sábado, 31 de mayo de 2014

- RADIO -



Los demás. Existen los otros. Y la comunicación. Y entonces alguien alza su voz. Se muestra. Se vuelve pregonero, agarra un micrófono determinado, y hace su libertad y su acústica.
Y puede ser libre. Y gritar y soltar aquello que le parezca mejor y en muchas direcciones. Porque la magia de la radio y de las ondas, catapultan el deseo y la responsabilidad, y entonces pueden pasar mil cosas e interacciones.
Una voz en la ciudad, o en un pueblo, o en una red globalizada y sin apenas barreras ni fronteras. Haces grupo, seduces, convocas, interrumpes los silencios tediosos y cotidianos, y le das al palique y a la neurona. Juegas a hablar. Creas, y puedes seguir e inventar. Te diriges al mundo, y puedes recibir loas o desdenes. Toda ambición será censurada por la crítica.
Y cuando hablas fuerte, todos pueden oírte y entras en la notoriedad. Llamas la atención. Eres más identificable que antes de ponerte delante de un micro. ¡Valiente! ...
¿Qué decir ante la audiencia? Seguramente, ideas claras y talante conciliador como máxima. La radio devora a los excesivos y mantiene en el Cronos a los vocacionales y meritorios. Como la misma vida. Y convierte a seres insospechados en relevantes, y a mitos de barro en exactamente lo que son y serán. Bien poco.
En el silencio de un estudio surge una necesidad. La de saber qué nos pasa a los demás. Qué es lo que nos gusta más y que es lo que menos soportamos. Quien logra atrapar las claves de dicha seducción, podrá caminar ese sendero que se convierte en vasto y en pleno de posibilidades e iniciativas.
Hacer radio debe ser hacer que se agite el agua. Que pasen otras cosas diferentes, que se escuche la voz de los contrarios, que se saquen a la palestra los temas valientes y hasta tabúes. Salpimentado todo por la idea aglutinadora y social. Huír de la mentira y de ser plenamente esperables. Atraer y pulsar la sangre de la calle. Lo que interesa y lo que también debe ser conocido aunque interese menos.
La radio es amenidad y pluridisciplina, la narración masiva de un partido de fútbol, un grito desgarrador en la madrugada que libera dolor, un equipo de chistes, el sonido en CD de la lluvia o los pájaros, las últimas noticias que de la actualidad proceden, el desplazarse a otros lugares que aparentemente no entran en el guión ni en el mapa, modular la voz para que el oído no se altere, o una canción maldita de ACDC. La radio es un filón de caminos, una encrucijada de sueños y un universo.
La voz de otros. O la del lector, o la del oyente, o la del periodista de raza, o la de quien cree realmente en la atemporalidad del medio. En su razón.
La radio somos en realidad todas y todos nosotros. La radio es la manía social de reunirnos cerca del transistor, y la de escuchar las canciones que pueden gustarnos, y la de sentirnos gratos oyendo a los tertulianos, o a una maestra de yoga que susurra energías esotéricas, o vaya usted a saber. Siempre hay que aguardar a que pase algo inesperado.
Porque todos somos inesperados y tenemos un acento personal y distinto, y divergencia en ideas, y complementariedad, y ganas de erotismo, y unos mismos lugares comunes. Y la radio demuestra esa cercanía.
El pregonero actual que destaca su voz desde su púlpito, necesita ser escuchado y tener un punto de vanidad. Porque de lo contrario se cansa pronto y se aburre. La voz fuerte y destacada ha de ser convencida y aventurera.
-PLURALIDAD Y PERSONALIDAD-

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