miércoles, 22 de noviembre de 2023

- DJOKOVIC, ¡EL CHACAL QUE SIEMPRE RUGE!. -




"Nole" resiste majestuoso el paso de los años y con renovado hambre de tenis. Federer se fue, y Nadal se mueve entre sus esperanzas de su último año.

Italia. El Torneo de Maestros. Novak Djokovic se cuida y madura cincelando sus pasiones de ira. ¡Majestuoso! El "chacal" serbio se ve fuerte y orgulloso. A sus treinta y seis años, sigue sacando como un martillo pilón y restando como nadie. Lo había pasado decepcionado con su derrota con el italiano Sinner, y aguardaba confiado vengar tal batalla parcial. "Nole" y su orgullo. Su resistencia física y su  impronta de campeón, el cual sigue sin techo de récords.

Gestos suaves y confiados, físico que no quiere perfilarse al de veterano en formas, una roca inédita, un tenis de fábula y toda la experiencia del mundo.

Djokovic se sigue divirtiendo en los momentos terribles del funambulismo mental. Cuando la mente se erosiona y sale el no de la frustración, en el serbio se abre una magia de confianza y contraataque que mata.

Insisto en que parece haber domado todo caballo, el grito adverso, el juez erróneo, o todos los elementos de la negatividad tenística. Sí. "Nole", sonríe. Es una sonrisa contenida, de placer personal, con esos ojos históricos y picaruelos. Como ese padre protector del Olimpo en el que debes confiar, porque sus rivales le han cogido yuyu. Nunca te sientas ganador si juegas contra este titán de la naturaleza que siempre quiere más.

Es, Italia. Recientemente. En donde estaban los veteranos, las promesas y la proyección de grandes jóvenes estrellas. Ahí Djokovic miró a su alrededor. Era importante ganar al local Sinner, pero finalmente no lo logró. Pero el Masters 2023 aún no había terminado.

Alcaraz confirmó que ahora no cree demasiado en su juego, y el "chacal" olió la sangre. El ruso Medvedev volvió a defraudar. Y Novak se dijo a sí mismo que en este Torneo de los mejores, no dejaría lugar a las dudas.

Y comenzó la gran final. "Nole" mantenía los saques y los movimientos serenos. No le gustaban las decisiones arbitrales, pero protestaba con mesura y sin estrépitos. Porque por encima de todo, quería jugar al tenis. A su tenis. A ese saque. A ese dominio del juego que te derrota mucho antes de lo que puedas pensar.

Lo que ha hecho de nuevo en la Final de Maestros, ha sido un verdadero clinic de portentosa sabiduría. Tomó el mando desde los primeros juegos, y decidió hacerse un pulso a sí mismo. Y su cabeza emuló a la de la Rafa Nadal. Y se dijo para sí que la clave era seguir y seguir. Sin miedos.

Sinner es ahora el mejor tenista tras Djokovic. Pero eso a veces es un reto tan amplio como ser el quinto o el décimo. El "chacal" tiene ganas y le dio una patada elegante a las dudas. ¡No! El Masters no podía tener otro dueño que él.

Y ante algunas pelotas adversas y negativas, el as de Belgrado decidió y consiguió que su rostro se serenara casi sin esfuerzo a pesar de las presiones que este duro deporte propone.

Jugar una final tranquilo y relajado. Sabiéndose ganador de principio a fin. Mandando al Damocles de su edad al infierno del futuro. Coqueteando con el dios Cronos. Sin descomponer la figura. Como un cowboy o un torero. Como quien sabe que gana. Con la grandeza de no bajar nunca excesivamente la guardia. Acompañando a sus golpes colosales con la deportividad de quien se sabe pletórico y feliz. Hasta el último punto del último juego de su victoria. Y, ¡olé! ...

El año empezará en Australia ya con un favorito. Un nuevo año en el gran podio. Novak ha sido el mejor con diferencia en 2.023. Siempre será genio y figura. Nunca un embajador que atraiga diplomacias. Pero todo el mundo sabe, que es uno de los tenistas más maravillosos de la Historia. Unos discreparán acerca de si es el mejor, y otros no. Pero "Nole" seguirá convencido de su orgullo de campeón.

¡QUÉ GRANDE ES!

