miércoles, 21 de febrero de 2018

- EL BARÇA ENCARRILA LOS CUARTOS ANTE EL CHELSEA= 1-1. -






Sabor a fútbol. Ahora se llama Champions lo que antaño fue la Copa de Europa. En el fondo hay cosas que raramente cambian.
Stamford Bridge. Fútbol inglés. Del bueno, aunque contenido por esa amalgama soldadesca que propone el italiano Conte.
En el Chelsea todo preparado. Centuriones de calidad y artistas como el brasileño Wiliam. Hazard aún está más irregular que verde. Como el eterno color del césped que comparten el rugby y el fútbol, dos sacras tradiciones. No olvido Wembley.
Londres.El fair play. El Chelsea se ha dejado toda la energía en el campo. Nadie podrá dudar de la honradez del sudor. Han hecho lo que han podido, y lo reharán en la vuelta de octavos de la Champions en el Camp Nou del casi campeón de Liga español.
El Barça hizo su estilo con fortuna y elegancia. Se defendió como siempre sabe, que es tener la pelota y negársela con oficio al contrario para esperar su momento letal.
Dos estilos respetuosos en exceso y con poca profundidad. Un espléndido Sergi Busquets dirigía casi siempre el cotarro. Se luchaba por cualquier balón, se jugaba con parsimonia con los nervios del rival, y Messi ralentizaba y detenía los intentos de película de acción.
Wiliam es brasileño y no lo puede negar. Jugadorazo, driblador, creativo y elegante, pelo afro que indica la procedencia. Porque Brazil siempre juega al fútbol en un año de Mundial y en el Continente que sea. Por eso Wiliam estrelló dos balones en los postes, marcó un gol de astuto, y el mal fario le persiguió al recibir un balonazo en la nariz que le retuvo en pausas indeseadas intentando sin éxito que se cortara la hemorragia de sangre procedente de sus fosas nasales.
Tras el gol del carioca, nada varió. Era mejor para todos que variaran pocas cosas. El Barça empezó a jugársela un poco más en el ataque, y hay que subrayar una nueva lección de Iniesta pero esta vez a nivel de honradez física. Corriendo, rebañando balones, y dando un afortunado pase que Leo Messi le agradeció para mostrar su grandeza en el empate a uno.
Todo lo demás, es esperar a la vuelta con las espadas en lo alto y con el olor a fútbol intacto y preparado. Pudo ganar el Chelsea, pero el balón lo tuvo ese Barça picarón y astuto en el que manda Ernesto Valverde en el banco.
Los azules de londres deben aguardar muchas cosas por la cuenta que les trae. No les vale el resultado y deberán abrirse en Barcelona para intentar incordiar los nervios de su contrincante. Pero darán más facilidades a un Messi al que habían puesto vigilancia las veinticuatro horas del día y allá donde respirase.
No fue un gran partido, sino un partido correcto de Champions que muestra su nivel. Todo equilibrado y distinto. Cuando el mago de Fuentealbilla dejó su sitio y fue substituído, al buen aficionado inglés de toda la vida y que ovacionaba a Cruyff aunque visitiese camiseta foránea, le dio por guardar silencio actual de respeto que hoy es mucho. Saben quién es Andrés.
¿Favorito para la segunda parte del match tras una nueva lanza de Leo? ¡El Barça! Pero las palabras y los escritos los resetea el tiempo y habrán de corroborarse. Hoy han ganado en la ida el orgullo mutuo y la entidad de algunos jugadores soberbios.
Y también la lucha puede ser atractiva cuando ves a Luis Suárez partirse el corazón ante gladiadores atletas como él, o la verticalidad que se ve pero que cada vez se estila menos, o el choque viril y casi excesivo pero necesario para mantener los prestigios.
Son partidos históricos para recordar y para evocar otros Chelseas y otros Barças. Son clásicos de Champions, de aroma a fútbol, de crispación esforzada, y de azar permanente.
-TODO PURA EMOCIÓN-

