miércoles, 17 de septiembre de 2014

- OTOÑO -



La estación cobriza, la de las sombras alargadas laboriosas, la luz que descansa, la vid en oro y tus ojos eternos.
Otoñal dama de medios de infarto, de gimnasio y actualidad, femenina y plural, y delicada, y de arrugas bellas, y de piel lechosa e imposible, de ademanes seguros y lógicos, decidida y resuelta. Como exactamente tú.
Otoño de depresiones y ambulatorios, de colegios y protestas, de vuelta a la realidad, de tipos hoscos que nunca te darán los buenos días, de fútbol y convencionalismos, de la Champions League, y de tu modo de mirarme, admirada flor.
Otoño de vejez y de fin del apogeo, de charcos y putas tormentas, de gripes y achaques, de deslices y descuidos, de afanes políticos, de ladrones en salmuera, de tipos con daga en la mano, de pereza al levantarse, de cambio horario que convierte las tardes oscuras en una trampa escandinava.
Otoño de estrés, de metro y sudor de obrero, de paro y más paro, de necesidad de hacer algo para pintarse el tedio, de tomarse un café calentito por las mañanas, y de tomar la ropa que tapa y te convierte en un ser más esperado y conservador en apariencia. Como exactamente eres tú conmigo, mujer.
Otoño de la radio y de Javier del Pino, de escapada y senderismo, de hojarasca, de huír de lo irremediable camino de una ráfaga de oxígeno salvador en el automóvil de otros y en una mañana de domingo anónima. Otoño de aguantar e intimar, de ir al cine, de comentar lo que sea, para inventarnos esa excusa oportuna para estar con nuestros preferidos, para dejar hacer al tiempo para que no nos afecte en demasía lo que sucede, y para que el aparente pasotismo me ilumine tu sonrisa que siempre está ahí.
Otoño de bailar en la disco, de botellón a cubierto, de cercanía física agradecida, de caza en el monte tras la vida, de meditar el yoga de la respiración, de esperar los ejercicios espirituales de la represión, de perro que ladra sorprendido entre la aceptación de los jovenzuelos que nacieron sin reglas, otoño de sala de espera y de cola de teatro, de marionetas y de niños en moto que quieren ser ya mayores, otoño de anorak y chubasquero, de pañuelo y elegancia, de nivelazo en la ropa que te vi puesta ayer y en la que nunca te podré ver cuando entras en la ducha. Bendita prohibición que te da el misterio de lo bello y de lo eterno. Bella y rutilante piel que siempre loaré. Todo tu enigma bajo tu aparente corrección. Tus capas abiertas de Eva.
Otoño de extravío y de sendero arriesgado, otoño de traba y desesperación, otoño de ardilla excitada y saltarina, otoño de los que ya no están, recuerdo del verano que se fue a la porra, adiós a la playa y al tanga, nostalgia de aquel lío breve que tuvimos mientras te guardaba la toalla y aceptabas mi invitación. ¿Qué fue de tí? ...
Otoño de presente de indicativo y de la primera persona del singular, otoño de ortodoxia y academia, otoño con ñ y con tabú, otoño cañí y de aquí, otoño de todos los lugares del mundo, y de todas las razas, y de todas las guerras, y de todos los idiomas y credos, y de toda la democracia, y de tus piernas más largas y kilométricas.
Otoño de la Pasarela Cibeles, de los Goya, del postre dulce y goloso que sabe a tí, de la última sorpresa, de las flechas que te tiran al invierno radical, de la necesidad de que los problemas se alejen de nosotros como hace el sol por un tiempo, y de que el placer y el bienestar le pongan música de lira a nuestra compañía y a nuestro amor elegido. Amor de otoño y verdad.
-AMOR CONSENTIDO-

lunes, 15 de septiembre de 2014

- LA ESCANDALERA -



La pelea cotidiana. El bregar. Las dificultades y el reto de afrontar el cada día conmigo mismo y con los cuidados hacia mi madre.
¡Ah, la mamita! Su insuficiencia respiratoria dificulta y condiciona su calidad de vida mientras su familia la ignora por completo y jamás se digna a visitarla. La abandonan a ella y a su recuerdo. Como siempre hicieron, por cierto. En este sentido, no hay novedades. Es, lo que de habitual hicieron con ella.
El aire. El oxígeno. La falta de ese oxígeno la produce a mi madre una potenciación de su tristeza y de su agresividad. De su carácter inconformista. Porque ella no tolera la mascarilla de ventilación nocturna, y eso hace que las mañanas sean todo un gran reto para mí. Lo afronto con decisión, pero a veces me acompaña el temor a no poder. A no estar a la altura de las exigencias.
A mi madre, la palabra mascarilla le suena a rayos. Y eso que la necesita un mínimo de siete horas. Pero, no hay nada que hacer. Ella se niega una y otra vez a que se le ponga el aparato. La mascarilla y mi madre, son antitéticas. Solo con nombrar la palabra mascarilla, mi progenitora se pone convulsa y desbaratada. ¡Ni hablar de éso! ...
Al no ventilar sus pulmones como deberían, se levanta hecha una calamidad. Su demencia se resiente al no llegarle apenas el oxígeno al cerebro. Y desde el sillón que suple a una cama que apenas tolera, me lanza unos constantes murmullos que significan que debo levantarla y llevarla al baño. ¡A la orden, señora! ...
Medio ahogada, me dice como una letanía que no puede, que se cae, que quiere morirse, que le duele la cabeza, que se marea, y se reinvindica desde buena mañana por su afán de mando. A pesar de todas las vulnerabilidades, su mensaje sigue en lo más alto: "aquí mando yo" ...
Empieza la pelea. Su respiración es agitada. No puede pensar pero sí mandar. Yo, no cuido muertos ni tolero que me gane. No debo dejarla a su suerte. Si lo hago, sufriría todavía más.
Mi madre se enfada porque está cansada y porque no se siente bien. Y yo la disculpo y la comprendo. Pero hay un momento en el que ya he de ponerme soldado de su salud.
Tras desayunar, se niega a salir a la calle. Mientras, todo le parece mal. Nada está bien. Y solo cede aparentemente cuando comprende que la suerte está echada y que ya no va a poder salirse con la suya. Pero no se dará nunca fácilmente por vencida. Éso, jamás ...
Me grita, y me dice de todas las perrerías. Trata de amilanarme delante de los vecinos, viandantes, o de quien haga falta. Pero yo intento no caer en sus trampas siempre defensivas. Quiere sacarme de quicio para así no cuidarse y salirse con la suya su autodestrucción. Es vendetta contra su sino. No sabe ni le da la gana envejecer. Lo considera una total injusticia.
Me mira y controla. Todo lo controla. Me insulta. Me busca los puntos débiles. Y la lucha cotidiana es encarnizada pero necesaria. Quiero que pase los últimos años de su vida con una mínima dignidad y tratando de compensar con todas mis fuerzas el abandono de una familia funesta y terrible. Sencillamente, despreciable. Por mucho que me duela. Es lo que hay ...
La una y cuarto de la tarde. Las dos. Mi madre ya es una balsa de aceite. El transcurrir de la mañana sin dormirse le ha hecho recuperar el oxígeno en deuda al no ventilar de noche. Y además, un oportuno medicamento se ha hecho con su violencia y ya la permite pensar. Todo se encauza.
A pesar de las mañanas que me da, cuando a eso de las cinco de la tarde parto para mi casa, veo en sus ojos agradecimiento que a veces me suena a cinismo porque estoy cansado.
-MI MADRE ES ASÍ Y SE ACEPTA-

