miércoles, 11 de mayo de 2011

- ROMÁNTICO, ENAMORADO, TIERNO, AUDAZ ... -



Amor. Amor de enamorado de ti. Lo sabes, María. Sabes que me gusta que estés ahí, y que sueñes. Tus manos, tus labios, tus gestos, tus minúsculos errores, y tu bella y frondosa boca con sabor a rojo pasión de juventud. Canción eterna.
Enamorado de ti. Te quiero. Y deseo volver a esa adolescencia eterna y evocada. Quiero ser tímido, y a la vez audaz para ti. Contradictorio. Te querré siempre y el cielo lo sabe. Porque tú eres el cielo. Y descubriré siempre nuestro primer encuentro, en la primavera de nuestra vida, y la gracia que tienes cuando cruzas las piernas, y el encanto de tu sonrisa de mujer, y hasta nuestro primer beso enamorado. El primero de miles y millones.
¿Recuerdas nuestro primer beso, María? Sí. Sé que lo recuerdas. Y que se te olvidará menos todavía que a mí. Aquello no fue un beso mutuo, ni siquiera un deseo imparable. No. Aquello lo que fue, es una magia y una explosión. Fue una verdad, una necesidad que nadie podrá  entender, a menos que los investigadores y científicos que lo indaguen, seamos tú y yo, amor.
Sí. Amor. Amor hasta audaz y de carne. Amor de varón y hembra, de chico y chica, amor de cama y gemidos, amor de descubrimientos, como en uno de aquellos inolvidables viajes tiernos que hacíamos, para conocer el mundo de nuestra libertad, y con una flor en tu pelo que yo siempre te ponía , te pongo y siempre te colocaré cuando menos te lo esperes. Tu flor preferida. La que tú sabes.
Eres una flor, María. Una flor que siempre está ahí. Una flor con genio y de mujer culta, segura de ti misma, con tu espacio propio siempre respetado, y con toda mi presencia    y cuerpo para ti y tu felicidad, que es la mía.
Te amo, cariño. Aunque parezca una cursilada esta frase hoy en día. Me da igual. Sí. Te amo. Te quiero, estoy enamorado de ti, y tú de mi. Y los demás, nos miran con la envidia de los solos y de los infelices. María, tú y yo tenemos suerte. Estamos, y nos tenemos.
Ayer, en el parque, volví a tomar tus manos como aquella primera e inolvidable vez, y me sentí bien. Y acaricié tus brazos, y jugué con tu cintura, y acerqué mi cara hacia la tuya para poder verme en tus ojos inmensos y chispeantemente femeninos. Y, ¿sabes lo que vi? Solo vi, felicidad. Vi, que te parecía bien todo lo que me parecía bien a mi. Que éramos una sola cosa en medio del mundo que olía a tomillo, y que los demás nunca existían. Imposible nadie.
María, amor enamorado. Cuando estás conmigo, cuando estoy contigo, cuando el amor nos rodea y traiciona, cuando caminamos de la mano agarrados y bien dulcemente, y cuando todo es leve, y nada que no sea nuestro amor se asoma y reina.
-DEDICADO A TODAS MIS LECTORAS-

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