lunes, 19 de febrero de 2018

- GUILLE Y EL "ESPANTAPÁJAROS". -




Hasta ahora el pequeño Guille podía sonreír cuando veía al "espantapájaros", un hombre con vestimenta estrafalaria que se dedicaba a caminar por las calles, y que cuando veía a los niños, saltaba, hacía muecas, y trataba siempre de hacer reír. Y Guille reía con el "espantapájaros", que era el apodo con que se conocía a este singular payaso de ciudad.
Guille y el "espantapájaros", se miraban. El tipo daba saltos y correteaba con su disfraz hacia atrás y hacia adelante, y lograba la espontánea risa y sonrisa del niño.
Ahora le cuesta horrores sonreír a Guille. Su vida es un drama porque la familia no se elige y caes en donde caes. Puro azar.
Y eso que su padre tiene un excelente trabajo fijo de docente en un centro público. Y los abuelos tienen tierras. Y su madre siempre está cerca porque es ama de casa. Pero no es que las cosas vayan bien. No. Es, que van dramáticamente mal.
Acaba de llegar muy tarde del trabajo el padre de Guille. Se llama, Marcial. Su mujer le ha hecho la cena, y el niño ya está en su habitación a punto de dormir. Afuera, en el salón comedor, comienza a mascarse la tensión. Habla Ángeles, madre de Guille:
- Ángeles: " ¡¡ Son horas de llegar, Marcial !! ...
- Marcial: "¿Y a tí, qué? Sabes que nuestro amor se acabó hace mil años y que vives de mí ..."
- Ángeles: "¡Marcial!" ...
- Marcial: "Y hoy vengo estresado del trabajo. Y no quiero ni cenar. ¿Dónde está el pequeñajo? ..."
- Ángeles: "¡En su cuarto ya, Marcial! ..."
- Marcial: "¡No le protejas! ¿Ves esta correa y esta hebilla? ¡Adivina qué voy a hacer con ella, zorra! ..."
Ángeles le siente terror a su marido. No es respeto. Es también cobardía.
Marcial, antes de dirigirse presto a la habitación de Guille, le recuerda a su mujer: "¡Ángeles! Si alguien se entera de todo esto, sabes que te mataré. ¡Ni se te ocurra pues irte del pico! ..."
Ángeles le mirar con más terror y trata de seguirle hacia la puerta. Marcial la aparta a empujones. Se quita la correa y esgrime la hebilla. Penetra en la habitación de Guille y da un portazo al cerrar.
En el interior de la habitación del niño se suceden los correazos y los llantos. Un buen rato. Hasta que su padre se cansa. Desde afuera se oyen gritos y súplicas, gemidos, y toda la impotencia. Después, a Guille le cuesta demasiado dormir.
Ángeles se ha escondido en la habitación matrimonial para tratar de oír lo menos posible. Y de repente, Marcial entra y quiere sexo. La mujer le deja que se desfogue. La noche cierra todas las luces y los dramas. El sueño distrae los avatares. En esa casa nunca pasa aparentemente nada raro. Por la cuenta que les trae a todos ...
Nuevo día. Guille vuelve del colegio como todos los días con su madre. Y de repente aparece el hombre "espantapájaros". Mira a Guille y se sobrecoge. Esta vez el niño muestra un semblante extraño, triste, melancólico, desprotegido y hasta indiferente.
El "espantapájaros" se fija en la cara de su madre. Intuye todo a través de las miradas. Dicen que el payaso urbano es tenaz, intuitivo, y hasta vidente. Aseguran que capta energías y que ve venir las cosas que pasan más allá de las máscaras de las apariencias.
Pero no se da por vencido. El "espantapájaros" quiere que Guille vuelva a reír. Lo ve difícil. Pero el hombre de ropaje estrafalario es vitalista, sensible, insistente, soldado de la ternura, y como buen payaso un defensor de los niños, a los cuales dedica su tiempo y su vida.
Guille mira perplejo. Está el "espantapájaros", y está su realidad dura interior y familiar. Quizás un día se rompa todo. Pero mientras tanto y aunque no pueda sonreír, Guille sabe que está el payaso raro y divertido. Y eso está bien.
-UNA UNIDAD POLICIAL SE DIRIGE A SU CASA-

miércoles, 14 de febrero de 2018

- J. M. GARCÍA Y DE LA MORENA, ALGUNOS AÑOS DESPUÉS. -




Han pasado algunos años. La radio de mi adolescencia y juventud. La de siempre. En aquellos momentos quasi mágicos y muy extraños, un periodista deportivo bajito y poderoso, admirado, y por toda España fascinados con él y yo incluído, ejercía un poder ansioso, ambicioso; de súper héroe en las fantasías y deseos predemocráticos y hasta democráticos.
Era dios. Era, José María García. El primer gran y ruidoso periodista mediático de mi país. García era el rey de todos los todos. Como el fútbol. O mucho más que el fútbol. Las noches de Supergarcía eran tremendas, insólitas, el capitán trueno, el hombre más imitado, "el butanito"; toda su jerga de discursos y latiguillos frente a sus rivales.
García se fue haciendo un gigante consentido y con posibilidades. Un empresario omnívoro, cuyas muletas e iteraciones de sus letanías de poder hacían que nos descojonásemos en la cama al lado del transistor.
José María García, escalaba. Escalaba desde la radio, Himalayas, otras galaxias que se inventaba, y una gran película descomunal que se imaginaba y nos creíamos, mientras esperábamos la llegada del sueño y de una democracia y libertad menos de jabatos o de héroes. Esperábamos una España de derechos y de aperturas.
Un día, el gigante vio asombrado, que un tal José Ramón de la Morena le plantaba cara y sin tapujos se enfrentaba a él. Seguíamos descojonándonos. ¿Quién coño podía osar y en el directo radiofónico poner en jaque algunas de las batallas de José María García? ...
Fueron años de guerras y distancias. Un día, García se fue de la radio. Y José Ramón tomó su relevo de liderazgo. Los dos estaban equivocados y no lo sabían. Pero España tampoco podía saber muy bien en dónde estaba, y las aperturas podían generar vértigos y zozobras que vaya usted a saber a dónde conducirían. Llegó la pax por ausencia de uno de los boxeadores, y la radio deportiva que ahora es la voz de Manolo Lama, pareció recuperar su esencia y hasta su humildad. ¡Menudos odios! ...
El otro día vi de nuevo a los dos contrincantes gracias al formidable programa semanal "Salvados" del periodista Jordi Évole.
No han cambiado demasiado las cosas. España sigue sin saber muy bien a dónde se dirige. García sigue sintiéndose dios, más envejecido, pero en la agenda de su móvil siguen estando los teléfonos de banqueros, monarcas, ministros y hasta Presidentes del Gobierno. José María es genio, figura, y de derechas.
A su lado, De la Morena ponía una cara más sincera que lo decía todo. Cara de circunstancias. A José Ramón sí se le veía algo arrepentido de las batallitas, pero seguía manteniendo su orgullo, y que el poder también para él es un goloso caramelo tentador.
El gigante y el rebelde se dieron un apretón frío de manos. Seguramente nunca será posible que dejen aquel tiempo de contínua fricción.
García pasa tan de todo, que casi ni se acuerda de la ética que nunca jamás ni mostró ni mostrará. Pasa hasta de su radio. Sigue siendo dios a su manera, aunque ya no se escuchen su voz ni sus muletillas de autosúper.
José Ramón tampoco está ya en aquel mítico ring que fue la Cadena SER en cuestión de deportes. De la Morena está ahora en deportes pero como en un segundo plano y a diferente actitud. Desengañado y hasta confuso. José Ramón nunca fue mediático, pero sí también muy poderoso. Contradictorio.
Algunos años después ya no me interesa aquello. Ahora, en deportes, prefiero la sensatez y cordialidad de Paco González, y la voz de Manolo Lama. Y las tertulias divertidas con Tomás Guasch, Emilio Pérez de Rozas, y todo el divertimento que capitanea el astur Juanma Castaño. Aunque no hablen de fútbol y se atropellen, estos señores parecen tener límites, ética, y toda la desdramatización en las voces amigas.
-AQUELLO NUNCA FUE PARA TANTO-

