lunes, 24 de julio de 2017

- CHRIS FROOME GANA SU CUARTO TOUR DE FRANCIA -



Tres semanas de carrera son una soberana bestiada tradicional y deportiva que le pone amenidad a los mediodías y a las tardes de la televisión de julio, cuando los otros deportes mayoritarios duermen. Y con la excelente noticia del no dopping, el respeto hasta el último de los soldados del Tour 2017 que han sufrido con obediencia camino del homenajeador y glamouroso París. Podio de sueños y Camino de Santiago de gregarios.
Sin sorpresas mayores. Ha ganado Froome. Su cuarto Tour. Se coloca a uno del gran Miguel Induráin. Ha sido el Tour de un maduro sabio entre el pelotón, que ha sabido parar la impulsividad y abrazar la inteligencia de las emociones en el llano, y en los ascensos y descensos. Y sin apenas rivales de entidad, porque las diferencias en la clasificación general son un tanto engañosas.
La gran decepción, el gran fiasco, ha sido Nairo Quintana y su absoluta falta de fuerzas tras al parecer correr inadecuadamente el Giro y errar clamorosamente en sus estrategias de preparación. Verle hacerse a un lado en donde los desniveles se ponían imposibles y saltaban los demarrages, no ha sido una imagen agradable para su prestigio. Nairo deberá reflexionar. Nadie duda de su enorme clase. Pero aún no ha ganado ningún Tour y eso debe preocuparle más.
El que se ha metido en la segunda plaza del cajón final, ha sido su compatriota un tanto desconocido para los no seguidores del ciclismo como ha sido Rigoberto Urán. Excelente escalador y tremendamente regular en todos los terrenos,-ya había sido segundo en el Giro-, Rigo ha logrado el mayor éxito de toda su carrera deportiva. Para estar más que feliz.
Francia se anima tras mil años sin un aspirante de entidad, con las cosas de su hijo Roman Bardet. Ha madurado, y correr en su país siempre ha de motivarle. Su tercera plaza es una esperanza para el ciclismo galo, que ya tiene un ídolo definido para el próximo año. Su cara de campeón tras su desastrosa contrarreloj final le honra y le ambiciona. Quería ganar la carrera.
El vasco Mikel Landa no ha sido una sorpresa. Le faltan escasos segundos para ser el mejor ciclista español actual. Ha mostrado fortaleza y talento a espuertas, y ha certificado su condición de aspirante a grandes cosas. Me recuerda al gran Joseba Beloki. Le esperamos. Enorme escalador.
Alberto Contador ha vuelto a animar el Tour con sus espectacular cimbreo o baile sobre la bicicleta, y se ha vuelto a caer mil veces, y sus arreones en la montaña ya son limitados, y le pesa el culo, y sus piernas ya no le van porque los años no pasan en balde, pero sigue gustando su ciclismo retador, orgulloso, de ataque, y tremendamente espectacular. Es el único corredor en activo que practica el ciclismo de antes y que mantiene vivas las tesis del crítico Bernard Hinault. ¡Valiente! ...
El cruel Tour tiró el primer día de carrera al hospital al eterno y campechano Alejandro Valverde, y eso nos quitó emoción en las etapas a las aspiraciones españolas. A recuperarse pronto ...
Fabio Aru se ganó solo a sí mismo tras algunos días de ilusión y buen arranque en montaña, y uno de maillot amarillo.
En efecto, Froome sacó por cuarta vez la sonrisa final de Champs Elysées. Ha sido el mejor y con la gorra. Experiencia y clase, y arropado por un equipo sensacional como el Sky. No se cayó nunca, no tuvo desfallecimientos, no tuvo que correr sin bici como el año pasado, y lo de Fabio Aru lo resolvió casi con magia y corriendo a la contra y con talento. Hoy por hoy es el mejor ciclista del mundo que engrandece a este  deporte y le pone mito y hasta simpatía con ese correr extraño, desgarbado y heterodoxo, flaco y fibroso como un atleta genial que es.
Itero. Veintiún días en bici son la maravilla épica de fortaleza que afrontan unos deportistas con casta especial. Porque en tres semanas se pone de manifiesto el alma del fondista al que le ponen obstáculos salvables por el camino. El Tour 2017 ha muerto.
¡VIVE LE TOUR!

