder, a sacar lo mejor y más auténtico de mí, a otra vida más cordial y positiva, a sacar conclusiones sin dramas excesivos, y a relativizar con más astucia e inteligencia las situaciones que se me van presentando.
Es todo una complejidad que también acoge sencillez y belleza. Crezco al lado de mis nuevas amigas y amigos. Y cada vez me parezco más a esa otra persona en la que voy a convertirme y a la que tengo derecho.
-SÉ QUE ES DE VERAS-

viernes, 5 de diciembre de 2014

- LA LLAMADA DEL CRECER -



Todo diferente y bien. Muy distinto. Una nueva necesidad que se me abre. Ahora, afortunadamente, va siendo otra cosa. Con muchas dificultades, pero otra cosa.
Lo digo porque ha llegado el fin de semana y ya me voy habituando a lo que durante demasiado tiempo nunca sucedió. Fueron años anodinos y de tiempo detenido, de fantasear defensivamente en busca de planes nunca abordables por imposibles.
Nunca me dio igual no tener planes para fines de semana y nunca socializadores. Simplemente, transitaba esta etapa con la sensación de que no podía suceder nada más que lo menor. Todo era otro horizonte y otro panorama, el pajarillo se negaba por terror a dar un salto desde su nido hacia la aventura de la vida, y me sumergía en otros asuntos en los que llenar aparentemente mi tremenda ausencia personal. Yo, no estaba.
Por eso doy gracias a la vida y a mi tesón. Luché por mí, y lo sigo haciendo, y nunca he bajado los brazos desde que tengo uso de razón. Fui y soy soldado de una inercia paulatina, y soñador eterno de un tiempo venidero y más acorde. Preciso sueño.
Ese tesón me llevó a los terrenos siempre vertiginosos de las  vacilaciones y de los cambios en mí. Terrible palabra esa la de, cambio. Romper. Romper a vivir y a dejar mi tiempo errado aparcado en el atrás. Era necesario rehacerse y oler de nuevo el campo, y el amor, y el viento, y tocarme, y palparme, y auscultarme, y revalorizarme delante del espejo, y de concretar muchas cosas. Era mucho más que básico. Como el crecer imparable que te lleva al río vivo de la convicción. Hacia adelante.
Sigo porfiando por conseguirlo, y voy logrando resultados evidentes. Cansa mucho este sobreesfuerzo inicial y esta nueva reconfiguración y construcción de mi vida. Te hace mareas y zozobra, y dudas, y hasta piensas que todo será pasajero e inconstante. Inconcluso y parcial.
Pero mi realidad se acerca a la acertada disposición. Hace tiempo que me entraron ganas de volverme a ver. De volver la mirada hacia mis capacidades que siempre han estado aunque varadas, ahí.
Me picó la socialidad. Necesité tener a mis amigos y a mis amigas. A gente nueva, diferente, distinta, de mirar a ver, de seguirles, de no perderme en dudas ni en vacilaciones, de cuidarme más y de ponerme unas lentes de veros y verme mejor.
Hoy tengo mi cena de amig@s. Hoy soy más amigo de mí mismo. Me quiero mucho más. Quiero dar el afecto y la aceptación que esta nueva gente que está ahí y he conocido, me procuran en correspondencia. Quiero construír unas raíces amicales de futuro, dejar la casa en paz, y largarme  a la cita. Tengo alegría de volver a verles, y a que yo sea en realidad esa leve y potente sorpresa que anhelo y ahora puedo ir recogiendo.
He aprendido demasiado de la escuela de mi estatismo y de mis fantasías. Tengo ilusión por el viernes de mi ocio, y de las risas que tendrán lugar durante la cena compartida, y me gusta que me atraiga lo que antes me pasó bastante desapercibido.
Voy al grupo. A por el grupo. Porque yo voy siendo también parte del grupo. Siento una sonrisa interior que no tiene que ver con el dinero sino con el beso. Es una oportunidad imparable que me hace sentirme vivo y con deseos.
He de estar esperanzado. La apuesta, sale. El soldado sigue luchando por la concreción de su yo. Sigo ampliándome, creciendo con placer, valorando mucho las aparentes cosas las cuales son en realidad magnas como un océano o un gran corazón que se abre al mundo.
-Y VOY SIENDO FELIZ-