sábado, 10 de febrero de 2018

- LOS DRIBLINGS DE MANOLITA -



Manolita todavía es joven aunque ella no se lo crea demasiado. La acompañé durante un tiempo en algunas tardes de su soledad, y al principio me extrañó bastante lo que me decía porque no lograba entenderla.
Sí. Manolita es hábil. Y a mí suele acuciarme una sordera inicial cuando no percibo claras las cosas,y eso se nota. El discurso de Manolita no llevaba a la cercanía de un acompañamiento, sino a algo difuso y para analizar con sosiego y tiempo.
Al principio solo le tomé una palabra, la cual quedó retenida en mi memoria. Porque Manolita me hablaba de "atajos". Atajos, y más atajos. Pero, huye de elaborar discursos serenos y carentes de precipitación.
Sus ojos son saltones, es más lista que el hambre, destaca su rubísimo cabello y también su porte de eterna deportista. Hasta que un día le dije a Manolita que nos sentáramos, y entonces decidí meterle baza a su mundo cercano e íntimo.
En ese momento comencé a averiguar algunas cosas que con el tiempo se reforzaron. Me dijo que no tenía amigas porque todas eran malas. Lo malo es que me confesó que tampoco tenía amigos. Y a continuación se ponía a hablarme de sus clases de inglés en un excelente dribling o regate en giro, que firmaría el mismísimo y maravilloso futbolista carioca, Romario.
Manolita es escurridiza y especialista en correr velos y en bajar las persianas. Nunca iba pues a entender el significado de la palabra acompañamiento, porque eso iba a suponer quererse a sí misma.
Y de nuevo sus grandes driblings. Dos o tres, seguidos. Se iba a Benidorm. A ese lugar de sol y todo un clásico, en donde los mayores pueden disfrutar, y que se ha convertido ha mucho en una gran referencia de ocio y de relax general. Las excelentes temperaturas, fomentan el viaje hacia ese paraíso costero, mediterráneo y turístico. Y social.
Ese regate de distancia de Manolita era más que eficaz. Ella se va, corta con el mundo, pasa de todo, va a la suya, se toma las pastillas cuando se las toma, no consiente el más mínimo patrón de actuación, no la discutas, no le importa el lío con quien haga falta, y esa seguridad la convierte en un ser en extremo vulnerable. Más insegura que Manolita no se puede ser.
Lo malo no es que sea viuda, sino que su marido en vida la despreció demasiado. Y eso todavía no lo ha perdonado. Y Manolita no se arrepiente apenas de nada. Y sigue regateando y regateando aparentemente a su realidad.
"Un atajo". "Otro atajo"."Dicen que robo"... No soy modesto ni conformista. Me fascinan su mochila y sus chirucas de senderista que siempre lleva, así como su extrema y eufórica vitalidad. Con bajones.
Manoli te mira, te mide y te escruta. Hasta que me enfadé cuando intentó cruzar por el medio de una gran Avenida y con la excusa de que no venía ningún coche.
Por mucho que le expliqué su conducta, nada logré. Al revés. Se reafirmó en su idea individual de poder. Yo, puse cara de impotencia, y ella al verla decidió darme el gusto de cruzar por el paso de peatones finalmente. Pero no lo hacía por ella misma, sino por mí. Y yo quería que hiciese las cosas pensando en su razón y en sus ventajas.
"Atajo". Posible cleptomanía, impropia además de una dama como Manolita. Una tarde, descubrí cómo disimuladamente se acercaba a una máquina pública de refrescos y hurgaba con sus dedos por si alguien había dejado olvidada alguna moneda. Y a continuación se peleó con unos chicos de la seguridad los cuales se limitaban a informarla de que si seguía caminando por donde lo hacía, entonces unos camiones que bajaban por una rampa y que no podían verla al girar podían atropellarla. Manolita les montó una escandalera fenomenal. 
No es que no sepa lo que no se hace. Sino que lleva carga vengativa. Se ha acostumbrado a los atajos y no cree en las normas de nadie. No hace caso a nadie. Ni a mí, que la iba a acompañar unas horas a la semana. ¡Qué modo de regatearme! ...
Manolita no sabe,-o no desea saber-, que los frentes abiertos que tiene en su vida deben de ordenarse y de modo convencido y metódico. Por eso me sabe mal no poderla ya seguir en su peripecia cotidiana porque la dije adiós. Dimití de ir a acompañarla y verla. Ni me dejó despedirme hablándola, y hubo de ser por el frío WhatsApp. Ella necesita otro tipo de gente que además de fármacos, lleven reglas de contundencia.
¡TODA LA SUERTE!