domingo, 14 de septiembre de 2014

- LUIS ENRIQUE Y EL NUEVO TIEMPO DEL BARÇA -



Tras la abstracta verborrea inane y carente de sabor del "Tata" Martino, el FC Barcelona parece hacer una apuesta oportuna y acertada.
El asturiano ex futbolista Luís Enrique, es otra cosa. No es verbo, sino garbanzos de realidad. Trata de bajar al césped todo lo que sea Barça, y con la experiencia de quien ha sido jugador de ésto, actúa con desparpajo y espontaneidad. Se agradece.
Se trata de que el Barça no sea tanto más que un club, sino una cita sabrosa y dominical, de aceptar lo deportivo y no pasar demasiado de ahí. De devolver el sentido común a un avispero desencantado y siempre excesivo.
Domar los tiempos sin que se note, y que el damocles del resultado no haya de ser la guadaña definitiva. Luís Enrique se ha puesto el mono de faena y no rehúye a nadie. Sabe que esto está montado así y que el morbo del negocio le lleva a regatear con convicción el marcaje facultativo del periodismo. El fútbol va siempre al médico periodista que analiza, y también al currante que baja al bar a distraerse, o a quien puede permitirse acudir al Camp Nou. El fútbol ha de ser abierto y real, airearse en todos los tabúes, y hacerse ver que las trascendencias no se antojan ahora imprescindibles.
El Barça está en una evidente transición de la que desea salir. Pero no debe escapar de sí mismo despegando como un Boeing, sino con la suave naturalidad de un ave con sangre y sentires.
Luís Enrique juega a eso. A positivizar y a hacer la sonrisa que parecía perdida, y a que sus gestos de futbolista en el banquillo huelan a la autenticidad de quien no teme demasiado al pasado de un club de mitos.
Ahora, es el mito el gran adversario. Quizás, más que los resultados o los números. La idea es el "partido a partido" de Simeone. La misma, porque en el fondo es una máxima que deberían llevar todos en su camiseta de la Liga. Esto es un tiempo prolongado, un marathón dominical y de pasión, pero también un espacio para divertirse y pasarlo bien viendo fútbol.
Messi deberá ser menos galáctico, la media de edad no deberá hacer pensar en gerontología, y la facilidad y necesariedad de hacer un nuevo bloque de intensidad y consistencia, todo un reto para el nuevo entrenador. Bella palabra.
Un bloque, y nuevas ilusiones. Otro Barça que no suene a hogar del jubilado o a comida caducada. Es la idea acertada y el buen propósito de un hombre con carácter y a la vez campechano y conciliador cuando ha de serlo.
Luís Enrique siempre tuvo una personalidad especial. Estuvo de jugador en el Real y en el Barça, además de en la Selección. Lo que pasa abajo en el césped, ya no le sorprende. Ha vivido el fútbol de la hierba, no ha triunfado en Italia y lo ha hecho muy bien en el Celta. Tiene recorrido y experiencia, y parece que le acompañe la astucia. Sabe bien manejar la pasión y los avatares. Quiere que atrás se queden los fantasmas negros y los exagerados. Y lo va consiguiendo. Porque empieza a hablarse del Barça como un bloque sólido que vuelve a saber a lo que juega. Porque hasta en los grandes trasatlánticos, los trascendentalismos están muchas veces de más.
-Y ES TODO MÁS SENCILLO-