viernes, 21 de julio de 2017

- EDUARDO INDA, EL AZOTE DE PODEMOS. -



Pelo ensortijado, mirada incisiva, entradas que la edad define, y si te fijas en su expresión, es más sarcástica aún que impaciente.
Si no ves la televisión, no puedes saber quién y cómo se las gasta el periodista Eduardo Inda. Interrumpe constantemente, se queja de que no le dejan hablar a él cuando en realidad es al revés, trata de ridiculizar sin ética a todo el que se le ponga por delante en ideas contrarias, hurga en sus vidas privadas, busca el todo por el todo, y hace esa actitud americana sin barreras en la cual todo fin justifica los medios, lo importante es el ruído y hasta la furia, que se exprese desde el citado periodismo es sintomático de un modo de hacer que hasta puede reflejar un modo social en el que habita.
Eduardo contra todos. Contra quien haga falta cual enfant terrible, para así promocionar ideas y no quedarse atrás en las urgencias económicas.
Si se busca una tertulia resposada, serena, una opinión tranquila o una convocatoria lenta y reflexiva, que no inviten a Inda.
Inda es la carrera del coche desbocado, el oportunismo popular, el señalar con el dedo mil veces a ver si te das cuenta o te te convences, el insistir en lo mismo para convertir una habladuría en un refrán duradero que venga del atrás.
Quizá por eso es así de conservador, y se tiene por delante un terreno extenso para mostrar sus actitudes y modus. Porque Inda está cosido a las tradiciones y le aterran los cambios. Solo faltaba, que en medio de su emerger mediático, creciera y surgiese igualmente la nueva savia de unos chicos universitarios que se llaman Podemos.
Podemos, es cuestionarlo todo. Es más renovación y revolución, que ideología. Podemos es el surgir un mundo nuevo y diferente a todo lo que hasta ahora conocíamos y esperábamos.
Por eso Inda se excita indignado y saca el hacha verbal y de querellas hacia el Partido de Pablo Iglesias o Monedero. Porque estos dos, son su antítesis. Sus diablos a extinguir porque representan para él la peste social y el nuevo imperio de la unión de repúblicas socialistas soviéticas, o algo parecido. El mal.
Pero, no es tan así. Inda siente que le comen el terreno de su argumentario agresivo y sin escrúpulos que hace que los moderadores se tambaleen inquietos y casi impotentes. Inda siente que le dejan sin voz, sin pluma, sin opinión, sin twit, sin lápiz, sin ordenador; sin espacio ancho y largo para sus decires y teorías propias y aparentemente más que conservadoras y tejidas.
Pasará el tiempo. No se sabe si Inda se moderará, o si su ímpetu casi descabalgador formará parte de un tiempo fugaz. Lo más probable. No se sabe quién ganará las guerras, pero mal asunto ese de las guerras.
Porque los espectadores se cansan muy pronto de las cosas dado que la vida es cansancio, y la tele es relax. Inda, pues, deberá replantearse las actuales estrategias si desea que le sigan considerando un periodista y hasta con longevidad.
Hoy por hoy, Inda es el hombre morbo de la tele del que puedes esperarlo todo, del que se pasa los turnos por los forros, del que se sabe imprescindible en algunos foros del hoy, ayer y mañana, de derechas y del capitalismo que todo lo gana, del Real Madrid, y de sus fuentes profundas de las que afirma beber. Hoy, Eduardo Inda, sigue a toda hora pegado a las actualidades y a las polémicas. Y, atizando a Podemos.
¡VENEZUELA, VENEZUELA! ...

martes, 18 de julio de 2017

- LA GENIALIDAD DE GARBIÑE MUGURUZA -



Encajan las piezas. Hay sierras de emocionalidad en su peripecia, toques genialoides, típicos tics iterados de alguien con currículum especial.
Garbiñe Muguruza es una chica joven que juega al tenis y quiere ganar. Hija de la burguesía vasca y de la Venezuela bien, pija y bella, itinerante y alegre. Ya ganó el pasado año el Garros, y acaba de ganar igualmente el herbáceo Wimbledon al dejar sin fuelle en el segundo set a la veterana y hasta mítica Venus Williams.
Garbiñe puede coger unos tremendos berrinches y ser mucho más que mediática, venirse absolutamente abajo, y si se adaptan a ella, un portento físico e incluso técnico.
Internacional. Aúna a dos mundos latinos. El de Europa y el de Centroamérica. Y normaliza la idea del deseo femenino común. Divertirse, ser lo más feliz posible, aprovechar su belleza en formas de modelo, y arrear con femineidad y toda la frescura.
Muguruza es una rara avis. Por eso tiene carisma y respuestas, polémicas y contestación, envidias y aceptación, exigencias y hasta rechazos. Acaba de tapar la boca a toda crítica al cumbrear la catedral del tenis, y luego hace bien en conocer su mundo de chica, y no rehuír audazmente los envites mediáticos y normalizar ese su tiempo de vértigo.
Lo que nunca hará Garbiñe será para desapercibida. Conchita Martínez nunca fue mediática, y Arantxa S. Vicario proyectó el tenis femenino siempre hacia adelante desde su físico menudo y su garra corajuda.
Pero Garbiñe es mucho más que saudade o evocación de un tiempo de heroínas que abrían camino. Garbiñe es una chica de hoy; una superdotada para el deporte que sabe bien el terreno que pisa, sea con zapatillas o con tacones y femeninos vestidos favorecedores.
Sexy. Excesiva e inesperada, inmadura y especial, icono de la audacia normalizada, afirma sin dudar que cuando se ve en el centro de la gran pista de tenis de un gran torneo y contra una gran rival, le da gustirrinín.
Parece inconsciente ante sus sinceridades, se relaja, lo pasa bien bebiéndose cada segundo a la velocidad de su tiempo, salva dos bolas de set, sigue tranquila y golpea con la fuerza de un morrosko o de alguien de Centroamérica a la que nunca le falta en su nevera carne de vacuno. Garbiñe exhibe su poder. Sabe que puede impactar en tenis, en belleza, en medios, en espontaneidad, y en el centro de todos los focos de atención. Y en seguida se va a Twiter y pasa la página, y dice que quiere comprarse el vestido para bailar con el mito Federer que sigue haciendo magia como ella sobre la hierba de Londres.
Todo parece precoz y decidido en Garbiñe Muguruza. Todo es de avión, inmediato, de móvil y cámara, de que la dejen lucir tipo o novio en la playita y que nunca la atosiguen.
Ella tiene recursos propios para llorar frustración, hacer sorpresa, madurar, permanecer en la tierna adolescencia, o romper a mujer arrebatadora. Pero que no la presionen. Que no la digan dos veces cómo se hace un drive ganador o un revés letal de tiro olímpico. Porque lo pilla pronto. Como toda ella. Es pronto, inmediato, es innato, mestizo, único y especial.
- ES, ¡GARBIÑE 2017! -

