miércoles, 27 de julio de 2022

- VENDETTA ESTÁTICA. -



El otro día me senté sobre aquellos banquitos reivindicadores y terribles, que intentaban dar respuesta a mi extraño e incomprendido malestar. En el cercano pueblo de Xirivella me pasaron cosas dolorosísimas e inauditas. Aquel almacén de piezas de lámparas en el que estuve desde 1979 al 92. Demasiado tiempo en la enfermedad de la nada; instalado en el dolor más que desalentador. Con la sensación de ser una pluma que el aire caprichoso se llevaba jugando con ella ...

Era verano. Hacía mucho calor. El techo de aquel almacén era de uralita, la ventilación era una quimera, y la deshidratación arreaba bien. Mis compañeros, obreros de pura cepa, nada podían entender. Y eran muy sumisos y suyos. Lo que pasa es que el temporal exterior puede ser a veces capeable. Pero mi temporal interior, no lo era. ¿Quién lo sabía?, ¿quién podía saberlo?, ¿existían causas aparentemente lógicas que justificaran mi enfado hacia ellos y hacia los jefes? ... Causas, las había y muchas. Otra historia es que fuesen lógicas. Y en aquellos terroríficos años de dolor, yo estaba para pocas lógicas. Tenía dos brazos, dos piernas, era fuerte, hacía deporte y tal.... ¿Entonces? ...

Sí. Era verano. No me sentía capaz de tomar decisiones. Cuando no tienes salud, no puedes ni debes tomar demasiadas decisiones. Todo lo que pasaba conmigo se llamaba incomprensión.

Era Julio. Viernes. Las tres de la tarde. La hora de salir del almacén. El finde. Cuando todo el mundo esperaba esos momentos para planificarse y para disfrutar plenamente de su tiempo libre.

¿Tiempo libre? ¡Qué coño sería eso del tiempo libre y de paz! No había derecho a que nadie entendiera. Tenía que hacer algo. Marcar presencia. Disconformidad y hasta orgullo.

Por eso, cuando se hacían las tres de la tarde del viernes y salía del trabajo, yo decidía sentarme en uno de los banquitos de un pequeño jardín que estaba sito enfrente del almacén. Como queriendo decir: "Yo también existo y me jode que seáis felices y que mostréis indiferencia hacia mí ..."

Ese era el sentido de mi sentarme en aquel banquito de la nada. Para que me vieran, para que observasen de una puta vez mi porte digno y cerrado. Para hacerme visible. Para mostrar que yo no era una puta piedra y que necesitaba ayuda y no solo un salario. Sí. Quería reivindicar mi alma y mi ser.

Mis compañeros del almacén subían a sus coches y se iban a casa. A continuación, los jefes. Y en el fondo era curioso, porque todos vivían en el mismo pueblo cerca del almacén. Pero el símbolo fálico del coche, significaba poder y éxito dentro del cegato capitalismo a veces tan inhumano.

Sentado en uno de los banquitos, yo les miraba con fijeza discontinua a mis jefes y compañeros. Y después desviaba la mirada para evitar que las incomprensiones se fortificaran. Si en aquel momento de gran tensión, alguien me decía algo en tono burlesco, no quiero imaginar lo que podía haber sucedido. De todo, menos callarme. Porque el silencio suponía un enemigo definitivo terrorífico y aniquilador, y el grito o el insulto podían significar el inicio de una violencia nunca deseada ni por mi ni por nadie.

Físicamente estaba quieto, pero interiormente mis emociones de tristeza y desesperación eran un volcán triste y a jirones. Pero no dejaba de ser todo aquello algo defensivo para mi. Como una suerte de extraña sentada, como hacen los que reivindican algo en el espacio público.

Mi "sentada" visible tenía mil ángulos y matices. Y el color del dolor y de la impotencia. Sabía que no estaba bien, pero no cómo salir de ese pozo ...

Y yo continuaba sentado en el jardín a la sombra de un calor fuerte veraniego. Dicho calor, ni lo percibía. Mi cabeza y mi cuerpo estaban a otras cosas. Y completamente en silencio, yo demandaba cosas imposibles. Como que mis jefes y mis compañeros me ayudasen a salir del dolor. Sabía que al llegar a casa, nadie igualmente se interesaría por mis ánimos o por mi estado de salud. ¿Por qué irían a hacerlo si yo era físicamente fuerte como una roca? ...

