sábado, 26 de marzo de 2022

- DECISIÓN. (CRÓNICA DE UN VIAJE). -



I. Los madrugones suelen ser tan simbólicos como necesarios. Hacía algunas semanas que yo me iba a mover. Y el ruido de los petardos sin horario de las fiestas falleras, el motor que le pondría concreción a mi deseo real: ¡¡viajar!! ...

Hay que hacerlo. Había que hacerlo. Lo hice. Un madrugón potente camino de las tierras del Cantábrico. Maletas, dejar atrás la preocupación económica, e inventarme un enorme motivo para sentirme bien diferente.

La entraña estuvo en la noche precipitada. En mi corazón y en mi enorme ilusión y deseo. Sí. Hay que hacerlo y sin temor excesivo a las consecuencias. Da igual si estás acostumbrado a viajar, como si no lo estás. Los trenes nunca se detienen. Y yo tenía ganas de ser protagonista de películas sin que nadie me las contara.

Al principio del viaje fue tierna ilusión, y al finalizarlo, sensación de conciencia tranquila. He vomitado amor a mí mismo. Ya me tocaba. Y me he dado unos días para mí. Para acariciar esa flecha que te indica a dónde debes tirar para sumarte a un hipotético camino que pueda llamarse felicidad y algún otro epíteto sinonímico. Cambiar, romper con la rutina, exponer, juntarse con otras y otros para poder juntarme más conmigo mismo, y todas esas cosas que a poco que te salgan bien te generan crecimiento, solidez y mayor consistencia personal.

Subí a un autobús. Al vehículo metálico y vital que me lleva. Un autobús no muy moderno, pero siempre atractivo. Y saludé a los medio dormidos viajeros que andaban nerviosos y presos del sueño del madrugón.

Después hubo mucho silencio. El autobús empezó a dormir. A tomar fuerzas. Porque de Valencia a Liencres, (Cantabria), hay demasiados kilómetros como para no tomar medidas mentales y corporales de dosificación. Y el viaje sería largo, exigente y de nada de relax. Al revés. Era cosa de estresarse y estrellarse para conocer enormes y profusos pueblos y lugares en el transcurso de escasos cinco días. Sí. Cosas de abarcar fuerza y superficie del zapato, de caminar y visitar lugares históricos y emblemáticos; de encarar abundancia y respeto geográficos.


II. El Norte. Conocía y conozco muy poco el Norte de mi país. Tocaba poner los pies y las zapatillas en lugares inéditos para mí. Era cuestión de aprobar asignaturas pendientes en mi vida. De volver con muchísima más materia vivencial. Y el viaje solo es la perfecta excusa para vivir. No cabe duda. Lo mejor del viaje siempre seré yo y mi decisión de partir. Todo lo demás, habrá de ser meramente consecuencial.

Todo lo que pasa en un viaje siempre es hermoso, porque siempre lo recuerdas en mayor o menor medida. Son cosas que llenan y enriquecen. Un tabernero de carretera nos mal recibió sin un atisbo de corrección en sus modales. Nos indicó con dureza las condiciones para entrar en su taberna. Y dijo que, prohibido totalmente entrar a su casa bebida o comida. ¡Más que prohibido! Pero una de las viajeras no dudó en no hacerle ni puñetero caso y sacó su bocata. El tabernero aceleró su cólera, comenzó a gritar y a lanzar improperios. De su boca salieron sapos, culebras, y mucha violencia. Alto, enjuto, con pasamontañas, gorra y mascarilla. Y se oyó un tremendo ruido que impactó a tod@s. Golpeó el bestia con sus puños una mesa, y el impacto hizo que derribara una botella que en la mesa descansaba. Y cagándose en todo, tapó su emocionalidad desapareciendo de allí y metiéndose en un cuarto interior. No se vio capaz de defenderse y se sintió vulnerable. Le preguntamos a la camarera, y nos dijo que era el jefe. El puto amo. Yo, pedí un bocata de jamón y queso, y francamente gocé de su sabor. Estaba bastante bueno, lo junté con un refresco de limón, y mi único pensamiento estaba en llegar con suficiencia energética al punto de destino. ¡Al Norte! Y en los mapas indicaba que habían más de setecientos kilómetros por cubrir yendo por carretera. Como para no alimentarse y avituallar ...