miércoles, 3 de diciembre de 2014

- ALBERTO NO ES ALBERTO -



Alberto, el cuidador de mi madre, ha descubierto desagradable su auténtica realidad. Está decepcionado con el tiempo de sí mismo. Cabreado, sin ganas de escuchar, violento, tenso y profundamente descreído.
A Alberto no puede agradarle su realidad ni las nebulosas en sus sueños. Alberto fue niño gran parte de su vida y nunca podía imaginar que le pasara todo lo que le está pasando. Él imaginaba unos tiempos más comprensibles y bonancibles, de mejor suerte y éxito, de menos dureza y de más compasión.
Alberto ahora no es Alberto. No es alegría, ni cachondeo, ni estruendo. Alberto está comedido, temeroso, sintiéndose injusto, sabiéndole mal el envejecer, agriándosele el semblante, distanciándose defensivamente, y enrabietado porque  llora su ser y quiere hacerse el duro.
Alberto era ganas de cosas. Siempre ha sido ganas de cosas y de vitalidad, de no tomarse demasiado en serio nada, de juguetear desde su lastimera infancia, de ir de aquí para allá aunque no supiese bien el destino, de no cuidarse, y de que el viento y lo que fuera se llevase sus penas. Siempre se sentía joven y posible.
Yo no me atrevo a decir que Alberto ha cambiado, porque nunca he de creer en sentencias o en firmezas definitivas. Sigue siendo obediente y servicial, pero le supera el dolor. Quiere tener una casa para sí mismo y ve que eso nunca podrá ser esperable. Tendrá que compartir un piso con gente que no conocerá y eso le saca de sus casillas porque teme que nunca podrá ser libre del todo. Y el vulnerable y bueno de Alberto tiene como máxima necesaria esa idea de su libertad.
Está enfadado. Muy enfadado. La paga que ha solicitado no le llega. Gracias al trabajo de cuidador va trampeando para comer y para que no le falte un techo en donde guarecerse y una cama para descansar. Le duele el alma y a mí me hace sufrir porque me gustaría verle como antes aunque fuese un poquito más irresponsable y todo.
Mi madre me lo ha dicho y yo se lo he visto. No se puede hablar apenas con Alberto. Se ha vuelto serio y casi trascendente con todo, y sé que si yo le doy puerta perderá los nervios y acabará mal.
Por éso, yo le digo a mamá que le tenga paciencia, porque Alberto lo que tiene es mucho miedo. Que tenga calma y que ya se le pasará.
Sí. Si le digo a Alberto que ya está bien y que vuelva a sonreír, entonces podría levantar su niño interior herido la voz. Y si me pongo a la altura de su violencia por frustración, me conozco y sé que le diré cuatro cosas de las que luego siempre me arrepentiré.
Muy mal si le digo algo y caigo en su trampa triste y oscura. Porque Alberto es frágil y no tiene fuerza y si le fallo yo, entonces adiós. Alberto no podrá rehacerse del semisuelo en donde se tiene que hallar por su penosa trayectoria vital. No tuvo afecto infante.
Alberto sigue teniendo el buen corazón que siempre ha tenido. A pesar de toda su rareza actual, Alberto es de luz y positividad. He de seguir dándole mil oportunidades y teniéndole la paciencia suficiente y generosa para que no se derrumbe y haga el error.
Merece mi paciencia y que me haga el sueco. Necesita esa generosidad. Que haga ver que no le veo o comprendo, que todo esté más o menos bien, que cambie el viento, y que logre Alberto alguno de sus pequeños retos.
-HACER LAS PACES CON TODO-