 

domingo, 19 de noviembre de 2023

- VIAJE DE UN PARDILLO REBELDE. - (PARTE II. )



Segundo día en el Hostal. Mucho silencio. Serán parejitas los de las habitaciones contiguas con baños a compartir. Nos evitamos mucho los unos a los otros. Así va el mundo. A veces es celo de intimidad compartida. O, novietes y novietas. Es mejor el romanticismo del silencio y del misterio. Afuera, siempre hay follón, pero es un jolgorio tolerable y contenido. No nos llevamos mal.

¿A dónde ir un sábado en Madrid, con piernas lesas, sin un duro, y con desconocimiento supino de las distintas líneas de metros y autobuses? A la aventura de la valentía, la cual desecha el agua que amenaza con echar tímidas gotas. Esto es otoño, es Madrid, es suavidad, son ganas, es vida ...

Avanzo tranquilamente por una calle que imaginé que me gustaría. La calle del Barquillo. Es bonita, tradicional, no engaña a nadie, y da muchas pistas si quieres conquistar la Puerta de Alcalá. ¡Ahí está! Se me antoja corta la Gran Vía, y exuberante la calle de Alcalá. Alcalá está para hacer pasacalles cañí y hasta con elegancia. Alcalá abre muchas partes al despistado turismo y te da claves y mil anécdotas. A mí lo que más me gusta es el paisaje urbano: las personas. Por eso es preciso y necesario que yo me lo pase bien. 

La Puerta de Alcalá está en obras, y el Retiro esperando que las rotas ramas caídas a lloro por el temporal, desguacen su magia interior a los turistas intrépidos que invadimos la mañana madrileña. ¿Fotos? Yo no quiero fotos apenas, y sé a lo que he venido en esta quasi extraña escapada de finde. ¡Yo he venido a estar! ... Quedaos con esta frase. Resume bien.

Una chica chino/japonesa y yo, queremos y pensamos lo mismo aunque por razones de idioma y actitud, no nos da la gana decírnoslo. Daría igual. Le echo tema y me voy hacia la moza y bella joven asiática. Va de solitaria heroína avanzada. Tiene andares de discreción y ambición. Es lista.

No sé en qué idioma le digo si puede hacerme a mí una foto en la que se me vea con la Puerta de Alcalá en obras al fondo. La Puerta de Alcalá me abre muchas cosas. La luz, la vida, el descanso, la necesidad y la maldición que le tiro a Netanyahu. La chica oriental sonríe con cara bonita de circunstancias, y me hace la foto. Su respuesta es mueca profidén. Pero yo soy español y la insisto. Le digo mal dicho si ella quiere ahora su foto. Su respuesta no es solo un tajante y definitivo no, sino que pone tierra por en medio. No me extrañaría que en realidad esta joven fuese americana y participante en los grandes torneos del golf mundial. Lo malo es que volvemos a encontrarnos en la closed puerta del Retiro, y aunque yo todo lo disimulo, la china debe pensar que hoy todo sale mal y que encima hay un viejales oportunista persiguiéndola y dando por saco. Nunca hubo ni habrá amor entre ella y yo. Solo es el otoño ocre y evidente de la calle de Madrid. Madrid, es calle. Si eres de Madrid y no eres calle, entonces te falla algo. Las grandes ciudades, necesitan mucha población para disimular que son excesivas.


Estoy casi seguro de que, al principio, Madrid no fue capital de España y por una razón. No tiene un palmo llano y todo son desniveles. De modo, que aconsejo que se haga running en Madrid. Sus beneficios serán mucho más eficaces que en Valencia. Muscularmente, un deportista de Madrid, si entrena, lo tiene todo para destacar y casi sin moverse de su barrio. Casi todo son subidas y bajadas. Por eso intuyo que antes de la invención de los vehículos a motor, el Poder escogió otro lugar para el placer, la ostentación y el sosiego. ¿Valladolid? ...


El día estaba en la incertidumbre. Que si llovería, que si no llovería, y eso en los maduritos influye mucho. Si hay indicios de llover, entonces nadie sale a la calle. En cuanto el panorama meteorológico se despeja, entonces sale toda la grey a granel y a la masa. Fuenteovejuna. No me extraña que en la calle en donde me hospedo, pone que esa es la casa en donde murió el gran Zorrilla. Basta un resbalón y una edad, para llegar tarde a un Centro sanitario. En Valencia hay mucho reumático, y aquí debe haber muchos impactados de huesos y otras zonas.