De vuelta al bus, me di cuenta de que la distancia entre los asientos no era precisamente confortable. Y que esa circunstancia de cargar las corvas de las piernas y su efecto postural, iba a ser un hándicap. Pero el reto era lo más importante.


III. Nunca olvidaré al camarero del hotel campo base para las siguientes expediciones, (Liencres). Era un hombre veterano, elegante en los gestos, con una seguridad y decisión asombrosa con los platos, con gran capacidad de observación aparentemente poco de tratar, feo de cara, con buena voz, enérgico e infatigable, y sirviéndonos un garrón con judías que era cosa de vencer o morir. Lo que está claro es que no era un plato con el que te concilias de inmediato. Llegué a temer que el sabor se pareciese demasiado a un material a desechar que a otra cosa. Todo era cuestión de fe. Y de ganas de aventura.

Al veterano camarero le asistía una joven moza, con poca sonrisa para la galería y a la que se le notaba que tenía un trabajo. Y hoy en día, tener un curro no es para estar del todo triste. La comprendo perfectamente. El veterano camarero, siempre será para mí un misterio. Porque seguramente aún siendo su amigo, ha de seguir siéndolo. Mi veredicto esotérico se lo referí con ironía a un compañero de expedición: "éste, seguro que es soltero, apañado y de Bilbao. Pero él, lo negará ..."

Antes de referirme a Santillana del Mar y a nuestra guía desde Valencia del viaje y Agencia, quiero destacar la maravilla que nunca se me olvidará: la Costa Cantábrica y su impresionante belleza. ¡Dios mío! ¡Visitad éso, antes de que os lo casquen por la tele! Estoy por decir que fue lo más hermoso que pude ver.

A nuestra guía le apasiona la Historia. Y, hablar. Su voz es suave, y se recrea hablando y hablando. Le encantan, chiflan, los elementos históricos y religiosos, y los otros bastante menos. Donde estén para ella los Conventos, Catedrales, Colegiatas y demás cosas así, que se quite lo demás. Es como si huyera del tiempo de hoy. Y no parece tanto tratarse de esto. Existe en ella en mi opinión una contradicción interior que se llama escepticismo hacia las costumbres contemporáneas que propone la Modernidad. Cosa que siempre negará.


IV. De Santillana del Mar, recuerdo su Colegiata, que fue el único día que nos llovió, que la calzada romana era más que peligrosa para las cómodas zapatillas que yo llevaba, y el tremendo cansancio del viaje. Y con astucia me alejé de allí huyendo de un chaparrón y poniéndome a salvo. Coqueto súper de pueblo. Como una de esas tiendas familiares de los años sesenta o setenta. Maja la dependienta.

Nuevo madrugón. Viajar así es un método novedoso de adelgazar. ¡Todo a toda mecha! Por delante: ¡un poco de Oviedo y otro de Gijón! A repartir. Ah, y una guía local con bastante ideología evidente y con una contundente seguridad. Calzaba unos botines llamativos. Se llama Rosa, y afirmó que un día fue golpeada por decir la verdad. Y que, desde ese día su relato se volvió opaco y estratega. De emocionalidades, ¡se acabó la concesión excesiva! ...

La citada Rosa, nos mostró Oviedo desde el autobús, para que pudiesen cundirle sus explicaciones. Hizo trabajar duro al chófer, y nos dijo que aquello era una ciudad de funcionarios, administrativos, y trabajadores de este perfil. Como un lugar de trabajo laboral, el cual decae al llegar el finde. Mencionó a Rodrigo Rato y a muchos de sus predecesores. Mucho dinero. Pero yo siempre recordaré la voz segura y decidida de Rosa. Y su mirada, entre incisiva y defensiva. 

Por la tarde, continuó por la hermosa Gijón, que comparte el nombre de su Estadio de fútbol de El Molinón con el de Enrique Castro, "Quini". La guía se lanzó en tromba cuando visitamos la Universidad Laboral. Me impresionó aquel lugar tan enorme, desmesurado y a la vez, vacío. Si aquello era una Universidad, ¿en dónde estarían los alumnos? Nunca obtuve una respuesta tajante al respecto. Lo cual me hizo especular que la opacidad de la guía Rosa se potenció ante los misterios opinativos e inconcretos. Y también intuí que la agresión que padeció, debió producirse en aquel más que espacioso escenario.

