martes, 9 de abril de 2013

- CENA POTENTE Y ENTRAÑABLE -



- Mamá, ¿me vas a dejar ver el programa "Salvados" de Jordi Évole? ...
- ¡Uyss! Sí. Vale.
Lacónica y pícara respuesta de mi madre. Yo, era consciente de que todo sería bien difícil. Mi hermano se acababa de ir al campo de Mestalla a ver jugar al Valencia, y mi misión era quedarme haciendo equilibrios con la situación que mi madre plantea desde su senectud.
Intenté dribarla tímidamente al principio. Puse Telecinco, y desde Qatar televisaban a los chicos de las motos. Pedrosa, Lorenzo, el mito Valentino Rossi, y todos      esos     imberbes  kamikaces. Solo sé que al principio Valentino estuvo a punto de irse al suelo y cedió algo.
- ¿Ya va mi cena?, ¿qué es eso que hay ahí encima, hijo?, ¿por qué no pones ese vaso allá?, ¿qué hace la cuchara ahí?, ¿te acuerdas qué pastillas son las que tomo? ....
-Sí, mamá. No te preocupes.
A hacer la cena y adiós a las motos. Era más sencillo. Y mientras cenaban madre e hijo, la boca de la mujer no cesaba de lanzar órdenes a pesar de los alimentos que ingería. ¿Qué será callarse? ...
- Pero, mamá, ¿quieres dejarme ver al Jordi con estos hombres de los medicamentos, mujer?
- ¡Uyss! ...
Peligroso. No me ha dejado en paz mi santa madre en toda la cena. Apenas he podido deducir o intuír muy distraído, que una cosa es el científico libre y riguroso, y otra el mercader interesado en todo incluyendo prioritariamente a los dineros. En España se hace con la farmacología lo que deciden en gran parte los grandes laboratorios sin fronteras.
- ¿Lo he sintetizado bien, mamá? ...
- ¿Qué dices, hijo? Yo lo que te digo es que eso no me interesa, y que ya está bien de comer que quiero irme al servicio y después a dormir ...
Después del servicio y de sus necesidades fisiológicas, yo ya no recordaba apenas porque no tenía tiempo, de que voy aguantando otra vez con paracetamol el resfriado que tengo.
El siguiente capítulo, es que no se quería tomar la abundante medicación. Y la he dicho que se lo diga al médico y que yo solo soy un mandado. Demasiadas palabras juntas para que asiente y obedezca. Finalmente, logré una victoria parcial. Se lo tomó todo, pero antes me preguntaba por la cama y que quería acostarse ya y sin esperar un solo segundo.
Tuve suerte. Yo también a duras penas había logrado cenar. Mi madre me ha dicho exacta y atropelladamente todo lo que tenía que hacer. Me leía la memoria y no me dejaba un instante para la pausa y el resuello. Y una vez acostada, mi madre seguía con mucha vitalidad.
- Oye, ¿éso que hay ahí al lado del armario, qué es? ...
- Un primo de Drácula.
- ¡Uyss! ¡Cómo va a ser un primo de Drácula! En serio, ¿qué es aquella toalla azul que está ahí y que no sé muy bien por qué es que no la pones aquí? ...
Cómo explicar. Es difícil cuando casi no te tienes en pie. Mi ateísmo se aferraba a los rezos interiores. Porfa, haz que los medicamentos la vayan haciendo entrar en calma y en sueño. ¿Porfa? ¡Please! ...
De repente, un silencio. Leñe, ya se callado y duerme. Pero al minuto y medio, mi madre me llama aunque no quiere nada. Solo desea saber si estoy, y de paso asustarme un poco. Manejo bien la habilidad de hacerme el sordo, y mi tesoro se calla definitivamente. El sueño es suyo.
Aprovecho para prepararme. En ése momento, mi hermano llega del fútbol. Lo primero y único que me dice es que mañana tengo que volver a las nueve de la mañana, a pesar de ser festivo. Estoy tan cansado y deseoso de escaparme por unas horas a mi casa propia y de libertad, que casi no me sale la voz. Solo iba a decir que vale.
- ¡SÍ, BWANA! -

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