
No os preocupéis. Tampoco yo me lo creía. Me costó creérmelo. Tuve que marcarme una terapia semanal, que consistía en que todos los días dedicase aproximadamente una hora, a repasar y volver a repasar los diez décimos del primer premio de la lotería que yo había comprado y que habían resultado afortunados. Y por razones de seguridad, no digo que el meteorito de la diosa fortuna también me obsequió en esos mismos días con el premio del Euromillón, que sabéis que es un sorteo de carácter continental...