Insisto. Lo mejor fue el mar. ¡Dios, qué maravilla! Esa Costa te deja hechizado, diferente, te hace marino en sueños, te lleva a buscar islotes imposibles y a dejar de ser marinero de agua dulce. Porque Cantabria, Asturias, y toda la Costa, no son más que bellos siervos de ese Cantábrico fastuoso y magno, cuyas mareas se exhiben, y cuyo litoral es más goloso que un bombón de Rocher. El mar, te gana. Te rompe a feliz, te mete en la burbuja de la expectación, y sueñas con perderte con una mujer con ese dulce y abrupto panorama. Magia inolvidable en estado puro. Sé que nunca lo podré olvidar. Si algún día puedo, iré por mi cuenta para escudriñar casi todos sus misterios, entre rías, ríos, desembocaduras, pescaderos, cosa náutico/turística, verde monte que penetra y es penetrado por el agua vida, y todo ese universo singular que me ha desnudado y cautivado. ¡Ojalá pueda volver a ese lugar! ...


V. Más madrugones. Y nuevas guías. Santander es la playa y la residencia de descanso de mucha gente de los diferentes pueblos de España. Si tienes dinero, este lugar puede ser un remedio para combatir el calor africano e insoportable del resto de la Piel de Toro.

Y vuelvo ahora con la guía de Santander. Montañesa y casi montaraz. Decidida, joven con arrugas ya, cortante, y agradecida con quienes le hacían caso. Nos habló de Botín y ancestros. De la gran burguesía, pero poco de la playa y del río de vida de su interior.

Surrealismo. Veréis. Puso a nuestra disposición un trenecito turístico para llegar al mítico e institucional Palacio de la Magdalena, residencia veraniega de la Monarquía junto a Palma, y que sirve para ver el legado del mago nacido en Pedreña Severiano Ballesteros, y sus tremendos terrenos pegados al mar y a la práctica del verde golf. Toda una gozada patear con un palo en este sitio una pequeña bola.

Como el tren. El trenecito era pequeño y rojo. Pero, suficiente. Había truco. Un caramelito que supo a poco. El tren de la "bruja" nos dejó en la misma puerta del Palacio de la Magdalena. Sonaba bien. A cosa de reyes, lujo y veranazo. Pero, sí. Esta vez este trenecito fue juguetón y rácano. La guía seria y experimentada santanderina, nos dijo que de bajarnos del tren, nada. Que, media vuelta y para la ciudad de nuevo. Cuando el pastel es atractivo y te lo sacan de la boca, cerca ya del mordisco final, te llevas el chasco y te jodes. Lo dejaré para una nueva asignatura pendiente. Para otro viaje. Quizás, para otra reencarnación ...

Todo esto es fiesta. Fiesta de mili apresurada, pero viaje festivo a fin de cuentas. Nueva jornada que pintaba bien. Su nombre, Bilbao. El Bocho. La ciudad del eterno Athletic de Bilbao. ¡Al Guggenheim para solo unos veinte minutos de hacer fotos ...! Lo demás fue mi sensación de que ponía mis pies sobre un lugar trabajador, industrial y noble. Espléndidos paseos cuando el bus,-que nos ocultó el templo futbolístico-, nos descubrió largos y bellos paseos a ambos lados del río Nervión el cual parte la ciudad capital vasca. Un casco urbano muy parecido al de mi ciudad, con turistas, bares y tiendas de souvenirs por doquier. Pero la fuerza de Bilbao es su gente, sus taskas y sus pintxos, y sus kaleas llenas de rótulos llenos de motivos artesanales. Una ciudad siempre humana y especial. Un lugar realmente hermoso para ser visitado, incluso casi más bello que sus montes, caseríos o su trajín marítimo. Y decidí esperar al autobús, en un tranquilo bar, y sintiéndome el protagonista de un sereno rodaje en libertad, tomándome un recreativo poleo y mirando con respeto a ambos lados. Era y es una espléndida terraza en la calle, en invierno y a veintiún grados. Realmente difícil de superar este alarde. Para mí, inolvidable, aunque el dueño no tuviese el RH positivo, sino el dulzón acento del Caribe. La necesidad, obra milagros. Después, dos horas más y hacia el campo base santanderina de Liencres. Pero no fueron realmente dos horas más aunque suene a contradicción. Porque la guía es un portento de energía. No paró de hablar de cosas en esos ciento veinte minutos. Se lo agradecí a mi manera. Porque, cansado, me quedé dormido como un lirón,-creo que ronqué-, y cuando desperté nuestra guía seguía haciendo ostentación de suavidad y buen recorrido. Era realmente cierto. Dos horas de parloteo sereno son como una especie de yoga que el cansancio convierte en oportuno malestar. De ahí mi corte de mangas y de sueño. Un poco más, y me llego a la comida, dormido y sin ganas de yantar. Y a pesar de que las gastronomía del hotel no era la mejor, yo os digo que me lo comí todo.

