sábado, 30 de diciembre de 2023

- ÁNGELES CABALLERO, TALENTO Y RESOLUCIÓN. -



Ángeles Caballero, periodista, mujer, sin complejos, con ironía y haciéndole carasas a la vida dura de la crispación post pandemia.

En sus apariciones en radio y tele, Ángeles disecciona la actualidad política con rigor y coquetería, y sin apartarse de su sinceridad educada y experienciada.

Dicen que era de derechas y que ha virado a la izquierda, pero es posible que su talento le haya hecho descubrir la importancia de la desdramatización, y a la vez las ganas de contar sin pelos en la lengua lo que piensa porque le da la gana y porque debe ser así, y argumentando con esa voz atrevida que busca con su hilo musical desnudar suavemente tabúes, pero con el cuidado de respetar.

Caballero se ríe pero respeta. Conoce bien España. Su país. Las dos Españas. En su familia, en su mundo, en la actualidad, en su dinamismo, y sobre todo en su más que evidente talento.

La periodista vivió la espantosa pandemia del Covid, y salió brillante del análisis que la hecatombre física y mental produjo en España y en el mundo.

Caballero es selecta y nada partidaria de las mediocridades. Y va, y casi de sopetón le van lloviendo señoras y señores que no parecen estar en las esferas de la política. Y entonces decide que no y que no, y que las cosas no deben ser así. Pero ocurre que son lo que son, y entonces como lo decepcionante y hasta sorprendente no te lo tomes con la distancia que el humor propone, acabas pidiendo la ayuda de esa populista y tan cacareada inteligencia emocional de Goleman. 

Ángeles trata de ser una chica normal, que pudo ser pija y que decidió ponerse en jarras para intentar digerir el mundo del Poder un tanto estupefacta, pero siempre sin perder la sonrisa y sin caer en lamentos fútiles y vanos. Las cosas tienen su porqué, y su lógica, y por muy raras que sean, son. Y desde este talante amable y humanista, la Caballero atiza sin complejos a lo que considera que está mal o que debe de estarlo.

Ángeles Caballero sigue con audacia acelerada y contenida a un tiempo, siendo espectadora de una realidad que a veces le da la risa, pero es una risa que diversifica entre peroratas simpáticas, anécdotas personales amargas con finales positivos, y una gran puntería mediática.

Hoy por hoy, parece que en el mundo de la opinión, se la rifan. Esa barbie alocada y más que brillante, da mucha audiencia no por lo que diga sino porque representa el discurso de la mujer de hoy, liberada y sin el más mínimo de los complejos.

Ángeles no parece tímida ni se echa para atrás cuando está entre todo tíos, o expuesta a retos prime times. No denota temor. Parece poseer la fortaleza hercúlea de una mujer que quiere ser exactamente como las demás. No es poco. 

Libertad, frescura y hasta sexy, su discurso sereno e impetuoso. Una voz y una imagen que atraen. Una atracción que no pierde la elegancia ni se lanza aun pudiendo a la coquetería o a banalizar.

Ángeles Caballero es un personaje que este año ha destacado como pocos, que escribe libros, que no viene de estrecheces económicas pero que es capaz con su sensibilidad de ponerse en la verdadera y franca piel de los vulnerables.

Me la imagino leyendo estas líneas,-como si no tuviese otra cosa que hacer-, y cuestionando muchas de las cosas que por ahí han andado. Riéndose, y halagando con agradecimiento mi piropo favorable a su trayectoria profesional.

Los espectadores vamos a consumir discursos de periodistas de raza, de gente diferente que se atreve y sorprende. Y, sobre todo, cuando su claridad en las argumentaciones parece llevar el freno de la paciencia. Éso, sí. Una paciencia fresca y trepidante, personal, contagiosa, válida, y de mujer que propone atreverse sin temores.

-EXCELENTE PERIODISTA. -
 

miércoles, 27 de diciembre de 2023

- EL METRO Y LA VIDA. -



El otro día bajé al metro. Al sub urbano de Valencia. Desde la parada de Ángel Guimerá hasta la de Seminario. Hacía ya bastantes años que no utilizaba este medio rápido de transporte. Y al hacerlo, nuevamente, evoqué un tiempo tierno y humano a un tiempo. Que, en última instancia, fue vida ...

Tuve bien claro tras separarme del que fue mi marido, que nunca más volvería a casarme, y pensaba que estas cosas del amor a mis pasados cincuenta años, serían algo romántico, papirofléxico, absurdo e innecesario. Yo, tenía toda mi independencia, era profesora titular de Química en la Universidad, y mis dos hijos empezaban ya a salir del nido e iban teniendo su vida.

Yo, me volqué en la inercia de la decencia. Era todo nuevo, maravilloso, extremadamente excitante, me sentía plena y más que segura de mí misma, y sentía que podía ayudar y hacer un tipo de relaciones desdramatizadas y hasta un tanto gamberras y absolutamente vitales y trepidantes.

Mi alumno preferido, era Adolfo. Le llevaba muchos años, pero Adolfo era alto, tierno, entrañable y tímido, competidor, impulsivo y muy atractivo. Yo creo que Adolfo no era consciente de la gran capacidad de atracción que poseía. Algunas alumnas me miraban medio sonrientes y envidiosas, y luego ponían cara de serias para no ser descubiertas en sus sentires reales. Sobre todo, las más atraídas por el hechizo de Adolfo.

No sé cómo surgió todo, pero yo creo que fue una sorpresa mutua. Adolfo era un chaval idealista, que tenía pocos amigos y más amigas. Era sensible sin saberlo. Y más de varias veces, se ruborizaba cuando se daba cuenta de que había podido ir un poco demasiado lejos conmigo, y con todas las cosas que hacía y que le rodeaban. Parecía muy frágil a pesar de su físico poderoso, y todavía con muchos tramos de savia verde que deberían ir madurando.

Un día Adolfo me lanzó que yo era su amor platónico para un estudiante como él. Y recuerdo cómo a continuación le entró una risa nerviosa e imparable. Estaba tan turbado y confuso, que yo le tuve que ayudar. Y decidí mirarle de hito e hito, y acompañar su risa con otra mía que pretendía ser una mezcla de cómplice y comprensiva. Y al cesar las risas, siempre recordaré un potente frenazo del metro, que me hizo caer totalmente sobre Adolfo. No caí, porque el muchacho tuvo reflejos y me sujetó. Y yo le eché mucho teatro al frenazo. Pero nuestras manos quedaron juntas y nuestras caras casi pegadas. Y entonces exageré con que me había asustado y mucho, y Adolfo no perdió el tiempo para completar  el resto del recorrido preguntándome camino de la Universidad si yo estaba bien y si se me iba pasando el susto. Yo, no le decía nada, y me limitaba a sonreírle y a mirarle. Y cuando llegamos a la cafetería del Centro Universitario, le cogí del brazo y me lo llevé hacia una de las mesas. Allí me dijo su nombre, su teléfono, que le costaba mucho la Química, que yo era muy buena profesora, y un poco más y me da su DNI. Yo, contribuí a que esa cercanía fuese natural, provocativa, sensual y práctica a un tiempo. Él se enteraba de mis horarios lectivos porque alguna lista se los chivaría, y dos veces a la semana nos veíamos de vuelta a casa en la Estación de aquel entrañable y rápido tren.

Yo, le decía a Adolfo que únicamente era su profesora, y aquello estaba lleno de chicas atractivas y que se buscase una. Pero la verdad es que no le insistía mucho acerca de este particular. Adolfo era tan tierno, que me gustaba, y mi matrimonio me había enseñado que vivir es mucho más rápido que el propio metro. Que, todo es demasiado y descacharrantemente rápido en la vida, y que lo que nunca hay que hacer es estresarse.

Me cuidaba. Era como si hubiese recuperado la soltería, y aquel lugar estaba lleno de juventud, que proponía retos y aconteceres siempre novedosos. Era alta y me preocupaba por mi figura, e intentaba ser una más de esas niñas larguiruchas que abarrotaban el transporte sub urbano.

Un día, Adolfo me llamó Isabel. Por mi nombre de pila. Y yo carraspeé halagada. Me hablaba como a una compañera, como a una hermana mayor a la que admiraba, como a la orientadora de su vida, y con una desinhibición tal que me hacía sin darse cuenta sentirme una mujer especial.

Lo que pasa es que nunca fui romántica, y me gustaba hasta ser una profesora hueso y Adolfo estudiaba pero esta no era su mejor cualidad. Su pelo era rizado y abundante, su cuerpo el de un oso atleta grandullón, y lo demás que lo explique la satisfacción de la continuidad.

Yo, no me desabrochaba los botones de la camisa para agradar a Adolfo, o a otros muchos niños chicarrones y a algunas chicas resueltas y atrevidas. No. Lo fui sabiendo a medida que iba pasando el tiempo tras mi separación de mi ex. Yo iba juvenil porque me sentía atractiva, hasta guapa, y con muchas ganas de recuperar tiempos que otrora nunca pudieron ser. E iba matando asignaturas pendientes sin percibirlo, pero con una gran satisfacción. Y Adolfo me parecía tan vulnerable, noblote y agradable, que lograba ganarme. Le tenía una mezcla de sentimientos, los cuales iban desde los de una madraza con deseo de protegerle, hasta casi una más que amiga de la Universidad.

Llegó un momento, en el que parecía que la invasión de los espacios no nos importaba, y yo decidí que cuando subiera al metro con este chico, nunca más me cogería al pasamanos aunque corriera riesgo de caer por un frenazo del metro. Porque Adolfo estaba allí, bien cerca, bien pegado, bien ilusionado contándome cosas de la clase y de sus compañeras y compañeros, y mirándome con una credibilidad y un atractivo que merecía fijeza de correspondencia.

Yo, seguía siempre sonriendo muy atenta aparentemente a las cosas que descoordinadamente me decía el joven. Y yo me ponía casi de repente como fingiendo una seriedad que no sentía, porque quería sorprenderle para hacerle divertidos registros de mujer, que él podía desconocer.

Sí. Adolfo me decía que no había barreras, y que a veces era lógico que una profesora y un alumno fueran amigos, y que se dijeran cosas sin segundas ni maldad. Y repetía continuamente que no hay diferencias entre hombres y mujeres, y entre edades y posiciones. Y yo, le matizaba, pero al fin y a la postre mantenía la opinión favorable a su pensar, y le aceptaba con una serena sonrisa sus cosas impetuosas que diseñaban sus hormonas y deseo.

