lunes, 23 de abril de 2012

- CARTA A QUIEN NO HA DE LEERME -



Este escrito va para tí. Para tí, que estás preparando en el interior de la sucursal bancaria de la esquina tus cartones, para que el fresco de la noche no te deje en la fatídica pulmonía quizás demasiado inabordable para tu recuperación.
A tí te escribo, borracho inofensivo que ríes en carcajada insistente y fútil, para hacerte parecer a tí mismo que tu mundo es navegable y de acometer. Errada derrota.
Escribo a los toxicómanos. Sí. A los drogadictos o "drogatas", como se os dice con rabia desde el otro lado de la exclusión. A quienes le dáis a la heroína, a quienes estáis tan enganchados al veneno del negocio, que concentraros en un escrito es como si escalaráis el Everest de   la  impotencia.
Sí. Escribo a los pobres, a los que no poseen ordenador, a los que nada tienen, a los que resisten en las cárceles la crueldad legalizada de la falta de libertad, y a quienes solo la limosna o la caridad del sensible hará que no paséis hambruna que haga tambalearse vuestra salud y vida. Ya milagro.
Escribo hoy para los desesperados, para los que están metidos dentro del cubo de la oscura incertidumbre, para los que no pueden relajarse, y para los que sufren el nervio     de    la  incomprensión y de la indiferencia.
Estas letras, apenas podrán ser leídas por seres sin acceso ni recursos a la tecnología y al progreso, que están sumidos en el gran desequilibrio progresivo e infernal que va separando cada día más la igualdad y la esperanza, convirtiéndolas en una mera quimera romántica y de mentiras.
Quiero escribir para esas personas que nunca han tenido noticias de una cosa que se llama afecto, que han carecido de una básica familia de estructura, y a los que han esquilmado su crecer, y potenciado su rabia social contra todo aquello que se menea.
Deseo apuntar con el apéndice de mi bolígrafo hasta llenar la hoja del papel cibernético, y hablar a los que están sordos de dolor, y a los que la idea del amor es un concepto que queda capado por la prioridad inmediata de su propia supervivencia. Calle de en medio.
Escribo para el magrebí, para el negro africano que huye de su miseria, para el niño que muere entre las moscas del calor lejano, y para la mujer a la que nunca querrán enseñar a leer ni permitirán que vaya a la escuela para poder ser libre.
Sí. José Vicente quiere tirarle una revolución a la impotencia, una piedra a la conciencia hueca, un beso a un barbudo violento, un abrazo a un moribundo sin hospital ni médicos, una caricia a una guerra basada en el rencor del despropósito, a un cabrón que se cree un Dios, a un desconocido que nunca soñará con rincones de magos y poetas, o a una cruel venganza femenina desde un destino mudo y azaroso.
Voy a escribir unas letras en el cielo, un salto en medio de un vendaval, una siesta en  un cráter, y a correr más rápido que un avión supersónico. Voy a dejar en las alas abiertas de una nao inalcanzable, todo mi aliento y cariño de romántico irremediable.
Porque, a lomos de esa utopía fantástica, quizás algún día pueda volver la sensatez al mercader, la luz al teólogo, o la horca a la miseria. Y cuando éso pase, quién sabe si mi carta seguirá viva ...
-COSAS MÍAS-

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