A las cinco de la tarde y como apresurados toreros, ya estábamos en el bus camino de Torrelavega. Un lugar coqueto en sábado festivo, y con mucha marcha y mucho ambiente. Es el segundo pueblo de Cantabria. Muy histórico, bien construído, original, guerrero y bello de ver. Y con unas pastelerías que llevan al buen ánimo. De modo que me zampé un dulce llamado "emparedado", que lleva hojaldre y crema. Espléndido sabor para un goloso como yo al que todo lo dulce me sobrepasa. ¡Delicioso! ...

El último día,-ya camino de Valencia-, paseamos por la histórica tierra natal del simpar actor Paco Martínez Soria: Tarazona. Comimos bien en un sitio modesto. La pela es la pela, allá a donde vayas. Espléndidas juderías y fastuosos monumentos históricos. Ni un metro plano. Todo subidas y bajadas. Hermoso y exigente.


VI. Entre cronologías, se coló un tiempo para nuestro infante corazón. En la cántabra Cabárceno hay algo que no te esperas y que los niños siempre deben ver. Disneylandia en el Norte. Nunca se me olvidará que soy un niño eterno. ¡Niños, nunca os perdáis una visita al Parque Natural de Cabárceno!... Me hinché a fotos. Muchas horas después, no sé si eso era un zoo, una excusa, África en el Cantábrico, o si hacer fotos a leones, osos, gorilas, jirafas o cebras y elefantes, es patológicamente compulsivo o social. No sé nada, salvo que salió mi sonrisa eterna de niño interior. Casi me cargo el móvil a instantáneas. Allí hay hasta un lugar que está lleno de las serpientes más hermosas y peligrosas. Y, suavizamos, con una exhibición de aves rapaces, en donde las águilas hacían picadas sobre carroñas preparadas por los chic@s del Parque, y raseaban sobre nuestras cabezas con respeto, obediencia y profunda elegancia. Había en las gradas un nene con sus jóvenes papás que no paró de llorar de susto durante todo el evento. Quizás, porque los más sabios que hay, siempre serán los niños peques. ¡Fijo!


VII. Tantos viajes tienen un fin. Partimos con el último madrugón y las maletas duras e impolutas en el sótano del bus. ¡Oh, que sentimientos más encontrados! Ganas de volver a casa, y a la vez, deseos de viajar y sin contracturas maratonianas en el cuerpo los trescientos sesenta y cinco días de un año no bisiesto. Viajar aquí, es un modo alternativo para rebajar el peso. Viene a ser como un stage de pretemporada de un equipo Champions. Los más fuertes se rehacen y logran su objetivo. Y el cansancio ya no duele. Solo huele a sana colonia.

Mas el viaje hacia uno mismo, hacia mí, no puede entenderse bien si no te fijas y te influyes por la compañía. Heterogénea, versátil, acostumbrados, correctos y obedientes.

Predominaron los mayores. Los veteranos de las excursiones, los cuales saben perfectamente lo que deberán hacer. Mayoritariamente, obedecer, e idolatrar a nuestra valenciana guía. Para ell@s es alguien más de su familia aunque sepa a exageración. Una familia real.

Y también otro tipo de gente. Una pareja de argentinos pusieron la nota del acento diverso. Ella y él, altos y críticos. Jubilados e inconformistas. Confesaron vivir ya mucho tiempo en mi país. Y no hicieron demasiados nuevos amigos.

Otra pareja, aparentemente bien diferentes sus dos miembros. Él, tranquilote y bastante campechano. Ella, pija y con cuerpo bonito. Con poca capacidad de asumir que se hace mayor aunque tenga unos hermosos ojos. Se pasó media excursión quejándose de su pierna, pero no hizo nada para que le atendieran en su lesión. Demasiado orgullo.