Yo seguía sentado en el banquito del jardín. Mi expresión contenida y profundamente preocupada y triste, también debía ser un poema. Pero mis jefes me miraban sin curiosidad y sin prestarme atención. Y se iban corriendo a casa a comer. Mis compañeros obreros, ni éso. Entraban en sus vehículos, se iban y ni me miraban.

En el banquito de mi vendetta estática, yo no miraba el reloj. A lo mejor pasaban veinte minutos. El hervor en mi interior, cedía cuando ya todo el mundo se había marchado. Entonces entendía que era absurdo seguir ahí sentado e inmóvil. Y entonces me levantaba y tomaba un autobús. Sobre las cuatro de la tarde llegaba a casa. Mi madre apenas hacía algún comentario.

- "¿Qué tarde has salido, no? ..."

Pero al ver mi cara triste, guardaba silencio. Yo solo tenía dos planes en mi cabeza y mil millones de tristes renuncias para vivir, dado que no me sentía capaz de emprender la aventura vital.

Los dos planes, eran: que se hiciera sábado para ir a correr con los pioneros maratonianos de la Sociedad Deportiva Correcaminos, y por la tarde estar durante horas viendo deportes por la tele hasta caerme de culo. Y el domingo era una transición hueca y absurda. Que daría paso a un nuevo lunes camino a la rutina de terror del almacén de Xirivella.

Hasta que un día decidí no volver más al trabajo. Y no se armó un gran belén. Uno de los obreros me había agredido. Yo no quise repeler las agresiones ni denunciarle. Aquello solo supuso empujarme a decir adiós y por mi cuenta a aquel trabajo. Hasta mis jefes parecieron sorprenderse hipócritamente de mi decisión. Lo estaban deseando.

-AHORA, LOS BANQUITOS DEL JARDÍN TIENEN MÁS LÓGICA- 

 

sábado, 23 de julio de 2022

- PALOMA "LA LOCA". -



Aquella mi adolescencia mágica, siempre traía sorpresas. Por inusuales y siempre significativas. En mi pasión,- como en la de casi todos los niños de mi generación-, se imponía la práctica del fútbol. Siempre cosa de hombres. Terreno blindado y masculinote. La mujer no cabía en los deportes. Ellas debían disimular bailando en las discotecas, y mostrándose modositas. Las novias de los chicos, iban a veces a animarles. Y se llevaban muchas críticas y miradas poco honestas.

Un día, yo no me creí lo que veía. Y me desagradó lo que vi. Estaba siendo educado como todos los chicos, aparte de las chicas. Por eso ahora, cuando paseo cerca de las Universidades afortunadamente mixtas, no dejo de sentir una cierta envidia de los chicos actuales.

A veces me iba a unos campos de fútbol que estaban en la zona de las Torres de Serranos de mi Valencia, y saludaba a colegas, y muchas veces jugaba al fútbol con ellos. Allí solían estar, Tomás, "Pumuki", Balciskueta, Chimo, Miguel, y mil muchachos más. A todos nos apasionaba jugar al fútbol. Y nos sigue gustando. El que puede sigue ahí, dando patadas al balón.

Y entre esa gente amateur que se apiñaba a veces entre dos equipos en unos campos de fútbol con porterías cutres y campos en donde te jugabas los tobillos por las piedras y algunos metros escasos de hierba, alguien un día me dijo:

- "¡Mira! ¿Ves? Je,je,je,je,je ... Es Paloma. Es, tía ..."

Mujer. Chica. Se refería a una adolescente larguirucha y pelirroja, de largas piernas y cabellos, de poca técnica, rápida, resistente, casi incansable, y que se la notaba en extremo apasionada por nuestro blindado deporte masculinón.

- "¿Te das cuenta, nano? ¡Es chavala! Debe ir a por el "Pumuki". Querrá enrollárselo. Lo que pasa es que es fea. O, igual es de la otra acera. No te extrañe, ja,ja,ja,ja,ja ..."

Yo, pensaba que: "una mujer no me gana a mí jugando al fútbol." Lo digo ahora, cuando Julio de 2022, cuando los partidos de la Selección Española y femenina los televisan en la 1. O cuando Alexia Putellas es considerada la mejor jugadora de fútbol femenino del planeta.

No podía en mis pensares haber una cosa más humillante, que una mujer me ganara a mí jugando al fútbol. ¿Jugando al fútbol?, ¿a lo que hacía Cruyff, o luego Kempes o Maradona? ¡Qué raro era eso! Lo de las chicas no debía ser el fútbol. Ni de árbitras. Ni de comentaristas futbolísticas. ¿Qué podía saber una chica de fútbol? ...

