viernes, 1 de noviembre de 2019

- AQUELLA MIRADA DE CRISTÓBAL -




La mirada de Cristóbal es la de siempre. Lo que pasa es que yo voy habitualmente caminando tan deprisa, que no me fijo. Pero,sí. Era él. En un stand de una Feria de promoción de productos locales en su Alboraia natal y eterna.
Era Cristóbal y siempre fue Cristóbal. Yo, finalmente, le miré. Me llenaban mil sentimientos, y entre ellos predominaba uno esencial: ¡olvidar el pasado! Y Cristóbal ni siquiera fue pasado porque quien el vio  tenía mis ojos y mi aspecto físico y mi voz, pero yo era otro. Y él ni lo sabe, ni lo supo, ni lo sabrá nunca.
Me llamaba cinco minutos todos los jueves a la una de la tarde, desde su trabajo en reprografía de la Ford de Almussafes. Una vez esa ceremonia, ese detalle que que no llevaba a ninguna comunicación y en donde nunca me hablaba de tú a tú porque nunca creyó en mí, ni siquiera me decía si le iba a ver el siguiente domingo para hacer senderismo desde su coche, camino de un grupo de tal actividad natural y deportiva.
Cristóbal me miró y no se atrevía a decirme nada el otro día. Habían pasado muchos años desde aquella historia del senderismo,-y en donde me pagaba las fantas-, y todo se había cortado e ido por los aires.
Me miró y me observaba. Con su mirada de niño grande y su trabucarse ligeramente al hablar. Estaba delgado, en forma, y como siempre. Finalmente, fui pragmático con el pasado y le ofrecí un apretón de manos. Él, correspondió. La tensión, parecía superada ...
- "¿Cómo estás? ..."
- "Muy bien, hombre. Te veo en forma. Estás joven, ¡joder! ..."
Cristóbal, sonrió. Cerca de él estaba su compañera, la cual, al verme, había torcido el rostro. Yo abrí el espectro y la miré tímido y sin decisión. Ella nunca me había tragado. Ni ella a mí me hizo nunca gracia. Nos dimos dos besos. Pero insisto en que aquel yo que ambos vieron en aquellos años, poco se parecía al mío de hoy.
Cristóbal, generoso y detallista, cogió una bolsa de compra, y como un detalle me la regaló. Y yo le di las gracias,y en cuanto pude me largué de allí tremendamente molesto. No me gusta ese pasado mío. No me interesa. No quiero que piensen de mí lo que nunca fui ni seré.
Yo, inventé defensivamente un personaje. Me escapé del vacío de mi casa y de mi vida, para soñarme un gran senderista y marchador de gran nivel. Desde mi desorden y carencias, me busqué una extraña bocanada de humo de relax. Una huída hacia ninguna parte. Pero necesitaba intentar lo que fuera.
Mi no yo, se topó con un tipo singular que iba como todo el mundo todos los domingos al grupo del Botánico. A, ligar. Estaba separado Cristóbal, y el tiempo se le echaba encima. Y se ve que nos acabamos cayéndonos bien y congeniamos. Y pasé ratos de domingo alucinantes. Maravillosos. Otros, también muchos, llenos de ausencia, de dolor y hasta de llanto.
Mi no yo, no era para hacer amigos sino para hacer fantasías carentes de la más mínima base. Hice a pie con Cristóbal la Valencia-Siete Aguas, inventamos la Valencia-Castellón por la Costa, todas las excursiones dominicales de montaña habidas y por haber caminando a toda mecha por los desniveles, pero ... Pero todo era una extraña exageración mía. Un reto bobo y a la vez necesario para aquel tierno yo mío ...
Fue una época extraña y apasionante. Inolvidable, y llena de vacíos, de risas y de chascos. Hice poesía y atletismo, e imaginé absurdamente que el domingo de excursión era como un sellar una pandilla de amig@s cuando tienes veinticinco años. ¡Todo mentira! ¡Joder! ...
Cristóbal y yo nos mandamos mutuamente al olvido. Pero hoy no le doy importancia a todo aquello, porque aquel soldado de la montaña no era yo. Y nadie lo sabe ni lo sabrá. Allí, entre las montañas, fui admirado, ensalzado, y hasta humillado e insultado. Prefiero quedarme siempre con lo positivo.
Y si vuelvo a ver a Cristóbal, pues le seguiré saludando. ¿Por qué no iba a hacerlo? Cristóbal es como Juan, y Carmen es como Isabel, e Isabel es como Trini, y Trini como María. Sí. Cada uno es como es y bien diferente. Y yo también soy único y diferente. Y no pasa absolutamente nada. Y aunque me repatea el pasado, le seguiré saludando y con cortesía.
-LO PASADO, PASADO ESTÁ-

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