domingo, 25 de agosto de 2013

- VUELTA AL COLEGIO -



La verdad es que llevo algunos días que me despierto por las noches. Muy preocupado. Afortunadamente, me encuentro a mi mujer Elisa durmiendo plácidamente y eso siempre me reconforta. Pero es que yo siempre he dormido y hasta descansado como un tronco, y lo que me está pasando ahora no recuerdo que me hubiese ocurrido nunca y no digamos con esta intensidad.
¡Diego! Todo mi pensamiento está clavado en mi hijo Diego, que va a cumplir nueve años, y en el tema del colegio. Oye, es que me voy a una librería escolar de esas y veo los precios, y estoy aterrado. Y veo la matrícula, y el desplazamiento, y la comida, y todas esas cosas, y me vengo bastante abajo.
Un día de éstos, cuando acabe de jugar con sus amigos de la playa socializándose sanamente, es que me temo que vamos a tener un disgusto y es que yo voy a tenerle que decir a Diego que este año no va a poder ir al colegio.
Elisa, no se me lo cree. Yo pienso que no se atreve a creerlo del disgusto que intuye que vamos a tener. Y yo estoy estupefacto y quiero y necesito ser realista. Oye, es que no puedo ...
Elisa está en el paro, a mí se me acaba el trabajo temporal en nada, y no es cuestión de tirar de las pensiones de los viejitos porque las pensiones son de éllos, tienen la ilusión como todos los años de descansar y viajar con el Imserso, y ya nos han ayudado en varias ocasiones. Esta vez, es no.
Y por otra parte, es una pena muy fuerte que mi Diego no pueda escolarizarse. Que no pueda seguirles el ritmo a sus amigos y sus compañeros. Puede marearse, quedarse atrás, pensar que no quiero ayudarle, o que coja el vicio y la pereza de que estudiar es menos importante o algo menor. ¿Algo menor? ¡Dios! Estudiar y formarse es la única manera de aspirar algún día a ser libre y a tenerse una opinión propia de cuanto le rodea.
¿Mi hijo Diego sin poder ir al colegio? Ni en los sueños más pesimistas pude imaginar tal cosa. Elisa me dice que no me preocupe y que todo se irá solucionando poco a poco. Pero Elisa sabe que la cosa está negra, y la tía no para, y busca empleo aquí y allá, y habla con sus amigos y conocidos para que la enchufen o para que le den un modesto cometido remunerado con la idea de que entren unos eurillos más a la casa. Hace lo que puede la buena de Elisa. Pero ...
No hemos querido tener más hijos. No hemos vivido nunca por encima de nuestras posibilidades. Procedemos de familias bien modestas y obreras. Somos los de siempre. Somos trabajadores a los que no nos dejan ni respirar ni tener ilusiones. Y tenemos dignidad, y nos gusta hablar claro y decirle al pan y al vino sin rodeos ni palabras huecas. Sin rollos ni timideces.
Menos mal que aún quedan unos pocos días de vacación, aunque huela ya a tormentas y fin del verano. ¡Diego! ¿Qué podría hacer para que volviera al cole como siempre? Como toda la vida casi desde que nació ...
Voy a hablar con unos y con otros, voy a intentar rascar y apurar todas las posibilidades, pero yo sé que este año nuestro Diego se nos queda sin colegio.
Bueno, y una vez en casa, ¿qué hacer? No sé si darle yo clases cuando venga del trabajo, o que Elisa esté encima de él a través de libros prestados o de cuarta mano. Algo ha de hacer mi Diego. Le quiero tanto, que ...
Me emociono. Él no tiene la culpa de nada. Él no entenderá nada. No sé ya por dónde recortar. A ver si haciendo un gran esfuerzo le consigo cole al chiquillo. Hoy no voy a intentar dormir.
-NO LO VOY A LOGRAR-

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