miércoles, 26 de febrero de 2014

- SIEMPRE GENIAL, EL GUITARRISTA PACO DE LUCÍA -



Grande. Muy grande. El último de los grandes pegado a una guitarra flamenca y española. Paco de Lucía. Se ha ido a los sesenta y séis años tranquilo con los suyos al lado de una playa. Una de las mejores muertes.
Felipe Campuzano, Paco Cepero, y toda la magia especial de la creatividad. Paco de Lucía era la marca España que ahora dicen los cursis. El gran genio de la guitarra no tenía rivales. Era el mejor.
No nace un mito. Siempre fue un mito. Porque cuando escuchabas sus cambios de ritmo sobre las cuerdas, te dabas cuenta de que pasaba algo especial. Algo, sobresalía. Olía a singular, a enorme, te llegaba y sorprendían aquellos pajarillos que eran él con sus mágicos dedos y su magistral superioridad. ¿Alguien no recuerda la inolvidable composición titulada "Entre dos aguas"? No he oído una cosa como esa en muchísimos años.
Se notaba que era maestro, a la legua. Tocaba con la electricidad ágil de un velocista y a la vez con exquisita suavidad. Siempre natural, como si nada pasara cuando reinaba sobre los oídos como una caricia y como un regalo de vida.
El duende. Una cosa como Camarón en el cante. Paco aparecía seguro sobre el tablao o el escenario. Convencido y extremadamente concentrado. Su recital aparecía con toques de aparente seriedad y solemnidad. Pero solo era defensa de la música y adición en la fertilidad y en la magnificencia.
Paco de Lucía era un dios con su guitarra eterna y con su cabello largo y sus patillas agitanadas. Un purista y un innovador a un tiempo. Nos decía a todos su humildad, haciendo verdaderos malabares de una dificultad sencillamente inalcanzable.
Guitarra. Cádiz. Algeciras, su cuna. Y el mar. Y vivir, y ser feliz, pero siempre profesional y certero. Apasionante sin concesiones. Porque su pasión por la música y por su diosa guitarra siempre iban parejas a su laboriosidad y a su reivindiación del arte español más cañí y de siempre. La defensa de lo nuestro y de nuestras raíces.
Paco hacía personaje cuando maravillaba sin intención de hacerlo. Y se juntaba con otros enormes y apasionados guitarristas y cantaores, y entonces todo se encendía y elevaba. Y entre los grandes amigos musicales y eternos, llegaba algo que le daba sello, alarde y espectacularidad. Destacaba de entre todos los sonidos perfectos, y entonces exclamabas: "¡¡Es Paco!!" ...
Hombre de pocas palabras y concesiones a los medios. Era afable y tan grande, que solo volcaba su idea sobre el arte y nunca sobre los morbos o los efectos especiales. Porque el efecto especial era él.
Se fue. Visitó, caminó, marchó a otros lugares y a otros países, pero siempre fue él y su magia en la guitarra. Le dio seriedad y consistencia a lo que mejor sabía hacer, pero nunca deseó acertadamente forzar ninguna máquina. Se combinó con otros géneros musicales y con otros acentos, pero nunca jamás renunció a su verdad especial.
Fue un ejemplo de vida serena y antológica. Anduvo sobrado, y no hizo chulerías propias de a quien la vanidad le podía ir bien. Porque Paco sonreía pero sabía girar las páginas y comenzar nuevas partituras y nuevos librettos. Su pasión por el arte y la creación majestuosa a la par que tranquila eran lo mejor. Su virtuosismo de superdotado no excitó el divismo, y jamás se pasó de la raya.
Yo sé que hoy muchas guitarras y muchos dedos están huérfanos y tristes. Pero seguro que Paco no vería eso con buenos ojos. Lo que haría el maestro sería abrir otra puerta, dar un relevo y dejar pasar a otros para hacerles sentir que la música siempre llega otra vez y se renueva, y se cede el testigo, y se nutre de emoción que se regenera y transmite. Nuevamente.
-"ENTRE DOS AGUAS" DE MAGISTERIO NATURAL-

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