sábado, 15 de julio de 2017

- JAMES RODRÍGUEZ DEJÓ EL REAL MADRID -



Revelador y significativo. El Real Madrid es una ciudad de astros, los cuales pugnan y orbitan en función de su ambición y actitudes.
El colombiano James Rodríguez es uno de los mejores jugadores de América. Cuando logró llegar al Real de Florentino procedente de las glorias propias de un gran Mundial que realizó, muchos dudaban de su calidad. Le minusvaloraban.
Se puso la blanca zamarra, y tras un tiempo lógico de dudas y adaptación, mostró un exquisito nivel futbolístico y acompañado por goles y excelente acomodación a un trasatlántico de campeones. Se salió con la suya y triunfó plenamente a pesar de la fugacidad que sitúa a los futboleros como meras mercancías a exprimir y a desechar. Sí. James Rodríguez no fue un jugador más que pasó por el Bernabéu. Porque James, es. Sigue siendo un zurdo elegante, director, colosal, dotado de una técnica y de un cambio de ritmo difícilmente neutralizable. Es. Es una gozada verle jugar al fútbol. Vistoso, protagonista y astuto. Y también pasional y sabedor de la tremenda competencia en la que se ubicó y de las urgencias constantes de éxito que han de bombear las arterias y la circulación sanguínea de un club ganador hasta cuando no lo hace o los resultados no acompañan.
James pasó los tabúes y los rubicones, como en su momento el teutón Özil. Pero James es latino, inconformista, no se sabe inferior a nadie, no tolera aguantar en el banquillo, y para 
él no jugar es un fracaso de injusticia. Él vino al Real no para rellenar caprichosos huecos, sino para salir ahí al verde césped a mostrar su calidad, a hacer goles, y a reivindicarse como un crack.
Densidad de calidad en el Real. Cláusulas, millones, iconos, competencia a codazos por la titularidad, sed de éxitos y afinidad dividida con la grada.
En el Real Madrid no se torea pinturero, sino que la filigrana y el jogo bonito han de ir acompañados de eficacia y de todas las suertes. Ser titular en una máquina carnívora como el Real, es un hecho caprichoso y fortuito. Pueden contarse con los dedos de una mano y sobran dedos, aquellos futbolistas que estén convencidos y concretados por la condición de su titularidad.
A James empezó a venirle la realidad. Siempre debería estar empezando de nuevo como refrenando una y otra vez sus zapatos nuevos de gran figura consagrada. Lo intentó todo. Le vieron serio y disconforme, desconfiado, y finalmente realista. Había convencido, gustaba su fútbol bello codeándose con un explosivo Isco, pero al final no le ponían y habría de ver los partidos desde el banco.
James es joven y ha dicho que no. Que no cuenten con él para esas cosas. Su valedor Carlo Ancelotti le espera ahora en el Bayern de Munich en ese nuevo reto que representa ese fútbol alemán tan atlético, igualmente ganador y orgulloso de sus valores de ancestro. Se dice que el fútbol es una cosa que inventaron los ingleses y en donde al final siempre gana Alemania. Cosas del fútbol y de sus decires.
James es un diez. El número del gran Pelusa o del extraterrestre Leo Messi. Es el mejor centrocampista americano y uno de los mejores del mundo. Ahora pisará fríos campos llenos de lluvias y buen drenaje, costumbres no latinas, y nuevas experiencias en esa Bundesliga siempre difícil y tradicional donde últimamente dicta el Bayern. Pero James no se arruga y acepta otros colores y otras opciones. Necesita tanto jugar que dará igual el sitio geográfico de nivel. Lo que se trata es de que le hagan el hueco que no le han permitido en el Real.
¡MUCHA SUERTE!

jueves, 13 de julio de 2017

- FUEGO PREVISIBLE -



Cambio climático. Masa de aire sahariano. Demasiado calor en el desnudo y abandonado verde de la Naturaleza. Acción desesperada en la paz cotidiana del campo. Se cumple lo peor. El calor sigue arrasando. Quema. La temperatura convierte a la seguridad en incertidumbre y estalla silenciosamente el caos.
Algo prende. Un cristal potencia los efectos, la suciedad contribuye, todo sigue hirviendo, y finalmente aparece un humito espantoso que preludia toda la tragedia.
Y el humo se excita más y más, y se torna rojo devastador y móvil. Se llama fuego y va haciendo pequeñas colonias de poder hasta que se vuelve ambicioso y ataca las arboledas. Todo lo que el fuego halla en su avance no importa. Esa fuerza ígnea purifica y destroza sin escrúpulos. El miedo es su lema, y la dama de la guadaña su acción concreta.
Las gentes le divisan. Se llama incendio, y las llamadas a los parques de bomberos se suceden. Los chalets están ahí, y el pueblo, y la itinerancia por la montaña, y los animales, y el respirar, y la vida, y toda la desesperación en el límite.
Ahí ya no se puede respirar bien. Paradoja. Al pueblo y a la montaña se va a respirar más y mejor, pero ahora la pituitaria capta ondas tóxicas y los ojos y los pulmones perciben agresión. Hay que taparse la boca, porque el humo y el oxígeno puro son enemigos absolutamente irreconciliables.
El rojo cabrón de las llamas del fuego baila a capricho ante las hectáreas y la impotencia de las gentes. Del todo. Hasta que finalmente alguien lanza contínuas órdenes desde un megáfono indicando que hay que abandonar inmediatamente el lugar. ¿Dejar las casas?, ¿dejarlo todo a merced del fuego letal? No hay de momento otra opción. El viento está decidiendo la lid que sostienen los bomberos con la catástrofe roja y descomunal que emite humo ciego.
Llanto y desgarro. A los coches de ayuda, y a salir de esa encerrona cagando leches antes de que se cierren de fuego las carreteras de montaña y pueda no haber escapatoria. El pesimismo y el dolor presiden cada decisión y cada pensamiento. Batalla perdida.
¡El primer helicóptero de los bomberos lanzando agua ya se divisa! Algo es algo. Por fin se está plantando cara bombardeando con el líquido elemento al infierno cabrón. Puede comenzar la esperanza.
Realmente es dura la labor de un bombero. Es un Cuerpo que nos trae sobresaltos pero que es imprescindible. Sus sirenas y sus camiones reflejan nuestro inconformismo contra la irregularidad de espanto que arrasa.
Muchos bomberos han fallecido salvando vidas y cayendo extenuados cual guerreros necesarios en medio del infierno del fuego de los cojones.
El viento cambia y el tiempo pasa. Se detiene el llanto imparable de un niño que gime imparable desde que llegó al refugio de un polideportivo salvador con sus padres y vecinos huyendo de una muerte horrible.
La gente se aglomera muy cerca de la tele. Informan que el incendio ya está controlado. Que ya pueden volver a sus casas. Pero lo malo es que nunca sabes qué coño vas a encontrar allí al llegar. No sabes si todo se ha salvado o ha de comenzar una nueva vida. Y sigue haciendo demasiado calor.
-TODO DEMASIADO-