Ahora, lo que pienso es en los condicionantes. Paloma "la loca", aquella chica aparentemente extraña que usaba pantalones cortos como nosotros, y que luchaba por todos los balones con su resistencia física, se enfrentaba a un rechazo social de caballo.

Yo, no la rechacé. Y desde mi hipocresía machista, pensaba que podía chocar con ella y hacerla daño, o golpearla sin querer con un fuerte balonazo, o que ella podría estorbar para poder desarrollar un juego lógico y aceptable, o yo qué sé ...

Paloma, era libre. Cuando ninguna chica se atrevía, ella sí. Y me importa un pito si bajaba a ligarse a alguien, o si bajaba porque le apetecía jugar con nosotros, o si tenía una afición extraordinaria por nuestro deporte más popular.

¡Coño, qué mérito! ¡A cuántas cosas estaba renunciando Paloma por ser libre! Reconozco que Paloma nunca fue colega nuestra, y que ella en cuanto se acababa el partido se largaba, y muy pronto la volvías a ver jugando al fútbol ante el machista asombro general.

En los corrillos pre y post partido, ponías a caldo a Paloma. Necesitaba nuestro machismo masturbarse en estereotipos, para así justificar nuestra distancia ante gente así de rara.

Paloma, era lista. Quizás sabía, que si montaba un equipo con todo chicas, las hubieran corrido a risas, menosprecios, insultos, y todo tipo de descalificaciones. Y uniéndose discretamente con el "enemigo" masculino, podría practicar su deporte preferido.

Afortunadamente para tod@s, la mujer ya va jugando a todos los deportes, incluidos a los tabús por sexualidad de toda la vida.

Han pasado décadas desde aquella adolescencia y juventud tan tierna y de blanco y negro. No sé qué habrá sido de la singular Paloma. Pero me la imagino sentada en el sillón de su casa con la camiseta de la Roja puesta, y disfrutando con los suyos viendo por la tele a la Selección Nacional femenina, y hasta evocando con un cierto regusto amargo sus tiempos de jovencita en los que casi tenía que jugar al fútbol de tapadillo, y con los amigos conocidos y protectores que la defendían de los dedos acusadores y de los insultos del machismo general. Y no solo de la desconsideración de los hombres, sino de muchas mujeres reprimidas e igualmente machistas y convencionales. Las de aquel tiempo, que por cierto también sigue sutilmente en 2022 ...

Dejadme recordar a ese misterio pelirrojo del pelo largo y larga zancada. Con su sonrisa defensiva y sus ganas de jugar a un fútbol veloz y constante. A sus necesidades de disfrutar de lo que más le agradaba. De atreverse a ser distinta, de estar dispuesta a que se la pusiera a caldo, de soportar que pensáramos lo que pensábamos de ella ...

Yo, he evolucionado. Es mejor. Renovarse o morir. Ahora ya me parece absolutamente correcto lo que hacen las chicas con sus deportes. Me da igual que hagan rugby, boxeo, fútbol, el Dakar, o cualquier deporte que me pueda parecer arriesgado o límite. Porque la mujer tiene o debe tener la misma posibilidad deportiva que el varón. ¿Por qué no? ...

Algunos bastantes, siguen en la caverna del rechazo o del tabú. Peor para ellos. El mundo y la sociedad avanzan mucho más deprisa que sus cavernícolas cabezas.

Desconozco si Paloma sabrá que fue una valiente. Pero yo estoy convencido. Solo con ponerse una camiseta y unos pantalones cortos, demostraba el valor admirable y abierto de su deseo.

-LOS LOCOS ÉRAMOS LOS DEMÁS-


 

domingo, 17 de julio de 2022

- EL SABIO GALIBIER REVIVE AL GRAN CICLISMO DEL TOUR. -



Tras cerca de dos décadas de pragmatismo y dureza sutil y hasta contenida, monsieur Le Tour nos volvió a recordar que tras su traje oficial de prestigio y oficialidad, estaba su verdad imparable y su cátedra de ciclismo.

Fue el mito alpino del Galibier, quien sacó del cajón escondido y añorado, toda la verdad. El coloso Galibier no sería cosa de cuentos de batallitas de mayores, sino la forma más atractiva y culta del ser del ciclismo con mayúsculas.

Ha sido la gran lección. En este Galibier durísimo y majestuoso, se gestó la épica y la grandeza del deporte de las dos ruedas con pedales. Y los corredores de todos los tiempos, se coronaron y doctoraron en dicho Galibier y su hermano el Télégraphe.

