domingo, 7 de abril de 2013

- PERFILES DE PERSONAJES= RAÚL DEL POZO. -



Periodista castizo y conquense, veterano, y excelente escritor. Raúl del Pozo. Todo un clásico tertuliano y opinador. Uno de los tipos más sagaces del mundo que parió el gran Larra. Impronta y heterodoxia.
Pelo cano, mirada fija, y talante de bonancible y tranquilo hombre de pueblo. Personalidad clara, y amante excelso de la belleza femenina.
Una frase de Del Pozo es una demoledora ráfaga de contundencia y talento. Su voz es un golpe hilvanado a la cátedra lingüística, pero él nunca será abuelo del Hogar del jubilado. No le busquen ahí.
Raúl del Pozo estará en el campo donde se cuece la vida y la intriga, la pasión y la mesura, el rigor y la palabra, y su independencia de opinador que en el fondo le parece que el mundo está ya suficientemente inventado y que la rabiosa actualidad no es más que un oportunismo seductor y mercader. Las habas y el caldo.
Además de su mirada seria, hay una sonrisa de desdramatización y una mueca de serena normalidad. Nunca pasará nada excesivamente truculento, y si pasa, habrá que saludar con rigor de academia e ingenio de valentía.
Raúl es un gran vividor del buen periodismo. Es modestamente elitista y sibarita, y sabe cuando una mujer ha entrado en contacto con la Primavera o cuando es más fea que Picio.
Del Pozo parte de la cultura, y se proyecta desde la gran experiencia literaria y de la sabiduría de los clásicos eternos y modernos. Si tiene que atizar a alguien, lo hará por igual al Pesoe o al PP, pero sabe que sus pies están ahora en un diario de derechas como es "El Mundo" de Pedro José Ramírez. Nadie hay bobo aquí.
No hay fatalismo en Del Pozo, sino visión no partidista. El planeta de los blancos y banqueros tiene bien poco remedio, pero siempre hay que decir las cosas aún contando con ello. El mundo es el que es. El mundo es sentimientos y misterio por desubrir, geografía y dinero, nuevos ricos y viejos pobres que claman justicia.
Raúl huye de los voceros oportunos, y trata de meter la morcilla de la broma en terrenos inesperados. Y entonces, el veterano conquense se da cuenta de que la sociedad actual es hostil y vana, y que siempre quedará la gran bohemia de la libertad y quién sabe si del socialismo real.
El mundo es fútbol, es fasto y bomba, sabio y verdugo, y todos esos desequilibrios. Pero bien pocos se salvan de la inocencia. Porque Del Pozo sabe bucear como pocos en las razones de la sensatez y de la incomprensión. Suyo es el desencuentro y también la sorpresa, la luz y el almendro en flor, y su elegancia impoluta de su vestir en el mito del Café Gijón.
Raúl del Pozo sabe tanto como los ratones colorados, y por eso pone cara de deseoso de no saber mucho más. Lo más importante para un castellano viejo es la supervivencia y la realidad, unas buenas botas para el frío, y la tierna conversación de lo que sea al lado de una voz cálida al abrigo de una interna y acertada estufa de leña.
Pero, también el mundo es Madrid y el Poder. Es apasionante el Poder porque saca lo mejor y lo peor de los seres humanos. Les pone a prueba y puede también hacerles humildes. ¿Por qué no? ...
Es lo que tiene el periodismo. La naturalidad del estratega que amaga, y luego te da una andanada definitiva y de talento literario. Todo éso, junto a una caja de sorpresas veteranas y lúcidas es Raúl del Pozo. La cultura aséptica hecha periodista y escritor. La sorpresa ácida que te deja perplejo cuando dispara, y la elegancia de quien sabe que nunca puede osar aburrirte sino todo lo contrario.
-RAÚL DEL POZO ES UN MAESTRO-

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