jueves, 6 de julio de 2017

¡¡ SANFERMINES !!




Masa internacional. Pamplona. Turismo. Sanfermines. Toros, pañuelos típicos, Navarra, los saltos prohibidos y la presencia del turista guiri y procedente de los cuatro puntos cardinales y jóvenes del Globo.
Mito imparable. La magia que encendió Hemimgway y que lanzó a los cielos. Más populares aún que las Fallas de mi Valencia o que la mañana de la Tomatina de Buñol.
No hay distancias ni límites, la Seguridad se emplea a fondo. Borrachos imparables, aventureros pecadores e impenitentes, atracción carismática que se apoya en la muchedumbre para darle monumentalidad, meadas por doquier, tormentas aisladas, vida sin horarios y pura vacación. Julio. Un mes propicio para la hazaña patatera y hasta divertida.
¡Spain! ¡Gora San Fermín! Un no parar. El chupinazo, la traca, los petardos, el dios ruído, y la energía hercúlea y explicable de la juventud que se inicia en la vida surcando terreno experienciable.
¡Machismo atávico! ¡No violen ni magreen a las mujeres! ¡Ha pasado y es intolerable! ¡Contención, cojones! ¡Stop de una vez! ...
Ocho de la mañana, hora peninsular española. Ritos y ancestros. Los detractores hacen lo que buenamente está en su mano porque juegan contra el imperio de ese negocio atávico que se llama tradición festiva.
¡Pamplona se prepara! Pamplona está ahí dispuesta para los encierros. Los mozos del pueblo tensan cual atletas de élite sus músculos en evitación de males mayores. Hasta que empieza la estampida.
¡Toros! ¡Ahí están los toros! La manada, los blancos mansos, los bravos, los periódicos salvadores, los sensatos, los insensatos, los cebollos, los cabrones que intentan jugar un tú a tú de cinco minutos escasos con unas maravillosas bestias de seiscientos kilogramos y con unos cuernos defensivos letales y hasta maravillosos.
Resbalones, masificación, caídas, esguinces, muchas suerte, pisotones, guerra abierta por la supremacía en las calles más desnudas y tradicionales de la emblemática ciudad, y todo un equipo médico con ambulancias e infraestructura para llevar a los lesos a los hospitales tras atenderles in situ.
Cerveza, fanta, vino, cocacola, de todo, de todo lo que se piensa, ganas de hacer todo lo contrario a lo que narra el tiempo responsable del trabajo y de correr el marathón de los amiguetes y de tumbarse a la bartola cuando a uno el cuerpo le dice que ya.
Antitaurinos,mujeres lesas, más agobios,más risas, carcajadas, australianos, japoneses, estadounidenses, franceses, italianos, de Kansas, te cansas, te recuperas y sigues. Y sigues, y sigues ...
San Fermín parece increíble. El 2017 y nuestro tiempo parecen desmoronarse y quedarse aparcados detrás del triunfo del despelote. Y cuando los "foreign" vuelven a su país, deciden prometer que vuelven y con más sobrados instintos de vendetta festiva. Es la peña internacional del turismo de ocio de Julio, es contar épica y posibilidad, libertinaje y porrón, paletismo y postmodernidad; algo nuevo que llega y que se parece a una peli de ciencia ficción con grito de toro al mugir, y de un hablar inglés apresurado y con acento de alcohol y carrera. ¡Juventud!
-A DARLO TODO AHÍ-