miércoles, 7 de febrero de 2018

- INVIERNO -




Frío, nieve, interior, cambio climático, rigor, lluvia, adversidad para el Sistema, límites que impone la Naturaleza, e imperio del placer íntimo del hogar y del fuego y el calor humanos.
Protección y paraguas, detención meditativa y filosófica, postales de pueblos de ensueño; andamos desacostumbrados a un exterior poco amigo y demasiado real que nunca engaña.
Invierno, medias tupidas de mujer, eternidad en el deseo y en el lugar íntimo y coqueto de nuestro bienestar. Gorritos, guantes, bufandas, aires acondicionados de calor, bolazo de nieve de adolescente que se reparte entre sus amigos hecho añicos de frío, aldeas perdidas pero todavía vivas que saben sobrevivir por la academia del ancestro y de la costumbre, la potencia de un esquiador que desafía rutilante los impactos y la consulta del traumatólogo.
En invierno la gente se muere mucho. Es un período especialmente fatal para los vulnerables y los desheredados de la Tierra. Para los excluídos, la libertad invernal es lo más espantoso que puede sucederles. Pocos refugios en las bocas del metro, malas caras, situaciones inesperadas, y una nostalgia de reality soñado cuyo atajo puede llamarse alcohol de no pensar.
En las cocinas la carne cruje sobre las brasas y maderas y se vuelve roja y llenadora de energía alimenticia y deseable. El cuerpo pide kilos, sólidos, líquidos, presencias nutritivas abundantes, vino peleón y poco refresco.
El medicamento del caldo caliente se une al paracetamol o al ibuprofeno, en el vademecum preventivo. El antibiótico le ha llegado a más de medio país español. Pocos se han salvado del virus de la gripe, las vacunas han fallado en la cepa, y el dios invierno se lanza sin miramientos abrazando olas y borrascas de vientos, fríos, lluvias, y de todo aquello que pueda chocar con su eterno rival que es la playa desnuda y calurosa del estío.
En invierno y en Febrero va creciendo la luz, pero aún es el corazón de un tiempo que no nos gusta porque nos paraliza los desplazamientos y que convierte a los coches en meras figuras estáticas y fallidas.
El invierno es tiempo para aguantarse la frustración y para ser creativo y realativizadoramente riguroso con uno mismo. El tiempo glacial y frío es un período de organización del capitalismo propio e interior. Mientras mueren ancianos y sin techo, los demás driblamos y nos defendemos sobreviviendo en nuestras casas con seriedad y valor.
Y tenemos el televisor, y el transistor, y el móvil, y el ordenador, y podemos detenernos a jugar a la banalidad, o a comentar por qué son tan bellas las largas piernas de una mujer sin edad.
El invierno siempre es un termómetro interno. Es el reverso del verano; el imponderable severo que te dice que no y te tienes que joder el viaje previsto o la reunión de negocios programada.
En el balcón, muchas plantas sufren el rigor. Pero otras duras, empero, ven el momento más oportuno para el enigma de su gran fortaleza. Y los brotes se rebelan y salen, y se dejan ver, y se oponen férreamente a todos los corsés que la tierra de la maceta le puede proponer. Y cuando te das cuenta son tallos, de los cuales muchos de ellos alcanzarán tamaño y vida.
En mi balcón el invierno es apacible porque lo tengo lleno de plantas, y al lado en el interior, hay una enorme cama confortable que desea oler mucho más que a hombre.
En invierno hay mujeres duras y prácticas, valientes y arrebatadoras, con unas botas enormes que realzan su femineidad y que nunca detienen su mágica vitalidad. Invierno es el tiempo de la cita queda y apasionada. Y al fondo, una leña roja y ardiente de calor y película siempre puede hacernos el deseo y el sueño.
-FRÍO Y REALIDAD-

jueves, 1 de febrero de 2018

- LA DIOSA -



Y de repente en el Olimpo de las deidades, surgió una Diosa fuerte y potente. Golpeó la luna en alarde, y mostró en su figura y forma curva un punto de vindicación y heterodoxia.
No era una mujer. Era una madre, y a la vez el todo. Marcaba unas nuevas reglas del juego, y en su benevolencia y justicia se apartaba de los machismos, del pecado y de los akelarres audaces.
Se llamaba, Diosa. Ese era su nombre. Y se hizo carne, e idea, y abstracción, y vino a nosotros. Y su reino magno desconcertaba a las sociedades, acostumbradas a los patriarcados y a las figuras superiores masculinas.
Ante el descreimiento de los potentes y hegemónicos dioses masculinos, el cuerpo y el ser de la Diosa se posicionaba rebelde y con la fuerza inflexible del acero mágico y contundente. Ahora golpeó a otros planetas para hacerse creíble y fuerte ante los humanos. Se avalanzó sobre las fuerzas de la gravedad, las inutilizó por unos segundos, y logró detener todos los tiempos ante el gran asombro general.
No podía ser lo que estaba pasando. La verdad no podía ser una deidad femenina y hercúlea, capaz, mandadora e inteligente. Pero el reto estaba lanzado. Y la Diosa se mostró a través de su palabra y de su acción evidente. Y lo dijo todo. Dijo toda esa verdad que nunca se produce y que jamás es efectiva.
La Diosa valiente enseñó toda sus sabiduría con su voz y acento distintos a todos los demás dioses. Habló a los niños, a los hombres, a los abuelos, a las mujeres, a los homosexuales, a las estructuras convencionales, y habló y siguió hablando de la necesidad de un mundo mixto y equiparado.
Ahora golpeó Júpiter. Porque la sabia Diosa necesita convencer con acciones concretas todo su excelso poderío. Y la Diosa habló de la vida y de la muerte, y de la verdad, y del sexo libre, y del placer, y de la libertad, y de la amistad y de la fraternidad.
La Diosa no excluyó a nadie. Explicó todos los conflictos y sacó de su Grial quasi mágico el principio femenino esquilmado por la oscuridad disfrazada de aparente normalidad. Y luego la Diosa se replegó temerariamente, y dijo que no sería un busto, o unas curvas, o una feminización unívoca de la verdad sacra. Y se volvió a mostrar reivindicativa y justa, y afirmó que la mujer ejercería la ceremonia religiosa como un hombre, y que el niño y la niña estarían en el mismo escalafón, y que todo era conciencia mutilada y escondida.
Y para ello volvió a golpear y a trocear los grandes planetas y las grandes referencias físicas y generales. Y el Universo se postró a sus pies. Y el paradigma se tornó evolutivo y cambiante. Y a continuación, todo el orden gravitatorio y de paz volvió a su exacto lugar. Y su huella ya no tuvo fin.
La Diosa nos reconcilió con todos, mostró el bien y la verdad, el error de la violencia y el placer del amor definitivo. La Diosa fue sabia, mediadora, comprensiva, aglutinadora, equidistante, buena, admirable, sol, luna, estrellas, alegría, ciencia, paz, más amor, y todo el liderazgo de la convicción.
Y a partir de la Diosa vencedora y venerada, el mundo se volvió sabio y justo, perdió el mal, y los diablos huyeron para no volver. Y los humanos saben que nunca la desesperación podrá superarles. Porque ahora ya está ahí por siempre su Diosa magna.
-AMÉN-