Le tuve algunos años como alumno. Era yo quien le tomaba por el brazo y me hacía la débil físicamente, o le confesaba que ese día no me había puesto las medias y que ello suponía un grave error estratégico porque tenía frío y eso debía ser producto de mis años. Pero Adolfo no estaba dispuesto a aceptar que yo pudiese ser mayor. Y entonces entraba en el juego de la risa, y se ponía a defender a todas las mujeres de todas las edades y con el fin de complacerme y de hacerme sentir una chica irresistible y sin edad.

Me arrepentí el día en que le suspendí una evaluación por vez primera. Todavía me río cuando evoco su cara entre enfadada, desconcertada, traicionada, sorprendida y hasta triste. Adolfo no se atrevía a echarme en cara el porqué del suspenso, pero yo sabía que tenía que ayudarle a desembozar unas ideas que no le salían bien. Le dije que le tenía mucho aprecio y que era muy bueno. Y con la mejor de mis sonrisas, le di un golpecito en el brazo. Adolfo, sonrió finalmente ...

No se atrevió a preguntarme si yo daba clases particulares, y yo decidí no decirle nada al respecto para que la cosa no se complicara. Y vi cómo Adolfo comenzó a estudiar y a estudiar, y era tan impulsivo y cabezota que había festivos que no disfrutaba y se quedaba en casa renunciando a lo demás. El defraudarme, parecía haberle hecho demasiada mella ...

Un festivo le eché valor y le llamé a su casa. Cogió el teléfono y casi se atraganta. Nunca podía esperar una llamada como aquella. Debió cambiarle la cara. Le propuse ir a la playa. Era un día de primavera increíble, y él negó y negó hasta confesar abiertamente que le encantaría.

Me puse muy guapa, desenfadada y breve de atuendo, y ya en la playa mostré mi experiencia y le hice sentir tan realmente bien, que el joven Adolfo me miraba embobado. Y en el metro, me dijo que le gustaría acompañarme a mi casa. ¡Y yo le dije que sería un placer mostrarle mi casa con jardín! Nos había dado mucho el sol ...

Entré en casa, hicimos el amor, y al cabo de una hora se asustó y se fue del lugar sin avisar. Y cuando retomamos el contacto, no paró de pedirme perdón por su osadía, y yo cerré su insistencia con un colosal beso en su mejilla. Y Adolfo guardó silencio.


Pasó el tiempo. Adolfo me huía. Tenía miedo a enamorarse o a que aquello fuera a más. El hecho es que me evitaba. Estaba como preocupado por su inseguridad. Y al acabar el curso y con la idea de darle estímulo, le aprobé. Aunque no fueran justas tales notas suficientes.

Ya no se acercó más a mí. Adolfo tenía una nueva prioridad. ¡Las chicas de su edad! Para así mostrar que se arrepentía de su actitud hacia mí, optó por buscar chicas y más chicas. Le vi hasta con negritas, orientales, rubias, morenas, punkies, altas y bajitas; pijas y de extracción obrera. Pero, siempre que se topaba conmigo, se azoraba y ruborizaba. No decía nada.

Un día se me acercó con una chica de aspecto dulce, y me dijo desde el interior del metro:

- "Esta es Adriana, profesora ..."

- "¡Ah! ¡Encantada, Adriana! ..."

Y esta vez Adolfo no parecía fingir sentimientos. La parejita semejaba estar plenamente enamorada y se besaban continuamente sin que mi cercana presencia pareciese incomodarles. Adolfo sonreía feliz y protector hacia su Adriana. Pero yo no me sentí mal, ni defraudada, ni celosa, ni nada de eso. Asumí desde el minuto uno, que lo más importante era embarcarse en el proceloso y rapidísimo río de la vida. Y seguí con la docencia, y vinieron alumnas y alumnos nuevos, aunque quizás nunca nadie de ell@s me recordó a Adolfo. Lo de Adolfo fue una hoja tierna del libro de mi vida. Y yo seguiré bajando al metro cuando lo precise. Como he hecho hoy. De nada tengo que arrepentirme.

-SINO TODO LO CONTRARIO.-

 

miércoles, 13 de diciembre de 2023

-ASILVESTRADA ... -



Descansa en una casa que no es la suya. Elwa, aparenta que descansa. Su cuerpo y su mente deciden crear la idea de que eso es sosiego.

Y a su lado, no hay nadie. Porque el hombre al que está enganchada, ha abandonado otra vez la cama, la estancia y todo. Desde arriba se oye el motor de un coche. Es el de su fatal amor. Y Elwa, casi desnuda, se asoma al balcón. Y desde allí le grita desgarradamente a su hombre que no la deje así, insatisfecha, acelerada, sorprendida, angustiada, carente. con malestar ...

Elwa sabe que el hombre volverá unas horas más tarde. Pero eso no es suficiente para ella. Sus dos hijos, la miran ya acostumbrados al grito y a lo inesperado. Y tratan de reír por adentro. Son dos niños que van alcanzando con precocidad la adolescencia. Solo quieren jugar a soñar que tienen padres convencionales. Y deciden sonreír metidos ambos en un cuarto coqueto, infantil y tierno.

Elwa mira al frente, a sus hijos, pero es como si no los viera o no les quisiera ver. Son demasiada cosa micro para su espíritu atormentado y lleno de furia. Y la mujer vacía en su gaznate una botella de vino, ingiriéndolo con la pasión de un sediento.

El alcohol logra que Elwa vuelva a caerse dormida en la cama. Y cuando suena el despertador y las primeras luces del día invitan a la responsabilidad cotidiana, Elwa no tiene ese ánimo y sí otras prioridades. Se viste a toda prisa, y baja a la calle camino de donde vive Jorge "el fácil". El tal Jorge, es un camello que le proporciona dosis de heroína parece que bastante pura. Pero el traficante de droga de poca monta se niega a darle la substancia.

- "Elwa, ¡hoy no va a haber nada para tí! ..."

- "¿Qué dices, hijoputa? ..."

- "Je,je,je, Elwa. Solo sé que me apetece ahora que cantes para mí solo como tú sabes, je, je, je ..."

La mujer se levanta la camisa y muestra sus voluminosos pechos operados. Se la vuelve a bajar, y le canta a Jorge. Sí. Elwa le canta. Saca todo el arte que le nace de las venas y del corazón. Se estremece entre su cante jondo y desgarrado. Rompiéndose con arte hasta la última estrofa de su canción sentida y profunda. Y al acabar, Jorge le advierte:

- "¡Menos mal que has cantado! Ahí tienes dosis para tres días por lo menos ..."

Elwa vuelve a casa. Se encierra en el baño. Los niños siguen en su cuarto. La mujer esnifa y esnifa. Una hora después, coge a sus hijos, los prepara, los lava y los lleva al colegio. Le dicen que ya hace más de media hora que ha empezado la clase, pero ella los manda a la mierda.

Vuelve de nuevo a su hogar. Piensa que no le apetece hacer nada, y que puede sacar dinero del banco con la tarjeta de su padre. Elwa siente pánico a las navidades. Pero no le queda otra si quiere estar a la altura. Va a casa de su padre y abre la puerta con sus llaves. Le coge la tarjeta del dinero a su progenitor. Éste, está paralizado de medio cuerpo y no se sostiene ya en pie. Pero la ve, y le da fuerte a su hija con el bastón ...

Elwa se avalanza contra su padre. No puede pensar. Golpea tres veces en la cara al viejo, le grita con la fiereza y frialdad de un ser de otro mundo, pero es muy práctica. La lucha física no es nada, al lado de lo que a la mujer le baila por la cabeza. ¿Y si acaba con su padre? ...¿Y si lo mata y luego se clava el mismo cuchillo? ...

Hay segundos emocionales que son siglos. Elwa le roba a su padre casi todo el dinero. Sabe que él no la va a denunciar. Por dos razones. Porque su padre le tiene miedo, y porque no tiene cojones para defenderse y ganar definitivamente la gran batalla. Y una vez sacado el dinero, tira la tarjeta del banco por debajo de la puerta de la casa de su padre.

Elwa siente que llegan las navidades, que los hijos están ahí, que su amor nunca estará cuando se le necesita, que hay que comer, que sin la bebida y la droga no se puede sobrevivir, y que ahora que ya tiene lo que necesita es hora de ponerse guapa y de sonreír convencida de la felicidad.

Elwa va perdiendo el alma, la seguridad, la fuerza y el poderío. Su mundo es otro. Pero lo defenderá con los dientes de una leona, follará con quien sea, se emborrachará y se meterá dosis.

¡¡ Y QUE NO LA DEN POR SACO !!
 

viernes, 8 de diciembre de 2023

- CINE DE ESTRENO= "ANATOMIE D´UNE CHUTE". -



Más que intensa y extraordinaria película de la directora francesa Justine Triet. Potente, y pensada para los sentimientos y lucha de intensidades.

Alguien fallece, y tres mecanismos de Poder se ponen a funcionar. El Institucional, que marcan las leyes y las disposiciones. El teórico, que trata de resolver desde el método psicológico al uso y sin dudas. Y finalmente, las verdades y los universos internos de los protagonistas del luptuoso suceso.

La actriz alemana Sandra Hüller, interpreta magistralmente a "Sandra", esposa del fallecido. Y borda el papel. Es todo un torrente de sentimientos que acaban produciendo más claridad y efectividad que las pesquisas policiales o las iniciales sensaciones judiciales. Que, todo ...

"Sandra", está arrebatadoramente exuberante de pensares encontrados, humanistas, expectantes, durezas y humanidades. No quiere hacer daño a nadie, ama con locura a su hijo invidente, necesita el sexo como necesidad natural, cree en la amistad y también en la realidad. Es culta y experienciada, siempre vital incluso en los momentos de desasosiego o de congojas y pensamientos tan encontrados como reales. 

El amor. El cariño. Un perro gigantón y buenazo. Los demonios humanos. Las debilidades, los tabúes transitados, la muerte, el frío y la vida. La huída y la dignidad, la entrega equívoca, la disputa, la posesión psicológica, la rivalidad, la discusión, los malos tratos, el intelecto, la inmediatez, el refugio, la nieve a veces terrorífica, las dificultades de adaptación, la mirada y la mímica, la perspectiva desde lo alto, las lágrimas, la casa de la montaña, el peligro del escritor al que la salud le está fallando y le impide crear como quisiera y no aceptar sugerencias de ayuda laboral. Cuando se va cayendo ...