viernes, 30 de junio de 2017

- JULIO COMIENZA CON EL TOUR 2017. -



Anuncian en esta ocasión las etapas un Tour rarete, con puertacos previos pero que no serán finales de carrera. Es igual. El Tour à France es un icono y un carisma en el verano del ciclismo. La gran catedral en donde los esforzados de la ruta triunfan o se hacen añicos.
Esa es la grandeza del Tour y de este duro deporte, en los últimos tiempos marcado con el dedo de la lacra del dopaje.
En las sobremesas españolas, tras la comida y el calor achicharrante, los españoles lucharemos contra la modorra de la siesta admirados por el verde relajante y hermoso de la geografía francesa.
Serán tres semanas de pugnas, de fuerzas y de estrategias. El favorito siempre suele ser Chris Froome, y más cuando parece que sus rivales más directos ofrecen dudas. El británico flaco y heterodoxo sobre la bici, parece crecerse ante su prueba exitosa. Es frío, completo, calculador, resistente, práctico y ganador.
Nairo Quintana no estuvo bien en el Giro de Italia. Le faltó un punto de chispa para demoler al holandés Dumoulin. Nairo es calmo, a veces exasperante, extremadamente cauteloso, lee muy bien las situaciones en carrera, pero al final lo que valen y cuentan son las fuerzas. A su favor tiene la experiencia de muchos años y victorias en las grandes competiciones por etapas y el respeto general, y su ambición pasa por coronarse en les Champes Elysées. Nunca ha ganado el Tour, y debe intentar apresurarse a hacerlo.
Nuestro Alberto Contador lleva diez años sin ganar la grand boucle. Diez años parecen una nostalgia más que una aspiración. Semeja que aquel terrible mazazo de la sanción del presunto clembuterol le hirió con potencia en inoportunos momentos. Contador ha ganado todo precozmente. Ha sido el mejor. Y el más espectacular escalador. Pero los años, las caídas,las dudas, la dureza, y el tiempo transcurrido, no le convierten en mi opinión en un aspirante definitivo a la victoria. El Tour es gigante y cruel. Es regularidad, recuperación y convicción. Alberto no debe mirar hacia atrás cuando ataca. Ojalá nos sorprenda gratamente a todos, como recientemente Nadal, y la líe entre las montañas bellísimas desmontando a sus rivales. Lo merece su simpatía y calidad.
Richie Porte, Bardet, Aru, y todos los demás segundos espadas aspirantes al podio parisino, deberán intentar subir un escalón más o seguirán siendo más ilusión que realidad.
Me gusta el Tour porque no tiene escrúpulos. Porque en su seno aparecen caídas, emboscadas, aguaceros, ventarrones, descensos, pájaras y todo tipo de situaciones límite, las cuales estos valientes atletas no pueden eludir.
El Tour es una aventura icónica y televisiva, un hablar en verano de un deporte que ninguneamos el resto del año y que alcanza su gloria en el Izoard o en el Tourmalet. ¡O en las contrarrelojes! ...
El Tour es escuchar la simpatía de Perico en su estudio de televisión, o a Ángel de Andrés gritar un ataque súbito, ver cómo la gente de vacaciones toma las montañas junto a las laderas, y con sus banderas y hasta exotismos empuja y hasta pone en riesgo sin querer la integridad física de sus ídolos con la imagen y noticia en vivo.
El Tour es brillo y paciencia, constancia y regularidad, Eddy Merckx o Anquetil, Hinault u Ocaña, Induráin o Pantani, mítica y periódicos que secan tras la subida a un coloso del Macizo Central. El Tour da miedo a los aburguesados del poco esfuerzo, y es trampolín paparazzi para aquellos valientes sin opciones que tienen a la larga escapada en solitario como principal y hasta única aliada para su sonrisa puntual.
¡DISFRUTEMOS EL TOUR QUE LLEGA!

jueves, 29 de junio de 2017

- YO TAMBIÉN FUI UNA ESTRELLA -



Un juvenil. Pero, cerebral y con personalidad. Era un diez. El número mágico de los ases del fútbol que inventó el Pelusa. Iba tanto para gran figura que pronto comenzaron los buitres a asediarme. Porque esto es un puto negocio impune y sin escrúpulos en donde el ganar se llama dólar.
Yo era muy bueno. Rápido y muy técnico. Y lo más grande es que veía puerta con demasiada facilidad. Diecisiete años, y decían que yo era muy raro, visceral, comunista, antisistema y hasta gilipollas. Mi padre era un obrero honesto y laborioso, ético y extremadamente práctico. Mi madre, ama de casa y tal.
No terminé los estudios porque a mí lo que me iban eran las chavalas, y eso de los libros y de hacer codos era para gente muy ambiciosa y hasta tragadora del Sistema. Yo había estudiado para aprender y no para pasar las notas. Siempre aprender. ¿Para qué el examinarse y atarme a los números?
Y, entre chavala y chavala, mi gran pasión. El fútbol. Yo era alto y tenía buena planta, y empecé jugando en el equipo de mi barriada. Por poco tiempo. En seguida me vinieron tipos de equipos de pueblos aledaños, y yo decidí. Jugué en varios de esos equipos. Y la lengua comenzó a calentarse. Que si este chaval es un fenómeno y va para gran figura, que si hay que atarle y hablar con él, y etcéteras similares.
Mi padre no hacía caso. Se iba a trabajar al almacén de lámparas, y lo único que me decía era que o trabajara con él,o que estudiase. Todo eso del fútbol,-al menos inicialmente-, no parecía ir con él. No parecía interesarle, o como siempre fue un desconfiado, nunca se acabó de creer que tenía un hijo que con el balón en los pies fuera un artista.
A mí tampoco nunca me ha gustado eso de las fantasías. Pero el fútbol está en el medio de los delirios posibles. Empezaron a ofrecerme y ofrecerme potentes sumas de dinero. Pero en seguida me di cuenta de que ahí debía haber gato encerrado y les paré los pies.
Yo no valía tanto dinero, y lo más importante es que no lo podía controlar ni administrar con seguridad. Recuerdo que un día me dieron un consistente fajo de billetes grandes en un sobre y me lo llevé a casa. Mi padre me llamó ladrón al sorprenderme con el dinero y hasta me soltó un cachete, mientras trataba de indagar acerca de la procedencia de tanto dinero junto para un chiquillo como yo.
Ese no fue el problema. El problema vino cuando me vinieron verdaderos buitres intermediarios y hasta de prestigio. Me acojoné y me costó tomar decisiones. Pero había algo en tales intermediarios que me producía rechazo. No tenían cara de fútbol. Y aunque venían acreditados de media Europa, vi que la única forma de quitarme a los moscones de encima era dejar el fútbol y ponerme a trabajar en la misma fábrica en donde laboraba mi padre.
Mi viejo no me habló más en cuanto se cercioró de mi renuncia a los fáciles placeres dinéricos y mundanos. ¿Me habría vuelto loco al rechazar el ser rico de por vida?, me espetaba una y otra vez. Y para que no me echara de casa, consensuamos que en el lar familiar nunca se hablaría de fútbol. Y cuando televisaban algo, me iba al bar.
Ahora que veo a dónde llegan los buitres del fútbol, respiro más que aliviado. Y además mi chica es tan guapa como las de las estrellas que tenéis todos in mente, y me quiere muchísimo. Es peluquera, de mi barriada de siempre, y en cuanto pase el verano nos casaremos, que ya toca.
¿Arrepentirme de no ser una estrella rutilante? ¡Ni hablar! Cuando me duermo por las noches, estoy muerto de paz. Mi conciencia está libre de pirañas, y mi nómina más controlada que el marcaje de Gentile a Maradona. Ese mundo es de otros. Por cierto que sigo jugando al fútbol.
-ME ENCANTA HACERLO-

