viernes, 27 de abril de 2012

- ARMENIA SOOTS -



En medio de un paisaje real y profundamente individualista, de repente me topo    con  personajes humanos y con sentimientos, a pesar de que ni siquiera pertenecen a mi entorno familiar sanguíneo.
Élla, es limpiadora. Sí. La limpiadora de la escalera. Pongamos que se llama Armenia Soots. Y esta tarde, Armenia me ha visto subir por las escaleras, camino de mi piso. El de arriba de todos. El tercero, el de la luz y las plantas, el de toda mi vida, y seguro que también el de mi futuro. Mi casa de siempre, tan querida y añorada.
Al verme, Armenia Soots se me ha quedado mirando al notarme cansado a causa de la dura tarea física y mental de cuidar a mi progenitora ya senil, y lo primero que ha hecho ha sido sonreírme.
Tras sonreírme con calor y cordialidad, he ido yo a darle mi mano, y entonces ella   me  ha  interrumpido con decisión y naturalidad. Sí. Armenia no quería solo mano, sino darme dos sonoros besos en las mejillas. No me ha sorprendido su afecto. Me conoce ya hace tiempo, y siempre me ha aceptado con naturalidad. Un ser aparentemente menor, pero que actúa llevada por un intuitivo gran corazón.
Mientras Armenia Soots toma el cubo y la fregona, y me escruta con sus ojos vivarachos mi rostro fatigado, me lo desdramatiza todo, se pone a charlar y a decirme con naturalidad lo que quiere, y me dice igualmente que no me preocupe si le piso con los zapatos el terreno ya limpio y fregado por ella. Y como recuerda que me gusta cantar y que soy un pesado de la canción, allá que va Armenia escalera arriba y abajo, canturreando una canción popular. Una, encadenada con otra. Siempre lo hace. Adiós a las penas.
"El día que me quieras, bajo el azul del cielo, las estrellas celosas nos mirarán pasar, y un rayo misterioso hará nido en tu pelo..."
Armenia Soots es una mujer bajita y muy vital, que debió pasar una infancia o adolescencia difíciles, cosa que se le ve en los ojos. Pero nunca verás lamentándose a Armenia. Y sabe compaginar su humanidad, con la cortesía y con todo lo que toca decir para quedar bien. Ha debido verse en mil líos, ha salido de éllos, y se mueve una y otra vez orgullosamente pizpireta y práctica, mientras friega y friega escaleras y más escaleras. Y allá por donde va, no pierde su positiva alegría. Canturrea canciones eternas.
"El gato que está triste y azul, nunca se olvida que fuiste mía. El gato que está, en la oscuridad, sabe que en mi alma, una lágrima hay..."
Armenia Soots no sabe fingir, ni le da la gana. Tiene pocos estudios y sabe ser buena gente. Y si no le firmas los talones para que pueda cobrar su labor de la higiene de la escalera, pues no viene y santas pascuas. Pero cuando en la anárquica Comunidad llega un vecino      con   iniciativa, se preocupa, y me entrega los talones, entonces yo firmo mi parte, y élla cobra y nos sigue limpiando cual hormiguita eterna los lugares comunes de la escalera.     Mi  entrañable escalera. Sube y baja, baja y sube. Nunca habrá ascensor.
Y si me ve por la calle, Armenia Soots me saluda con franqueza, se me para, me mira como dándome confianza, me sonríe, y vuelve a inquerirme acerca del estado de mi madre. Yo, le agradezco con una cierta timidez su audacia y atrevimiento, y luego resulta que siempre me sigue cayendo bien la trabajadora bajita y campechana. Y cada semana o por ahí, sé que está cerca de mi casa. Se la oye de nuevo canturrear cualquier cosa popular.
"En el café de Levante, entre palmas y alegría, cantaba la Zarzamora ..."
-UN BESO, "ARMENIA"-

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