¡Oh, la calle de Alcalá! Y no digamos el Paseo de la Castellana. Yo, estaba aburridamente indeciso ante el tiempo inestable, y mis piernas agobiadas por la jornada anterior, y me dejé llevar por el deseo suelto: ¡Voy a ver el campo del Real Madrid!... Pero, ¿cómo se hace éso? Iré en autobús a ver. El metro me trauma. Ya tuve bastante acción ayer en el suburbano. Algún bus irá. Preguntaré.

Pero nadie sabe nada, y lo peor que puede pasarles son las dudas. Hasta que finalmente apareció alguien. Nada más y nada menos, que una mujer que andaría más cerca de los setenta que de los sesenta años. ¡Rosalía! Dice llamarse Rosalía, exculpa a los del metro diciéndome que no hay dinero y de ahí el poco personal, y que está segura de que la línea 27 me llevará al Estadio que preside Florentino Pérez. Y me dice más; mucho más. 

Yo, voy conociendo el acento madrileño. Es un hablar claro, y que tiene una decisión. Es suave y puede ser enérgico al terminar las frases. Rosalía se convierte en mi Cicerone, y para ello repite hasta un mínimo de seis veces, que las personas de Madrid son en extremo hospitalarias. Y entonces me dejo llevar y hacer por Rosalía. La mujer me reconoce mi paso tranquilo, y rememora sus tiempos lejanos de amor y noviazgos por La Castellana. Porque La Castellana es mucho Madrid. Es un cacho cachísimo de la ciudad. Hay obras; muchas obras. Rosalía está encantada de realizar su labor. A mí me trata como a un marajá. Me lo está haciendo  todo bien. Quizá, demasiado bien. Se enrolla tanto y quiere que no la interrumpa con la pistola final de mi hablar, que acaba pareciéndome una pesada a la que no quiero ver más, al menos en un tiempo. Me deja en la parada de varios autobuses, y entre ellos el 27 dichoso. No se explica bien, pero se explica. ¿Será que es una mujer sola y que yo la distraigo con mi bisoñez e inocencia? ¿Seré su presa? ...

Madrid son los Andes. ¡Benditos Andes! Aquí hay indígenas de esa zona en cantidades importantes. Que si la parada Cuzco, que si la calle Callao, que si Lima, que si muchas personas de estas latitudes por todos los sitios de escaso nivel económico. Como yo. Pregunto a un indito y me dice que la línea 7 va al Bernabéu. ¡Que le den a Rosalía! ...


El fútbol y la aventura. Frío ventoso. La "ventisca". El 7 está muy lejos para mí del Estadio. Mis piernas y mi cerebro dicen que lo ha jodido todo mi frivolidad. El fútbol solo es templo moderno y decadente. No se sabe si el fútbol es 2.023 o si la pureza de este deporte no fue anglo sino maya. Más que medieval.

La realidad es tozuda. Un kioskero me dice que el campo de fútbol está ahí. Ahí, son quince minutos de reloj. Y, no se ve nada deportivo en el horizonte... ¡Coño! ¡Un ovni! Sigue sin verse nada, pero ahí hay algo alto metálico que son obras de remodelación. ¡No se puede ver desde afuera la fachada mediática en donde pelotea el Madrid de Vinicius o Courtois! ...

No es mi día. Un marginal quiere venderme una camiseta del Real Madrid, la cual habrá robado y que está sucia, por veinticinco euros y con frío. Le digo algo, y me la rebaja a veinte euros. Insisto en que no, y se acuerda y caga en toda mi familia y amigos. Yo no le hago caso. Es pequeñito y yo anchote, y hace frío de preocupación porque estoy cansado y porque ya llevo tres cruces de calles dado que la gente se contradice y me desorienta más. ¿Dónde diablos y por qué no hice caso a la santa mi Rosalía tan amable, gentil, alta, y con una escasa lordosis? ¡Joder! ...


¡De milagro llego a la calle Alonso Martínez! No la sabía ni el conductor del autobús de no sé qué línea. Así que, ¡yo encontré el camino! ¡Solo yo! Y eso que no sé nada de Madrid. Pero se ve que hay mucha especialización, contrato precario, y demasiadas preguntas continuas y recurrentes. El conductor agradece mi intuición de lince. Ibérico, claro ...