sábado, 24 de junio de 2017

- EL RASTRO DEL MESTALLA -



Sorprende el vigor irreductible de este rastrillo valenciano, el cual está ubicado al lado mismo del Estadio de Mestalla ocupando un gran párking de coches. Están todas las mañanas de domingos y festivos.
Acudir es una experiencia casi antropológica. No es de uso habitual ver una cosa así. Me pareció volver a otro tiempo que ya no parece existir. Y desde luego, lo mejor es el paisaje humano que se percibe e intuye.
Nada de tiendas de marca, o de olor a pijos, o de modernidades en la comercialización. Es casi un trueque. Un lugar en donde no hay diferencias excesivas entre las clases sociales de vendedores y compradores.
Es un mundo tradicional, de desesperación, de magia imposible, de búsqueda de las raíces quebradas o esquilmadas; un mundo en exclusión y que late conmovido en la supervivencia.
Diferentes etnias, distintos ojos para ver el mundo, gente que se quedó atrás, personas que encuentran en el gentío un consuelo para su soledad, árabes, subsaharianos, sudamericanos, calés, y todo aquello que se minusvalora y aparca.
¿Lo que ofrecen? Sueños. Quizás sueños rotos, pero sueños al fin y a la postre. Allí en el rastro de Mestalla hay peligro y riesgo como en la vida, y echados para adelante, y productos tiernos que en el fondo no son exclusivos de nadie, incluyendo al capitalismo.
Lo mejor del rastro, lo que destaca, lo que vibra desde su aparente posición menor, es la gente. Guitarras españolas, España cañí, radios antiguas, transistores, juegos de camas, pinturas, arte, pilas, y cosas libres e imposibles. Se vende necesidad y ocasión, y los rostros de los vendedores se quedan y asientan en el orgullo escondiendo bien pocas cartas.
Los compradores, buscan entre el género. Necesitan seguir con la mirada las gangas de una hipotética lotería que alivie sus bolsillos y hasta que les devuelva a la adolescencia y a la niñez.
Es triste la menoridad. Pero también real en extremo, y yo me quedo con esa realidad sin postureos. Este mercado puede crear rechazo y también adicción. Y costumbre, y atrevimientos, y unión de culturas y serenidad. El mercado puede unir mucho más de lo que creemos siempre que sus agentes no tengan grandes diferencias económicas entre sí.
Fue apasionante volver a los años cincuenta o sesenta, o contemplar cómo dormitaba un hombre negro aprovechando un espacio de sombra, o cómo alguien acompañado de una pareja de policías afirmaba que ahí había un objeto suyo robado.
Me envolvió una bonita nostalgia. Sí. Es un mundo y unas personas que existen, que no tienen temor, que más cornás da el hambre, decididos a sacarse unas perras y a reivindicarse social y presencialmente a pesar del gran rechazo y del gran aparcamiento de sus realidades. Nunca ahí hallarás nada burgués.
Ya de regreso me acerqué a la parada de los autobuses urbanos. La gente se tomaba las demoras con muchas calma, sin enfados ni estreses excesivos. El mercado eran ellos, y los de siempre, y el sosiego necesario, y una forma de ser que ahí va a permanecer, y que aunque huela a caducidad todavía hoy por hoy se mantiene.
A pesar del calor y los fríos, las lluvias y los vientos, y de todas las dificultades, hay un corazón que todavía tiene la obligación de bombear vida y deseos. Y de esa necesidad se hace cita y hasta institución animada y ruidosa.
-TIERNO Y REAL-