Obedientes. Todos, bien obedientes. Una mujer fumadora, se quitó constantemente la mascarilla y luchó por ella contra ella misma. Se la vio peleona y a la vez haciéndose esfuerzos para contenerse. Y, lo logró.

Mallas bonitas y ajustadas en una tal Lydia. Coqueta y todo el tiempo con melena al viento y taconazos. Asumiendo errores de pareja, y con oral propósito de enmienda. Guapa y con carácter. 

Y casi finalmente, una mujer sin edad que habla constantemente mi idioma valenciano. Fue mi referencia amable de la excursión, por su naturalidad y aceptación. Bajita y decidida. Libre como un conejo. Con ganas, en cuanto pudiera, de ir a su aire. Supo estar y llevarse con todo el mundo. Una máquina un tanto tímida de tomar decisiones. Fuerte y enérgica como una roca. Para ella, el mundo no tiene fronteras. ¡Gracias, xiqueta! ...

El viaje era todo esto último para mí. Un maravilloso reto social. Porque soy social, aunque especial y nada fácil. Creo que pasé bien la nota. Y llegué muy satisfecho hacia mí y hacia las cosas en cuanto pude descansar y reflexionar con dicho descanso, ya en el sillón de mi casa.

-EL VIAJE SIEMPRE VALE LA PENA-


 

sábado, 12 de marzo de 2022

- UNA CHICA NORMAL. -



Seria, joven, formal, muy educada, fría, altiva, cautelosa, preocupada y muy de hoy. Veinteañera y de belleza evidente. Atractiva y muy delgada. Estilizada y fuerte. Femenina y tatuada. Piel blanca, de Italia y actual.

Su mirada vale más que mil palabras. Aliteh se hace mayor a toda velocidad y en el más aparente silencio. La joven ya se hace mujer y reivindica el sentido de su espacio personal.

Clase alta, independiente, orgullosa y reivindicativa desde sí misma y su crecer. Más silencio y prudencia. Larguirucha y absolutamente de 2022.

Aliteh ha sido mi vecina bastante tiempo para la edad itinerante que tiene, en busca de su sitio. Silenciosa y discreta. Celosa de su intimidad. Necesita ese celo. A mí no me vio  peligroso porque me hizo mayor en su pensar. Y para una niña, alguien mayor siempre garantiza más su seda que un chicote joven. Ella será más rápida, más actual y mucho más práctica.

Lo destacado de mi vecindad con ella, es cuando me sentí su padre pero no supe practicarle esa paternidad. Me confesó un día que estaba asustada, nerviosa, porque habían moscas en su piso, hacía mucho calor; mucho agobio. Y yo me limité a decirle que no pasaba nada, en vez de haberla propuesto que pasara a mi casa o quedarme con ella más tiempo hasta que se calmara por completo. No le dije, que una de las causas de que me fuera de su casa demasiado pronto es que nunca tuve hijas o que su novio podía aparecer en cualquier momento y quizás montar un pollo. Ya no ocurrirá más, pero trataré de rectificar esa lección para cuando futuros vecinos moren en esa misma casa. Aprender y aprenderme, es de sabios.

Asustada todavía, Aliteh se marchó hacia la calle. Supongo que para que el exterior la aliviara  la angustia.

Aliteh es perfeccionista y clara. Un pit bull peligroso procedente del piso de abajo, no paraba de lanzar ladridos amenazadores. Se me fue la olla y grité desde mi balcón a sus dueños. Y eso nada gustó a Aliteh. Igual ese incidente nunca me lo perdonará. Salió a su balcón, me miró con firmeza y no dijo nada. Debió pensar que su vejete vecino era más mayor de lo que pensaba. Y me castigó con un muy prolongado silencio. Aliteh sabe callar como pocas chicas.

Mi fanatismo hacia las plantas no le pasó desapercibido a la joven itala. Me miraba curiosa mientras yo podaba casi con obsesión dichas plantas, los riegos, las semillas, mis caricias sobre las hojas de las plantas, y esa pasión le debió producir tolerancia. Lo que pasa es que Aliteh está en edad de tomar decisiones. Desde el día de mis gritares, cambió bastante su actitud. Puso catenaccio y ya no fue lo mismo.