viernes, 12 de septiembre de 2014

- CENIZAS -



Vi cenizas en Septiembre. Y me extrañó mucho. Todo me extrañó mucho. Oía colosales ruídos y me sentía atrapado dentro de una broma cruel. Me dolía tanto todo mi cuerpo que mi mente estaba ralentizada y hasta secuestrada. Todo era una nada insoportable e indigna para el existir.
Cenizas, cascotes y sangre. Seguramente, heridos. Y muchísimos muertos. Un enorme desconcierto inicial que nunca pasaba en mi Nueva York. Hasta que atisbé a pensar levemente en qué estaría pasando en mi ciudad de los sueños y si estaríamos siendo neutralizados por las fuerzas del mal.
Más ruídos. Más cenizas. Olor a humo letal. Avenidas de cascotes. Ya no había cielo sino niebla. Bomberos atrapados en una descomunal fauce de impotencia. Aquel 11 de Septiembre decidió mi vida y mi visión de las cosas pudo variar.
Empecé finalmente a sentir terror. Alguien me dijo que mantuviera la calma y que me sacarían de aquel infierno. Y fue precisamente en aquel momento cuando pude apartarme de mí y pensar en los míos. En mi familia. ¿Dónde coño estarían? ...
Lo peor es la impotencia. Cuando no puedes hacer nada. Cuando te ves perdido y sin apenas posibilidades. Cuando la cabeza te dice una cosa pero el cuerpo la niega. Cuando lloras, y sufres, y te desgarras, y no hay consuelo, ni futuro, ni absolutamente nada que sepa a dulce o a miel ...
Horas más tarde lograron llevarme al hospital. Entré en pánico. Quería saber qué había sido de los míos pero no iban las comunicaciones. No me daban la información que yo más precisaba. Seguía llorando desconsoladamente, hasta que noté un pinchazo. Me calmaron y me curaron. Y antes de darme el alta, pude ver a los míos. Estaban afortunadamente, bien. Y todos me aconsejaban que no viera demasiado la televisión ni escuchara las noticias, hasta más adelante ...
¿Más adelante? ¡No! Lo primero que hice fue poner todo lo mediático a mi disposición. Y vi los aviones asesinos y cómo caían las Torres Gemelas, y toda la enorme salvajada. Aquella gente lanzándose por las ventanas ...
Precisé atención psicológica. Mi matrimonio se fue al garete. Nos reprochábamos las cosas contínuamente y aquello no debía ser aguantado por nuestra nena Silvie. Lo dejamos y con acierto.
Algún año después pensé que nada estaba tan claro como podía haber imaginado. Noté en  mí un odio atroz. Un odio general. Odiaba a todo lo que se movía. Me odiaba a mí mismo y a todas mis decisiones del pasado. Del atrás. Lo había hecho imperfecto. Mal. No había podido pensar.
Odio y odio. Esa era la palabra. Odio. Hasta que vinieron unos ángeles oportunos que me hablaron del maniqueísmo. Los árabes no eran tan cabrones como yo pensaba. Todo se trataba de equilibrios, de consensos y de balances. De diplomacias y de pacificaciones.
El odio que nos tenía Bin Ladden podía haber sido mitigado si hubiéramos hecho las cosas con más tacto y diplomacia. El saudí había sido colega de negocios de nosotros los americanos. Y, decepcionado nuevamente, asistí a un nuevo dolor. Nuestra venganza era el odio. Nuestro dolor era el ataque. Es el ataque. Seguimos pensando en la idea de que nosotros somos los buenos y los justos, y ellos los enemigos siempre endemoniados.
Y en ese momento vuelvo a ver cenizas, y desgarros, y nuevas impotencias, y la sensación de que las cosas no van bien.
-SIGUEN SIN IR BIEN-

jueves, 11 de septiembre de 2014

- E. BOTÍN -



Vuela altísimo un enorme avión. Extrañamente inalcanzable. Demasiado en otra atmósfera paralela. Es otro mundo aunque esté en éste. Ni siquiera es un sueño. Más bien, una elucubración casi caprichosa. Ha muerto el banquero más fuerte de España. El más poderoso. De los más de España. Santaderino. Emilio Botín. Banco de Santander. Acaba de dejarnos.
No aspiro nunca a caminar por ese Everest del capitalismo. No soy ni seré tan alto. Prefiero a esos morenos de la NBA o a los grandes alpinistas del frío. Los pies en mi mundo y en mi realidad social. Nunca me gustó el Poder. Nunca es bueno.
Botín era supermán en el Sistema. El que manda, el que nadie le puede toser, el que hace lo que desea, el que decide más que mucho, y el que le dice a muchos políticos y gobernantes las líneas a seguir. El Poder. Una especie privilegiada que cabalga realmente libre sobre nuestro páramo llamado democracia. El gran Presidente y jefe en la sombra real del luxe. El amo. El que o lo tomas o lo dejas. La idea de que el mundo ha de ser así y así de financiero y banquerizado, o te aguantas.
La Banca. La intocable banca que gana siempre. ¿Qué será la Banca? En el fondo es una gran cesión o consentimiento social. El dinero. El money, la necesidad, el salario va por banco, todo son acuerdos, los bancos nunca pierden, siempre ganan; sus directores y directivos están vacunados contra la otra suerte de la plebe y de la ciudadanía.
Tienen toda la suerte y todos los hilos del mundo. Como la globalización, o los flujos financieros, o la macroeconomía, o aquello siempre impeturbable que les marca y define. El Poder real es la leche, es casi televisión de ficción, y mansiones y amoríos, y un staff absolutamente esplendoroso. Los banqueros son los grandes reyes de la actualidad. Quitan y ponen, riegan y secan, desechan y apuestan, actúan y esquivan, y siguen por encima del mundo conocido. Y hasta por conocer.
Botín fue un tipo importante en este país. Lo que pasa es que yo siempre le veo lejano y nunca le he podido conocer. Pertenece a un club selectivísimo al que yo nunca entraré. Tenía cara de paleto echado para delante y con la seguridad de quien sabe que siempre las puertas pueden abrirse. Botín no me es familiar. Reconozco que es esotérico y hasta grandioso, pero le veo con miopía y con una enorme dificultad. ¿Quién fue realmente? ...
Mi mundo no es ése. Mi mundo es más de andar por casa. Por cierto que andar por casaa es muy gratificante. Más de lo que se cree. Me quedo con mi Democracia o lo que quede de élla, aspiro a que los nuevos políticos escalen y rebasen la montaña donde moran y tejen estas grandes deidades modernas.
Sí. Quiero políticos tan peces gordos e importantes o más que Botín. Que no se tenga complejos. Que cambien las tortillas y muten las pieles y las legislaciones. Deseo un hombre un voto. Que la justicia sea igual para todos, que haya pocos parados, y que todo el mundo tenga igualdad de oprtunidades.
Lo dicen las Constituciones de los Estados modernos. Los políticos son los representantes de los ciudadanos. Nunca los banqueros y sus clubes impenetrables. Me gusta oler a mi diputado, a mi presidente, a mi alcalde y a mis compañeros de democracia real. No quiero mecenas, ni reyes magos, ni tíos de América que me leguen herencias, ni pitonisos, ni conseguidores.
Siento la muerte del santanderino Botín. Pero no lo que su gigante figura representa. ¡No! No quiero a esa estirpe, a esa casta, a esas poses, a esas distancias y a esos mundos. Sencillamente, porque no son de verdad.
-DESCANSE EN PAZ-

