martes, 12 de noviembre de 2013

- TIFÓN DE LEJANÍA -



Filipinas. Estaba todo científicamente previsto. Se iba a producir un tremendo tifón. Las aguas, embravecidas y enloquecidas, barrerían todo aquello que se les pusiera por delante. Todo. Incluídos naturalmente los seres humanos. Se habla de miles de muertos. La catástrofe devastadora ha tenido lugar.
Lo primero que me viene a la cabeza es la idea de lejanía. Qué lejos está geográficamente Filipinas y todos aquellos andurriales. Y, qué lejos anda la protección de aquellos ciudadanos asiáticos ...
Cuánta pobreza, y cuánta indiferencia general. No hacemos nada más que dar imágenes del gran morbo, y ahora llamamos a militares para que hagan lo que puedan después del desastre.
A toro pasado. Se actúa, después. Se va, y nos acordamos de todo ese dolor cuando ya es irremediable y cuando en algunos lugares no queda piedra sobre piedra. Nos acordamos de los filipinos el día de su entierro. Como decía la canción: "que llegamos siempre tarde donde nunca pasa nada".
Porque estos lugares, no cuentan. No nos los presentan. Forman parte de nada que no sea de nuestro desdén y de nuestra indiferencia.
Quizás solo recordamos a las Islas Filipinas, porque también fue territorio conquistado y español, en cuyos dominios imperiales nunca se ponía el sol. Como un trofeo de conquista. Con olor a alguna película de Alfredo Mayo, y bien poco más.
Aquí se ve el lugar que ocupa el científico en el mundo. Es capaz de mirar por una pantalla y de ver venir el tremendo huracán de destrucción. Y ahí parece terminar su discurso. Vaya ineficacia.
Desde mi rincón que trata de ser y estar en el 2013, lo primero que veo es esa sensación de potente indiferencia general. De que no se hacen las cosas que se deberían hacer. Y comienzan todas las preguntas que siempre sepulta el silencio del viento: ¿por qué no se evacúa a la población?, ¿por qué es que se les desprotege?, ¿en qué inseguridad casi permanente deben vivir esas personas de todas las edades incluídos niños y ancianos?, ¿era inevitable todo este horror?, ¿existían infraestructuras básicas para elevarse hacia puentes y lugares pensados para la huída?, ¿las islas están bien comunicadas para poder tomar un carro y largarse bien lejos a un lugar seguro? ...
Me temo que la respuesta siempre es un no. Son países tabú. Son países que nos da igual que estén o que dejen de estar. Nos importa un sano carajo si no tienen confort o preparación de supervivencia. Aunque están en este planeta, ha mucho que decidimos borrarlos del mapa. Parece que bastantes problemas tenemos en el mundo del dinero y del poder, como para detenernos en lugares ni fú ni fá. Éso, es lo que sucede.
Hay otros mundos que están en éste. No hace falta viajar lejos a otros lugares del Sistema Solar. En nuestro Globo hay distancias siderales. Les tenemos como menores y exóticos. Como gente que no aparece y que es mejor dejarla estar. Como sitios donde no hay que perder el tiempo porque no merecen la pena.
Solo son sitios curiosos, para estarse de turismo unos días, para hacer escapadas de aventura vacacional, para decir que has estado allí y presumir entre los tuyos y cosas así. Son sitios que si no existiesen nos daría exactamente lo mismo. Nunca cuentan.
Son una especie de submundos condicionados por nuestra lejanía e hipocresía. Son, los otros. Los diferentes, los extranjeros, los que vaya usted a saber que harán y qué comerán, los que nunca sabremos nada auténtico ni cercano. Son lugares a los que ha condenado nuestra incapacidad para ser sensibles y darnos cuenta de que no deberían ser tan objetos de nuestro desdén y distancia. De nuestro no.
El mundo es una vergonzosa pirámide. Un sálvese quien pueda, que tiene una cúspide potente con sentimientos de cemento y de frialdad. Es una suerte de campeonato mundial y de jerarquía de niveles. Unos somos mejores, y otros andan a la cola o descienden para siempre.
-ES EL SISTEMA CRUEL-

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