lunes, 6 de abril de 2026

- CINE: DEN SIDSTE VIKING. "EL ÚLTIMO VIKINGO". -

 




Emociones. Todas las emociones. Toda la tribu social. Todas las tribus que nos movemos en el mundo. Violencia y verdad, la imperfección será la bandera de la realidad.

El caos es la locura. Pero la locura son muchas cosas vivas, las cuales le dan acción y ritmo al periplo vital. A la vida, en una dimensión global, conjunta y tremendamente humana ...

Un guión menor no opaca a una película extraordinaria. Ha habido un robo, a alguien le encarcelan, va a desenterrar el botín, su hermano no sabe en dónde está dicho botín porque ha perdido la razón... Uno de los hermanos es una bestia implacable de violencia para quien no existe el dolor de todos los demás, una terapia aparente de idos que dirige otro que también está loco. Es un peliculón en donde casi todos están "locos" ...

El padre les ha maltratado en la infancia, y ha sembrado la muerte, y ha fastidiado el buen crecer de sus hijos. Los malos tratos.

Y cuando hablo de un padre, puede ser el padre de un saga, el jefe de una tribu, quien manda en el Sistema, todo Poder enorme, y hasta me viene la idea de un creador. ¡Coño! ¡Del Creador! Del Creador por excelencia. El gran poderoso es Dios. Y se ha hecho la vida y con la vida. Y hay muertes, tarados, gente que se creen otros, personas con varias personalidades, cambios en el modo de pensar, el aparente psiquiatra loco, el que como de espectador acabas teniendo que reírte a carcajadas de tanta violencia y de tanto despropósito mental.

La identidad. Se nos insinúa o dice claramente, que seamos lo que nos dé la gana. Y en "El último vikingo" cuesta ver un fingimiento o un a propósito. La cosa más loca parece encajar y tener sentido. Y entonces tengo que pensar en que también existe una libertad inmensa que nos trae y lleva.

La muerte del padre suena a Freud. Como la atracción sexual que se percibe pronto. La belleza, el deporte, los bosques cerrados y maravillosos que tienden a opacar o clausurar los crímenes, percances o misterios. El fuego del impacto. El árbol que sepulta. El tiempo frío, gris y lluvioso. Pero todo es belleza. La belleza golpea con sus puños el saco en ejercicio. Y la belleza no será solo playa, chicas en bikini, solazo, temperatura calurosa, o alta mar azul y brillante de donde apareció la vida. Puedes apreciar que falta sol. O te crees que falta sol ...

El ritmo de este film lo marcan unos locos inocentes en busca y en creación de autoidentidades de supervivencia, su música loca, los mamporros, las moraduras, los golpes que hinchan las caras y cierran los ojos, y el imperio latente de los cuernos y de las tradiciones vikingas, reales e imaginadas.

En esta película llena de emociones, cabe absolutamente de todo. Somos juguetes que podemos hacer ruido en cualquier momento.

Al final, la voz en off nos dice que el hacha acaba con orden hasta que sucumbe el último gran jefe del Poder. Y que entonces, en ese momento, parece reinar de un modo maravilloso la esperanza y la serenidad.

Es como si se nos dijera que cuando nos hayamos matado entre todos y hasta con obediencia impecable, entonces ya no seremos evidentemente ni tan importantes ni tan protagonistas. Y entonces no habrá terminado ni la vida ni el mundo.

Y así las cosas, este mundo será de una puta vez sosiego y paz, alegría y serenidad. Porque el mundo con o sin nosotros, debería ser eso mismo.

-MÁS QUE EMOTIVO FILM.-

lunes, 2 de marzo de 2026

- D. RUIZ, GENERALISTA. -



 

Bajito y de tez morena, afable y educado en extremo. Jubilado y algo delicado de salud.

Se sienta conmigo en la mesa del restaurante y come con unos amigos comunes. A mí me mira con agrado. Y a veces siento que me mira demasiado. Pero solo es una impresión personal. Porque el doctor Ruiz se abre a todos.

Se muestra prudente en sus juicios y es difícil saber por dónde van sus pensamientos y sentires. Ruiz es un hombre muy atento. Le gustó ser médico, y no le agrada que le llamen "de atención primaria", sino generalista. Como antes se denominaba su labor médica.

El galeno chocó con la tecnología de los ordenadores, pero su chispa no fue por ahí. A Ruiz le gustaba esperar y explorar, mirar a la persona y a su ser, y entonces decidir los estados y las derivaciones.

Aunque confiesa ser un apasionado de la Medicina, está abierto a la Historia y a hurgar en su propio criterio. Porque también le encanta el atrás, el otro mundo ya analógico que no parece contar. Apenas confiesa que perdió hace un año a su mujer, y que él está malo del corazón.

Me pongo a hablar de los viajes de Colón al Nuevo Mundo y a su descubrimiento, y el doctor Ruiz me mira fijo y sonriente, y me dice que no me crea demasiado lo que se dijo acerca de los viajes.

Me dice el doctor que pocos saben que Colón disponía de una brújula sofisticada que judíos como él, le habían proporcionado.

También el doctor fue marino. Y vivió mucho. E intentó entrar en el emblemático buque "Juan Sebastián Elcano", pero las condiciones de ingreso fueron para él demasiado inalcanzables. Y Ruiz nos muestra una foto suya de marino militar, y otra foto en la que se le ve bien orgulloso de su abuelo, el cual nos cuenta que ese sí llegó a ser el número 2 del citado buque emblemático y español "Juan Sebastián Elcano".

De todo o de casi todo le gusta charlar al doctor Ruiz. Porque ahora, el doctor le encanta charlar de su currículum, de lo fascinante que es el mar, o de la fuerza imparable de los vientos y de las corrientes que son capaces de llevar y transportar a los objetos y cosas durante millas y más millas de distancia: "Colón no iba tan desorientado como se cree", afirma convencido el doctor añadiendo una sonrisa.

Yo, le arreo en la intimidad, descubro que es generoso, que está delicado del corazón, y que se desvive por sus ex pacientes. Un amigo tiene un problema, y el doctor Ruiz al acabar la comida le promete auscultarle y tranquilizarle acerca de un quiste.

Logro uno de mis objetivos casi sin querer. No quiere hacer nuevos amigos. Es como si se sintiera deudo o nostálgico de los afectos o de las sensaciones de otrora, como cuando vivía su mujer. Se niega a viajar, y zanja pronto la cuestión so riesgo de tensarse.

Casi toda la conversación ha sido un humano viaje alrededor de sí mismo y de sus creencias. Le gusta América, le atraen las hazañas de otrora, le encanta su pequeño pueblo natal sito en la Serranía de Cuenca, y habla de los hermosos animales ibéricos y familiares que le sorprenden y admira. Y el doctor Ruiz ama la sorpresa y la ciencia de su país. Su riqueza autóctona.

El doctor es ético, chapado a la antigua, pero sus ojos vivos y fijos en tí, te hacen ver que sigue sin conformarse con la información que le llega, y quiere más.

Estoy seguro de que echa de menos el volver a su amado trabajo, te observa mucho como lo hace un doctor apasionado, y además se adapta a tí con la experiencia que encontró en el transcurso del ejercicio de su profesión. 

Ruiz es contradictorio y nunca revelará su dolor. Porque posee un juramento hipocrático inabordable e innegociable. Y se lo aplica a sí mismo con el rigor de un etrusco.

-Y DE OTRO TIEMPO QUE TAMBIÉN ES ESTE-