lunes, 19 de junio de 2017

- EL VALENCIA HA GANADO LA LIGA DE BASQUET 2017. -



Y eso tiene mucho mérito. Porque es la primera vez que sucede, porque las aspiraciones pasan por derrotar al Madrid, Barça, y a otras opciones con mucho prestigio y tradición, y como soy de Valencia y me encanta el deporte, no puedo ni debo eludir esta merecida loa.
Permitidme que os hable de mi mientras os narro cosas de deporte local. Veréis. En Valencia está todo polarizado y acaparado por el fútbol. En menudas manos está mi Valencia, por cierto y desgracia. El Levante, majestuoso, acaba de retornar a la Primera en tiempo récord, pero ese no se destaca ni valora. En Valencia el foco mediático solo está para los de Mestalla.
En esta mi gran ciudad que ahora es un horno y que hasta en otoño lo será, hay un río seco que atraviesa la ciudad y en cuyo lecho hay un campo de rugby casi sin gradas. El Valencia Rugby Club logró la hazaña, allá por el 83, de ganar la División de Honor.
Asimismo, también en los setenta u ochenta, en balonmano, el Marcol Lanas Aragón de César Argilés, Ortega o Cascallana, ganaron la Liga Nacional de Balonmano. Otra heroicidad, en una ciudad que solo se inclina por el fútbol y por los que ganan. Raramente se fija en otros menesteres.
El Valencia Club de Fútbol ya lo conocéis. El de las Ligas en blanco y negro, y la del año 70 con Pepe Claramunt, Sol o Valdez. Recientemente, con Rafa Benítez se ganaron dos Ligas y se acarició la Champions League. Hoy es una transición ruinosa y solo emotiva y buenista. El club está a la deriva a pesar de su prestigio.
El Valencia de basquet, se llamaba Pamesa. Yo recuerdo que fue una idea de los capos de Mercadona,-un fenómeno social estas superficies de alimentación-, unido a la época de oro de los pelotazos del ladrillo. Los hermanos Roig están en muchos sitios. El extinto Paco en el Valencia lo hizo rematadamente mal, el Villarreal lo dirige con acierto admirable Fernando, y otro hermano, Juan Roig, preside el club de basquet más potente de Valencia.
Sí. Se llamaba, Pamesa. A mi no me gustaba que se llamara el Pamesa. Ahora se llama Valencia que es más propio. Y yo estuve allí, en la calle Hermanos Maristas, en el Pabellón de la Fonteta de Sant Lluìs. La gente no iba mucho porque estaba en Segunda. Hasta que se fichó a un jugador de Liria llamado Rodilla, y con Brad Branson y demás, ganaron una Copa del Rey. Ya eran de la élite hacía años, y precoces y efectivos. Cerebrales y osados.
Les perdí la pista. El club fue cambiando de nombre en función de los patrocinadores y todo éso, y yo nunca más he pisado su cuartel victorioso. No les he seguido en los últimos tiempos.Y a pesar de que el basquet es uno de los deportes más televisivos que hay. Hasta que me fui enterando de que estaban metiéndose este año en lugares de éxito.
Es un equipo que no tiene ninguna estrella. En el deporte de los Gasol en la NBA y de Sergio Lull en España, el Valencia de baloncesto se ha ido metiendo en los play off por la Liga Nacional, y ha logrado derrotar en las finales y con claridad al siempre carismático Real Madrid.
¿Cómo se hace eso? Pues, aprovechando que el Barça anda mal, y compensando su inferioridad técnica con un descomunal trabajo colectivo y de lucha. Defendiendo y con convicción sus acciones solo se puede ganar a Pablo Laso con el citado Llull o Rudi Fernández. Tiene esto un cierto aire y salvando todas las distancias al choque galáctico final entre los Cavaliers y los Spurs. El mito Lebron James no pudo con un bloque sin fisuras y potentísimo.
Todas las enhorabuenas serán pocas para este Valencia campeón nacional de baloncesto. Es un hito en su historia. Tiene mérito medir dos metros, no tener grandes estrellas, y estrenar el palmarés de la competición regular ganando a aquel Madrid que me evoca siempre a Brabender o a Corbalán, ídolos de mi infancia. Es grande lo que han hecho estos chicos y su entrenador. Aunque  este deporte suela pasar bastante desapercibido. O, por ello mismo.
¡ENHORABONA, CAMPIONS!

miércoles, 14 de junio de 2017

- "PINTXO". -



En el Seminario prometía mucho. Iba como un cohete hacia el servicio a Dios. Por aquel entonces no se me conocía como "Pintxo", sino como Gabriel el bueno. O, el bonachón. Según gustos ...
Es curioso pero estoy muy satisfecho del inicio de mi caída libre. Porque digan lo que digan, me enamoré como un Romeo romántico y corderito, de una novicia pícara e imposible. Siempre recuerdo esa paradoja con dulzura. Me pillaron con las bragas de Victoria en la mano e in fraganti, y no me pude negar a que el Superior de aquel templo me dictara sentencia. Adiós a la espiritualidad, y se hará lo posible en tener la piedad suficiente para no comunicar los hechos al cuartel cercano de la Guardia Civil. Supongo que los curas tenían demasiado poder. Nunca más pude pisar una iglesia. Más tarde, se me fue la afición motu propio.
Me hundí con las bragas de Victoria. Bella, enamorada, morbosa, posible y para mi una diosa fatal. No sé por qué me enamoré. Es un misterio que puede ser diabólico. Victoria fue el diablo más maravilloso que exorcicé. Aquello fue mucho amor; demasiado amor antes de nuestro sexo ...
Sí. Me desilusioné. Ahora debería caminar con demasiadas dudas por los terrenos mundanos. Mi familia no quiso saber nada de mi. Acababa de cumplir veinte años y todo me fallaba. El dinero, el prestigio, las miradas de los otros, y aquella presión, había que romperla como buenamente pudiera.
Apreté los dientes cabreado tras una noche fría en un albergue, y al otro lado de mi mirada vi a dos tipos de cerca que no parecían tenerme buenas intenciones. Soy intuitivo. Querían sexo. Uno de ellos, confiado, se desabrochó la bragueta y caminó hacia mí.
No sé qué les hice, pero fui rápido, abrupto, rasgador y escurridizo. Dominaba los cristales, y les herí pero que muy graves a los dos. No quiero saber qué fue de su paradero aunque el Juez me dijo varias veces que uno de los dos tipos ya no conservaba sus constantes vitales cuando llegó la poli.
Demasiados años de cárcel. Veinte y pico de deambular por lugares inhumanos y durísimos. Allí fui bautizado como "Pintxo", pero siempre se asegura que después de mis impulsos enrabietados logro sacar una sonrisa de carisma que deslumbro y que es impropia de un convicto.
El cristal agudo suele ser un amigo. Te haces de temer. En tus diabluras no encuentras el límite, y te conviertes en un salvaje valiente. El menú me fue variando hacia la toma de todo tipo de substancias. Sí. Yo merendaba, desayunaba, comía y cenaba todas las drogas precoces con pan. Era una bestia con huesos fibrosos. Un tipo rápido. Un niño grande y cabrón de cuidado, pero siempre con mi espacio sorprendente para la sonrisa, ¡coño! A veces me pregunto por qué es que sonrío ...
Me escapé varias veces de los penales, y me dieron unas tremendas palizas. Top secret las consecuencias. Hasta que los treinta años de cárcel se redujeron. Lo conseguí. Ya se sabe. Buen comportamiento, me desintoxiqué de las drogas o eso hice ver, mucha cabeza baja de arrepentimiento, y unas enormes ganas de ver en la libertad el cuerpo mágico y vital de mujeres maravillosas.
No me gusta demasiado el mundo de los buenos, ahora que la cárcel ya parece historia del atrás. La cárcel la conozco bien, pero igualmente trae muchos límites y condicionantes. Yo necesito respirar el aire de la playa, y viendo a esos lujos de mujeres que se barnizan al sol, sigo pensando en mi amor fatal Victoria y en que todo lo perdí menos sus bragas. Me empuja la vida y me la gano siendo explotado por unos mafiosos que tienen chiringuitos en la Costa del Sol. Ninguno de sus monumentos rusas puede llegarle a mi Victoria evocada. Ni en sueños.
-VICTORIA SÍ ES DIOS-