martes, 9 de septiembre de 2014

- CONTADOR MARCA SUS CREDENCIALES PARA GANAR LA VUELTA 2014 -



En el corazón de la Asturias omnívora y bellísima. Donde estuvo la vida de la mina. En ese encanto bable de pueblucos en donde no se sabe lo que es un metro llano, el gran ciclismo y de calidad volvió a los valles mineros que también tuvieron su vuelta y su pujanza.
Los Picos de Europa. Los Lagos esta vez de Somiedo tras pasar por la cañí San Martín de Teverga y bajando el puerto especial de San Lorenzo que lleva a la traca final de La Farrapona. Nombre autóctonos y especiales, lugares que ya son solo turismo de perderse y de desconectar. Donde el todo y la nada son lo mismo, allí en la tripa de la montaña actual y en el día de la fiesta de la Santina, rompió de nuevo el ciclismo de nivel y los gregarios se escondieron a sus lugares de menoridad. A sus puestos.
Sol de Asturias tras los errores meteorológicos. Vuelta ciclista a España en un puño de igualdad. Hacía falta el hachazo y la definición.
Antes hubo boxeo y riñas. Dos hombres nerviosos se zurraron bajando un puerto. Me parece duro que les descalificaran en medio del voraz esfuerzo y delante de toda la televisión. Debieron tirarlos después y discretamente.
Alberto Contador había anunciado que no conocía la Vuelta porque estaba desilusionado. Pero ya está ahí con el jersey oro y le saca dos minutos al bravo y raro inglés Chris Froome.
A su lado, tanto Purito como Valverde mostraron sus limitaciones cuando por unos días la Vuelta se pone Tour y entonces se ve el top de un deporte fantástico y especial como es el ciclismo. Y antes de que se me olvide, y al lado de la sidra, la montera picona y la vaca desnuda y libre en la escarpada montaña, mi homenaje al mito José Manuel Fuente "Tarangu", y toda su clase, infortunio y época. Inolvidable.
Las rampas pusieron las cosas en su sitio. El buen ciclismo se emociona ahí. En esos valles de estampa con puertos como San Lorenzo, en donde el porcentaje del 10 por ciento pero sostenido y sin descansos. Eso se llama escalar y nunca engañar o especular.
Al ataque de la dureza se tiró el inglés Froome camino de la final Farrapona, y la enorme clase del carismático y bailarín Alberto Contador sacó a todos del tedio de lo previsible. Lo mejor que hizo el madrileño fue aguantar los arreones  y los cabezazos del superclase sajón. Quizás ahí estuvo la Vuelta, aunque aún falte pasar por Ancares y su magia.
Alberto, aguantó. Apretó una y otra vez los dientes. Su madurez de mejor ciclista español le dijo que no debía dar un solo relevo a nadie. Quien quisiera ganarle en su montaña, debería demostrarlo ahí, donde duele, donde está la potencia y la clase, la resistencia y el talento. Porque a Alberto Contador solo se le puede ganar con sabiduría y con calidad. Con quilates.
Hasta que a falta de un kilómetro para triunfar a lo grande, el de Pinto decidió mostrar su talento y lanzarse a su éxito. No había parado de tener adversidad desde que se cayó en el Tour con todo a favor.
Rebasó a Froome, y con la mano y en la línea de meta hizo su disparo característico con la mano y todos sentimos profundamente que lo merecía y que se había hecho justicia. Porque este ciclista es tan bueno que gana casi lesionado y con dudas propias. Que su tenacidad y paciencia le llevan a la calidad y al éxito.
Su montaña. La montaña de Contador. La de subir y subir. La de lanzarse una y otra vez sobre la bici. La montaña que te agota y asfixia, la que pone a prueba tus límites y humildad, la que es severa y verdad. La que ayer nos dijo que Alberto es el mejor y se lo merece todo. Y el país España vibró en Asturias nuevamente.
-ALBERTO ES MUY GRANDE-

