sábado, 1 de diciembre de 2012

- MI PRIMERA NOCHE CONMIGO -



La libertad. La primera libertad. Esa que no sabes muy bien qué hacer con élla, pero que ya adviertes que es el camino de tu futuro.
Ayer, tras el ensayo con mi nuevo Coro musical, miré el reloj de la vida y vi que al siguiente día mi hermano podía relevarme en los cuidados de mi maravillosa madre senil.
Es decir, que salía de mi afición preferida que es la música, y se abría una maravilloso espacio aparentemente desértico y de inquietud, pero que en realidad escondía la gran verdad de mi coherencia. Al acabar los ensayos, me volví a mi casa del alma. En otras palabras: de mi libertad a mi libertad. Podía haber una continuidad en mí y en mi yo, para poder  hacer exactamente lo que considerara más oportuno.
Sin puentes, a toda dureza, sin ambages ni más historias. Estaba naciendo y creándose para mí un espacio nuevo, bisoño, a destiempo, y profundamente genial e intimista.
El reto, dado que no tengo costumbre de permanecer tanto rato de tiempo más    que    solo conmigo, me invita al gran contínuum. Lo estoy haciendo muy bien,    y      una     enorme  satisfacción interior me embarga.
Mi madre y mi pasado, me influyen solo lo que deben influírme. Es un corte quirúrgico y esperado, tierno, como cuando en un parto el niño sale de la vagina primeriza entre el susto y la necesidad. Así me siento yo. Como alguien que toca la tierra de su vida, que sea por ahora tímida y temblorosamente. Me noto raro, inaudito y con unos vestidos que me pongo por vez primera. Los vestidos auténticos de mi responsabilidad.
Crezco como una planta robusta e imparable, y puedo ver. Sí. Ya puedo     aceptar      y   contemplar con holgura mi realidad. Ya no miro tanto a un pasado de drama y de espanto, sino que ya duermo a solas con mi cama y mi conciencia, y me siento adulto y apasionado.
Queda mucho camino. Todo el camino. Me esperan años de enorme dureza y paciencia, de pisar unos senderos que se han concretado y se concretarán todavía más. Es apasionante el descubrir mi mundo y que no me lo cuenten o canten por la televisión. Me hago a destiempo, cuando parece que ya no puede tocar, y que a la vez es imprescindible para poder tener mi dignidad y mi orgullo de ser persona como tod@s. Ni más, ni menos ...
Me honro de mí, al haber pasado este Rubicón terrible en mi vida. Mi noche está conmigo al lado de mi vida, y ahora lo que debe hacer el soldado de mi coherencia es caminar y soñar.
Y gustar, y reír, y abrazar y saludar mi novedad con un agrado y hasta con    una   franca carcajada de ternura.
Sí. Camino y marcho. Y puedo permitirme agarrar las riendas de mi caballo fuerte y tenaz, y corretear por la realidad de un tiempo mío lleno de obstáculos y de asignaturas pendientes que van a caer como las barreras que ya no sirven.
Peleando. Aquí andamos. La noche es parte del día, y el miedo también convive con la alegría, o la sorpresa con la zozobra, o la diferencia con lo común, o el escribir con la modestia, o mis pequeños placeres con mis legítimos sueños. Y entonces vivo conmigo y contigo, me sueño a mí mismo y a todo lo bello y amable que está.
-COMO EL AMOR EN MIS OJOS-

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