Me gusta el niño que no ve. Porque lo compensa, vivenciando. La vida y la muerte no pueden ser stándarts individualizados sino densos y complejos. Sentimientos a procesar. Pulsiones individuales que mutan a menudo para construir y destruir secuencias y conclusiones que nunca serán inamovibles.

"Sandra", ¿culpable o inocente a la vista de los demás? También hay y habrá una culpa interior, en la cual los jueces no podrán penetrar. El psiquiatra se valdrá de experiencias clínicas, de medicamentos frente a la locura, de sospechas de culpabilidades, de la fuerza de la rutina y de lo cotidiano.

Más allá de los veredictos, estará la paz interior. El suicida decide en primera y última instancia. Y a veces le sobran pastillas y le falta amor. Pero, ¿cómo dar ese amor razonado en las dosis más necesarias? ...

A veces, la confrontación parece inevitable y como un Damocles, en las relaciones afectivas. La recepción del auténtico amor se ve en ocasiones taponada por elementos subjetivos, fofos y de extraña dignidad. El desahogo de la agresión y de la violencia no puede resolver nada en ocasiones. Ni el método psiquiátrico acabar con las negras nubes. ¡Malditos demonios de fatalidad! ...

"Sandra", hace ante la Justicia y el exterior, un desnudo total de los poros de la piel de sus sentimientos. Su voz es acompañada por una integridad que va desmoronando sambenitos y prejuicios. El Abogado General, -interpretado por Antoine Reinartz-, trata de acorralarla para que confiese un crimen, pero toda su energía y profesionalidad se tornará baldía y finalmente ineficaz.

Ya en libertad victoriosa, "Sandra" celebra la vida con todavía más pasión y dedicación. Porque en realidad lo único que aquí vale es la libertad de la conciencia honesta de sentirse bien con un@ mismo@.

Colosal trabajo de Sandra Hüller, la cual solo merece loas y méritos. Dos horas y media de intensidad emocional, de humanidad, de incertidumbres, de bella frialdad ambiental, de decisión y coraje, de talento y de excelencia.

- MÁS QUE RECOMENDABLE FILM. -


 

miércoles, 22 de noviembre de 2023

- DJOKOVIC, ¡EL CHACAL QUE SIEMPRE RUGE!. -




"Nole" resiste majestuoso el paso de los años y con renovado hambre de tenis. Federer se fue, y Nadal se mueve entre sus esperanzas de su último año.

Italia. El Torneo de Maestros. Novak Djokovic se cuida y madura cincelando sus pasiones de ira. ¡Majestuoso! El "chacal" serbio se ve fuerte y orgulloso. A sus treinta y seis años, sigue sacando como un martillo pilón y restando como nadie. Lo había pasado decepcionado con su derrota con el italiano Sinner, y aguardaba confiado vengar tal batalla parcial. "Nole" y su orgullo. Su resistencia física y su  impronta de campeón, el cual sigue sin techo de récords.

Gestos suaves y confiados, físico que no quiere perfilarse al de veterano en formas, una roca inédita, un tenis de fábula y toda la experiencia del mundo.

Djokovic se sigue divirtiendo en los momentos terribles del funambulismo mental. Cuando la mente se erosiona y sale el no de la frustración, en el serbio se abre una magia de confianza y contraataque que mata.

Insisto en que parece haber domado todo caballo, el grito adverso, el juez erróneo, o todos los elementos de la negatividad tenística. Sí. "Nole", sonríe. Es una sonrisa contenida, de placer personal, con esos ojos históricos y picaruelos. Como ese padre protector del Olimpo en el que debes confiar, porque sus rivales le han cogido yuyu. Nunca te sientas ganador si juegas contra este titán de la naturaleza que siempre quiere más.

Es, Italia. Recientemente. En donde estaban los veteranos, las promesas y la proyección de grandes jóvenes estrellas. Ahí Djokovic miró a su alrededor. Era importante ganar al local Sinner, pero finalmente no lo logró. Pero el Masters 2023 aún no había terminado.

Alcaraz confirmó que ahora no cree demasiado en su juego, y el "chacal" olió la sangre. El ruso Medvedev volvió a defraudar. Y Novak se dijo a sí mismo que en este Torneo de los mejores, no dejaría lugar a las dudas.

Y comenzó la gran final. "Nole" mantenía los saques y los movimientos serenos. No le gustaban las decisiones arbitrales, pero protestaba con mesura y sin estrépitos. Porque por encima de todo, quería jugar al tenis. A su tenis. A ese saque. A ese dominio del juego que te derrota mucho antes de lo que puedas pensar.

Lo que ha hecho de nuevo en la Final de Maestros, ha sido un verdadero clinic de portentosa sabiduría. Tomó el mando desde los primeros juegos, y decidió hacerse un pulso a sí mismo. Y su cabeza emuló a la de la Rafa Nadal. Y se dijo para sí que la clave era seguir y seguir. Sin miedos.

Sinner es ahora el mejor tenista tras Djokovic. Pero eso a veces es un reto tan amplio como ser el quinto o el décimo. El "chacal" tiene ganas y le dio una patada elegante a las dudas. ¡No! El Masters no podía tener otro dueño que él.

Y ante algunas pelotas adversas y negativas, el as de Belgrado decidió y consiguió que su rostro se serenara casi sin esfuerzo a pesar de las presiones que este duro deporte propone.

Jugar una final tranquilo y relajado. Sabiéndose ganador de principio a fin. Mandando al Damocles de su edad al infierno del futuro. Coqueteando con el dios Cronos. Sin descomponer la figura. Como un cowboy o un torero. Como quien sabe que gana. Con la grandeza de no bajar nunca excesivamente la guardia. Acompañando a sus golpes colosales con la deportividad de quien se sabe pletórico y feliz. Hasta el último punto del último juego de su victoria. Y, ¡olé! ...

El año empezará en Australia ya con un favorito. Un nuevo año en el gran podio. Novak ha sido el mejor con diferencia en 2.023. Siempre será genio y figura. Nunca un embajador que atraiga diplomacias. Pero todo el mundo sabe, que es uno de los tenistas más maravillosos de la Historia. Unos discreparán acerca de si es el mejor, y otros no. Pero "Nole" seguirá convencido de su orgullo de campeón.

¡QUÉ GRANDE ES!

 

domingo, 19 de noviembre de 2023

- VIAJE DE UN PARDILLO REBELDE. - (PARTE II. )



Segundo día en el Hostal. Mucho silencio. Serán parejitas los de las habitaciones contiguas con baños a compartir. Nos evitamos mucho los unos a los otros. Así va el mundo. A veces es celo de intimidad compartida. O, novietes y novietas. Es mejor el romanticismo del silencio y del misterio. Afuera, siempre hay follón, pero es un jolgorio tolerable y contenido. No nos llevamos mal.

¿A dónde ir un sábado en Madrid, con piernas lesas, sin un duro, y con desconocimiento supino de las distintas líneas de metros y autobuses? A la aventura de la valentía, la cual desecha el agua que amenaza con echar tímidas gotas. Esto es otoño, es Madrid, es suavidad, son ganas, es vida ...

Avanzo tranquilamente por una calle que imaginé que me gustaría. La calle del Barquillo. Es bonita, tradicional, no engaña a nadie, y da muchas pistas si quieres conquistar la Puerta de Alcalá. ¡Ahí está! Se me antoja corta la Gran Vía, y exuberante la calle de Alcalá. Alcalá está para hacer pasacalles cañí y hasta con elegancia. Alcalá abre muchas partes al despistado turismo y te da claves y mil anécdotas. A mí lo que más me gusta es el paisaje urbano: las personas. Por eso es preciso y necesario que yo me lo pase bien. 

La Puerta de Alcalá está en obras, y el Retiro esperando que las rotas ramas caídas a lloro por el temporal, desguacen su magia interior a los turistas intrépidos que invadimos la mañana madrileña. ¿Fotos? Yo no quiero fotos apenas, y sé a lo que he venido en esta quasi extraña escapada de finde. ¡Yo he venido a estar! ... Quedaos con esta frase. Resume bien.

Una chica chino/japonesa y yo, queremos y pensamos lo mismo aunque por razones de idioma y actitud, no nos da la gana decírnoslo. Daría igual. Le echo tema y me voy hacia la moza y bella joven asiática. Va de solitaria heroína avanzada. Tiene andares de discreción y ambición. Es lista.

No sé en qué idioma le digo si puede hacerme a mí una foto en la que se me vea con la Puerta de Alcalá en obras al fondo. La Puerta de Alcalá me abre muchas cosas. La luz, la vida, el descanso, la necesidad y la maldición que le tiro a Netanyahu. La chica oriental sonríe con cara bonita de circunstancias, y me hace la foto. Su respuesta es mueca profidén. Pero yo soy español y la insisto. Le digo mal dicho si ella quiere ahora su foto. Su respuesta no es solo un tajante y definitivo no, sino que pone tierra por en medio. No me extrañaría que en realidad esta joven fuese americana y participante en los grandes torneos del golf mundial. Lo malo es que volvemos a encontrarnos en la closed puerta del Retiro, y aunque yo todo lo disimulo, la china debe pensar que hoy todo sale mal y que encima hay un viejales oportunista persiguiéndola y dando por saco. Nunca hubo ni habrá amor entre ella y yo. Solo es el otoño ocre y evidente de la calle de Madrid. Madrid, es calle. Si eres de Madrid y no eres calle, entonces te falla algo. Las grandes ciudades, necesitan mucha población para disimular que son excesivas.


Estoy casi seguro de que, al principio, Madrid no fue capital de España y por una razón. No tiene un palmo llano y todo son desniveles. De modo, que aconsejo que se haga running en Madrid. Sus beneficios serán mucho más eficaces que en Valencia. Muscularmente, un deportista de Madrid, si entrena, lo tiene todo para destacar y casi sin moverse de su barrio. Casi todo son subidas y bajadas. Por eso intuyo que antes de la invención de los vehículos a motor, el Poder escogió otro lugar para el placer, la ostentación y el sosiego. ¿Valladolid? ...