domingo, 30 de noviembre de 2014

- NAVIDÍSIMA -



Cuando noviembre comienza a mirar al sensible diciembre, aparece y se va creando una nueva estación social. Empiezan los esbozos de esa gran seducción histórica y consensuada que se llama Navidad.
Ya está ahí. En los centros comerciales empiezan a decirnos que es por ahí y que ahora va a pasar ésto. Que viene lo nuevo y a la vez lo de siempre.
Y entonces ya vamos concienciándonos de que habrá que estar a la altura que esos días demandan y significan socialmente. La Navidad es una creación de todos nosotros y en donde los jefes son los del dinero y el sexy nuestros humanos sentimientos.
Ahora la Navidad es muchísimo más que lo religioso, y se bifurca y expande en muchas direcciones. La Navidad es más consumo, y gastronomía, y regalos, y buenismo, y apelar a nuestro sentido solidario, y hacer las fiestas, y el confetti, y la lencería y la picardía, y lo especial, y el nuevo sexo, y lo familiar, y lo infantil, y el arbolito y los Reyes Magos. Y el Año Nuevo, y la disco, y la chavala pibón del striptis, y el regalo que has de hacer, y el smarphone, y la colonia, y la innovación permanente, y la ropa diferente y el cambio constante y vivo. Algo diferente en la apariencia.
La Navidad es un cacho del tiempo del calendario que trata de meter divisas en las arcas del Estado y en donde todo parece permitirse un poquito más. Ese espíritu tan manido hace la leyenda y el deseo de que afloremos en nuestros deseos más nobles y que bajemos un poco la guardia de la ambición. Contradicción y libertad. La presión social no va a cambiar demasiado la esencia de las cosas. Las estructuras seguirán a su aire porque son más naturales que los modelos impuestos o indicados.
El gorrito de Papá Nöel y todos los grandes estereotipos, van apareciendo entre el creciente bosque de todos nuestros permeables sentimientos. Porque la fuerza navidísima no dejará a nadie indiferente. Unos la detestarán, otros sentirán simpatía por estas fechas, y la inmensa mayoría decidirá que ausentarse de este tiempo es metafísicamete imposible y que mejor dejarse llevar por los acontecimientos.
Los niños suelen ser los más beneficiados. Viene su tiempo de vacación y tecnología. Su momento de turrón y mensajes de móvil, su lugar tierno y consentido. Jesús era un niño. Se nota.
Los pobres y excluídos sentirán nostalgia de cuando contaron y fueron estructura. Sufrirán el frío y amarán el vino, recaerá su tristeza y tratarán de no venirse más abajo de su ciénaga. Deberán extremar su yoga de la paciencia.
Es Navidad navidísima, y es crisis. Hay gente que fue rica, y clase media, y ahora vive por Cáritas Diocesana y por los milagros de las asociaciones solidarias que se oponen al excluyente discurso neoliberal y cabrón.
La Navidad es mercado y sentimientos a prueba. Y botellas de cava, champagne, ginebra, fiestorro, bacanal, marisco, concentración espiritual, buenos deseos para los tiempos del devenir, y estampas de la nieve europea y del gran viaje exótico a una virgen isla del Índico con rubiaza o mulato con tanga de cebo.
Toda la comida, el grupo, el yantar, la desesperación vulnerable, donde la estabilidad aparece como un azar o una lotería, y cuando todo es un celofán de deseos que vive en medio de todas las cotidianeidades que suelen oler a pesar y a poca justicia.
También la navidísima ha de ser libertad, y pasotismo, y ateísmo, e izquierdismo, y sordera, y permeabilidad ante las sugerencias, y hasta resignación ante todo lo que se nos prepara con motivos oportunistas.
-HEMOS VENIDO PARA SALVARNOS-