domingo, 11 de junio de 2017

¡¡ SUPERSTAR NADAL GANA SU DÉCIMO ROLAND GARROS !!




Arrollador. Dictador sobre la pista. Una bestia sin piedad. Sin rivales. Machacando y talándolo todo ante su camino. El muerto ya es historia. Rafael Nadal nos ha vuelto a dejar a todos con la boca abierta y la ha liado otra vez. ¡¡¡ Impresionante !!! ...
¡Décimo Roland Garros al zurrón! En este inolvidable e histórico triunfo de 2017, Nadal se pareció a Bjorn Borg que fue el hombre que cambió y actualizó el tenis. Sin fisuras, sólido y extremadamente ganador. Desquiciando desde el minuto uno al buen tenista suizo Stefan Wawrinka. Dando la sensación de inabordable, y jugando una de las mejores finales parisinas que se le recuerdan al ya mito, e insigne y portentoso Rafa. ¡Merci, monsieur! ...
Lo hizo en todo el torneo. En su torneo en donde reina la grandeur de su magia. No ha tenido rivales. Ha hecho lo que ha querido con todos ellos, y a pesar de cumplir 31 años el otro día.
Lo completó todo. Lo habéis visto jugar. Ha defendido, ha sacado, ha atacado, ha lanzado bolas increíbles más una de ellas en extremo antológica, rápido; sólido de mente que es su gran granero de éxitos y su enorme talento para analizar los partidos y ponerle sabiamente el termómetro del diagnóstico. ¡Chapeau! ...
Ahora que ya ha vuelto de nuevo y para quedarse el bueno de Rafa, quiero recordar esos momentos en donde no lograba cerrar los partidos, le venían las lesiones, y quizá se dejaba llevar por un exceso de desazón. Quería vorazmente ganar, y es todo lo normal del mundo que al no conseguirlo lo sintiese mucho. Yo tuve dudas, y muchos le daban por finiquitado.
Por eso es que tiene mucho mérito volver ahí arriba a su Olimpo de París, en donde se siente como cuando era un jovenzuelo y ya le ganaba torneos a todos incluído Roger Federer.
El tenis es cabeza amueblada. Serenidad y confianza. Fe en uno mismo cuando vienen los palos, agonía de sufrimiento extra cuando parece que las cosas se ponen claramente difíciles y no se puede, y optimismo de reseteo en el gen. Cabeza dura, un ¡vamos allá! permanente, y una tremenda capacidad de lucha. He descrito a Rafael Nadal.
Con Djokovic en horas bajas,con Murray siempre una incógnita en la arcilla, teniendo a Thiem todavía un poco verde, y a Federer en espera de Wimbledon, las cosas se han puesto fetén para Nadal. Y cuando el manacorí diagnostica este estado de las cosas, entonces lo aprovecha porque sabe que ganar siempre es una gran proeza. Y ganar la décima Copa del Garros, no tiene descripción. O, tiene tantas, que expresarlas a través de un escrito es cojo e inconcluso.
Sentado en su silla y trono, y mientras esperaba que le llamaran para alzar su trofeo, Nadal se metió la toalla en el rostro e hizo enigma y también significado de todas sus humanas emociones inmediatas.
Y en seguida subió al podio de las ceremonias de homenaje y con su tío Toni, y dirigió los agradecimientos de rigor a un público al que había enamorado desde su majestuosa exhibición en la Philippe Chatrier, que es la pista central, principal y la de los grandes, y después ya se puso a ser feliz y sospechando que Rafa con estas verdaderas hazañas hace grande al deporte del tenis.
Se recordará inevitablemente esta final además de por el número 10, que en fútbol siempre lo lleva el mejor del mundo, por el modo sin fisuras y su contundencia de ganarla. Una maravillosa bestia ejemplar, con un tenis genial y cerebral, y con la ambición de un jeun garçon.
¡¡ VIVA RAFA NADAL !!