Es la hora de comer y no hay nada. En findes, la gente escapa de estos lugares. Hay decadencia y apuesta por otros barrios. ¡Que me lo digan a mí, que lo palpo en el mío de Valencia! ¿Iba a ser esto una excepción? Esto son cafeterías de estudiantes, guiris y gente joven entre semana, y a descansar el finde. ¡No hay nada! Y mis piernas no pueden más.

Y cuando la batería de mi cuerpo marca 23, se produce un milagro. ¡Un bar vacío en sábado de fin de semana! ¿Sueño? ¡No! Es real. Una fabada, merluza, postre e infusión, quince euros. 

Lo estaba pasando tan mal, que no pienso siquiera en los quince euros. Que, ¿si el bar está vacío? ¡Sí! Calentito y vacío. Será por poco tiempo. En seguida llegan grupos de gentes. A mi lado se sientan veinte cuarentañeras, y el mito de que la mujer habla, no se tambalea. Parecen más universitarias, profesoras o algo así. No van maquilladas, están desinhibidas, y entre sus manos hay vasos de vino tinto y cerveza. Apenas comen unas ensaladas. No quieren engordar. Lo pasan muy bien. Ríen y gesticulan casi con apasionamiento. Ellas son felices, y yo estoy preocupado por si podré levantarme de la silla para pagar, y después subir los tres pisos sin ascensor de mi hostal. ¡Mérito y cojones! No queda otra. 

Me meto en mi residencia, me tiro sobre la cama y me quedo frito arriesgándome a que la obesidad se sienta más libre y capaz. Se ve que he roncado. Cuando por fin despierto, no sé si es sábado o domingo, ni me importan mucho ni Madrid ni mi Valencia. ¡Pero he sido coherente tras un día demasiado juvenil e inmaduro! He de medir más las consecuencias de mis actos.

Dicen que no escribo mal, y ahí sigue poniendo que en esa casa murió Zorrilla. Como me de un resbalón estando sin fuerzas, en esta calle habrá muerto un maestro y un alumno. Mañana será otro día. ¡Viva España! Y por la tarde, solo bajo y subo para comprar algo. Una hora nada más. Hago bien. Relajo en lo posible mis articulaciones. Aquí no se muere nadie.

-FUE HERMOSA MI AVENTURA.-


 

lunes, 13 de noviembre de 2023

- VIAJE DE UN PARDILLO REBELDE. - (PARTE I. )



Así se llega antes a los sitios: horadando la tierra. No hay paisaje bonito que mirar. Es necesario que tengamos prisa para llegar a los sitios.

En el AVE hay una tele minúscula que no la puede ver nadie. Además todo es tan rápido que habrán de tirar de cortometrajes. Cada uno se apaña con su maleta, pese dos lápices y un móvil, o pese veinticinco kilogramos. 

En el tren hace frío. Te tienes que abrigar. En la pantalla pone todo el rato que vamos a doscientos sesenta por hora. O más. Pienso en la divertida Fórmula 1. Aquí, el podio es llegar antes. Hoy es utópico. Aunque hay mucho oscuro, y no veo nada más que un árbol en todo el recorrido. Al llegar a Madrid Chamartín, la gran máquina de la ilusión pierde el fuelle, y ya en la estación definitiva aquello empieza a ir muy despacio y se va deteniendo. Demora final de al menos un cuarto de hora. Tan rápido que fue todo el tiempo, para acabar asaltando muchas impaciencias. La utopía, es posible que nunca pueda existir.


Llego al metro, cual paleto en vivencias, a la busca de información. Solo hay auxiliares en la generosidad. Le preguntan a un guardia de seguridad, el cual no ha debido dormir la noche anterior. No sabe nada, ni tiene el menor interés en sacarnos de las dudas. Si eso dura un minuto más, apuesto que un latino de los que veo a decenas, recibe un rascón de porra. Haya paz. Yo voy por las calles del metro sin saber cómo. Una chica tan generosa como esquiva, le mete un click a la máquina de la tarjeta del metro y me cuela. Es la única manera de recargar mi tarjeta muerta. Pero sigo sin saber qué línea es la que debo tomar para llegar a mi Hostal. ¿Qué es la información si no eres de Madrid y no acostumbras a mirar el internet del móvil para intentar acortar complejidades? ...

