lunes, 16 de abril de 2012

- EL ÍDOLO DE JEREMY -



Jeremy Sáez solo era un iluso, con unos pensamientos basados en   su    falta     de    afecto   cotidiano. Y, en la exigencia de tal afecto, un vampiro de los otros.
Quiso la vida, que Jeremy encontrara a un tipo amigo de las correrías montañeras como él, al cual le confió toda su plena confianza y esperanza. E hizo de tal hombre, su gran ídolo y aliado.
Nada más lejos de la realidad. Porque, el dios humano y de su desesperación, no era otro que el labrador extraño, Remigio Fornás. Un hombre generoso, caprichoso y simplón. Bien pocas luces las de Remigio.
Jeremy Sáez podía ver en Remigio a ese padre, a ese amigo, o a ese hermano mayor, que nunca había podido tener. Y las montaña y la aventura, eran para el inocentón Jeremy algo muy parecido a los sueños, al deporte, y a la concreción de su alegría. Un gran y carprichoso pasado, hacia su libertad imaginada.
Remigio Fornás vió en Jeremy a un pobre necesitado de atención y de dinero. Y todos los domingos, le invitaba a subir a su coche, y le juntaba con todas sus amigas y amigos de la montaña, y le pagaba los refrescos que acompañaban a sus bocadillos matutinos, y le pasaba amablemente la mano por el lomo al inocente y raro Jeremy Sáez ...
Lo que pasa es que Jeremy no era tonto, y Cronos acabaría destapando muchas mantas de la verdadera realidad. Sí. El paso del tiempo, comenzó a chirriarle a Jeremy cuando observaba más detenidamente a Remigio. Y un día le vió cómo se atrancaba claramente al hablar, defecto en el que nunca había reparado. ¿Cómo era posible que nunca se hubiera dado cuenta ? ...
Y otro día descubrió que tenía su ídolo muy pocas luces, y que mal lo quería, y que todo era puta limosna, y que incluso se había aprovechado de él al indicarle que le hiciera unos trabajos en su campo, y que incluso su increíble ídolo le tenía a él como a un burro, a un sucio, y a un discapacitado. ¡Coño de desencuentro! ¡Menudo ídolo       se      había    construído   egoístamente el extraño Jeremy Sáez! ...
Y, poco a poco, los ruídos del ídolo que se desploma en el suelo con unos decibelios     de    estrépito, le llevaron al odio, a la tristeza, a la desesperación, y a la evitación del contacto.
Todo se enfrió, todo se rompió, la amistad o lo que fuera entre Jeremy y Remigio se fue al carajo, se acabaron los paseos montañeros y felices por las montañas, y también la compañía de las amigas y de los amigos de tantos y tantos años.
Remigio Fornás, el ídolo sorprendido negativamente por el cambio y rechazo hacia él de Jeremy, tomó una definitiva decisión: alejarse de él igualmente, hasta desaparecer por completo de su vida.
Ídolo e idolatrado, tomaron una buena idea. Fue una sabia decisión el alejarse mutuamente. Era imprescindible, básico, realista, necesario, conveniente, acertado e ineludible    tal    alejamiento. Las cosas, y en frío, debían dejarse reposar para dejar que el tiempo dispusiera la libertad y la sinceridad en aquella extraña y desencontrada relación amical del atrás.
Pasados algunos años, Jeremy ya no siente nostalgia de aquellos días tan felices y tan en el aire. ¡Adiós a todos los ídolos! Se acabó el hacerse las autotrampas, y los rescates facilones de su vida dependiente. Porque ahora, solo desea ser sujeto de sí mismo. Y afortunadamente, Jeremy ha superado la idea de limosna, y rechaza las dádivas que le llegan    desde      la  compasión. Ahora, ya le pica y bien duro, que le consideren un ser menor. Y golpea una y otra vez en sello las páginas de su pasado.
-AHORA ES COHERENTE-

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