El día estaba en la incertidumbre. Que si llovería, que si no llovería, y eso en los maduritos influye mucho. Si hay indicios de llover, entonces nadie sale a la calle. En cuanto el panorama meteorológico se despeja, entonces sale toda la grey a granel y a la masa. Fuenteovejuna. No me extraña que en la calle en donde me hospedo, pone que esa es la casa en donde murió el gran Zorrilla. Basta un resbalón y una edad, para llegar tarde a un Centro sanitario. En Valencia hay mucho reumático, y aquí debe haber muchos impactados de huesos y otras zonas.

¡Oh, la calle de Alcalá! Y no digamos el Paseo de la Castellana. Yo, estaba aburridamente indeciso ante el tiempo inestable, y mis piernas agobiadas por la jornada anterior, y me dejé llevar por el deseo suelto: ¡Voy a ver el campo del Real Madrid!... Pero, ¿cómo se hace éso? Iré en autobús a ver. El metro me trauma. Ya tuve bastante acción ayer en el suburbano. Algún bus irá. Preguntaré.

Pero nadie sabe nada, y lo peor que puede pasarles son las dudas. Hasta que finalmente apareció alguien. Nada más y nada menos, que una mujer que andaría más cerca de los setenta que de los sesenta años. ¡Rosalía! Dice llamarse Rosalía, exculpa a los del metro diciéndome que no hay dinero y de ahí el poco personal, y que está segura de que la línea 27 me llevará al Estadio que preside Florentino Pérez. Y me dice más; mucho más. 

Yo, voy conociendo el acento madrileño. Es un hablar claro, y que tiene una decisión. Es suave y puede ser enérgico al terminar las frases. Rosalía se convierte en mi Cicerone, y para ello repite hasta un mínimo de seis veces, que las personas de Madrid son en extremo hospitalarias. Y entonces me dejo llevar y hacer por Rosalía. La mujer me reconoce mi paso tranquilo, y rememora sus tiempos lejanos de amor y noviazgos por La Castellana. Porque La Castellana es mucho Madrid. Es un cacho cachísimo de la ciudad. Hay obras; muchas obras. Rosalía está encantada de realizar su labor. A mí me trata como a un marajá. Me lo está haciendo  todo bien. Quizá, demasiado bien. Se enrolla tanto y quiere que no la interrumpa con la pistola final de mi hablar, que acaba pareciéndome una pesada a la que no quiero ver más, al menos en un tiempo. Me deja en la parada de varios autobuses, y entre ellos el 27 dichoso. No se explica bien, pero se explica. ¿Será que es una mujer sola y que yo la distraigo con mi bisoñez e inocencia? ¿Seré su presa? ...

Madrid son los Andes. ¡Benditos Andes! Aquí hay indígenas de esa zona en cantidades importantes. Que si la parada Cuzco, que si la calle Callao, que si Lima, que si muchas personas de estas latitudes por todos los sitios de escaso nivel económico. Como yo. Pregunto a un indito y me dice que la línea 7 va al Bernabéu. ¡Que le den a Rosalía! ...


El fútbol y la aventura. Frío ventoso. La "ventisca". El 7 está muy lejos para mí del Estadio. Mis piernas y mi cerebro dicen que lo ha jodido todo mi frivolidad. El fútbol solo es templo moderno y decadente. No se sabe si el fútbol es 2.023 o si la pureza de este deporte no fue anglo sino maya. Más que medieval.

La realidad es tozuda. Un kioskero me dice que el campo de fútbol está ahí. Ahí, son quince minutos de reloj. Y, no se ve nada deportivo en el horizonte... ¡Coño! ¡Un ovni! Sigue sin verse nada, pero ahí hay algo alto metálico que son obras de remodelación. ¡No se puede ver desde afuera la fachada mediática en donde pelotea el Madrid de Vinicius o Courtois! ...

No es mi día. Un marginal quiere venderme una camiseta del Real Madrid, la cual habrá robado y que está sucia, por veinticinco euros y con frío. Le digo algo, y me la rebaja a veinte euros. Insisto en que no, y se acuerda y caga en toda mi familia y amigos. Yo no le hago caso. Es pequeñito y yo anchote, y hace frío de preocupación porque estoy cansado y porque ya llevo tres cruces de calles dado que la gente se contradice y me desorienta más. ¿Dónde diablos y por qué no hice caso a la santa mi Rosalía tan amable, gentil, alta, y con una escasa lordosis? ¡Joder! ...


¡De milagro llego a la calle Alonso Martínez! No la sabía ni el conductor del autobús de no sé qué línea. Así que, ¡yo encontré el camino! ¡Solo yo! Y eso que no sé nada de Madrid. Pero se ve que hay mucha especialización, contrato precario, y demasiadas preguntas continuas y recurrentes. El conductor agradece mi intuición de lince. Ibérico, claro ...


Es la hora de comer y no hay nada. En findes, la gente escapa de estos lugares. Hay decadencia y apuesta por otros barrios. ¡Que me lo digan a mí, que lo palpo en el mío de Valencia! ¿Iba a ser esto una excepción? Esto son cafeterías de estudiantes, guiris y gente joven entre semana, y a descansar el finde. ¡No hay nada! Y mis piernas no pueden más.

Y cuando la batería de mi cuerpo marca 23, se produce un milagro. ¡Un bar vacío en sábado de fin de semana! ¿Sueño? ¡No! Es real. Una fabada, merluza, postre e infusión, quince euros. 

Lo estaba pasando tan mal, que no pienso siquiera en los quince euros. Que, ¿si el bar está vacío? ¡Sí! Calentito y vacío. Será por poco tiempo. En seguida llegan grupos de gentes. A mi lado se sientan veinte cuarentañeras, y el mito de que la mujer habla, no se tambalea. Parecen más universitarias, profesoras o algo así. No van maquilladas, están desinhibidas, y entre sus manos hay vasos de vino tinto y cerveza. Apenas comen unas ensaladas. No quieren engordar. Lo pasan muy bien. Ríen y gesticulan casi con apasionamiento. Ellas son felices, y yo estoy preocupado por si podré levantarme de la silla para pagar, y después subir los tres pisos sin ascensor de mi hostal. ¡Mérito y cojones! No queda otra. 

Me meto en mi residencia, me tiro sobre la cama y me quedo frito arriesgándome a que la obesidad se sienta más libre y capaz. Se ve que he roncado. Cuando por fin despierto, no sé si es sábado o domingo, ni me importan mucho ni Madrid ni mi Valencia. ¡Pero he sido coherente tras un día demasiado juvenil e inmaduro! He de medir más las consecuencias de mis actos.

Dicen que no escribo mal, y ahí sigue poniendo que en esa casa murió Zorrilla. Como me de un resbalón estando sin fuerzas, en esta calle habrá muerto un maestro y un alumno. Mañana será otro día. ¡Viva España! Y por la tarde, solo bajo y subo para comprar algo. Una hora nada más. Hago bien. Relajo en lo posible mis articulaciones. Aquí no se muere nadie.

-FUE HERMOSA MI AVENTURA.-


 

lunes, 13 de noviembre de 2023

- VIAJE DE UN PARDILLO REBELDE. - (PARTE I. )



Así se llega antes a los sitios: horadando la tierra. No hay paisaje bonito que mirar. Es necesario que tengamos prisa para llegar a los sitios.

En el AVE hay una tele minúscula que no la puede ver nadie. Además todo es tan rápido que habrán de tirar de cortometrajes. Cada uno se apaña con su maleta, pese dos lápices y un móvil, o pese veinticinco kilogramos. 

En el tren hace frío. Te tienes que abrigar. En la pantalla pone todo el rato que vamos a doscientos sesenta por hora. O más. Pienso en la divertida Fórmula 1. Aquí, el podio es llegar antes. Hoy es utópico. Aunque hay mucho oscuro, y no veo nada más que un árbol en todo el recorrido. Al llegar a Madrid Chamartín, la gran máquina de la ilusión pierde el fuelle, y ya en la estación definitiva aquello empieza a ir muy despacio y se va deteniendo. Demora final de al menos un cuarto de hora. Tan rápido que fue todo el tiempo, para acabar asaltando muchas impaciencias. La utopía, es posible que nunca pueda existir.


Llego al metro, cual paleto en vivencias, a la busca de información. Solo hay auxiliares en la generosidad. Le preguntan a un guardia de seguridad, el cual no ha debido dormir la noche anterior. No sabe nada, ni tiene el menor interés en sacarnos de las dudas. Si eso dura un minuto más, apuesto que un latino de los que veo a decenas, recibe un rascón de porra. Haya paz. Yo voy por las calles del metro sin saber cómo. Una chica tan generosa como esquiva, le mete un click a la máquina de la tarjeta del metro y me cuela. Es la única manera de recargar mi tarjeta muerta. Pero sigo sin saber qué línea es la que debo tomar para llegar a mi Hostal. ¿Qué es la información si no eres de Madrid y no acostumbras a mirar el internet del móvil para intentar acortar complejidades? ...

"¡A ése de ahí!" ... Alguien me dice que un tipo frío y espigado que trabaja en esas cosas, me ayuda y me recarga la tarjeta. ¡Que tenga suerte en la vida y progrese en su trabajo! Lo merezca, o no. Me ha ido salvando la vida "métrica" en mi tierna y extraña tierra conquistada. Madrid me está matando.

Meto mis cansados pies en una línea de metro, e in extremis. El universitario que espera en el andén en el que estoy, me dice que es ese que viene y que falta un minuto para que pase. ¡Oh, gracias! Juventud, divino tesoro. El chico es alto y pijo. Y hay generosidad universitaria en su espíritu. Igual hasta juega en algún filial del Real Madrid o del Atlético. Qui lo sa ...

Voy sabiendo lo que es el metro. Es una reunión de amigos, y la única forma posible de que Madrid no sea todavía más gigantesco de lo que es. Si no existiera el metro, no existiría la sociedad viva madrileña. Han de ser amigos. Ir en metro aquí es caminar juntos, hacer running; competir hasta con deportivo respeto, o cosas así.

Veo a madrileños. De entre guiris, latinos, y demás acentos de la Ibérica. Tienen un porte centralista, bien vestidos, pijos, encorbatados, divinas/divinos, todo parece para ellos esperable y sin mayores sorpresas, y un poco de casticismo de sambenito. Me lo merezco por venir de provincias. Estos chicos se parecen mucho a los que salen en las series de la tele, y ellas parecen futuras Penélopes o Amaias Salamancas. Podrían desde mi visión, dar el perfil.