"¡A ése de ahí!" ... Alguien me dice que un tipo frío y espigado que trabaja en esas cosas, me ayuda y me recarga la tarjeta. ¡Que tenga suerte en la vida y progrese en su trabajo! Lo merezca, o no. Me ha ido salvando la vida "métrica" en mi tierna y extraña tierra conquistada. Madrid me está matando.

Meto mis cansados pies en una línea de metro, e in extremis. El universitario que espera en el andén en el que estoy, me dice que es ese que viene y que falta un minuto para que pase. ¡Oh, gracias! Juventud, divino tesoro. El chico es alto y pijo. Y hay generosidad universitaria en su espíritu. Igual hasta juega en algún filial del Real Madrid o del Atlético. Qui lo sa ...

Voy sabiendo lo que es el metro. Es una reunión de amigos, y la única forma posible de que Madrid no sea todavía más gigantesco de lo que es. Si no existiera el metro, no existiría la sociedad viva madrileña. Han de ser amigos. Ir en metro aquí es caminar juntos, hacer running; competir hasta con deportivo respeto, o cosas así.

Veo a madrileños. De entre guiris, latinos, y demás acentos de la Ibérica. Tienen un porte centralista, bien vestidos, pijos, encorbatados, divinas/divinos, todo parece para ellos esperable y sin mayores sorpresas, y un poco de casticismo de sambenito. Me lo merezco por venir de provincias. Estos chicos se parecen mucho a los que salen en las series de la tele, y ellas parecen futuras Penélopes o Amaias Salamancas. Podrían desde mi visión, dar el perfil.

Me veo en apuros. Estoy diezmado. Añoro algo al mediático AVE de antaño. Un negro integrado me dice que me siente en el asiento que él ocupa, y yo todo nervioso me sale decirle que gracias pero que voy a apearme en seguida. Y son ocho paradas y acabo sintiendo unos apuros que casi no sé disimular. Lo mejor y peor, es que sigue entrando gente al metro. El over-booking hace que el negrito no me vea y me tapen sin querer. Encima que se ha integrado el negrito, va un indeciso como yo y le niego su bonito detalle.

Yo, pensaba no solo que me acordaría del nombre de la parada para bajarme, sino que si no me bajaba en la que era, podía estar cuatro kilómetros perdido y sin fuerza en la selva muda de asfalto. No pasó, y llegué. Me doy un suficiente a mi alegre osadía. No sufro efectos postraumáticos tras lo que me ha sucedido en el Underground de la Villa y Corte, pero todavía vivo apresuradamente el recuerdo de la viveza de la gran capital. El ser humano, es porque sobrevive ...

Al salir de la boca del metro, y tras subir dos o tres pisos de escaleras mecánicas, pregunto a gente que no me hace caso por la calle de mi Hostal. Sostengo que solo me socorren las latinas con cara de españolas, porque lo más fijo es que a ellas les pasó en tiempos lo mismo, y están más sensibilizadas con el desconcierto y el dolor ajeno. Hay un espejo espiritual que se refleja. Dos rubias hijas cañís de mi capital, hicieron como que no me veían. Que la vida las sonría.

La chica que me auxilia, me dice que ya estoy, y que son dos calles más para allá, y otra a la izquierda. Que ya se ve todo. Pero me ayuda con el mapa del móvil de su edad generacional y sin clases sociales, y como no levanta la cara del móvil y solo quiere que mire ahí, me impaciento y le digo con los brazos y manos si es por ahí, y ella entiende que su ayuda no es suficiente ante un exigente redomado. Casi no hay ni un gracias ni un adiós.


Llego al Hostal. No se ve nada de hostal hasta que no estás con la misma nariz delante del número del portal. Llamo al timbre, y me abre la amable y profesional voz de una joven gestora de hostal.

Tiemblo, cuando al subir las escaleras con mis piernas machacadas por el esfuerzo anterior, noto que los escalones son de madera, que se nota el "muec" de romperse, y que me caiga al vacío. Es que parece madera vetusta, caducada, como presa del paso del tiempo o de mi ignorancia. Paso yuyu aunque no pasa nada. La chica me ofrece la modesta habitación sin baño. Me entrega las llaves y me dice que no me preocupe porque no va a haber horarios. Libertad. ¡Utopía! Las piernas llevan la batería al 23%, y aún falta la mitad del día. El descanso debe imponerse. Pero aún no he comido. Bajo y busco un bar. Es, carete. Por lo menos para los que no somos del Centro Motor de la Nación. Semeja universitario. Parece interesante lo que veo e intuyo. Hay ligoteo entre desiguales. Ellas son jóvenes, y ellos están pesadotes tras los últimos licores que les lanzan al exceso. Ellas, se defienden, ríen, y esas cosas.
 

viernes, 10 de noviembre de 2023

- CINE DE ESTRENO= "SABEN AQUELL ..." -



Bien hace el director David Trueba en no ir a las tripas del morbo de un personaje popular que nos hizo reír y mucho. Salía en la tele y en los casettes fumándose un cigarro. Y nos contaba chistes con una seriedad extraña. Y todo el mundo se reía con sus cosas.

