sábado, 8 de marzo de 2014

- LEOPOLDO PANERO, LA MUERTE QUE NUNCA MUERE -



Ni siquiera ahora cuando la muerte ha querido alejarle de nuestra realidad. Porque Leopoldo Panero trasciende toda lógica y atemporalidad. El derrotado, el leso, el loco, el breve, el maldito, el underground, el castigado, es capaz de plantarle cara con desdén a todo su avatar y decir absolutamente su creatividad con olor y triunfo airoso y más que destacable. Estuvo y potente. Grandioso y selectivo.
Panero, poeta maldito, malditísimo. Le creemos. Le debo creer. Porque él es irrepetible y existente, potente como una pluma aparentemente intrascendente pero que acaba tocándote el corazón y que llega a tí para decírtelo todo. Incluso lo que no te gusta. Porque en el fondo y en el más allá, la poesía y la magia de Panero es la libertad natural que nace y que no conoce la trampa ni el tabú. Panero es enorme porque alcanza a jugar con su adversidad y con sus errores, y desde ahí sigue irreductible proyectándose hacia todas las formas y hacia los éxitos que aparecen.
El talento es tan colosalmente libre que se embriaga de fuerza y de pasión. Panero fue humanista impepinable y ciudadano de izquierdas y de ideas convencido, en medio del feroz franquismo. Novísimo, especial, combativo y estrepitosamente osado. Un auténtico manantial de creación que surge en cualquier monte y que constituye la fuerza del parto de un río sin excusas ni elucubraciones excesivas. Toda la vida.
Leopoldo Panero vive su libertad por la calle de en medio de su corazón, y entonces se deja permeabilizar por todo lo que puede existir y está. El sexo, el placer, las drogas, el alcohol, la ausencia de moralinas, y la potencia de su vulnerabilidad.
Y en medio del infierno, el poeta comprometido y ausente de mentira canta su dolor y lo envuelve de más irresistible poesía. Convive con su mierda y con sus ángeles, y sus escritos nunca pierden encanto, crudeza ni verdad. Panero es grande en la oscuridad, enamora a los críticos que tratan de obviarle, y su música de descarne le lleva a ser elevado, especial, inesperado, leído y hasta hercúleo.
Panero se va al manicomio. Asume otras lógicas que ya no pueden serlo tanto, pero hay una magia que le niega y que le separa de la nada. Porque el poeta caído en el dolor sigue haciendo que las aguas naturales impacten en el núcleo real de lo ambicioso y de lo creativo. Un loco o un toxicómano existen para la poesía más extraordinaria y siempre renovada y sorprendentemente magna.
Por eso es grande el poeta Panero. Porque convive consigo mismo con la distancia y con el escepticismo necesarios para dejar a todos subyugados y evocadores de su obra que es una vida intensa, desbocada, a jirones, y a la vez hercúlea y audaz como algo que brota a destiempo pero con una belleza y un arte incomparables.
Panero es mucho más que morbo de artista caído o fatal. Al contrario de todo lo aparente, el maestro se aferra a la libertad y no desconecta nunca, y hace mezclas y rimas de autenticidad que llevan a la valentía y a toda la sensibilidad.
Panero se va del glamour y de la alfombra roja, y marca unos caminos personales, heterodoxos, casi increíbles, especiales, de impresión, de seguir, de jugar a caerse, de caer a jugársela, de ser él mismo, de no tener miedo a escribir lo que le da la gana, y de finalmente morir en Canarias con su personalidad que suena a amargura pero que solo puede ser humanidad y nunca indiferencia.
-PANERO FUE, ES, SERÁ, ETERNAMENTE ... -

0 comentarios:

Publicar un comentario