lunes, 8 de septiembre de 2014

- SENSUAL -



Entre aquella maraña de mujeres esperables, nunca imaginé que la madre naturaleza hubiese tenido el capricho de una distinta creación. Porque aquella dama que estaba sentada en la silla de una terraza de verano esperando el relajante viento procedente del mar, desafiaba los tiempos y hasta las expectativas.
Porte sereno, tranquilísima, escote generoso y piernas kilométricas. Mirando directa al horizonte, aceptadora, idealizada y siempre empero real. Grande y bella, cabello largo para su edad, y unas gafas negras oscilantes y coquetas que dejaban ventana a una faz en extremo femenina y calma.
Solo los mistéricos saben el por qué me acerqué a élla y la abordé. Fue la prisa quizás por descubrir a un ser especial y aparentemente inalcanzable. La osadía por la aventura que te dicen que casi siempre es imposible.
A medida que me aproximaba a su vera, me recibía una bocanada de aceptación que se traducía en una sonrisa franca. Una invitación a aparcar la timidez y a desecharla en un contenedor de pudores y hasta miramientos.
- "Buenas tardes, ¿me permite que me siente a su lado?" ...
- "¡Oh, claro, claro! Si te apetece, hazlo" ...
- "Sí, amable señora. Me apetece. Sí." ...
- "Pero no me hables de usted. ¡Nunca de usted!" ...
De tú. Me di cuenta de que ella comprendía mucho a los varones. Se sentía complacida en su belleza, sabedora del poder de su sensualidad y femineidad, y encima del trono de la madurez experienciada.
- "Me llamo Marta, ¿y tú?" ...
Marta era un amor. Siempre, un amor. Al cuarto de hora charlábamos con tal fluidez que parecía que nos conociésemos de muchos años.
Porque todo era muy fácil con Marta y su catarata de sonrisas amplias y apasionadas. Su expresividad era potente, y sus aletas de la nariz se abrían en atractivo acompañando a una nariz prominente que la daba personalidad y poderío de mujer. Distinción. Nivel alto.
- "¿Sabes, Marta? Tienes mucho atractivo y..."
- "Lo que sé es que parece que te he gustado. Y además te lo estás pasando bien. Se te nota..."
- "¿Y tú, Marta?..."
- "Ja,ja,ja,ja..."
Me dio su teléfono. Era empresaria y directiva de una gran multinacional. Estaba quedando claro desde el primer minuto que nuestra verdadera relación solo sería pasional. De piel cómplice y en la discreción. Y casi de repente se tapó Marta con sus gafas de sol sus grandes ojos, y quedamos para el momento en que los dos deseáramos.
La mandé cuatro mensajes consecutivos e inmediatos y tuve risas cómplices en las cuatro ocasiones. Y una semana más tarde, ella me llamó a mí. Quedamos en el sitio más discreto que a Marta le dio la gana decidir. Ordenó a sus guardaespaldas que la controlaran a mucha distancia. A la máxima permitida. Y entonces me mostró su mundo tras cruzar nuevamente y como nunca sus larguísimas piernas. Me dijo que era un placer el volverme a ver, y yo casi me quedé casi mudo del bienestar. Porque su sonrisa abierta era un sí, y calma, y acogedora, y con un constante misterio. Como una excitante protección.
Sus bellos ojos me consintieron el todo, me llevó a su mansión de la playa, y me confió sus contradicciones y sus deseos más íntimos. Me abrió su personalidad y me besó con fuego y con pasión. Me entregó su hecho de mujer con el calor deseado, y yo pude comprobar que la explosiva y sibarita belleza de Marta y de lujo, era especial. Porque Marta era oro al alcance de la mano y un montón de mujer sofisticado y único.
-A TUS PIES, MARTA-

domingo, 7 de septiembre de 2014

- A MÍ NO ME GUSTARÍA ESTO -



Cuando llego todas las mañanas a la casa en donde está mi madre, la comprendo. No la justifico, pero la entiendo. No tiene demasiados ánimos de vivir, y aceptando todo eso de la ley de vida y de los convencionalismos, hay cosas que son penosidad y que dicen bien poco de la dignidad y de la libertad.
Ahí está mi madre sentada en la butaca. Durmiendo. E intentando apurar y defensivamente todo ese sueño. Trato de ponerme en su lugar. Si yo no pudiera valerme por mí mismo, estaría jodido. Me sentiría atrapado en una extraña pero real vorágine.
Debería esperar a que alguien me desspertara y me levantase del asiento. Que me agarraran del brazo y me llevaran al baño. Que me limpiaran las deposiciones y que me cambiaran los pañales. Que me hicieran el desayuno para poder alimentarme, y mil etcéteras. Que me movilizaran en una silla de ruedas. Tremendo.
A mí no me gustaría todo ésto. Comprobar que la familia pasa de uno hasta en sus últimos momentos y cuando más frágil estás. La idea de que los viejos no cuentan, no sirven, y que solo son un estorbo es realmente dura de asimilar. Como, desgraciadamente, real en la práctica. Dependiente. A mí no me gustaría ser un abuelo dependiente y tristón. No. A mí me gustaría de viejo valerme por mí mismo y no tener que hacer cesión de mi dignidad a otros. Por muchos rollos positivos que me soltaran. Me gustaría estar lúcido, pensar por mí mismo, deducir sin condicionamientos estereotipados, librarme de una residencia de ancianos, estar en las cosas cotidianas, ser aceptado, y no perder nunca demasiados trenes. Me gustaría ser un abuelo heterodoxo y hasta extraño, juvenil y gracioso, alguien que cantara en vez de fruncir el ceño, que siguiera sintiendo revolución hormonal cuando pasa una señora cañón, y hacer siempre la risa y la sorpresa. Serlo. Desearía darle por saco a la vejez y al paso del tiempo. Hacerle un regate a todo, y seguir sorprendiendo con mi habitual vitalidad. No me gustaría morir olvidado en casa, sino dando guerra y la nota con una sonrisa contagiosa, pícara y eterna. En un exterior siempre. Pienso que soy un privilegiado. A diferencia de mi madre,-a la que ni siquiera sus pulmones le procuran el básico oxígeno que precisa-, me gustaría ser campéon de veteranos de resistencia atlética, y hasta plantarles cara a los jóvenes y a su envergadura biológica. Me encantaría ser un abuelo raro, inusual, sorprendente, desconcertante y a la vez estimado. Me gustaría hacer ver que aunque viejo puedo ver igual que los demás. Que me implico en las historias actuales, y que detesto las batallas inanes de la nostalgia que busca evocar. Mi madre no tiene la más mínima calidad de vida. Se debate entre su atávico y guerrero afán de mando, y entre su demencia que la leva a través del viaje hacia su infancia a intentar negar su realidad. Es triste lo que veo en el día a día. Y entonces me doy cuenta del tremendo sexy y valor que la vida ha de tener como si fuese la máxima en una dictadura. La obligación absoluta de disfrutar apasionadamente de los buenos momentos. Los otros momentos que yo nunca podré decidir. Menudos momentos que tiene la vida. Menudas putadas. Lo mejor es no pensar en ese futuro fatídico y siempre impertinente. En ese pasillo asfixiante y empobrecedor. Desearía fallecer dignamente. No como el vía crucis que está pasando mi madre decepcionada e infeliz. Sí. Darle una patada al balón de la ilusión, y que todo el mundo se pusiera a jugar a la fiesta de ser felices. ¡A reírse! ... Detesto a los tristes. A los resignados. Yo quiero ser siempre un inconformista, y maldecir a los astros, por estas malditas reglas del juego de la ley de vida. Que se mueran las reglas del juego y las leyes de vida, al carajo lo inevitable, y a la indiferencia la muerte vil y castigadora. Me chiflaría ser un inmortal que no cumpliera años, y que no me afectaran los deterioros, y que no hubiesen contratiempos ni grandes novedades negativas, y que todo el paradigma sentenciado cambiara de color. -Y EXPLOTAR COMO UNA ESTRELLA NUEVA-