Me veo en apuros. Estoy diezmado. Añoro algo al mediático AVE de antaño. Un negro integrado me dice que me siente en el asiento que él ocupa, y yo todo nervioso me sale decirle que gracias pero que voy a apearme en seguida. Y son ocho paradas y acabo sintiendo unos apuros que casi no sé disimular. Lo mejor y peor, es que sigue entrando gente al metro. El over-booking hace que el negrito no me vea y me tapen sin querer. Encima que se ha integrado el negrito, va un indeciso como yo y le niego su bonito detalle.

Yo, pensaba no solo que me acordaría del nombre de la parada para bajarme, sino que si no me bajaba en la que era, podía estar cuatro kilómetros perdido y sin fuerza en la selva muda de asfalto. No pasó, y llegué. Me doy un suficiente a mi alegre osadía. No sufro efectos postraumáticos tras lo que me ha sucedido en el Underground de la Villa y Corte, pero todavía vivo apresuradamente el recuerdo de la viveza de la gran capital. El ser humano, es porque sobrevive ...

Al salir de la boca del metro, y tras subir dos o tres pisos de escaleras mecánicas, pregunto a gente que no me hace caso por la calle de mi Hostal. Sostengo que solo me socorren las latinas con cara de españolas, porque lo más fijo es que a ellas les pasó en tiempos lo mismo, y están más sensibilizadas con el desconcierto y el dolor ajeno. Hay un espejo espiritual que se refleja. Dos rubias hijas cañís de mi capital, hicieron como que no me veían. Que la vida las sonría.

La chica que me auxilia, me dice que ya estoy, y que son dos calles más para allá, y otra a la izquierda. Que ya se ve todo. Pero me ayuda con el mapa del móvil de su edad generacional y sin clases sociales, y como no levanta la cara del móvil y solo quiere que mire ahí, me impaciento y le digo con los brazos y manos si es por ahí, y ella entiende que su ayuda no es suficiente ante un exigente redomado. Casi no hay ni un gracias ni un adiós.


Llego al Hostal. No se ve nada de hostal hasta que no estás con la misma nariz delante del número del portal. Llamo al timbre, y me abre la amable y profesional voz de una joven gestora de hostal.

Tiemblo, cuando al subir las escaleras con mis piernas machacadas por el esfuerzo anterior, noto que los escalones son de madera, que se nota el "muec" de romperse, y que me caiga al vacío. Es que parece madera vetusta, caducada, como presa del paso del tiempo o de mi ignorancia. Paso yuyu aunque no pasa nada. La chica me ofrece la modesta habitación sin baño. Me entrega las llaves y me dice que no me preocupe porque no va a haber horarios. Libertad. ¡Utopía! Las piernas llevan la batería al 23%, y aún falta la mitad del día. El descanso debe imponerse. Pero aún no he comido. Bajo y busco un bar. Es, carete. Por lo menos para los que no somos del Centro Motor de la Nación. Semeja universitario. Parece interesante lo que veo e intuyo. Hay ligoteo entre desiguales. Ellas son jóvenes, y ellos están pesadotes tras los últimos licores que les lanzan al exceso. Ellas, se defienden, ríen, y esas cosas.
 

viernes, 10 de noviembre de 2023

- CINE DE ESTRENO= "SABEN AQUELL ..." -



Bien hace el director David Trueba en no ir a las tripas del morbo de un personaje popular que nos hizo reír y mucho. Salía en la tele y en los casettes fumándose un cigarro. Y nos contaba chistes con una seriedad extraña. Y todo el mundo se reía con sus cosas.

¡Eugenio! Interpretado magistralmente por David Verdaguer, y "Conchita" su mujer, de cuyo papel se encarga espléndidamente Carolina Yuste.

Eugenio. Un tipo raro y llano. Alto, delgado y con aquellas gafas peculiares y de su época. Trueba nos cuenta desde la literalidad la época de Eugenio. Su sociedad, su contexto, aquel otro mundo en donde éramos jóvenes y esperábamos cosas.

Una España tradicional, post franquista, extraña, usual, que quería reírse de una vez de algo diferente y distinto. España pugnaba por ser nueva, pero nunca es nada fácil moverse de ahí y cambiar cosas.

La mujer de Eugenio, catalana y de origen andaluz. La chica que aspiraba a ser artista y que fue mujer. Mujer enamorada de un hombre especial. Capaz de sacrificarse a la antigua usanza, de renunciar a muchas cosas, y de nunca perder el humor ni la compostura. Conchita es fuerte, cuida a sus hijos, recibe el palazo del cáncer con resignación cristiana, y siempre saca fuerzas de flaqueza con su voz y su guitarra aunque no tenga la genialidad ni la pegada de un crack.

¡Eugenio! Falleció a los cincuenta y nueve años. Parecía un niño grande y poco valorado. En aquella época había muy pocas posibilidades para salir del blanco y negro de lo conocido, y lanzarse al color y a la bendita locura.

A Eugenio parece que no le gustaba contar los miles de chistes que se sabía, y que acaparaba en sus repertorios y actuaciones. Eugenio era un tipo triste, extraño, práctico, no mostrando su miedo escénico y tragándose sus miedos y su visión particular de las cosas.

Eugenio tenía tal autodestructividad, que no le daba importancia ni fe a sus éxitos evidentes. Eugenio, triunfó como humorista, pero como ser humano buscaba un triunfo imposible que no fuera el amor de su Conchita morena de su corazón.

Catalán, Eugenio. A mucha honra y naturalidad. Y comenzando sus chistes por aquel suyo "Saben aquell que diu ..." Quería ser natural, sin alharacas, ganar pasta y ser respetado.

Lo que pasa es que sus ojos con gafas serían mucho más ambiciosos de lo que aparentaría. Eugenio se hubiera ido por ahí con su amor, por el mundo, a disfrutar, a que no le dieran la matraca con los autógrafos o con la popularidad. Parece que la figura paterna le marcó para mal y no supo reaccionar cuando se le fue su Conchita.

La falta de amor propio no fue óbice para que extrajera una gracia para el chiste, realmente soberbia para un tiempo suyo que en el fondo deseaba salir ya del franquismo, coger el coche todos los domingos con la familia y largarse por ahí.

Es una buena reflexión sobre la cara negra y fou del chiste y de su pregonero. El chiste trata de sorprender en la medida que deseamos la risa sin necesidad de impostarla. No. Los chistes de Eugenio te hacían sacar la novedad de quien quiere disfrutar de la vida y no sabe cómo hacerlo. Eugenio nos empujó hacia la utopía del humor sin hacernos levantar de nuestra silla de casa.

Eugenio no era de tele ni de grabación. Aunque saliera mucho ahí. Eugenio era de sala de fiestas, de sus ojos tímidos velados por sus gafas estratégicas, de dejarlo estar y disfrutar sin querer con la magia de sus ocurrencias.

David Trueba nos describe a un Eugenio literal, descrito, humanote, padrazo de todos y de nadie, caradura y niño, temeroso y amoroso, y haciendo juegos con las palabras y las situaciones, y siendo barcelonés hasta las trancas, y vulnerable, y presa de mil millones de tentaciones negadas que pudieron con su resistencia.

-BONITA PELÍCULA. -
 

martes, 31 de octubre de 2023

- JOE ROWLING, LA INVESTIGACIÓN Y EL AMOR. -



Joe Rowling es un joven investigador que labora en la Universidad de Cardiff. Atractivo, pelo largo, ojos claros y un porte tranquilo.

Es tenaz, laborioso, y posee la virtud de la paciencia y de la perseverancia. Ama su trabajo, y su día a día es la batalla contra la formación de células que causan patologías a las personas.

Pocos saben, que la pasión de Joe Rowling, su hobby, es la jardinería. Y en la terraza de su jardín, cultiva en su tiempo libre todo tipo de plantas. Desde las más conocidas, hasta las más exóticas. Solo Eva Links, su novia, sabe de su afición y a veces se la reprocha. Porque esta actividad le resta tiempo para el amor, el sexo, la intimidad, los amigos, las birras y los pubs.

Joe Rowling anda conmocionado. Como en shock. En su labor experimental frente a los virus y el cáncer, ha decidido introducir una línea nada conocida a través de la adición de la síntesis de un tipo de plantas de cultivo, la cual le está generando resultados tan extraordinarios, que a él mismo desconciertan.

Siente miedo, cuando ve que ha logrado matar a células que se piensan imposibles de eliminar. Ha probado una y otra vez con el mismo afortunado resultado: las células terribles que causan deterioros y muertes, acaban totalmente destruídas. Y la siguiente cuestión y movimiento, es convencer a las autoridades universitarias y médicas, de que sus logros son auténticos y reales. Su novia, Eva Links, también anda entre perpleja y más que asustada. Aunque apuesta por él ...

Si Rowling comunica a sus superiores que está logrando hitos más que revolucionarios en sus investigaciones, lo más seguro es que no le hagan caso y le expulsen de la Universidad al considerarle un embustero estúpido y hasta chiflado. Un día, Joe Rowling abordó a un científico veterano de su Centro de investigación, y se lanzó a la piscina diciéndole:

- "Señor Andrews, tengo algo que puede ser de su interés ..."

- "Coja cita con mi secretaria, joven amigo. Ella le recibirá con agrado ..."

- "Es que se trata de un asunto crucial, señor. De lo contrario no habría jamás osado molestarle ..."

- "¡Qué exagerado es usted, joven! Je,je,je ... Haga lo que le indicado ..."

- "Se trata de algo que puede modificar el paradigma de investigación para células malignas, señor Andrews ..."

- "Pero ese es el sueño de todo investigador, joven. Ja,ja,jaja ..."

- "He decidido hacer algún cambio en el método convencional de investigación, basado en la adición de elementos procedentes de mis semillas y he conseguido que ..."

- "¡Es usted un malote, muchacho! Nunca pretenda ser un aprendiz de brujo. Debería y debe limitarse a investigar como Dios manda ..."

- "Pero, señor ..."

- "Lo he pensado mejor. ¿Es usted Rowling, verdad? Sí. Pues lo siento, pero no me va a contar fantasías. Es mejor que no le pida cita a la secretaria. Porque no le pienso recibir. Y ahora, menos cháchara y a seguir trabajando. Ya sabe que el tiempo y la intensidad son vitales para cualquier científico que se precie. Adiós, joven. ¡Que tenga un más que excelente día! ¡Pero ponga orden en sus fantasías imaginativas! ..."