sábado, 27 de enero de 2018

- OPORTUNISTA -



Se notaba en persona que su currículum laboral no podía mentir. Había trabajado muchos años en una multinacional. Iba de coqueta y de chica eterna en la presentación de su libro nuevo de poemas orientales. Ya no hará sesenta años, pero es igual.
Es bonita, juvenil, sabe estar como nadie, más que vivida, bien casada, ocurrente, muy cómoda entre sus admiradores y hasta sus pelotas, callada inicialmente; discreto florero que luego mutaría en ciclón definitivo de las pequeñas cosas del Japón y del orientalismo. Sus poesías orientalistas, breves, seguras, penetrantes y musicales.
Confesó que de joven se aburría en su despacho de la multinacional, y pensaba que eso de secretaria eterna estaba empezando a cansarla un poco, y que debía hacer reestructuraciones en su vida.
Se casó, tuvo hijos, y magia, y felicidad. Pero luego tenía que volver al curro y empezaba el tedio. Ella lo enfocó todo hacia el viajar como método personal de evasión. Y ya nunca dejó su vocecilla educada y estratégica, comercialmente literaria, excesiva, audaz con sus afectos dispersos entre muchas ciudades y países, hasta que logró premios y reconocimientos.
Su voz me sorprendía en aquella presentación de libros. Porque citaba mucho a algunos autores consagrados con los que posaba en las fotos que el proyector mostraba al público. Pero yo no veía amor sino apoyos. Para mí, que los citaba para hacerse la grande, la interesante, la destacada, la sí misma, la sorprendente, la diferente, la irrupción por sorpresa en el mundo del éxito, la esponsorización más que la belleza o la potencia de su arte oriental y orientado a fascinar cercanías.
Me fijé en que no miraba demasiado a los que no conocía y que no formábamos parte de su círculo de seguridad habitual. La vi falsa, inconcreta, y a la vez con una tremenda rabia de micrófono.
No me gustó el eterno femenino del timbre de su voz. Me sonó a chasco, a doña perfecta de los frasquitos mágicos, a la oportunista que se pone las botas en un clima vorazmente favorable.
Me pareció que se sentía muy ganadora, muy torera, muy capaz de driblar a los opositores a su proyección, muy a gusto, muy viéndolas venir, muy demasiado marisabidilla que nunca había perdido ese gen y tic que se adquiere en los despachos efectivos de las multinacionales.
Se hacía en corifeo la selecta, la yo no soy para tanto pero estoy triunfando, la yo soy más modesta de lo que me decís casi con arrobo, y yo me sentía desconcertado y hasta defraudado.
Me semejó una creída que busca venganza sutil a su estilo, y que domina los tempos, y que cuando te descuidas te ha vendido el libro actual más tres proyectos en los que está trabajando y ultimando, también. 
Exactamente, éso. Una vendedora entre artistas. Una mujer que se vende de cine, de ganas de que te creas que es muy grande y que su ambición ya no conoce la frontera ni el límite.
Deseo excesivo de ambicionar, fasto hinchado, y una tremenda capacidad de penetración en la psique de los incautos. No sé si fue que le cogí manía o sencillamente que palpé y descubrí su truco.
No. Prefiero la humildad. Y la realidad, y el rubor, y el no hablar tanto de sus amigos potentes y destacados. Le sobraba paraguas y la lluvia era un aguanieve casi imperceptible aunque con marca blanca fría y potente. No fue manía mía, sino lentes para la miopía.
-ASÍ LA VI-

