domingo, 3 de noviembre de 2013

- CRISTIANO RONALDO, AUDAZ EN BOXER -



Cristiano es todo un personaje. Un rebelde bello y musculado, que a pocos deja indiferente.
Apagado temporalmente Messi, el portugués se exhibe mediáticamente y hace lo propio de un nervioso muchacho de su edad. Se sabe. Sí. CR-7 se sabe guapo, y sexy, y conoce su atractivo indudable en las mujeres y en homosexuales, y asume su condición de Apolo en apogeo. Rutilante y poderoso.
El hombre bello más allá de su vertiente deportiva. Sus músculos, su cuerpo, y su masculinidad llevada por el hedonismo camino del impacto. El triunfo de la juventud del atleta, de quien sabe que nada le cansa ni le agota, el guapo vitalista que ama el lujo y el glamour, y que accede a todos los reclamos de su imagen. El cuerpo.
Ha causado sensación y envidia a un tiempo la imagen de todo él y de todo su cuerpo mostrado a excepción de unos determinados calzoncillos boxers. El ídolo top-model.
La bestia, el animal, la fiera se suelta y da todas las condiciones que exige el guión de un personaje que le hace resaltar sus formas y sus cachas de atractivo. Se siente ahí, debajo de un gigante de siete metros que también es él, y la imagen potencia las mil palabras. Se rifan el póster. Lo roban.
En tiempos, el gran Alfredo Di Stéfano sorprendió en la tele con estas cosas de la televenta, ofreciendo determinadas prendas femeninas. Concretamente, unas medias. Ya viene de atrás todo, pero muy comedidamente.
En esa línea de libertad y de proyección, el otro día extraordinariamente enfadado contra el árbitro del Barça-Real Madrid, ahora se relaja y se muestra profesional y obediente con sus compromisos publicitarios. Sus gayumbos, lo que insinúa, la virilidad, su varonilidad, sus músculos fajados a golpe de gimnasio, y toda la pegada de un muchacho poderoso y explosivo. Se siente muy grande. En calzoncillos o sin calzoncillos, Cristiano es el icono para muchos chicos actuales a los que les gusta la idea del díscolo y gran triunfador. Estar ahí.
El aniñado sueño de las señoras maduritas o el ídolo de todas las adolescentes que anhelan un roce, o el reconocimiento por parte de todas las edades del espectro femenino de que está como un cañón.
Cristiano, triunfa. Triunfa en un mundo en el que espera bien sus oportunidades. Es el mundo del consumo y de la emulación, de la expectativa o de la nueva sorpresa. Un mundo que consume cuerpos y éxitos, y que alardea de éllos.
No. Un futbolista ya no es un tío bestia que se enguarra en esos campos perdidos de las geografías, sino que ya puede ser un gentelman pijo y advenedizo a la máquina del dinero que huele a colonia cara y que puede relacionarse con aparentes atmósferas vedadas.
El rayo Cristiano sabe que puede pasar. Que se le abren muchos caminos si enseña el torso o el culo, y que en un mercado valen tanto sus goles como su sonrisa o su expresión. Su percha, o su efectividad.
Además, el fútbol es pasión. El fútbol necesita ruído y polémicas, tipos que te hagan enfadar y que se enfaden, que osen y hurguen, que no se conformen nunca con ir al rebufo de nadie, que sean bullidores y pioneros, y que se dejen el pudor al lado de muchos dólares. La modernidad.
El fútbol no es solo lo que pasa pasa en el verde césped, sino también el ruído y la repercusión. Este deporte, es tambor y no piano, velocidad y nunca arcaicismo. Esta locura mágica que llena bares, estadios, casas o charlas, tiene todas estas cosas. Chispa, extrañeza, charme, osadía, aética, modernidad, actualidad, mediocridades, idolatría y todo el mercado. Y el mercado y su sociedad atrapa al fútbol y lo adecúa a sus intereses. Y el boxer abraza al tabú del mito deseado.
-CRISTIANO, SEXY-

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