lunes, 6 de mayo de 2019

- JORDI ÉVOLE DEJA SU "SALVADOS". -




Le vi entre cansado y decepcionado. Jordi Évole sigue espontáneo y crecedor, sensato, catalán y lógico. Su programa "Salvados", ha sido el mejor que nadie ha parido en once años en mi España.
Jordi Évole fue astuto al principio y construyó un personaje divertido e irreverente para abrirse paso entre los periodistas seriotes del Poder. Pero ese registro era ironía y carga de profundidad. Jamás buscó efectismos.
En realidad, construír periodismo no es otra cosa que mostrar una personalidad coherente y lo más natural posible. Y poner en jaque a los poderosos o intocables, sin perder las formas. Como buen método para llegar a ellos, y que después cada uno en su casa que decidiese.
Évole hizo un programa innovador y profundamente valiente. Buscó y trató de entrevistar a todos, pero sin gritos y contrastando argumentos de calidad. Hurgó hasta debajo de las piedras buscando la carne de la profundidad, sin importarle qué pasaría después.
Nunca se olvidó de la gente. Él nació en el industrioso Cornellá, y sabe qué suelo debe pisar. Sus zapatillas, sus pantalones vaqueros de enfant terrible, su eterno chico y su barba de despreocupación. Su gamberreo loco y calculado a un tiempo, construyó un programa de referencia.
Y en "Salvados" se evitó el circo y el griterío. Jordi siempre ha huído de ese circo. Quería que el espectador escuchara nítidamente el paso del agua del río. Cuando entrevistaba a alguien, lo que buscaba es que fueran ellos los que se pusieron solitos en evidencia.
Jordi fue haciendo el programa paulatinamente sin recurrir tanto al juego del humorismo o de la provocación. Fue madurando hacia un periodismo televisivo potente, y su mirada siguió inquisitiva y clara. Como siempre.
Por su programa pasaron los protagonistas más esperados. Otros, no quisieron acudir porque le temían. Temían su periodismo sencillo, que escondía un mortero directo de agudeza y talento. El que hacía reír, era de temer ...
Programas inolvidables en once años de liderazgo absoluto. Calidad a raudales. ¡El mejor! Inolvidable ver a los negros rescatados en el Mediterráneo a punto de morir ahogados. O las descarnadas evidencias sobre los GAL. O la irrupción de un mafioso como Villarejo. O la mala leche de Maduro. O la evolución de Felipe o Guerra. O poder ver la frescura con la que las jóvenes hablaban realmente de sexualidad tan aparentemente tabú. En once años, su antología de programas sensacionales da para volver a volverlos a ver de modo tranquilo.
Évole parece cansado. Debe ser muy duro estar once años ganando la Liga de la Televisión en España. Seguro que quema mucho. El seguir, debe ser un acto de casi masoquismo. Y además habrá sufrido presiones de todo tipo y uno es humano.
Jordi nos deja sin el gran programa de todo este tiempo. "Gonzo" no puede ser Jordi. Su hueco nadie podrá rellenarlo, y nos entristece. Solo nos queda pensar con optimismo en los futuros relevos. Iñaki Gabilondo está metido en un pequeño video blog del que apenas sale. No me gustaría que le pasara lo mismo a Jordi. Le hemos cogido cariño porque es un valiente y nunca se calla lo que piensa aunque se haya vuelto más formal. Su pulso con el Poder ha sido fantástico.
Ha coronado el Everest de la magnificencia entrevistando al Papa. ¡Menudo poder el del Vaticano! Los gestos de Bergoglio, sus palabras y sus ritmos, ponen a prueba la raza y el talento de un periodista sin dueño ni comprador.
Se puede. Sí se puede. Es durísimo pero se puede hacer un enorme periodismo de calidad y sin excesivas alharacas. Jordi Évole no era nada cuando empezó y ahora es una referencia inexcusable. Un tipo de fiar que ha honrado con su credibilidad esa tela tan manchada por los mediocres y los vendidos.
¡GRACIAS, JORDI, POR TODO ESTE TIEMPO!

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