lunes, 22 de enero de 2018

- CARLOS SAINZ, ¡CAMPEÓN DE CAMPEONES! -




Reconozco que esto de los rallyes siempre me ha parecido un refugio de señoritos adinerados, contentos con su status social, y hasta fuera de las auténticas realidades.
Todo deporte no deja de ser una frivolidad hinchada en tiempos de guerras larvadas, y de grandes escapes emocionales.
¿Qué es eso de los rallyes? Parece un tanto frivolón. Unos señores apalabran unos tramos de carreteras difíciles, hacen la organización, invierten unos dineros, y allá que van con sus motores de los locos cacharros a jugarse el pellejo en cada curva u obstáculo. Como el Rallye Dakar, seguramente el más carismático y salvaje que se puede encontrar.
Recuerdo aquellos años ochenta, con José María García en la radio. El "butanito" era todo un fan de alguien que destacaba y ganaba. Se llamaba y se llama Carlos Sainz y es de Madrid.
Carlos Sainz,-que tiene un vástago más que prometedor en el circo de la Formula 1-, es calmo y pausado. Tenía a su lado al gallego Luis Moya, y en una ocasión perdió un campeonato del mundo cuando su coche se quedo clavado a un centenar de metros de la línea de meta con todo a favor para ganar aquel mundial.
España se llenó de chistes y chascarrillos con aquella frase de acento acusado gallego: "¡Carlos, por dios! ¡Arráncalo! ¡Por dios, Carlos!" ...
Pero Carlos Sainz ya llevaba la seriedad en su gen más allá de que fuese un pijo de familia bien. Carlos Sainz era el Angel Nieto de los rallyes. Un español sin apenas referencias que los potentísimos  dakarianos Salvador Servià o Jordi Arcaròns. Poco más. Todo un pionero del asfalto complicado y de un tremendo riesgo.
Carlos Sainz se consagró y calló todas las bocas. Longevo, atractivo, elegante, y sin embargo con un espíritu de aventurero impropio de un tipo de su posición. Le encantaba lo que hacía sobre ruedas, y uno de sus mayores activos era su serenidad ante las adversidades. Y su contumacia. Pasaban los años,y Carlos Sainz seguía y seguía ahí en todo lo alto.
Me ganó. Ha demostrado con creces que es un as español del deporte a nivel mundial. Ni deporte ajeno de señoritos, ni gaitas. Ese deporte loco que hace, es durísimo y hay mucha gente que se ha dejado los huesos y hasta la vida en esos tramos de carreteras y en los desiertos de los circuitos.
Ya todo un veterano. Cincuenta y cinco años, y gana por segunda vez el Dakar. No pueden haber nunca críticas. Ya hace mucho tiempo que se consagró. Los rallyes esos nunca serán mi deporte favorito, pero nada cambia. Porque Carlos Sainz es uno de los mejores deportistas españoles y mundiales de la Historia. Un maestro de la aventura sobre ruedas. Un tipo tranquilo y singular que se ha subido a sus potentes coches y ha logrado unos éxitos extraordinarios.
El mejor. El gran padre carismático de todo este negocio durísimo de sponsors y ventas. Más allá de ese márketing de motores y prototipos, se esconde un espíritu puro de competición y victoria. Más allá de las apariencias iniciales, hay una maravillosa locura necesaria que hace que el tren de los deportes nunca se detenga.
El deporte tiene el lugar que tiene. Aunque suene a redundancia. Y en este marco o sector de los rallyes yo me quito el sombrero ante el gran Carlos Sainz. Son demasiados años jugándose el pellejo ganador como lo hacen los valientes serenos y afortunados. Se retire o no Carlos Sainz, ¡chapeau!
¡ENORME CAMPEÓN!

sábado, 20 de enero de 2018

- PUREZA -



El mar inmenso les mira y les reflexiona. Impera y domina. Gana sobre la playa y sobre su propio líquido acuoso y salado. El mar es un dios que está por encima de todo, y que baila al son de sus olas quietas y serenas.
La arena de la playa apenas tiene pisadas porque está casi vacía. Es invierno aunque no lo parezca, y desde el tiempo del sol se pueden las audacias, libertades, naturalidades y vivencias.
Macías tiene una edad parecida a la de Antonia. No tienen ningún parentesco. Su único vínculo es que acuden dos días a la semana a un curso de teatro que está bien cerca del mar. Antonia vive muy cerca de dicho mar, que es la vida.
Macías va llegando, explorando, acertando y equivocándose, pero se impone retos de crecer y heterodoxias vitales que muchas veces supera con pureza y satisfacción.
Antonia tiene un gusto y una manía que se da poco aquí en el Mediterráneo, y que consiste en que se baña todos los días del año tal y como hacen las gentes en otras latitudes. ¿La razón? La razón es un misterio. La única verdad en la eterna Antonia es que metiéndose un buen rato entre las tranquilas aguas del mar, se relaja.
Antonia está casada y es muy liberal. Confía plenamente en su marido y él en élla. Por eso su matrimonio funciona. Antonia es amable y comprensiva, abierta y mujer, valenciana hasta la médula, gusta de llevar vestidos ceñidos y atrevidos, y al final todo termina en sensatez y dulzura. Ninguna maldad. Como el mar en el infinito.
Macías hacía semanas que dudaba. Es viudo. Quería ver a Antonia entrar en el mar a esas horas propicias para los tímidos y para los atrevidos de la vida. Hasta que el otro día se decidió y dijo a la mujer:
-"Antonia, ¿puedo ver cómo entras en el mar al acabar la clase de teatro?" ...
A lo que Antonia respondió entre resuelta y halagada:
- "¡Ah,claro, Macías! ¡Luego vamos!" ...
- "¡Gracias, Antonia! " ...
- "¡No! No me las des, hombre" ...
Antonia es delgada y menuda. Le sienta bien el bikini en el cuerpo curvo y decidido. Ahora Macías ya conoce bien el cuerpo de Antonia. La ha visto entrar valiente y mujer en el mar, y chapotear una media hora mientras él aguardaba sentado en la arena la salida de la mujer de las aguas frías.
Natural e inicialmente, a Macías le había llegado el deseo un tanto inconcreto al proponerle a Antonia poderla ver entrar él solo cómo se adentraba en las aguas. Pero ese deseo que está en la libertad, se desdibujó y desapareció muy en seguida. Más pureza. Toda la pureza.
Era un cuerpo de mujer que disfrutaba en el mar llevado por su cabeza y pensares generosos. Macías agradeció a Antonia tal generosidad, y se dio cuenta sin decirlo de su error del deseo. ¿Para qué el desnudo?, ¿por qué esa obsesión hacia una mujer coherente e inalcanzable? ...
El día era espléndido y brillante, agudo, real y de sosiego. Cuando Antonia se acercó a su vera, Macías le acercó la toalla caballerosamente. Antonia se secó en seguida, se puso las chanclas, se quitó la arena de sus pequeños pies, y caminaron hacia la calle en donde habita la mujer.
En la despedida, Macías y Antonia se dieron dos besos amables y puros. Y el mar admiró y aplaudió el hundimiento del deseo de Macías, y siguió dejando que el sol reinara y que las gaviotas jugueteasen por la playa envidiable.
¡LA MALVARROSA!