¡Eugenio! Interpretado magistralmente por David Verdaguer, y "Conchita" su mujer, de cuyo papel se encarga espléndidamente Carolina Yuste.

Eugenio. Un tipo raro y llano. Alto, delgado y con aquellas gafas peculiares y de su época. Trueba nos cuenta desde la literalidad la época de Eugenio. Su sociedad, su contexto, aquel otro mundo en donde éramos jóvenes y esperábamos cosas.

Una España tradicional, post franquista, extraña, usual, que quería reírse de una vez de algo diferente y distinto. España pugnaba por ser nueva, pero nunca es nada fácil moverse de ahí y cambiar cosas.

La mujer de Eugenio, catalana y de origen andaluz. La chica que aspiraba a ser artista y que fue mujer. Mujer enamorada de un hombre especial. Capaz de sacrificarse a la antigua usanza, de renunciar a muchas cosas, y de nunca perder el humor ni la compostura. Conchita es fuerte, cuida a sus hijos, recibe el palazo del cáncer con resignación cristiana, y siempre saca fuerzas de flaqueza con su voz y su guitarra aunque no tenga la genialidad ni la pegada de un crack.

¡Eugenio! Falleció a los cincuenta y nueve años. Parecía un niño grande y poco valorado. En aquella época había muy pocas posibilidades para salir del blanco y negro de lo conocido, y lanzarse al color y a la bendita locura.

A Eugenio parece que no le gustaba contar los miles de chistes que se sabía, y que acaparaba en sus repertorios y actuaciones. Eugenio era un tipo triste, extraño, práctico, no mostrando su miedo escénico y tragándose sus miedos y su visión particular de las cosas.

Eugenio tenía tal autodestructividad, que no le daba importancia ni fe a sus éxitos evidentes. Eugenio, triunfó como humorista, pero como ser humano buscaba un triunfo imposible que no fuera el amor de su Conchita morena de su corazón.

Catalán, Eugenio. A mucha honra y naturalidad. Y comenzando sus chistes por aquel suyo "Saben aquell que diu ..." Quería ser natural, sin alharacas, ganar pasta y ser respetado.

Lo que pasa es que sus ojos con gafas serían mucho más ambiciosos de lo que aparentaría. Eugenio se hubiera ido por ahí con su amor, por el mundo, a disfrutar, a que no le dieran la matraca con los autógrafos o con la popularidad. Parece que la figura paterna le marcó para mal y no supo reaccionar cuando se le fue su Conchita.

La falta de amor propio no fue óbice para que extrajera una gracia para el chiste, realmente soberbia para un tiempo suyo que en el fondo deseaba salir ya del franquismo, coger el coche todos los domingos con la familia y largarse por ahí.

Es una buena reflexión sobre la cara negra y fou del chiste y de su pregonero. El chiste trata de sorprender en la medida que deseamos la risa sin necesidad de impostarla. No. Los chistes de Eugenio te hacían sacar la novedad de quien quiere disfrutar de la vida y no sabe cómo hacerlo. Eugenio nos empujó hacia la utopía del humor sin hacernos levantar de nuestra silla de casa.

Eugenio no era de tele ni de grabación. Aunque saliera mucho ahí. Eugenio era de sala de fiestas, de sus ojos tímidos velados por sus gafas estratégicas, de dejarlo estar y disfrutar sin querer con la magia de sus ocurrencias.

David Trueba nos describe a un Eugenio literal, descrito, humanote, padrazo de todos y de nadie, caradura y niño, temeroso y amoroso, y haciendo juegos con las palabras y las situaciones, y siendo barcelonés hasta las trancas, y vulnerable, y presa de mil millones de tentaciones negadas que pudieron con su resistencia.

-BONITA PELÍCULA. -