- "Adiós, señor Andrews ..."


¿Qué hacer ahora?, se pregunta el joven Rowling. ¿Jugarse el prestigio?, ¿dedicar mucho más tiempo a su maravillosa novia Eva Links y renunciar a sus particulares experimentaciones por muy certeras que sean? Un verdadero dilema.

Rowling ha tratado de ser astuto. Ha conectado con un tal Mat Wenders. Es un paciente terminal de cáncer, que reside en Gales pero cuyo origen es libanés. Vive en un barrio marginal, en el cual se suceden las peleas, los enfrentamientos, la falta de tejido educacional, la pobreza, el conflicto, la escasez, y hasta la inseguridad si uno decide transitar por dicho barrio periférico a horas que nunca aconsejaría el sentido común.

Nadie cree en la recuperación del citado marginal Mat Wenders. Salvo el heterodoxo investigador, Rowling. Ha convencido a Wenders para que se someta a un proceso de tratamiento alternativo, que adiciona síntesis de plantas exóticas de su jardín a los elementos tradicionales que abordan este campo de la praxis médica.

Y, sí. Mat Wenders tiene poco que perder, y ha aceptado el nuevo tratamiento. ¡Quiere vivir! Y en su más que delicada situación, no ha tenido el más mínimo inconveniente para ser tratado por Rowling.

Joe, se la juega. Primero, sustrae de un hospital elementos convencionales para los tratamientos antivirales y cancerígenos, y los guarda en un macuto para entregárselos a Wenders, no sin antes proceder al aditivo de sus semillas elaboradas y trabajadas de su jardín.

Toma su flamante Aston Martin, y se adentro en los suburbios del barrio marginal. Son las cuatro de la madrugada y hay muy poca policía. Pero sí algunos malhechores que campan por las calles sin conocer el significado de la idea de la buena intención.

Le salen a su paso. Saben que va casa de su colega de fechorías, Mat Wenders. Uno de los marginales le grita: - "¿Es usted el camello de Mat? Ja,ja,ja,ja ... Lo digo por el cochazo que lleva, je,je,je,je ..."

- "¡Ten veinte libras y protégeme el coche! Me voy enseguida. Pero sé que tú custodiarás bien mi auto en este tiempo ..."

- "No sé lo que ha dicho, pero ¡vengan aquí esas veinte libras! ... ¡Ah, gracias ...!

- "De nada ..."

Rowling penetra en la destartalada casa de Wenders. Sigue vivo. Wenders le dice que cada vez se encuentra mejor, pero si lo que hace es envenenarlo, entonces le matará. Y que si no lo hace él personalmente, mandará a otros muchos contactos a que lo hagan. El joven investigador no dice nada. Por adentro está satisfecho. Ve cómo el marginal Wenders ya es capaz hasta de caminar, cosa que le era imposible desde un dolor absolutamente imposible de ser paliado siquiera por la morfina.

Según Rowling, aquella recuperación iba viento en popa. De seguir ese ritmo, pronto empezarían a pasar cosas mucho más favorables, pensó. Cuestión de perseverancia y fe.

- "Si le curas, llévalo a un hospital, y tendrás un testigo de tu excelente trabajo, cielo ...", le dice su hermosa y coqueta novia Eva Links. Le apoya y le apoyará siempre. Porque lo compartido, es sin duda puro y sincero amor.


Un mes más tarde, Rowling cree que es el momento para intentar reivindicar su éxito a través de la favorable evolución del desahuciado marginal Wenders. No es la mejor manera, pero lo ha intentado todo. Ha hablado con profesores y gentes de influencia, sin el más mínimo de los éxitos. Le dicen que sus teorías no son posibles ni reales, y que no moleste ni incordie insistiendo.

El joven Joe Rowling visita de nuevo a su conejillo de indias, el marginal Wenders. Estaciona su Aston Martin junto a la casucha del marginal, y le insta a que le acompañe al Hospital de Cardiff.

- "¡Ven conmigo, Mat! ¡Te necesito ahora! ..."

- "¡Ni loco vuelvo yo a un hospital, amigo! Ja,ja,ja,ja ..."

- "¡Eres muy importante para mí y hasta para la Humanidad en su conjunto! Sé que vendrás conmigo y ..."

- "¿Y?", le interrumpe súbito Wenders.

- "Te voy a dar quinientas libras por este favor ..."

- "¿En serio? Ja,ja,ja,ja .... ¡A ver ese dinero! ...

- "¡Ten! ¡Tómalo! ..."

Joe Rowling sonríe interiormente aunque aparenta una serenidad que no siente. Wenders parece estar bien. Ha engordado, los análisis que le ha realizado el investigador hablan de una salud impecable, su plena recuperación parece un hecho, y su cáncer terminal diagnosticado un atrás felizmente superado.

Esta vez estaciona Joe Rowling su Aston Martin en una calle próxima al Hospital galés. El investigador y Wenders entran en el interior del Centro sanitario. El personal médico, se dirige sorprendido a Rowling.

- "¿Qué desean?,¿tienen ustedes cita?, ¿ocurre algo? ..."

- "Necesito ver a un médico de oncología de urgencias, señor ..."

- "Ya, ¿y quién es el paciente? ..."

- "Es él", indica Rowling señalando con el dedo a Wenders.


En ese mismo momento, se escuchan disparos. Otro marginal ha seguido al Aston Martin de Joe Rowling. Dicho tipo está furibundo y como enloquecido o lleno de drogas. Dispara sobre Wenders varias veces hasta causarle la muerte. Antes, el asesino ha matado a una mujer de la Seguridad del Hospital. Y grita como un endemoniado dirigiéndose al ya finado Wenders diciéndole: 

- "¡Cabrón! ¡Hijo de puta! ¡Esas quinientas libras que te ha dado ese camello han de ser para mí! Te he leído el waatsap. Ahí lo has anotado. Y eso no fue lo que pactamos, ¡cerdo! ¿Dónde tienes ese puto dinero? ..."

La policía galesa actúa con eficiencia y precisión. En escasos minutos han neutralizado al loco asesino marginal pistolero. Lo esposan tras reducirlo, y lo introducen en el interior de un vehículo policial camino de la Comisaría.

Joe Rowling está en shock. Trata a duras penas de recomponer sus ideas. Todo se ha ido al traste en un segundo. Intenta serenarse pensando en que las plantas exóticas de su jardín están y siempre estarán con él. En el waatsap, Joe tiene otro mensaje. Es de su novia Eva Links. Pone literalmente: - "¿Ha salido todo bien, cariño? Estoy segura de que sí. ¡Por favor, dime cómo van las cosas! Estoy un tanto nerviosa y ..."

Rowling apaga su móvil. Se sienta pesadamente en una silla, cierra los ojos y se tapa la cara con las manos para que no le vean sollozar. Está retenido en el Hospital de Cardiff. Le preguntan acerca de su relación con Wenders el marginal, a quien no han podido salvarle la vida. Pero no todo el infortunio ha terminado para el joven investigador. ¡Ni mucho menos! Y el capitán de la policía Rudold Farrell se dirige a él con rostro muy serio. Le dice a Rowling:

- "¡Habrá de buscarse usted un buen abogado, joven! Las cámaras de seguridad le han detectado varias veces hurtando productos anticancerígenos. Y eso es demasiado grave, amigo. ¡Documentación! ..."

- " Tenga. Me llamo Joe Rowling Dors, y soy investigador en la Universidad de Cardiff en donde trabajo. ¡Ese es mi documento de indentidad! ..."

- "¡Acompáñenos, Rowling! ¡Queda usted detenido! El juez de guardia le está esperando y ha de conocer todo lo sucedido. ¡Vamos! ¡Voy a ponerle las esposas! ..."

La novia de Rowling, Eva Links, llega al hospital y lo ve todo. Intenta acercarse, pero le impiden el paso de forma contundente. Horas más tarde, el juez concede a Rowling un teléfono con el que puede hablar con un abogado. Y también con su novia. Le dice a su amor: -"Guarda y cuida con cariño las plantas, y especialmente las exóticas, amor! ¿Lo harás? ..."

Eva, responde: -"¡Oh, sí, Joe, amor ... ¡Claro que lo haré! Pero quiero que te calmes. ¡Ya verás cómo las cosas se tornan favorables! ..."

- "¡Un beso, Eva! ..."

El juicio es rápido. Gracias a su abogado, solo pasará dos años en la cárcel de Swansea. Rowling está derrumbado, se siente fracasado, traicionado por la incomprensión y el maldito infortunio. La maldita adversidad. Solo quiso hacer el bien y no le dejaron.


Pasa todo el tiempo de castigo en la prisión. Eva Links ha soportado todas las presiones y sigue a su lado. El día de su salida del penal, a las siete en punto de la mañana, ella le espera al otro lado de la verja carcelaria.

Los jóvenes enamorados han hablado mucho, a pesar de las restricciones por la falta de libertad del hombre. Y han decidido que su vida va a cambiar por completo. Los padres del joven investigador tienen una casa y unos contactos de trabajo para que Rowling comience una nueva vida. Trabajará de jardinero en una mansión de unos conocidos de clase alta, que viven en la carioca ciudad de Sao Paulo.

Los enamorados se besan con esperanza y alegría. Seguro que les esperarán tiempos mucho más favorables y menos truculentos y peligrosos. Eva Links sigue mirando embobada a Joe Rowling. Habían ido demasiado lejos y habían sido demasiado desobedientes con lo establecido. Y hay una enorme verdad que va más allá de la Ciencia y de la Solidaridad: ¡su amor! Y ambos saben que en Brasil les espera el gozo y la dicha, el calor y los besos. Tendrán hijos y se casarán. ¡La Ciencia puede esperar" También el amor es ciencia y sabiduría.

-THE END.-


 

domingo, 22 de octubre de 2023

- RISA NEGATIVA. -



Unos ojos exaltados y terriblemente burlescos tras unas gafas redondeadas. Como las de Luis Lubián.

Grande, gordo, extraño, cínico y dolorido. A Lubián se le ponen ojos raros a las cinco de la tarde y se los cubre aparentemente. Pero pronto puede verse que son ojos de provocación y de rabia.

No es feliz ni es capaz de expresar su frustración como debería, el ínclito Lubián. Su madre ya es mayor y mandona, y la incertidumbre de los bajones de la mujer, le superan con amplitud.