martes, 16 de enero de 2018

- EL REAL MADRID, HUNDIDO EN LA IMPOTENCIA DE ZIDANE. -



Estas ruedas de prensa que Zidane da ahora, son una clave para entender que su ciclo en el Madrid debería terminar pronto. Son ruedas de prensa sin garra y sin sal, son poses de impotencia que hallan la tensión, y en las cuales solo los periodistas acaban siendo el objetivo claro de culpabilidad.
Antes Zinedine no era así. Era sonrisa de carisma, de flor en el culo, de convicción casi sorprendente en sus jugadores, de ironía y risa, y tenía la cosa visos de optimismo mientras los resultados le marcaban éxitos y aciertos.
Hace demasiado tiempo que el Real no funciona. A pesar de tener un plantel de jugadores que envidiaría cualquier técnico, la nave blanca del francés parece embarrancada en una playa de derrotas, que en un club de la fuerza estratosférica del Real es casi o absolutamente inadmisible.
La defensa es un coladero. El centro del campo una babia, y a la delantera le faltan latigazos de orgullo. Y más, cuando el Barça de Messi les coge sideral distancia.
Precisamente porque solo acaba de concluír la primera vuelta de la Liga, debería ser un acicate para unir fuerzas y talentos y de este modo volver a ser aquel equipo terrible que gana Champions como roscas. Pero en las competiciones largas, regulares y de sudor, al Madrid le hace falta otro fondista entrenador.
Habría que dejarse de diplomacias y alzar la voz. Y Zidane no es de esos. Zidane es iteración y vuelta al trabajo, silencio y espera. Pero al aficionado hace tiempo que se le ha acabado la paciencia. Una derrota más, y el Bernabéu será un lugar de pocos amigos.
Digan lo que digan los demás, los jugadores se han apoltronado y no corren. Al no correr, se ha enquilosado el equipo. Y cuando deciden arremangarse, no llegan a los balones y son superados por sus rivales.
En la portería, Keylor ya sobra. Y sería una excelente idea consagrar a un joven portero vasco,-que huele a Iríbar-, y que demuestra que su precocidad puede llevar más a la positividad del logro de meta excepcional que a los temores de los bisoños.
Carvajal y Marcelo no están. Y en el centro de la defensa, ni Nacho ni Casemiro suplen bien a un Sergio Ramos en declive.
El jugueteo de Modric o Kroos ya no es dominador sino puntual. La creatividad carece de solidez. Y esta causa lleva una y otra vez a Isco a perderse entre impotencias.
La querencia de Zidane por Benzema, clama a todos los cielos. Gareth Bale es un futbolista de cristal, y ahora todos entendemos por qué un jugador de su talento no ha triunfado plenamente en ningún lugar.
La nostalgia busca a Morata. ¡Un error garrafal! Con Morata había una garantía de peligro y de gol inminentes aunque no poseyera los fundamentos técnicos de los intocables. Marco Asensio ve demasiada indiferencia y nula continuidad. Y así no logra crecer ni se puede.
Lo de Cristiano es un culebrón tragicómico. Falla goles increíbles, no se encuentra a sí mismo, y parece que el Madrid ya no le hace gracia y que busca horizontes exteriores menos exigentes.
Y en el medio del lío, sin responder bien a cosas que no sabe, Zinedine Zidane trata de sobrevivir y de hacer autos de fe. Pero insisto en que sus ruedas de prensa ya son defensivas y tristes, y que su magia parece que queda eclipsada por su incapacidad para sacar al Madrid de ese pozo, y situarle en donde ha de estar por historia y millones. Pero me temo que al francés no le salva la Copa, y ni siquiera la Champions taparía el colosal agujero actual.
-ZIDANE, ¡DIMISIÓN! -

sábado, 13 de enero de 2018

-LA REVISTA "INTERVIÚ" NOS DICE ADIÓS. -




La Democracia en los setenta y ochenta. España se enfrentaba a un tiempo nuevo tras el cruel franquismo. Soplaban vientos renovadores y necesarios. Y la gente se puso activa y audaz. La revista "Interviú", fue el icono carismático de esas pulsiones. Había que abrir y que se airease el polvo. No quedaba otra.
Lo de las señoras en bolas, también fue eso mismo. El adiós a los corsés censurados y el echarse hacia adelante y que pasara lo que tuviese que pasar. La mujer se iba posicionando. Vestidos más cortos y libres. Sí. Más de su libertad. Los bikinis, los nada bikinis, los destapes, la muestra de los senos que es una de las partes más bellas de la anatomía femenina.
Aperturas en democracia y en libertad. La revista "Interviú" fue potente y se arropó con unos periodistas extraordinarios y hasta temerarios, que luchaban por sacar del felpudo la mierda del tabú. "Interviú"talaba árboles aparentemente inalcanzables, y por dinero lograba unas informaciones que hubieran estado siempre cerradas a la ciudadanía. Solo el Rey Juan Carlos se libró de que le viéramos en cueros, por una acción in extremis.
Ahí, se libraban pocos. Había voracidad de rigor. Impacto e inconformismo. Ganas de hurgar y de presentar una España nueva y sin caspa. Una España valiente y progresista, un periodismo independiente y maravillosamente tocahuevos. El periodista de raza. "Interviú" ha sido nuestro "Play Boy" español. Más a nuestro estilo y a aquel tiempo en donde se habrían tantos caminos. Caminos anhelados. Era cuestión de atacar al Poder para hacer higiene y perder miedos.
El "Interviú" era carete. Era una revista de calidad, que nada tenía que ver con las otras revistas de destape que proliferaban en los escaparates de los kioskos. Era don desnudo. Para comprar la revista había que tenerse ganas de avanzar, un poco de dinero, serse de izquierdas o simplemente crítico, y sentir que el buen periodismo podía ubicar y cambiar las cosas a través de las fotos y de las informaciones restringidas y casi imposibles. Fue un arma de normalización y una ocurrencia excelente.
Daba corte en mi juventud que me vieran leyendo el "Interviú". Te miraban mal. Pensaban que solo estaba fijándome en las actrices o starletts en pelota picada exhibiendo su poderío físico en busca de su apuntalamiento social. De su máster, a través de su mostrada belleza sin ropa.
Y, no. "Interviú" era una ruptura. Un tiempo determinado. Llegó Felipe González a La Moncloa, y ahí estaba el "Interviú" al acecho de noticias. No pasaban una. Descubrían a Roldán, a Paesa, se decía lo que nunca ningún político admitiría en público, y a mí me fascinaba ese torrente de libertad. Porque los torrentes de libertad siempre son saludables y nutritivos.
Hasta que llegó doña tecnología. La de hoy y la de mañana. La que hace que la gente ya no guste de las noticias a papel y se sumerja de cabeza en la inmediatez de la propuesta del internet y su mundo.
Ahora, los jóvenes y todo el mundo pueden ver a todas las chicas hermosas solo con meterse en la Red. E informarse y en tiempo actualizado de las últimas noticias. Es una revolución absoluta y asumida. Por eso la revista ya no puede competir con ese tsunami tecnológico.
Hacía años que "Interviú" ya no era aquella revista icónica y especial. Porque los últimos años no son de libertad sino de supervivencia y de trabas. Y porque ya no parecen estilarse estas cosas. Esa cosa mediática que tenía nuestra democrática revista, cedía ante la realidad irremediable. Pero creo que "Interviú" se despide con la mejor de sus sonrisas. Nos hizo mucho bien, nos enamoramos de las pieles de aquellas bellezas conocidas y potentes, nos enteramos de casos que nos dejaban alucinados, y las cloacas del Estado eran un filón fértil para unos extraordinarios periodistas, reporteros, y fantásticos fotógrafos.
Fue una revista cuidada y oportuna, necesaria y aguda, personal y profundamente libre. Si hoy siguiese la pasión viva por el mundo a papel, yo seguiría cogiendo o tomando entre mis manos una revista así. Aunque me mirasen de reojo reprobándome.
-SIGNO DE LOS TIEMPOS-