viernes, 5 de septiembre de 2014

- SARA, LA VIDA Y YO -



Ojos negros. Regordeta. Decidida y apasionada de la música. Profesora, y directora de mi coro. Del coro especial al que acudí hará dos años aproximadamente.
Sí. Sara es la pasión por la música no disimulada. Es la apuesta por los géneros tradicionales y su tremenda vocación. Toda la música le gusta a Sara. Pero por encima de todo, el purismo académico. El Conservatorio.
Sara canta muy bien, y domina admirablemente el oboe, es más tímida de lo que parece pero tiene la idea práctica en la cabeza. Y se atreve con los retos y se deja llevar. Le gusta presumir y ser tremendamente exigente. Se pone nerviosa porque desea agradar y dar lo mejor musical de sí misma.
Sabe que su solfeo y su música son caras de lograr. Que todo esto es estudio, entusiasmo y minorías. Y se enfada cuando ve que no lo hacemos bien. Y se pone tensa más todavía cuando percibe que nos vamos de la concentración con otras musas, y no la atendemos en el transcurso de los ensayos.
Valora nuestro esfuerzo y censura nuestra apatía. Siempre está de broma, pero es dura. Hueso. Sara tiene esa doble vertiente. Es alegre y exigente a un tiempo, treinteañera de bien pocos años, enamorada y siempre culo inquieto.
Actual como todas, y siguiendo empero apasionada una música tradicional de sesera y minorías. La música es para Sara hasta su motor íntimo, el poder expresar sus sentimientos interiores y recónditos, su dar clases, su necesidad de estar a la última, y de guardarse siempre una última baza especial y selecta.
Por el whatsapp fatídico, Sara nos dice adiós. Que, se va. Que ya no le da tiempo a ser nuestra directora de coro, ya que las oposiciones la han destinado geográficamente demasiado lejos y no nos puede ya ayudar. Vamos a homenajearla este mismo sábado porque creemos que se lo merece.
Buscarán a otra persona. La vida irá decidiendo. A mí particularmente me costará asumir el cambio. Me había acostumbrado a las cosas de Sara. Sabía lo que me podía unir a ella y lo que siempre me distanciaría. Hasta que me doy cuenta de que todo será un reto nuevo, y que por encima de todo estará de nuevo la música.
Claro que la echaré de menos. Ponía orden entre un grupo de mayorotes y mayorotas que se pasaban charlando media sesión de ensayos. Y yo me veré su ausencia y la compararé con el nuevo director o directora que llegará.
Seguro que al principio me parecerá todo deslavazado, frío y menor. Con menos sal. Los tanteos iniciales serán fuertes y cargados de emociones y de poder. La nueva persona hará grande el coro, lo dejará tal y como está, o incluso casi lo hará desaparecer. Dependerá de su actitud y de su adaptación.
Sin Sara, yo seré más yo. Valoraré la música sin apasionamientos e idealismos. Más en su justa dimensión. Como cuando te cambian de clase y hay otros profesores y otros momentos. Y entonces eso nunca te afecta a tu calidad ni a tu disposición.
Seré el mismo, venga quien venga. Sara ya no estará más, pero la persona que la releve será una nueva Sara, o Antonio, o María, o Andrés. Será apasionante. Habrá un nuevo idioma, nostalgias iniciales, y saudades, y también la asunción del ajetreo de la vida y de su devenir.
Ahora cuando se vaya Sara, me daré cuenta del lío donde me ha metido y podré asumirme más a mí mismo. Y seguiré aceptando desde mi libertad el seguir en el coro, y en las personas que lo componen, y darle auténtica importancia a lo que realmente lo tiene, y mostrarme crítico ante aquello que no me guste. Mi solfeo post Sara será un nuevo crecer y una nueva aventura.
-COMO TODOS MIS RETOS-