Se rompe toda su capacidad de aguante y se siente un mierda. Pero lo va a negar siempre. Y por todo lo contrario, intentará hacerse valer engañándose a sí mismo, y entonces el rostro de Lubián se transforma y adquiere los modos de un payaso menor, humano y de aquí.

Lubián piensa, que se acabaron las reglas y lo adecuado, y su lógica se estrella frente a su odio. Se envuelve el alma con una extraña manta de acero, y comienza a reírse como si no pudiera más. Es una risa negativa y perversa, acaparadora y muy intensamente vivida. Y busca soltar toda su frustración sobre aquellos a quien percibe más vulnerables. Selecciona bien sus presas. Si sabe que le vas a plantar cara, Lubián se hará el sueco y te sacará de su foco perverso. Pero si te cree derrotado frente a la fuerza de su estupidez, entonces será capaz de cosas realmente inesperadas.

Se ríe Luis Lubián a mandíbula batiente, poniendo ojos de santurrón cabrón. Es toda una estrategia de ataque sobre los demás. Por ejemplo cuando se cruza o coincide en el bar con Claudio. Lubián mira a Claudio y trata de desestabilizarlo. Le grita a la vez que sigue riéndose a carcajadas patológicas que tratan de ser contenidas pero que llevan veneno. Y Claudio conoce a Lubián, y ve que trata con sus payasadas de ridiculizarlo y dejarle en evidencia delante de los demás. Cuando la partida de dominó se le hace aburrida y hasta intolerable a Lubián, entonces hurga e insiste hasta hacerle perder los papeles.

Lubián se ríe de todos. A los que genera lástima su vida tratan de hacer como que no ven lo que ven, y se lo consienten todo. Pero Luis Lubián parece absolutamente insaciable y su ira no se domina.

El gordo Lubián tira al suelo y con astucia una ficha de dominó, buscando gresca. Necesita lío y follón. Y acompaña su negatividad con fuertes voces que tratan de emular algo así como gritos de euforia. Parece un niño gigantesco y desatado. Un hijoputa necesitado de agresividad.

Claudio ya no puede más, y le llama payaso. Otros, le frenan. No queremos que la situación joda la partida del juego de mesa. Mas Lubián, no contento con tirar la ficha al suelo aposta, golpea dicha ficha con estrépito y con riesgo de romperla y de machacar toda la armonía posible que haya entre sus amigos y conocidos.

Ríe y sigue riendo Lubián como un psicópata de medio pelo, que domina las situaciones con el aplomo de los forajidos de las películas baratas del Oeste.

¡Nadie tiene razón para Lubián! ¡Todos están contra él! ... Y cuando la cosa parece que se serena y armoniza, el hombre aprovecha el silencio de la confianza para seguir provocando con la oscuridad de su alma a todo bicho viviente.

Sale de la partida, se va al baño, tarda en regresar, hace lo que le sale de los mismísimos, y vuelve a la mesa de juego para seguir incordiando.

Lo mejor,-si le aprecias un poco-, es hacer como que no ves lo que ves. Lubián está fuera de la partida pero no quiere dejar de ser el gran protagonista, manteniendo así un fuerte y descarado pulso contra la sensatez y la paciencia de unos y otros, los cuales para él no sirven ni estarán nunca.

Cuando concluye la reunión del juego, la gente se aleja y dispersa. Lubián se encoje de hombros y busca la compañía más estratégica y favorable, mientras camina pesadamente hacia su casa.

-COMO TODO UN INOCENTE-
 

domingo, 15 de octubre de 2023

- DOS CARAS EN ANAIA. -



Profesora universitaria, cuarenta y nueve años en el DNI, docente hueso, aspecto un tanto hierático y de poco agradar, alta, severa al extremo con sus alumnos, seria, distante, con un vestir clásico, y con dos divorcios y tres hijos que ya vuelan solos y que que a veces se apoyan en sus padres. Se llama Anaia, y la relación con sus vástagos parece haberse vuelto lejana y hasta poco agradable. Se ven, pero bastante para quedar bien.

Anaia nunca se maquilla, y a veces grita cuando quiere tener razón, y argumenta y ata todos los cabos para llevarse el gato a su agua.

Hay un cierto consenso entre alumnos y profesores en que Anaia es desagradable, extraña, feota, dura, poco femenina, que ama casi al paroxismo su Química Orgánica, y que tiene bien pocas amigas en el Claustro universitario.

Anaia tiene fama de amargada, de inoportuna, desagradable, gafas de culo de vaso, y casi siempre viste pantalón con colores oscuros, prácticos, nunca nada de orlas o aderezos, y como si amara la negatividad de la amargura. Su gesto es casi más cerrado que serio. Tiene la mirada impasible de una creída que piensa que difícilmente alguien sabrá más que ella del tema que sea. Es capaz de ponerse unos zapatos de hombre con la excusa del unisex, y quienes la observan están deseando que se haga la hora de salir para alejarse de ella. 

Ha tenido enganchadas con algunas de sus colegas, pero la sangre nunca ha llegado al río. Y Anaia aparece con capacidad de dar sonoro y sutil carpetazo a los conflictos, y sigue, sigue siendo como es sin escrúpulos, complejos y siempre hacia adelante. Anaia nunca volverá atrás ni para retomar su zancada progresiva que nunca parezca que es un parón rico que sirve para rectificar y para aprender de sus errores. ¿Ella, errores? ...

De lo que no se habla porque no se sabe, es de que al salir de su Centro docente, hace un tiempo que dos calles más allá del gran lugar formativo, hay un bar en el que Anaia se ve con Felipe. Felipe, fue alumno suyo el curso anterior. Y aparece como todo lo contrario a lo que ella parece representar. Felipe es un joven veinteañero, tímido, apocado, que va sacando los aprobados con gran esfuerzo; un chico de pueblo al que parece costarle horrores adaptarse a la gran ciudad, altote como ella, inocentón, de buen espíritu, y con un parece que deseo de tomarse las cosas de la vida como un observatorio de reto. Felipe parece la Naturaleza pánfila y la víctima propicia para los descuidos de sus objetos en un ladrón avispado.

¿Anaia y Felipe?, ¿puede ser? ... Aquí no hay que ser augures sino descriptivos. Que no juzgue nadie y que siga real el curso del río de la vida que acontece.

Anaia invade constantemente el espacio personal de Felipe. El joven no puede evitar ruborizarse, y es entonces cuando Anaia se quita sus gafas de sol, le mira con fijeza coqueta, le sonríe, le levanta la copa de cerveza y ambos brindan.

Es un bar con poca luz y mucha intimidad. A Anaia le gana el poco empuje del mozo. Se siente realmente bien con él, y se ven casi todos los días en el citado bar, algunas tardes, e incluso alguna que otra noche de deseo insuperable.

Esta vez la mujer se ha puesto unos finos tacones, y una falda que tiene una apertura lateral que solo Anaia es capaz de regularle a Felipe con acierto, femineidad y ternura. Anaia no parece ser de beso fácil, y se pega el atracón de regalar sus ojos de mujer para que el joven se sienta con absoluto bienestar y confianza. Y paulatinamente, el rubor de Felipe no significa que pase serios apuros, sino que desea que las cosas de Anaia se prolonguen ad infinitum.

Anaia junta y roza su piel con la de Felipe. Y hace muchas más cosas tolerables en un bar. Como soltarse su abundante mata de pelo y dejarlo caer con energía sobre sus hombros, o insinuarle unos grandes y sensuales aros que cuelgan ahora dulces desde sus lóbulos pronunciados.

Anaia ya no es ese ser repulsivo que imparte Química. Porque un milagro de atracción ha cerrado todas las distancias, y todo es lo más parecido al disfrute y al gozo. Y debajo del mantel de la mesa han habido incorrectos toques cariñosos en las piernas de ambos, y Felipe solo sabe que con Anaia se está bien y se compensan los mil malestares que se tienen cuando se ha de madurar y aún no es posible.

Se veía venir. Anaia y solo Anaia, le ha dado a Felipe un franco beso en los labios. Y sin dejarle reaccionar le ha puesto mucha más apertura y toda la humedad en un segundo beso casi descarado, el cual levanta alguna callada suspicacia entre algún cercano a su mesa, cliente del bar. Y después puede haber absolutamente todo lo imaginable y abierto entre dos seres que se atraen con la potente evidencia de la realidad.

Felipe sabe que Anaia no vive cerca de la Universidad, pero sí que ella tiene vehículo propio, y que hay varias líneas de autobús que conectan la casa y la cama de la profe con el barrio obrero en donde está el piso de sus padres con los que vive.

-Y EL DESEO TODO LO FACILITA.-
 

martes, 10 de octubre de 2023

- YO TENÍA MUCHAS POSIBILIDADES. -



No conocí a mis padres. Me abandonaron y tuve que crecer en un orfanato. Eso no es buena suerte. Recuerdo a los curas con los que me crié y crecí. Y sobre todo, aquellos ratos de deporte en el recreo, en donde yo y solo yo, era el rey. Jugaba al fútbol tan bien, que pronto empezó a funcionar el boca a boca. Podía ser  mi salida del ostracismo, y el camino del brillo de las grandes estrellas.

Sí. Yo jugaba bien al fútbol. Medía un metro y ochenta y un centímetros, y era potente y rápido, fibroso y polivalente a mis dieciocho años. Me gustaba jugar de central y mandar atrás, pero poseía versatilidad, regateaba bien, y en cuanto podía subía al ataque. El gol es la gran máquina de los dólares. Se ganaba mucho más dinero en el área contraria que en la que yo defendía. Cosas de esta selva llena de pajarracos que es el a veces muy desconocido mundo del fútbol. Yo, lo conozco muy bien por adentro.

Lo mejor que puede pasarle a un chaval del fútbol, es que le hinchen hablando mucho de él. Sí. Que hablen todo el tiempo hasta que se cansen. Si no sacas la cabeza del anonimato aunque sea a manotazos menores, los  ojeadores no se enteran de lo que hay. A mí me caen gordos los ojeadores. No tienen ni idea. Y lo que es peor: no trabajan. Dicen que viajan y miran, pero nunca les creáis ni un veinte por ciento de lo que digan. Mienten demasiado. Y su falta de moverse, es un escándalo. A veces, se meten en su PC, y no sacan la cabeza de ahí buscando vídeos y estadísticas. Carecen de credibilidad.

