martes, 5 de noviembre de 2013

- JUEGO DE POSES -



Ayer hubo reunión de escalera. Somos séis puertas y dos bajos comerciales. No tenemos administrador porque vale dinero, y tratamos entre todos de solucionar los problemas a través de acuerdos.
Poco más. Mi escalera ya no tiene el sabor rancio y añejo de tiempos de atrás, en los cuales había salsa y vida en tales reuniones.
Echo de menos la familiaridad de aquel tiempo. Y sigo siendo un perfecto romántico de la cercanía intervecinal. ¡Qué utopía! Todo aquello mutó en otro tipo de relación fría y cortés, de individualismos feroces, de demoledores intereses particulares, y de estruendosos silencios posicionales y estratégicos. Cero grados.
Ya no se dicen las verdades desnudas en mi escalera. Porque la comunidad real nunca existe. Solo hay poses y una tremenda lejanía. Exactamente esa es la palabra. Lejanía. Kilómetros.
Mis vecinos son así porque este tiempo es así. Hay clasismos, falta absoluta de espontaneidad, ganas de irse lo más pronto posible de allí, los cojoneros que siempre han de haber, y nada o poco es auténtico.
Sí. Es una relación conservadora y amarrategui, y mucho guión previo. Y además, en una reunión sueles recoger lo que siembras durante el año. Es el partido de la conveniencia y del interés. Del salirse con la suya sin perder jamás de vista la palabra dinero.
Así vivo yo estos encuentros casi furtivos y esporádicos de mi escalera. Os confieso que no me gusta la frialdad ni la distancia. Prefiero los cabrones a los fríos y bienpeinados. Me gusta mucho más el que no piensa demasiado lo que dice, que el que tiene más que adaptado su discurso de enigma bunkerizado.
Ayer, la de siempre intentó llevarnos por todos los medios a su huerto de intereses. Para éllo, toma siempre la palabra y ya no la puedes interrumpir porque si lo haces la lía y te dice que no la dejas hablar. No es noticia que haga esto. Ya son años de esa guisa. Pero, sobre todo, yo os confieso que cuando la escuchaba, pensaba en mis raíces y en 1970, y en cuando mi escalera estaba llena de gente animosa y real. De balones rozando el poste y de goles por la escuadra.
En el fondo me gustó escuchar a la manipuladora de siempre, la cual en sus imprecisiones y embrollos muestra una parte de la vida del atrás. La mala de mi película hacía ruído y dibujaba extraños trazos de tuberías y de planos, a pesar de que no tiene apenas idea de arquitectura y de todas estas cosas.
Los demás, la miraban. Ponían cara de interés, hacían como que la escuchaban más que atentamente, pero todo era un juego de poses y una preciosa y educada mascarada. No eran sinceros ni les daba la gana serlo. No se implicaban en el cara a cara, y rehuían el combate y la salsa directa. Sin concesiones a la literatura.
Serios y perfectos, callados, supereducados, megaexquisitos, policías de su autoestrategia, y atentos a las emociones conjuntas. La idea era salir de allí con astucia y con poca mancha.
Todavía vivo yo esto como una gran pantomima. Me hubiera gustado que alguien discutiera, que se levantara la voz, que nos negáramos claramente las diversas aseveraciones, que hubiera lucha política, que no fuera un mero trámite jodido por el que hay que pasar, y cosas así. Estoy atrás aún. Quiero juntarles pero no lo desean.
La reunión de la escalera había tenido antes lugar. En el interior de cada una de las casas, sí que se tenía todo sabido por auténtica y filosófica verdad. Y de lo que cada vez me doy más cuenta es de que esto es un trámite frío que no merece demasiado la pena.
Es cuestión de dejar los sueños y aterrizar en la realidad. En el hoy. Y el hoy es blindado y silencioso, consenso interesado, puras formas y toda la evasión. Sambenitos, y amaños, y especialmente toda la lejanía.
-PERO ES LO QUE SE DESEA-

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