Hinault atacó allí, el caníbal Merckx dejó su portentoso sello, las bestiadas sensacionales de Marco Pantani, "Tarangu" Fuente atacó quince veces a Ocaña en este coloso alpino, y así hasta llenar un libro con muchísimas páginas de gestas, esfuerzos, dureza, sudores y verdad.

El esloveno Pogacar fue censurado por el Galibier. Le suspendió, y le mandó deberes de futuro. El rutilante y maravilloso escalador, se encontró en el Galibier con una dupla brutal de tipos, que le lanzaron tralla en plena ascensión. Y Pogacar, dudó ante tanto ataque. Vingegaard y Roglic-ahora ya fuera de combate por el Covid-, se turnaron para darle cera. Después del Galibier aún quedaba mucha etapa para llegar al final en el Granon. ¿Qué hacer ante tanto ataque?, ¿jugar al orgullo y a la ambición?, ¿a la prepotencia?... Ahora, Pogacar todavía no se explica cómo le pudieron tumbar y hacer daño. La lección del Galibier consistía en dos planes. O dejar que los dos ases del Jumbo se cansaran de demarrar mostrándose conservador de sus fuerzas tranquilas y no ponerse nervioso, o hacer lo que hizo el esloveno  Tadeo Pogacar que fue contraatacar para intentar parar las dentelladas de sus rivales.

Nada hizo bien Pogacar en Galibier. Si ha aprendido la lección, ahora el esloveno será más ciclista y menos temerario. Pogacar, en el Galibier, salió a todos los ataques. Ahora, lo está lamentando. El Galibier le capó las fuerzas posteriormente camino del Alpe D´Huez y en la ya mítica etapa del Granon perdió el amarillo cundiéndole la sorpresa. Ya se sabe que es tradición afirmar que quien llega de amarillo al Huez, suele ganar finalmente el Tour.

¡Oh, aquella carretera maldita y durísima! ¡Aquel sol de verano! ¡Aquel Galibier gigantesco e imperial en donde quien la hace, la paga caro ...!

Ese goloso salir espadachín con muchos kilómetros de ascenso por delante. Molaba que no te atacasen con garra y consecuencias. Sentía Pogacar que aquello no podía estar pasándole a él, que sube las montañas como un juego embalado. Como un conejo imparable. Con un cambio de ritmo inabordable ...

Aún no se sabe si Pogacar podrá recuperar. Porque queda menos montaña y porque le han dado en la crin de su moral. El danés Vingegaard está seguro y crecido, agradece a Jumbo sus apoyos en todo momento, y se cree su victoria. Ahora, cada vez que demarra Pogacar, Vingegaard se cose a su rueda trasera porque se lo cree, puede, tiene confianza, y ha sabido leer mejor la gran lección del mítico Galibier.

Vingegaard vive con el premio a su arrojo y valentía, a su capacidad de creerse que lo puede ganar todo tras el hundimiento de Pogacar en la maravillosa etapa con final en Granon, y sabe que Pogacar también es humano y que el Tour pone a cada cual en su sitio. No basta con ser gran ciclista, ya que el ciclismo tiene muchas más claves que casi habíamos olvidado. El Tour también es academia y estrategia.

-Y DECIDE CON TODO EL RIGOR-
 

miércoles, 13 de julio de 2022

- SILLA. -


Silla blanca, madera de madre naturaleza, silla compleja, delicada, vanidosa, eterna, carismática, chiripitifláutica, heterodoxa y con buen propósito.

Silla de últimos trenes, silla excesiva, silla que siente y ama, silla singular, moderna y solitaria, silla con las patas en el suelo, silla de carencia, silla de Sabina ese que canta, silla de Abril que saca flor, silla de planta y ramita.

Silla sin mesas, sin platos, sin pasado, silla top, silla vademecum, silla de radio, silla de espectáculo, silla americana, silla de kamasutra, silla que epata, silla de Valencia, silla del mundo, silla humanista.

Silla solo para ti y para mí, silla familiar, silla que nunca renuncia, silla de euforia y meditación. Silla resistente como el granito. Silla como una vida, como un río, como un sobreesfuerzo necesario y más que conveniente.

Silla de sueños, silla de tod@s, silla de viento y música, silla de plantas y belleza, silla de la pipa de la paz, silla traviesa pero noble, silla inexperta y genialoide, silla desnuda, silla con todos los sentimientos y de arcoiris de emociones. Silla, silla, silla ...