jueves, 4 de septiembre de 2014

- CINE = "EL NIÑO". -



La promoción dió éxito. La gente ha sentido la necesidad de volver al cine. Y cuando he ido a ver esta película, he visto las butacas bien llenas. Sea bueno para nuestro tan alicaído cine español.
"El niño". Acción. Más de dos horas de secuencias en movimiento y sin apenas pausas. La excusa e idea,-que no el guión-, son oportunas y hasta impecables. La otra realidad. La realidad que existe más allá de algunas diferencias interesadas. El Estrecho de Gibraltar. Las cercanías inevitables entre las pobrezas y las riquezas. La ambición y las lógicas. Las comparaciones y las ilegalidades. La necesidad imperiosa de no quedarse nunca atrás. El anhelo de vivir y de desear. No hay clases sociales en el deseo. La vida está para ser vivida.
Tres culturas. Los estrategas gibraltareños, los legalistas "buenos" españoles, y las condiciones duras del Magreb. Inglaterra, España y Marruecos. En el fondo, condenados por su vecindad geoestratégica a entenderse. Es lo único y mejor.
La droga. La policía. Los que se saltan las prohibiciones y se buscan la vida. Las mafias. La violencia. La represión. Lo inmediato y duro. Las venganzas y los submundos. Las cloacas y la supervivencia. La necesidad de no quedarse ahí parados y muertos de asco. Los poderes en la sombra. La lucha larvada y encarnizada. ¿Los buenos y los malos? ...
Dice uno de los muchachos que se lanzan a transportar la droga, que: "hay que arriesgarse". Significativa frase que da paso a peligros y a consecuencias siempre azarosas que no pintan bien. Y en medio de los dramas inacabables y de las rutinas necesarias, nace el cine que empuja al espectador y le mete dentro de los ruídos de las motos de agua, o de las lanchas, o de las tremendas pasadas de los helicópteros policiales bien cerca de los ilegales y delictivos ambiciosos.
Escasos kilómetros de mar para llegar a los objetivos. Juegos estratégicos. Ausencia de ética, y abundancia de tirarse por la calle de en medio. Hay tanto tiempo para quedarse pensando tristes en tierra, que se decide no pensar demasiado y que el sol salga por Antequera.
Las hachas de los agentes cortan merluza congelada por si en medio está la cocaína u otras substancias. El manejo en el puerto es un lugar laborioso y de esoterismo. En el tapar del negocio puede pasar cualquier cosa poco esperada. Los peces gordos tienen sus propias reglas. Se las saben todas. Conocen bien lo que hay que hacer. Si les sabe bien la golfada, pueden vivir de los alijos y del cuento sin pegar golpe y en el lujo el resto de sus vidas.
Hay demanda. Mucha demanda. La solución no es policial. Hay que tener mucha vocación para llevar una placa en ese geoestratégico lugar. Un buen servidor público para la salud de todos. Lo malo es que al otro lado de la aparente buena salud, hay otra salud igualmente insuficiente que se llama miseria.
Luis Tosar, la acción trepidante, el amor que no conoce los ritos ni las fronteras, y el trabajo cotidiano. Los monos de Gibraltar. Las cargas. Los árabes trasiegan en su segundo mundo portando enseres y más cargas. Mercados y pueblo llano. Substancia real debajo de los consabidos estereotipos. No hay grandes diferencias entre las diversas culturas. Todos quieren la mejora de sus vidas y de sus laboriosos cometidos.
Si nos olvidamos de las espectaculares aspas de los helicópteros y de los apuros límites en el mar de los lancheros arriesgados, lo bueno de este film del director Daniel Monzón, es el repaso y acercamiento a un mundo que es de verdad. Bendito ruído y trajín que nos muestra al menos la realidad escondida y casi sórdida. Que ahí, en ese lugar tan hermoso y siempre cercano, pasan todas las cosas del mundo. Y que no son tan distintas las personas de quienes vivimos mejor y en la tumbona los dramas habituales.
-ENTRETIENE Y ATRAE ESTE FILM-

miércoles, 3 de septiembre de 2014

- YA NO ERA UN NIÑO -



Acudí al río Turia. A su lecho seco. Una reunión para hacer nuevas amistades. Un martes, como podía haber sido otro día de la semana. Buena gente. Tuvieron conmigo la mejor de las acogidas. Cordialidad. Lo que yo necesitaba.
Una marcha de unas dos horas, era la excusa. Caminar juntos. Charlar y soltar las piernas. Una tierna y necesaria aventura. Mi aventura.
Ya conocía a algunas de estas personas. El roce, hace el cariño y la aceptación. El reto es el futuro. Era y es el futuro. Y allí que marché más que como un muchacho ilusionado una hora antes y desde mi casa. Tenía unas ganas especiales de volverles a ver.
Comenzamos a caminar. Comencé a caminar. Con timidez y a la vez con más soltura que otras veces. Y una de mis nuevas amigas, charlaba y charlaba. Yo, escuchaba. La dejaba hablar y hablar sin interrumpirla, hasta que en un momento dado me reivindiqué y metí baza. Un poco atropelladamente, pero metí baza. Era muy importante marcar la presencia. Era cuestión de derecho y de personalidad. Y ella me miró y me dejó hablar. De hecho, siempre se había dado cuenta de que yo estaba allí. Pero en el fondo, ella era tímida y con un pronto apocado.
Las dos horas por el río seco, fueron libertad y aprendizaje para mí. Me lo pasé bien, me sentí fuerte con mi cuerpo ejercitado, y viví el deporte sin la manía competitiva de otros tiempos. Aquello solo era un paseo, otro acento, otra mirada, una cosa sin importancia y a la vez social y vital, y el ejercicio práctico de saber vivir y socializarse. Algo ciertamente esencial a pesar de lo aparentemente menor.
Socializarse y conocer gente nueva era futuro. Es futuro. Cuando la marcha terminó, comprobé que no estaba cansado en absoluto ni me molestaban las rodillas. Y pregunté a una de las chicas si me llevaba a casa, tal y como lo había hecho la semana anterior.
Quizás ella esperaba ya la pregunta. Con excusa o sin ella me dijo que lo sentía, pero que esta vez había estacionado su coche demasiado lejos de allí y que de nuevo lo sentía mucho pero que no podía llevarme de vuelta a casa.
Acaté con sonrisa la contrariedad. Ya era noche cerrada, me quedaba más de media hora de marcha para llegar a casa, y en la mayor parte de los tramos de la ruta la falta de luz era total.
Me despedí y marché a casa a todo meter. Y la contrariedad me dió paso a una gran alegría. Yo había debido de pensar en que esta persona habría de llevarme cómodamente de regreso. ¡Mierda! ...
No había podido pensar. Debí llevarme una ropa más adecuada y consecuente. Mi ropa y estrategia independiente. Podía ser clave para apuntalar la amistad. Las amistades.
Mi indepencia tendría que facilitar las cosas. Sí. Solo me faltaba haber tomado una ropa con bolsillos y haber introducido en uno de ellos el billete del viaje del autobús urbano. De este modo, no me hubiese jugado tanto el pellejo caminando sobre tierra sin luz, ni me hubiera fatigado tanto. Y los demás hubieran valorado mi capacidad de resolución y mis recursos lógicos.
La alegría estaba conmigo. No me volvería a pasar. El próximo día iré más preparado. Adecuadamente preparado. Y ellas y ellos podrán valorar mi rectificación. Y seguirá el futuro, y seguiré creciendo, y podré dejar atrás mi disneylandia infante y crecer como yo deseo. Me sentiré mejor y más alto, más veterano y normal, más hecho, con más personalidad y la cabeza alta, y atrás habrán quedado los tiempos en los que no me fui capaz de cuidarme. Ni de pensar.
Habré podido vivir. Voy pudiendo volar en dirección al reto de la vida y asumiendo todas las consecuencias. Voy siendo yo. Me siento con una alegría interior que no dan en ninguna casa de globos o de caramelos. Y ya puedo quererme más a mí mismo. Y el aprender del cada día es una aventura realmente excitante y apasionante. Soy consciente. He superado muchas trabas e impedimentos, y ahora mis sueños tienen una progresiva luz y realidad. Como una marcha amical, libre y feliz.
-MI VIDA COMO LA DE TOD@S-