sábado, 29 de noviembre de 2014

- LOS SILBIDITOS -



Los oí el otro día. Llegué a pensar que los emitiría un pequeño jilguero. Eran unos potentes y a la vez fugaces silbiditos que procedían de algo muy difuso e inconcreto. De algo que estaba cerca de mí, pero que no sabía identificar. Realmente sorprendente, y al principio hasta intrascendente.
Hace pocas horas que tengo whatsapp en el móvil. ¡El trauma! Mi primer móvil dáctil, en el que solo poner adecuadamente la yema de mi dedo sobre el cristal del celular, ya es para hacer un cursillo de paciencia y yoga. Todo un reto esto del planeta dáctil. O, como se llame. Me siento un pijo torpón ...
Esta tarde tenía sueño atrasado del día anterior que me largué de fiesta, y pensé que era momento fetén para recuperar dichas horas de sueño. Y, de repente, los silbiditos ...
Sí. Del whatsapp del móvil. Pero yo tenía que descansar porque mi cuerpo me lo pedía. Al principio, pensé que no pasaba nada  que no tenía importancia. Hasta que una catarata incesante de dichos ruiditos, me sorprendió sinceramente. Los silbiditos iban a arruinar mi más que merecida tarde de descanso.
Veinticinco mensajitos de whatsapp en un tiempo casi inapreciable. Toda una sinfonía invadiendo mi habitación de impertinentes acústicas. De modo que opté por apagar el móvil de una vez. No tuve otra opción. Supongo que si lo pongo en silencio, pongo el whatsapp pero también la recepción de las llamadas clásicas a dormir y no me entero de dichas llamadas. Mi madre no está bien, y siempre tiene uno temores ...
Silenciar el whatsapp sin silenciar las llamadas telefónicas me temo que es una opción que tiene mucho más que ver con los deseos que con la realidad. A veces se hace uno preguntas ideales pero carentes hasta de mercader fundamento y de inútil solución. Si el móvil está en silencio, evidentemente la totalidad de las aplicaciones, también. ¿O, no? ...
Desvelado, se me ocurrió reflexionar sobre lo que representan hoy los gratuitos silbiditos en este mundo actual e impepinable. Esto es una nueva forma de comunicación. Un nuevo idioma. Aprender un lenguaje nuevo y apasionante, y hasta hacer un poco de significativa sociología. Aunque sea un poco de modesto salón.
Las personas, los grupos, están en contacto sin estarlo y desde sus lares respectivos. Desde esos sitios distantes, planifican su tiempo de ocio, y se lanzan propuestas, y se hacen indicaciones y sugerencias, y se saludan, y pergeñan sin comprometerse demasiado sus próximas horas.
Es un idioma sordo, con olores de silbiditos, en los que te puede apasionar cómo se plantean las cuestiones, y cómo son y se presentan en los grupos los unos y las otras. Viceversa.
Pero lo más hermoso es el descubrimiento en sí de este idioma, que parece como el francés, o el alemán, o el inglés, o el personal, o el de andar por casa, o el estratégico, o el pensarse que interaccionar desde ahí nos hace sentirnos menos solos, y cosas así.
Lo moral, sobra de ese lenguaje whatsapp. Las gentes son así, y actúan así, y con ese acento, y con sus realidades, y con sus imposturas, y con sus gracejos, y con sus vanidades, y con sus egoísmos, y con todo el magma de sus diversidades.
Me alegro de haber sufrido los silbiditos, y trataré de defenderme de ellos. Pero nunca perderé de vista las interacciones que se cuecen en este nuevo modo de comunicación. Porque entre silbidito y silbidito, puedo entrar con toda la luz y toda la fuerza en el mundo de hoy.
-ME GUSTE MÁS O ME GUSTE MENOS-