A mí, alguien me dijo un día al salir del pequeño taller en donde ayudaba a un buen hombre llamado "Joe el negro", que yo jugaba con la elegancia de  Franz Beckenbauer y que él podía ayudarme a salir de la miseria para después proyectarme hacia sus contactos selectos. La condición que me puso, me ganó. Al acabar mi jornada de trabajo, él vendría a recogerme en su coche y me llevaría a un campo de juego en el que entrenaría y me presentaría al Presidente, al entrenador, y a todo el cuerpo técnico y deportivo. La verdad es que allí había muy poca luz, yo jugaba con zapatillas, y el entrenador con más poder de aquel sitio me tenía manía y siempre me ponía con los suplentes. Todo fue fugaz. Un día vi en la tele a un depredador sexual en serie. Era el hombre que me llevaba a los entrenos. Me dijeron que se suspendía todo lo deportivo, y yo les dije que ahí se quedaban todos y que muchas gracias.

Meses después, un grupo de personas con chaqueta y corbata se me acercaron. Yo, me quedé sorprendido. El que más me sonaba de haberlo visto en la tele, me dijo que el fútbol está moribundo de centrales, y que era una pena que no tuviese equipo y que jugara en un  descampado con un grupo de mozos.

Se lo dije a "Joe el negro", y me respondió diciendo que quizás fuese mi gran momento de proyección. Uno de los tipos encorbatados me peguntó si había jugado en hierba, y yo le dije que algunas veces. Al parecer eran unos figurones aquellos tipos, que debían de venir de una fiesta, y su euforia les llevó hacia mí. Se trataba de un equipo de Regional, de un pueblo a las afueras de la gran ciudad. Uno de los tipos, musitó mirándome a los ojos:

- "¿Conoces que Minguella se fijó en Messi? ¡Pues es mentira! Yo, lo vi antes. ¡Te esperamos  en esta dirección para entrenar mañana a las siete de la tarde! Vales. Pero hay mucha gente que está loca por triunfar. Si no vienes, ¡allá tú! ..."

¿Chulería? En ese momento te entran sensaciones. Yo, traté de concentrarme en mis evidentes posibilidades. Era fuerte, joven y ambicioso. Hasta echado para delante. Esto último suele ser un inconveniente en este mundo de borregos domados. Yo, confiaba plenamente en mis facultades destacadas.

Y así logré la titularidad, y empecé la competición de indiscutible y muy satisfecho. Lo que no esperaba, era lo que sucedió con la mujer del Presidente de este club. Me sacaba veinte años, pero era juvenil, muy guapa, y evidentemente asaltacunas. Y se ve que yo le gusté. Se llamaba Virtudes, pero todo en ella debía ser deslealtad y el pecado. No es que estuviera buena, no. Lo que estaba era súper. Y por lo que vi, muy desatendida. Me tendió mil sexys trampas y yo caí en ellas de bruces y con todo el gustazo.

Compaginar tanta vitalidad era un tanto mareante, pero bendita marea. Un día, su marido nos pilló in fraganti, y no pudo haber excusas. A ella le dijo que seguirían juntos para acallar rumores, y a mí me aseguró que haría todo lo posible en arruinar mi proyección como futbolista. Y que si me volvía a ver en el campo de fútbol, yo iba a correr demasiado peligro físico. Y me mostró un arma, me acojonó y me largué corriendo de aquel lar.

Mi amigo "Joe el negro", me dijo que cuando se es joven hay que tener más ilusión que nunca. Que me buscara novia, que siguiera trabajando en su taller, y que no dejara de jugar al fútbol. Porque me gustaba y el deporte es sano.

Yo era joven y me gustaba el fútbol. Tenía un regate corto que sorprendía, y mi personalidad me hacía parecer veterano al lado de los chicos de mi edad. Juro y perjuro que iba para figura. Y allí, con mis amigos y los partidillos, era muy respetado. Porque yo era rápido, leía el fútbol con cierta velocidad, y metía muchos goles viniendo desde atrás.

Tres meses después, se me acercó un tal Pérez. En realidad, lo de "Pérez" era un apodo. Se decía de él que era ojeador de la zona Centro de España y que se movía entre muchos tipos con poder y decisión de Madrid.

- "¿Sabes tú que conozco a un tal Péndes?  ..."

- "¿El famoso, señor?, ¿el que los dos estamos pensando? ..."

- "¡Ése! ..."

- "¡Coño! ..."

- "Me llamo Juan Roldán. Pero se me conoce como el "Pérez" ..."

- "¿Y? ..."

Convencí a "Joe el negro" para que me dejara intentarlo en los equipos filiales o prefiliales del  Madrid. Esta vez a regañadientes, Joe accedió. Pero no sin antes decirme que todo eso de la zona Centro era una ilusión de bobos. Y que cientos de padres invertían fuertes sumas de dinero para que sus hijos se movieran por allí.

- "¡No fracasaré! ..."

- "¡Ya te apañarás! ..."

"Pérez" me llevó en un cochazo a una céntrica pensión de la Villa y Corte. Me lo  pagaría todo con una condición. Que yo nunca desvelara que era catalán.

Entrené en campos de hierba. Seguía siendo muy joven y con las ilusiones intactas. "Pérez" era gay, y a veces se le iba la mano. Pero yo le ponía cara de central del Bayern, y el ojeador se contenía. Por lo demás, era excitante lucir camisetas caras y nuevas, codearme con lo que luego serían futuras estrellas, e ir logrando cosillas.

Me dejé bigote cuando se lesionó el central titular, y logré debutar en un subfilial del Alcorcón. Marqué bien de cerca al nueve rival, pero se me iba. Pero aquel ariete no me conocía. Me daba igual la técnica que tuviese. De modo que le cuerpeé bien, y le birlé todo su peligro. Pudimos hasta ganar. Porque en el último segundo, me lancé al ataque con un córner favorable, rematé, y un defensa la sacó con la mano. Y va y el árbitro se hizo el sueco y no pitó nada. Protesté, tropezó el árbitro conmigo, se cabreó, me sacó la tarjeta roja y me cayeron nueve partidos. Pero no perdí la fe y seguí entrenando con fuerza.

Allí conocí a una periodista, que luego fue muy popular: Helena. Yo le caía bien a Helena. Un día la vi por el campo y la invité a una cerveza. Ella, aceptó. Era joven y sexy. Sabía mucho de fútbol .... ¿Cómo era posible que una mujer de aquella época supiese tanto de fútbol? Se lo pregunté y ella se rió. Me dijo que era tierno. Y, quedamos ...

Tras cumplir la sanción, "Pérez" el ojeador me dijo que en este club había un respeto y que estaban muy mal vistas las tarjetas rojas. Que daba igual que fueran injustas o no. Que lo importante era la reputación, la educación, la presentación, el buen vivir, el carisma, la modestia y el saberse humilde.

- "¿Eso es el catecismo, "Pérez"? ..."

- "¿Cómo dices? ..."

Mis prontos siempre me han perdido. Me fui a entrenar y lo di todo. Y aún jugué dos partidos más de titular y séis de suplente. Progresaba. Seguía teniendo muchas posibilidades.

Porque yo, tocaba bien el balón, procuraba no subir tanto al ataque como antes, mantenía mi sana y ruda dureza que un buen delantero sabe que ha de sufrir, y tenía fondo para jugar dos prórrogas si era necesario. Y no tenía lesiones. Era fuerte. Fibroso y potente. Buen jugador.

Noté que "Pérez" no buscaba tantos momentos de soledad para venir a mí. Estaba como dolido conmigo porque no le dejaba meterme mano. Sí. Estaba serio y decepcionado conmigo. Yo, se lo contaba todo a mi amiga periodista Helena, y ella no lo podía evitar y se mondaba de la risa. Era y es deliciosa.

No me ponían ni en el banquillo. Un día un niño me tiró sus mocos, otros me insultaron llamándome gay, y una chica me dijo que era demasiado feo para dedicarme al fútbol. Helena, seguía riéndomelo todo. Fue mi mano derecha mientras permanecí en la zona Centro. 

Al acabar la temporada, "Pérez" me dijo que no seguía. Me indicó que subiera al coche y en tres horas ya estábamos en el taller de "Joe el negro". Antes de que se fuera "Pérez", le di un corte de mangas y lo mandé literalmente a la mierda. El ojeador, ni se inmutó. Y hasta puede que esbozara una sonrisa antes de volver al Centro a bordo de su maldito cochazo.

Me desilusioné y ya no quise probar más en esta selva corrupta e injusta llamada fútbol. A veces veía los partidos de la Roja y me enfadaba bastante. Porque esos centrales no eran mejor que yo. Y los centrales son los que protegemos y hacemos grandes a los porteros. No lo olvidéis.

Yo, era realmente bueno. Un rara avis de jugador que venía de bien abajo. Y si no tienes padrinos en este sucio y abarrotado negocio, solo serás una flor fugaz. Y no está en mi ánimo desmoralizar a nadie. Pero si no eres de familia bien, déjalo. Siempre está el rugby, el baloncesto si eres alto, o el balonmano, u otros deportes con menos predicamento pero con mucha más verdad.

Sí. Yo tenía muchas posibilidades. Muchísimas. Pero me di de bruces con una maraña interminable de parásitos, que se llaman ojeadores. Y no penséis que les tengo manía. Pero es que os juro que no son de fiar.

Yo no he triunfado en el fútbol, pero he tenido la oportunidad de bajar a las realidades y cloacas, y conocer sus entresijos. Nadie te dice la verdad. Son puros negocios y necesitas mucha promoción y bombo. Lo mejor, es que conoces gente y tal. 

¡Coño, suena el teléfono! ¡Es Helena! ¿Véis? Aún se acuerda de mí. ¡Claro que me recuerda! ...

- "¿Dígame? ..."

- "¿Eres Joan?..."

- "No. ..."

- "Je,je,je ..."

- "Y tú, ¡Helena! ..."

- "Sí. Ja,ja,ja,ja ..."


"Joe el negro" mira de soslayo al joven. Lo importante es su simpatía, nobleza y saber estar. Esa Helena no le gusta. Lo mejor es que se busque una novia pero de aquí, que las hay bien guapas y buena gente. El chico se proyecta bien en su taller mecánico de coches.

-NO SE PUEDE TENER TODO EN LA VIDA-