De su chico sé que es español, pijo, chico bien; dubitativamente crecedor. Aliteh y su mozo se tienen un cariño tierno especial. Les gusta fumarse porros y reírse mirándose a los ojos. Y hacerse dulzuras. Y que nadie les oiga ni les vea cuando se aman. Y Aliteh prefiere verte la cara ancha de la sonrisa relajada que nunca la preocupación de la seriedad. Nunca les sentí gemidos de cama.

El mundo de Aliteh es considerado, elitista, suyo, pero no pija como su novio. Ella es elegante en su blanca y atractiva piel. Se siente femenina pero no gilipollas. Y yo la veo algunos rasgos androides que solo elucubran a su belleza juvenil.

Se va. Se muda con su chico. No sé de dónde vino ni hacia adónde partirá. Eso es cosa de Aliteh y de su futuro. Y seguro que elegirá con acierto su nuevo destino y se adaptará bien. Porque el crecer de Aliteh va a ser imparable y sereno. Piano, piano ...

-ME HA REGALADO UNA PLANTA COMO DESPEDIDA-
 

lunes, 7 de marzo de 2022

8-M



Las hembras pudieron ir reaccionando tras miles de años de postergación y malos tratos. Incluso en las sociedades occidentales han superado al día de la píldora abortiva, o al de la liberación sexual, o al de la percepción de la sociedad machista que las sujeta y detiene: ¡El 8-M!...

Hace muy pocos años,-si lo comparamos con el olvido absoluto en la Historia humana-, que las mujeres decidieron otras directrices que nada tenían ya que ver con las imposiciones y mandangas del varón.

Las chicas empezaron a follar, después a desnudarse o a quemar sus sostenes, a mostrar sus cuerpos sin el estigma de lo pecaminoso, y fueron transitando por un sendero real y peligrosamente inevitable.

Mucho más que imitar a las conductas de los hombres, la mujer decide que frente a ese hombre que pesa más y que manda todo, que su mundo femenino también tiene su reivindicación, igualdad, y que su derecho a ser ella misma emancipándose del pasado atávico, es posible.

Por eso las chicas se dejan notar. Demográficamente son muchas más que los varones, pero el sentido posesivo del hombre le sigue impulsando a ser voraz y a violarlas físicamente, o a llamarlas feminazis, o a pensar que van excitando cuando se ponen una mini sexy, o cuando pasean por la calle a altas horas de la madrugada.

Muchos hombres creen que las mujeres van provocando por ahí, y que ponen su físico en peligro si deciden los paseos de su libertad. Porque en la posesión y en la idea masculina de propiedad, sigue el hecho mental de la mujer vulnerable e hija nuestra a la que debemos proteger indicándola que se repliegue hacia su vida de siempre.

El 8-M, pone de manifiesto en las calles una revolución necesaria. El grito femenino nunca será el histérico ni el fruto de un loco akelarre de seres desobedientes y hasta malignos. No. El habla y el grito femenino, está cargado de verdad. Aunque duela a los hombres.

El varón no estará domado, ni nada que se le parezca. Lo que ocurre es que siente desconcierto y terror al cambio de las estructuras sociales. Cree que la mujer le quiere quitar la silla, y que no es justo que compita con él. Las perciben como seres ladinos que les curvean con dicha silla excesiva y equiparable.

Y piensa el varón mucho menos en las mujeres violadas vaginal y analmente, o en las asesinadas por sus parejas cada día, y de esas cosas tan bestiales, cotidianas y tan reales como que el sol existe.

El varón prefiere pensar en la belleza de unas tetas o en el atractivo de unas vaginas placenteras. La diferencia es una gran asignatura pendiente. Como la progresiva igualdad. El oso varón no acaba de aceptar la realidad femenina, y la rechaza con escepticismo y violencia.

El hombre admira su físico, su pene, y su posición sociolaboral. Su coche, su velocidad, sus marcas atléticas, o sus alzamientos de enormes pesos. Y debe pensar que hay otras fuerzas complementarias y diferenciales. Que la sexualización de la mujer es una argucia machista más; que las tías ya no necesitan a un maromo para darle tenencia y continuidad necesaria a sus vidas. Los tíos no logran entender a las mujeres. Están en un limbo o avispero desconcertados.

Pero las chicas ya van mayoritariamente a la Universidad, y están a la par de conocimientos que los chicos, pero todas las cosas se están modificando. Y ya la mujer no anda con milongas y demanda toda la honestidad y la autenticidad en los hombres. Pureza. Porque ya no tienen por qué querer la segunda división en el mundo.