jueves, 27 de noviembre de 2014

- PERDERSE CONTIGO -



Desconectar. Acercarse sonriendo a tu mundo esotérico y maravillosamente sugerente. Hacer placer en la sonrisa y quitarse el corsé del temor. Atreverse contigo y hacernos felices.
No mirarnos el reloj del tiempo. No saber demasiado qué sucede alrededor de nosotros. De tí y de mí. Da igual todo. Me es indiferente si las tardes huelen a frío o si los colores predominantes son los colorados. Solo importa una aventura mágica y real a un tiempo. Solo vale decidir.
Y correr con lentitud, y saltar a la vez. Y no temer perderse porque no se puede estar más orientado hacia nuestro deseo. Saltarse en rojo los semáforos, ponerte la ropa que siempre te dijeron que no, confiar en nosotros mismos, y hacer las gamberradas íntimas que nunca diremos a nadie. Saber que buscarnos es más que localizarnos en un mapa o una cuestión moral de los otros. Los otros se han ido, no están, dimitieron, fueron echados, no importan, están en otra atmósfera y en otra dimensión, y en medio del camino iniciático de mi sorpresa deseada solo puedes estar tú.
No quiero encontrar las calles habituales, ni las plazas, ni las cuidades de costumbre, ni los caminos ya previstos, ni los planes acordados. Me gusta que las palabras del apriorismo y del atrás se las lleve el viento y que todo se reinicie de nuevo a través de tí.
No importa el Medievo ni el siglo XXII, ni el futuro, ni el pretérito imperfecto, ni los años setenta, ni el año pasado, ni cuando Iniesta nos hizo fútbol, o cuando la bota del hombre pisó la roca imposible de la luna enamorada.
Perdernos, sí. Solo importa perdernos tú y yo. Hablar en otro acento, otro idioma, otra cosa, otra sorpresa, otra evidencia, y toda la complicidad.
Quiero vestirme para tí y que tú te hechices para mí. Deseo que todos nunca puedan saber lo que se siente cuando te tengo delante, cuando te acaricio, o cuando entre los dos nunca puede molestar el amigo silencio.
Cuando solo somos una cosa inesperada, y sin pensar, y ya, y que nos decidimos en seguida, y que con una carcajada cambiamos de opinión cada quince minutos, y borrarnos con una goma de amor, y reescribirnos nuevamente con una mina infinita de lapicero mil millones de proyectos inmediatos y en extremo realizables.
Tú eres el epicentro y hasta el tsunami de ese proyecto, y de ese reto, y de esa mochila desenfadada, y de esas medias de fantasía femeninas que te me pones en la noche, y de ese pelo eterno que sé que está ahí para la seda de mis dedos y de la libertad de mis caricias.
Rompemos todos los pronósticos y todas las ayudas y penetrantes imaginaciones, y nunca nos damos prisa por ser todavía más cómplices y unidos, y sentimos la misma cosa parecida que hace que cuando nos despertemos siga todo leve y abordable.
Cuando nadie nos cree ni nos mira, cuando no se apuesta por nosotros, cuando alguien opina que no es, y cuando todo éso, entonces nosotros nos miramos y sonreímos con toda la fuerza de nuestra verdad.
Y nos decimos que entre nosotros nunca hay nada imposible, y que todo lo contrario, y que somos felices, y que todos los demás no saben lo que se pierden.
¡ALLÁ ÉLLOS!

martes, 25 de noviembre de 2014

- LA HERMOSA DECISIÓN -



Lo más hermoso no fue para mí el hecho de que la gente hiciese cosas raras con un aparato en la mano y mirando hacia abajo contínuamente. Sí. Ese nuevo lenguaje que aparece y que es el whatsapp. No. Eso no fue lo mejor.
Porque yo contemplaba la realidad de esa nueva revolución en la comunicación, con la venganza o el rechazo de mi indiferencia. Me daba todo aparentemente igual, y seguía malfuncionando con el teléfono fijo de casa y con la antigualla de móvil que adquirí y de prepago hacía años.
Los cambios son de tecnologías y de modos mercaderes. Pero es el tiempo de hoy, y nunca de los lamentos. En mi deseo de acercarme al pelotón del mundo y socializarme, aparecían unas ramas que debía ir quitando con la mano y unas piedras inevitables. Las resistencias y el nuevo tiempo.
¿Un teléfono nuevo y que se actúa desde la yema de mi dedo? ¡Caramba! ¡Si no he tenido una cosa así entre las manos en mi vida! ... ¡Vaya memez ahí con la cabeza abajo haciendo el chorra! ...
Bien. Es muy posible que sea así. Pero el presente es imparable y no tiene nostalgias. Avanza como un tren sin barreras. Y ya me había pasado dos veces que al llegar a la Escuela de Música me la había encontrado cerrada. Estaba al margen. Al no tener whatsapp mi móvil, no había sido informado y había hecho el largo viaje en balde ...
No. No es eso lo que trato de reflejar en este mi escrito personal. ¡No! Hay más. Mucho más. Porque he comenzado a aceptar todas las ramas y todos los obstáculos. Me he decidido. Voy allá hacia el pelotón de la actualidad. Me vencido los recelos y los apriorismos. Voy a tocar la superficie por mí mismo de mi nuevo planeta que voy descubriendo a través de mí. Y los otr@s pueden rodearme más, y yo estaré más en las cosas que van sucediendo, y me pondré al día, y no obviaré cosas que están. ¡Fuera quejas! ...
Me he decidido, sí. He reaccionado. No pienso lanzarme en los brazos del capitalismo de seducción. No se trata de éso. Sino en los brazos arriesgados y convenientes de aquello que me rodea y me ayuda.
Llegar tarde a las cosas, no es bueno. Nunca lo es. Pero lo peor es rezagarse cuando por circunstancias mi recorrido de atrás es mucho más duro y largo que el de la mayoría de los demás. Ahí está el mérito. En el superar lastres  y mirar sin rencor a las nuevas puertas que voy siendo capaz de abrir. El incorporarme a la vida es un hecho a celebrarme y a destacarme. Es mi progreso nuevo y mi tesón inteligente. Lo del whatsapp y lo digital es consecuencial de lo anterior. Me muevo y me sigo moviendo. Me voy posicionando y ubicándome mejor. No me ha dado gran miedo la decisión. La he tomado finalmente. Ha sido la hora.
Ahora, me armo de paciencia. Serán unos meses de paulatina adaptación y familiaridad con la tecnología nueva y con las novedosos hábitos y costumbres de la gente actual. Podré catar el vino y probar la carne, y decidir yo si me gustan y nunca ningún experto ajeno.
Mi yo se potencia y se aproxima a la verdadera realidad. Es el camino. Y yo no voy a obviar nunca los senderos ni los nuevos acentos y lenguajes. Sé o intuyo lo que puede suceder si no hago caso a los venideros retos.
-NADA BUENO-

