domingo, 2 de diciembre de 2012

- A LOS PENSIONISTAS NO, SEÑOR RAJOY -



El señor Presidente, sigue en su línea. Afirmó que no tocaría las pensiones, pero a la hora de la verdad las ha tocado. Ha rebajado las pensiones a millones de ciudadanos españoles. Y como justificación, siempre la palabra Bruselas. Y Bruselas nos dice que,     y      las      recomendaciones de Bruselas indican, y más Bruselas, y más Bruselas ...
Realmente, cuesta creer la desprotección. Son nuestros padres, nuestros abuelitos, son nuestros viejos de la tribu, y nuestros delicaditos. Es la gente que ya no puede trabajar, es la gente que nos ha parido y que ha dado hasta la última gota de sudor por nosotras y nosotros. Es la piel más vulnerable, es el resultado de la ley de vida y de los años,   no    se   pueden defender de la guadaña de la enfermedad y de las contingencias cotidianas, como sí podemos los más jóvenes, y es la gente que justifica un Estado humano, cohesionado, social   y  entrañable. Son flores y árboles preciados.
Bruselas. Otra vez, Bruselas. Uno se pregunta que qué demonios les pasa a los de Bruselas. Porque, sin duda, que los de Bruselas no solo tienen nombre y apellido, y rostro, y presencia, sino que además estas personas del Parlamento Europeo que deciden     las    pensiones, también tienen abuelos, abuelitas, o personas con más fragilidad y menos recursos.
Bruselas parece una máquina imperial de hielo, en donde no cabe la excepcionalidad. Y a mí, ese modelo de España que no tiene miramientos, me parece despreciable     y       hasta    repugnante. El mundo no es éso. El mundo es una cosa, y la caverna fría es   otra   bien diferente.
Quizás Rajoy o la ministra Fátima Báñez, no sean más que meras marionetas    de    las  directrices que marca el Mercado. Es evidente, que hay que tener el corazón muy duro como para arrear a los viejitos sin el más mínimo miramiento. Lo mismo que con los deshaucios o la maravillosa Ley de Dependencia. Lo que pasa, es que a esto lo llaman Democracia y tal, pero en la práctica solo es una mera y vil dictadura económica. No se piensa en la gente que sufre. No se tiene el coraje para presentar la dimisión e irse a su casa. Siguen ahí. No sé si apesadumbrados, pero siguen ahí en el Poder. ¡¡ Dimisión!! ...
Sí. Estoy indignado y pido la dimisión de todos aquellos que han decidido ignorar de dónde vienen. Y de que todos hemos sido niños, y que unas señoras y señores con arrugas nos abrazaron y nos dieron todo el amor. Y nos contaron unos cuentos mágicos, y nos dieron besos de entraña y experiencia. Se abrieron en amor para todos nosotros y para    sus  descendientes venideros. Y nosotros, somos éllos ...
Prefiero dejarlo ahí para la reflexión. Ahí les véis. Con su paso lento, con su porte entrañable y delicado, dentro del Hogar del Jubilado, o hablando entre sí en la calle, o dentro de los ambulatorios porque la edad atiza, o en las farmacias adquiriendo sus medicamentos para no morir, o yendo al súper para ir tirando, o protegiendo con su mísera paguita a los familiares que tienen en el paro, o sencillamente cogiendo a sus nietos de las manos y llevándolos al colegio. Protegiéndoles ...
Mi viejo, mi amigo. El señor Antonio, la señora Pilar, los señores Fernández, el viejo viudo de la calle Lepanto, o todos los señores y señoras a las que desde aquí mando mi más tierno y sentido beso, lleno de compasión, ánimo y ternura. No se aflijan, por favor.
-YO, LES PIDO PERDÓN A TOD@S-

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