¡AUNQUE JODA!

 

viernes, 4 de marzo de 2022

- EL ÚLTIMO TREN. -



La estación está delirante, ansiosa de seres llorosos que escapan de la barbarie. Es un tren hermoso, moderno, bien construido con los mejores materiales actuales. Pero nadie puede fijarse naturalmente en la perfección de la industria. Todo es sensación de desastre y de supervivencia ...

Ulikán se ve mayor. Es mayor. Se nota mucho más mayor en estos días de tragedia. Mide exactamente dos metros de estatura, y es fuerte como un atleta superdotado. Sus ojos habitualmente vivarachos, están tristes de niebla y estupor. Su país es atacado, y debe partir camino de algún lugar seguro. Porque el gigante Ulikán aún no desea morir.

Pero lo que le distingue del resto de los centenares de viajeros que huyen, es que parece tranquilo y de movimientos suaves. Hace días que no habla. No tiene familia, y todo lo que le queda es el amor por su casa, por sus amigos, por sus calles convertidas en queso gruyère, con el pensamiento fijo y anclado en la interminable fila de tanques enemigos que no puede evitar que le desaparezcan de su cabeza, y que un manotazo suyo hizo caer a dos soldados. Algunos kaláshnikovs amigos dispararon contra dichos soldados y por eso sigue vivo. Pero Ulikán no digiere lo que sucede.

Echa de menos sus paseos tranquilos por la ciudad, los partidos de fútbol y de baloncesto, la relajación ante la pantalla de su televisión, y la raíz. Su casa cuna donde siempre ha vivido, la escuela en donde impartió clases de Física, sus partidas de ajedrez en el club recreativo a donde siempre acudía, los cines y sus películas, y todo lo que siempre ha constituido su vida cotidiana.

En las paredes de los vagones hay sangre y trozos de uñas rotas de mujer. Muescas de golpes, agresiones, alaridos, peleas, intentos de linchamiento, semblantes corroídos por el terror, acusaciones de traición, y gritos contra el chivo cabrón que decidió invadir su tierra.

Ulikán parece tomarse su tiempo antes de subir a uno de los vagones repletos del último tren, hacia un lugar ausente de la puta guerra que martiriza y que hace zozobrar a los pensamientos positivos.

La gente sigue gritando una y otra vez que desean que el tren arranque ya. Los encargados de dicho tren no dan abasto y no pueden con el desorden. A pesar de que el maquinista está protegido por varios agentes de seguridad, las patadas a la puerta de dicho maquinista y los golpes, se suceden continuamente. Lloran los niños, lloran las mujeres, lloran los hombres ...

La estación sigue siendo hermosa a pesar de todo. Porque representa la esperanza hacia un mundo mejor. O, esa sensación se tiene.

Ulikán no lo percibe así. Lo que siente es impotencia. Los sonidos del tren indican que pronto se dispone a arrancar. Ulikán sigue esperando para subir. Quiere ser el último en irse de su casa.

El tren empieza a moverse, y el gigantesco Ulikán sale de su estatismo y melancolía, y de un empellón lanza a todos los de la puerta hacia adentro y se introduce en el interior de uno de los vagones. ¡Maldita violencia! ...

Hace unos pocos días que Ulikán ha sacado un billete de ida y vuelta. Cuando todavía nadie sospechaba que habría que hacer un éxodo masivo para salvar el pellejo. Muy pocos de los centenares de personas llevan la vuelta en el billete. Algunos, ni siquiera llevan billete sino una mera acreditación personal.

Ulikán, ya dentro del convoy, sigue mirando hacia atrás. Se ven columnas de humo, se perciben ya los disparos en dos direcciones opuestas y la tensión bélica, pero también el verde de los campos.

Ulikán no para de mirar ese color natural que es el verde. Y que para él representa su tierra, su raíz y su última esperanza. Su tierra que va dejando atrás es su amiga, es él, así como los árboles cercanos, o las lágrimas que el hombre lleva por adentro y que nunca nadie podrá ver.

Ulikán sigue de espaldas a todo, y mira y mira hacia atrás. Cada kilómetro le duele; cada progresiva lejanía le arranca las entrañas. Pero su mueca mecánica ofrece fiereza serena. No mueve un músculo de su cara. Y va a defender su billete de los ladrones. Sobre todo, el de vuelta.