domingo, 31 de agosto de 2014

-EL APLOMO DE JUAN CARLOS MONEDERO-



Gafitas redondas de profesor universitario. El número 2 de la formación "Podemos". Bien diferente a su líder Pablo Iglesias. Monedero, le hace un complemento bien oportuno al atractivo y racial Iglesias.
Se nota en el porte de Juan Carlos Monedero que es listo y que domina el tempo mediático. Él sabe bien el efecto de la televisión y de su mecánica. Aparece como tranquilo y completamente desengañado y hastiado de las versiones oficiales. Gesticula con habilidad, como un actor que encarna bien al hombre indignado al que han vapuleado apropiándose torticeramente de sus derechos y de su dignidad.
Monedero tira del arma fetén. De la ironía y del humor inteligente. De sus reflejos y de su capacidad de encaje. Es ahora el gran político revelación, y su sentido del humor combativo y personal es capaz de generar sonrisas hasta en sus rivales más encarnizados.
Pero Monedero trata de no hacer dramas excesivos. Es su momento. El momento de hacerse a las cuerdas y desplegar desde ahí jabs demoledores que el pueblo agradece. Por eso este hombre de aspecto aparente y estratégicamente descuidado, cala y penetra entre nuestros deseos de esperanza.
La risa. Monedero nos hace reír. Tiene salsa moderada pero explosiva. No pierde los nervios porque tiene la suficiente convicción y valentía para enfrentar a quien haga falta. Y, sinceramente, en los tiempos de asfixia democrática que corren, se agradece su posición ambiciosa e inteligentemente combativa. Hacen falta soldados de la buena utopía como él.
Listo, Monedero. Muy listo. Hace bien poco que no sabíamos ni siquiera de la existencia de este hombre joven y claro. En poco tiempo y sin apoyos del Poder de ningún tipo, se ha dado a conocer y por méritos bien propios. Ha logrado escalar esa esquiva cumbre de la popularidad y afirma que hay de echar a esa casta de corruptos que hay en las instituciones del Poder en este país llamado España.
Pero también dice su sagacidad que todo dependerá de nosotros y de nuestras respuestas  y actitudes. Monedero sabe que en el fondo la tortilla solo podrá volcarse si nos movemos en apoyo fuerte y mayoritario todos los verdaderos y masivos demócratas. Ahí es claro y se le entiende todo. Lucha y recoge.
Monedero pone cara de fingida sorpresa ante las andanadas que le arrean quienes le odiarán profundamente siempre. Y en seguida responde pacientemente y a la vez con un estilete y hasta estribillo. Es espadachín cerebral y con pies en el suelo. Su humor es una segadora, y su polemismo atractivo y especial. Esperado.
"Podemos". Es el gran reto de un puñado de valientes, los cuales van a intentar organizarse en los próximos meses porque tienen ganas de recuperar las riendas que nos han birlado entre unos y otros. Es una formación espontánea y clara, alegre y de izquierdas, que además rezuma juventud y fuerza. Parecen tener las ideas muy claritas y muchas ganas de tumbar rivales. Es el gran Partido de la juventud y de los irreductibles. De esa nueva esperanza final.
Monedero sabe en el lío que se ha metido. Y dentro de ese jardín de tramposos y pragmáticos parece que sabe ejercer las habilidades para salir airoso de los miedos. Del gran cagómetro social. De esa idea de que sin el PP o el Psoe mandando, España se iría al caos y al desastre final.
Ese es el gran rival de Iglesias y de Monedero: el miedo social. La idea de que otra sociedad no es posible. Por eso tanto el líder como Monedero, tratan de ser irreverentes y hasta provocadores. Toda la calma. También hay vida al lado de la dignidad y de la esperanza. Monedero sabe que les esperan muchos obstácculos. Y afronta el patio pesimista general con toda la valentía.
-Y EL HUMOR-