miércoles, 6 de junio de 2012

- MIRA ESE GATO QUE VA PARA ALLÁ ... -



La jornada de hoy de los cuidados a mi madre que se ha hecho mayor y que en estos días se me va hacia los ochenta y séis años, ha sido prometedora y dulcemente abrupta.
Hoy, mi madre no quería nada. Todo era "refunfuñar", que es un verbo que se conjuga bastante por mi Valencia, y que significa protestar, soltar enfado, y todas esas cosas del desagrado.
No puedo saber si era la calor de pleno verano que ya tengo por aquí por el Mediterráneo en Junio. Lo que fuera. Lo cierto es que hoy mi señora progenitora no estaba colaboradora ni muy positiva, y es de seguro que no facilitaba las cosas para cuidarle como únicamente se merece. De mi mejor y más sincera manera.
Decía que no quería que le cambiara los pañales, y que no y que no. Pero que yo no la podía complacer. Su olor a orín y al sudor propio de estos días bochornosos, hacía que tuviese que mostrarme inevitablemente militar y severo. No hay otra.
Sí. Le he dicho que la iba a cambiar la ropa a buenas, a malas, o a regulares. Lo cual, la ha hecho ponerse muy alterada y agitada. Y le ha salido esa tos tan compulsiva que pone cuando no logra salirse con la suya, y que además le puede ayudar para el chantajito emocional.
Como buenamente he podido, he aguantado la tremenda carga de improperios que me soltaba sin miramientos aparentes, me he hecho el sordo y el bobo ante su agresividad de niña supertraviesa y con berrinche, y tras cambiarla y todo éso, veía cómo     se   estaba  tomando el desayuno que siempre devora, con parsimonia y poco entusiasmo. ¿Un tanto raro? ...
Su venganza, estaba ligada estrechamente a la premura de mi tiempo y al calor matador que hace ya por aquí. Sí. Hoy no quería ir al jardín. Hoy, todo era que no. Me estaba castigando la reina de la casa, a su manera ...
No me expliquéis cómo he logrado vestirla, meterla en la silla de ruedas, y sacarla de casa camino del Jardín Botánico. Solo sé que ha sido bien laborioso y extenuante. Y mientras la llevaba para que se juntara con otras ancianas y saliera de su tedio fatal, me seguía diciendo de todo menos bonito. ¡Vaya enfado! ...
Ya en el interior del ajardinado lugar, mi madre seguía hacia mí, reproche más reproche. Me buscaba el enfado y la paciencia. Me estaba agotando, y mi cansancio comenzaba a hacerse patente.
Y como mi madre es más lista que pocas, casi sin querer ha mirado mi rostro enfadado. Y aunque ha seguido seria mientras la sentaba en el banco del parque y con bien poquitas ganas de hablar, mi madre comenzaba seriamente a pensar en cómo rehacerse de sus travesuras anteriores.
Hasta que, finalmente, se ha calmado. Ya me hablaba tranquila y sin faltarme, ya entraba en mi juego y en mí, y rectificaba casi como en una maravillosaa mutación de carnaval. Y va y de repente y con gran ternura, me dice: "Mira ese gato que se va para allá ..."
Sí. Los gatos, la naturalidad, el sosiego y su buena disposición, casi me han emocionado. Mi madre me estaba diciendo que me quería mucho, y que aterrizaba en la realidad a través del paso del manso felino.
-COSAS DE LA TERNURA-


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