
Ni plena crisis, ni gaitas. Hemos de soñar. Que nadie nos agüe la gran Disneylandia. Sí. A un mes de la celebración de la gran fecha tradicional y religiosa, ya nos baila por la barriga la necesaria idea de la sorpresa.
Somos humanos. Sucumbimos rápidamente a la frustración, y apenas reparamos en que no tenemos apenas un céntimo en los bolsillos o visas. Anda jodida la cosa. Pero, hemos de vengarnos como sea contra la realidad. Insoportable realidad.
Soñemos pues....