-PORQUE ULIKÁN QUIERE VOLVER-
 

martes, 1 de marzo de 2022

- DESDE OTRA PERSPECTIVA. -



Nací ciego. Nunca pude ver. Mis padres me tuvieron, agridulces. Por una parte, celebraron la alegría de verme vivo. Y por otra parte, con la lástima permanente de su tristeza por mi no visión. Soy hijo único, porque mis padres temieron que pudieran tener más hijos como yo. Y se volcaron sobre mí desde un principio.

Ni familia era acomodada social y económicamente. Y sintieron mi ceguera como una evidente decepción y casi como un castigo de las deidades. E hicieron todo lo posible para que yo tuviese algo de visión. Para ello, visitaron a los mejores oftalmólogos nacionales, y hasta algunos viajes hicimos al extranjero. Aquello les era muy difícil de aceptar. ¿Por qué iba a ser fácil acaso? ...

Yo me sentí distinto desde bien nene. Vivir a oscuras es imposible, y han de estar encima de mí. Me preguntaba qué sería eso de ver. Aunque poco a poco, empecé a desechar esa absurda idea para mí. Además de la vista, hay más sentidos. Y con el braille y otros adelantos, la vida puede que no sea tan reducida en alicientes.

Un día perdí el medio a estar solo. Recuerdo que antes no había la tecnología que hay en la actualidad y que es muy práctica. Pero aprendí mucho y rápido. Había que seguir para adelante, con apoyos o sin ellos. Tuve perro, bastón, y muchísimas horas para descubrir la practicidad y dejarse de melancolías. Ser ciego no es el fin del mundo. Es casi una experiencia especial de supervivencia. Y yo me lo tomé como una cura de vanidad y de humildad.

Siempre me gustó la voz de la radio, los sonidos de mi alrededor, la cercanía de las personas habituales, los pasillos novedosos de la ceguera y sus características y chicha. Ser ciego puede hasta molar y ser simpático. Sobre todo cuando aceptas tus límites. Es una aceptación continua y de repaso constante. Otra perspectiva diferente, e igualmente rica.

¿El amor?, ¿las chicas?, ¿todo ese mundo adolescente, erótico, sexy, y de pisar la cercanía de la verdad femenina? ¡Oh, bien personal y diferente! Yo no puedo ver los cuerpos de las mujeres, ni la puesta del sol, ni el amanecer, pero eso no significa que sea todo una putada.

¿Podría un ciego atraer a una chica? Todo es distinto. Has de deslindar muchas cuestiones y campos. Recuerdo la primera mujer que rozó con su mano mi piel, o la que acarició por completo mi cuerpo desnudo.

Es curioso que yo no tenga aspecto de ciego. Al menos, si no te fijas bien. Si me miras apresuradamente, ni te enteras. Pero luego, te das cuenta en función de la frecuencia y de la intensidad hacia mí.

Mis padres se separaron superados por su dolor hacia mi situación. Y yo me hice un joven alto y fuerte, y las hormonas se dispararon, y jugueteé mucho con diversas chicas. A unas les daba morbo un ciego pijo, a otras yo les daba curiosidad y hasta cientifismo dado que solo me estudiaban. Un ciego como yo podía ser un tipo raro. Los normales, ven ...

Me gusta el olor a chica, la voz femenina, mi tacto sobre las curvas de su cuerpo hermoso, toco su belleza y puedo hasta dibujar tal belleza y hasta pintar el cuerpo en un lienzo. Puedo muchas cosas. He sido nadador paralímpico, y sacado las mejores notas en la Universidad. Soy psicólogo. Debo luchar cuando mis pacientes me rechazan por mi ceguera, pero a mí me entra la sonrisa y me río mucho por adentro.

Tengo muchos proyectos. Incluso ahora que mi mujer se ha cansado de parecer una enfermera, y se ha largado por ahí con otro hombre y para no volver.

Es duro. Todo es duro. Y es necesario tenerse una potente autoestima. Yo no quiero ni querré enfermeras hermosas o inteligentes en mi vida. Sino una mujer que no le haga caso al hecho de la invidencia. Una mujer fuerte y con las ideas claritas y sin dudas. Soy fuerte como un toro, y en la cama como un superdotado que domina el tacto como pocos.

-SOY Y SERÉ CAPAZ DE AMAR Y DE QUE ME AMEN-