Me levanto finalmente de la silla. Con fuerza y decisión. Siguiendo la dirección de mi corazón y de mi ser. Sí. Me levanto. Y sigo caminando. Siempre, caminando. Hasta el último segundo, caminando ...
 

domingo, 3 de julio de 2022

- MARCIALITO. -



Bajito, humanote, simpático y mandón. Jubilado. Nacido en Jaén y criado en Valencia. Marcialito, vitalidad sin igual.

Sí. Es Marcialito. Delgado y enjuto. Lleno de energía y de vitalidad. Claro y campechano, irónico y desdramatizador. Apasionado del fútbol. Y del tenis, y del baloncesto, y del pádel, e hincha acérrimo de su Levante U.D.

Marcialito no se complica la vida y la acepta con optimismo. Juega con los sinsabores y con los placeres. E insisto: su pasión es el fútbol. Si quieres saber algo de fútbol o se te ha olvidado algún evento o acontecimiento futbolístico, no dudes en preguntarle. Saldrás de dudas.

Marcialito es educado y de sonrisa agradable. Pero tiene sus ideas sobre la realidad, y lo que piensa raramente se lo calla.

A Marcialito le gusta iniciar las conversaciones y apostillarlas con un asentimiento al finalizar dichos intercambios orales.

Sí. Marcialito está delgado. Es fibroso y no se pierde nada. Y todos los findes se machaca jugando al tenis. Le gusta mucho jugar al tenis con sus más jóvenes amigos. Lo necesita. Marcialito precisa sentir su sudor y sus esfuerzos, y te habla con audacia y decisión acerca de su recién descendido a Segunda, su Levante del alma.

Marcialito afirma que como es de Jaén, de pequeño su equipo era el jienense. Y además el Real Jaén viste como su equipo galáctico. De blanco. Como el Real Madrid, que parece de dibujos animados. "Ganan, porque corren y justifican el dinero que cobran ..."

Se hizo del Levante U.D. al poco de llegar por trabajo a mi ciudad valenciana. Trabajó toda su vida en una empresa de grabados y prensas, y el ambiente laboral le enamoró, le sacó de su precariedad de origen, y sus amigos eran del Levante.

Y cuando Marcialito pisó el Estadio levantinista, ese sabor aficionado le recordó a su tierra humilde jienense de su cuna. Más levantinistas que Marcialito, van a haber pocos. Pero no se lo digas, que hasta se puede molestar. Él será uno más. Y tiene carácter.

Tiene una hija maravillosa a la que adora. Se casó tarde y se separó mucho más tarde. Y el amor a su hija le hace abrazar al fútbol femenino. Su hija, juega muy bien al fútbol. Y nos dice que ya quisieran muchos de los hombres, parar y tocar el balón como lo hacen las chicas.

Si es cosa de adaptarse a la actualidad y a las emociones, se habrá de contar con Marcialito. Tiene mucha vida a cuestas, y aunque es cauteloso y hábil, cuando está a gusto dice lo que le apetece.

Y afirma que el mejor fichaje del Madrid es Florentino, y que los chotos del Valencia prefieren que les malgobierne el chino Lim, el cual ha venido a hacer negocio con el club de Mestalla y que eso nos parece muy bien. Y que no le vayan con cuentos. Donde esté España, los demás países pueden esperar.

- "¿Qué valenciano se ha propuesto coger el club de Mestalla y devolvérselo a los aficionados, que son realmente el club? ..."

- "Marcialito. ¿No crees que el "comandante" Morales no debería haberse ido del Levante hasta que el año que viene vuelva a subir a Primera?..."

- "¡Pues, no! ¡Morales ha dado todo lo que tenía que darle al Levante! ¡Ahora se merece un premio en Primera por lo que ha hecho por nosotros! ¿Vale? ..."

Generoso es Marcialito. Nunca dirás la edad que tiene. Fallarás en el pronóstico. Y sé que difícilmente Marcialito será con el azote de Cronos un abuelo convencional y decaído que acabe con sus huesos en una anónima residencia olvidada.

Marcialito tiene muchísimos amigos y algunas amigas muy privadas. Y esa hija que tanto adora, y ese Barça fenomenal femenino campeón con Alexia Putellas. Y las chicas serán siempre unas fenómenas, porque son el espejo de su hija; su niña de sus ojos.

Marcialito sabe que vivir se hace y no se piensa, juega al dominó como pocos, es un diccionario de cosas que han sucedido y suceden, nunca se queda sentado haciendo la siesta en un comodón sillón, y sus amigos del alma que son como sus hermanos, saben que si le necesitan para cualquier cosa, él estará allí.

-SE HACE DE QUERER-