sábado, 9 de junio de 2012

- LA CIUDAD DE LOS PSICÓPATAS -



Parece bien lejana de nosotros, pero no es del todo verdad. Porque la ciudad      de       los   psicópatas está muy cerca de lo que podamos pensar. Podemos acceder ciertamente a ella, en avión, tren o autobús. Pero igualmente la descubriremos si decidimos abordarla yendo en bicicleta, haciendo footing, o simplemente de la mano del paseo.
Los habitantes de esta ciudad psicopática son aparentemente inofensivos, anónimos y anodinos. Pero en realidad, son inconscientemente peligrosos. Orgullosos, e impredecibles. Individualistas, y despreciadores de todo lo que pueda aglutinar la palabra social.
No se saludan apenas entre sí, y funcionan a muecas y a gestos educadamente corteses. Son de un nivel adquisitivo medio, tirando a alto. A veces, a bien alto. Puede vérseles con  sus enormes volúmenes colapsando el tráfico de la ciudad cada mañana, y encerrándose de poder en sus despachos personales, espaciosos y confortables. Siempre andan con el móvil pegado a la oreja. Son prácticos, poco de leer, amantes del dinero y del confort, y más que escasamente dados a sacrificarse por nadie ni para introducir en sus vidas un cachito en el que los demás también puedan tener cabida.
Apenas se sabe nada de sus vidas privadas y de cómo son en realidad    tras     sus    hoscos  aspectos. Dicen que no suelen casarse, y que si lo hacen tienen poca descendencia, y que bien pronto fracasa la relación y vuelven a una soledad en sí mismos y mismas que les fascina.
Les encanta la robótica y los avances de la tecnología. Apuestan por un futuro personal más alejado entre ellos de lo que ya lo está ahora. No creen en el Estado, ni en la ciudad, ni en la comunidad vecinal, y no sienten representados absolutamente por nadie. Se proclaman  independientes y apolíticos, y están pertrechados por legiones de abogados defensores a sueldo, los cuales les defienden de los pleitos que les llegan casi todos los días. Se sienten envididados.
Adoran las películas de terror y vísceras, sin internet nada serían, son escurridizos para la policía, y mentienen sus propias webs o dominios personales, en los cuales tiene cabida toda la ilegalidad y la maldad posibles.
Sí. En la ciudad de los psicópatas no hay semáforos, y nadie regula el tráfico. Todo     es    autoservicio y nadie identifica. Circulan a la suya, en la dirección que les parece, pero raramente se enzarzan a las manos cuando se chocan entre sí. Por todo lo contrario, se limitan cual omertá o pacto de silencio, a llamar a sus defensores legales para que les saquen de las situaciones y para que los incidentes nunca trasciendan. O, los menos posibles ...
Hay gente que les tiene mucha inquina y manía. Los maldicen, y afirman desde el otro lado de las lindes de su ciudad, que en realidad han perdido el alma y el norte. Y     que    son responsables de la mayoría de los conflictos que al mundo asolan. Que     son    más    que extraordinariamente violentos, que practican canibalismo e incesto, que asesinan y nunca te das cuenta, que sienten placer pisando con sus propios pies a sus personas serviles que viven de éllos, y que incluso son capaces de gozar en sus tiempos de ocio azotándose con un látigo o haciendo que una hermosísima y adquirida mujer apriete sus cuellos con la mano. Buscan riesgo.
-POCO MÁS SE SABE-

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