sábado, 22 de noviembre de 2014

- CAYETANA DE ALBA Y LA OTRA ESPAÑA -



Ahí están los restos de Cayetana de Alba. La aristócrata más rica de España. Su fortuna está en la octaba posición del ránking de poderosos y adinerados. Los medios han perdido literalmente el culo y echado la casa por la ventana. El eco de los grandes ricos genera audiencia y morbo. Como los grandes cuentos de Cenicienta o las bunkerizadas y despreocupadas vidas de la gente que está muy por encima de todas las cosas establecidas. En la cumbre real y auténtica. Como dioses entre los humanitos de a pie.
Es una España andaluza de oropel y latifundismo. De disfrute de sus innumerables posesiones, de privilegios, de atavismos, y sobre todo de otro tiempo. Es la España rancia y cañí, vieja e irreal, que camina por los márgenes y nunca irá a las esencias. Es la España de antes, de la exhuberancia ventajosa, de la que viene de la Historia y de la Reconquista, y del blasón y del atrás, y del abolengo afortunado, y de la dama y el caballero, y del señorito y del exclusivismo, y de las formas peculiares de un mundo top y hasta fetén. El club de los millonetis y de los caciques.
Cayetana de Alba no hizo nada especial para ser destacado. No fue profesora, ni filósofa, ni trabajó en un almacén, ni fue directora real de nada, y vivió e hizo lo que su Dios le dio a entender. Hizo la vida y actuó sobre la vida padre. Se lo pasó bomba por ser Alba y disfrutó todo lo que quiso. Se divirtió.
En este momento me llega la idea de la Democracia. España es otra cosa. La España de los demás también. La España del un hombre un voto. La de las clases medias, que ponen orden en el tremendo desequilibrio entre pobres de hambre y ricos de cine. Prefiero esa España en la que no necesitas ser Alba ni Botín para poder tener buenos sueños alcanzables. me gusta esa diversidad y participación. Esa lid que hace que el jornalero andaluz luche contra el latifundio improductivo. Prefiero una España abierta y moderna, sin fastos que no vienen a cuento, sin despilfarros, con una renta básica para los que nada tienen, y una lucha sin cuartel frente a los privilegios de esos listos llamados neoliberales que privatizan y joden.
¡Democracia! Puede pulsarse ahora en los funerales de Cayetana. Hay fascinación por el poderoso, y mucha contradicción. La aristocracia no va ni tiene intención de solventar los problemas que tenemos la mayoría de los españoles. Hay que volver a la realidad y dejarse de sueños de estatismos. Hay que construír una España vertebrada entre todos y con las menos diferencias posibles. Hay que seguir sintiéndonos españoles, independientemente de en donde hayamos caído o amanecido. En esa España sí creo y es necesario creer.
Séis millones de parados, gente que pasa hambre, y en medio de esa vieja y bonita Democracia, hay gente forrada de pasta como en este caso la Casa de Alba. Se me ocurre que estas personas pagan muy pocos impuestos. Debería haber una mayor presión fiscal sobre ellos, y el Estado recuperar muchos de sus inmuebles. ¿A qué tanto obsceno lujo?, ¿para qué quieren tanto dinero? Si alguien entiende ésto, seguro que será realmente demócrata. Si no, mala cosa.
-FALTA MUCHA JUSTICIA SOCIAL-