lunes, 8 de enero de 2018

- EL SEÑOR EVELIO SE VA DE PUTAS -




Bajito, poca cosa, aspecto de despistado, tranquilo, calmo, setenta y cinco años y bastante anonimato en él.
No le conocen todas las personas de su finca en la que vive, pero sobre todo porque la gente de su edad siempre tuvo más relación con su mujer que con él. Más confianza. A él le conocieron a raíz de su matrimonio. Pero, casi mejor no hablarle al señor Evelio de su mujer, porque es fatal. El pasado tremendo y demoledor.
Evelio solo conoció a María. Toda la vida juntos, novios de bien pequeños, él trabajador de una fábrica de curtidos, y ella al casarse con él, ama de casa.
Amante del fútbol, don Evelio acepta que la pensión que cobra es una miseria. En aquella fábrica de curtidos, los sucios jefes no le cotizaron apenas nada a pesar de estar toda su vida trabajando. Evelio les denunció, perdió el litigio, y ahora ya se conforma con llegar,-y cada vez con más apreturas-, a fin de mes.
María. ¡Oh, María! ... Se le murió a don Evelio de un infarto demasiado antes de hora. Cincuenta y cinco años. Un infarto. Él tenía tres más cuando sucedió lo más terrible.
Los hijos fueron dejando el hogar familiar. Se independizaron, se casaron, se fueron haciendo los remolones, el lar de los padres es doloroso, se acostumbraron a no visitar a su padre; don Evelio apenas conoce a sus nietos por fotografías que el hombre guarda en los cajones de un armario de cariño, y se hace a la idea de que todo va terminando y para siempre.
Según la gente de su barriada, don Evelio es muy educado, independiente, poco hablador, y llegó a decirse en tiempos que su padre fue pintor y no precisamente de brocha gorda. 
Los pequeños comercios del barrio fueron cerrando uno tras otro. Ahora ya no hay peluquerías familiares, ni hueverías, ni carnicerías, ni talleres mécanicos, ni nada cercano. El barrio de don Evelio se ha vuelto actual y esquivo, en el ascensor nadie parece conocer a nadie, el verano da paso al inexistente otoño que pare al invierno, y las rutinas son predecibles y siempre de hoy y ahora.
María. Don Evelio sabe que María le perdona cada vez que se va de putas. Tiene suerte porque a pesar de sus lesas rodillas, tiene el Barrio Chino a escasos quince minutos y a pie. Y con toda la independencia y con un rictus tranquilo, puede verse a don Evelio camino del sórdido lugar.
El anciano va al grano. Ideas claras. Lo primero que hace es organizarse económicamente para poder llegar a fin de mes. Y si hay opción, entonces se regala un placer.
Don Evelio no va eligiendo chicas, ni las prostitutas a él. Siempre se mete en el mismo bar del Barrio Chino, en donde en las tardes frías y cuando la noche aún queda lejos, los domingos se dirige a una mujer de mediana edad llamada Úrsula. O, así se la conoce.
La prostituta le ve llegar, y apalabran el servicio. No siempre es penetración, no siempre son los domingos, no siempre son las tardes frías, y solo es el deseo. Unas veces solo es felación, y otras se completa el acto. Depende.
Don Evelio no habla con nadie más, a pesar de que otras mujeres se le insinúan y le abordan ofreciéndole sus servicios. El hombre termina lo que tiene que hacer, se peina, y aparece en las calles ya aledañas del Barrio Chino sin que nadie sospeche que viene de allí.
Don Evelio no sonríe. Dejó de hacerlo cuando María. Si alguien le pide la hora, él se la indica. Incluso si se le demanda un cigarrillo, el hombre no tiene el más mínimo inconveniente en satisfacer a la persona que se lo pide. Pasa por delante de un bar concurrido y no entra en él. En tiempos se pasaba allí las horas jugando a la manilla, al dominó o al póker. Ahora solo es un lugar de paso. El bar cambió de dueño. 
Don Evelio camina lenta, pausadamente, confiado, llega a su portal, toma el ascensor, se mete en casa, ve un poco la tele mientras cena y luego se va a dormir. No sueña nada.
-Y NUNCA SE METE CON NADIE-