domingo, 12 de mayo de 2019

- "CARLOS". -




Le llamaré, "Carlos". Da igual. Su nombre es lo de menos. Lo que más me atrae de él es su peculiaridad. Es escurridizo, cobardón y testarudo. No me gusta Carlos. Porque Carlos vive en un mundo imposible y propio, injusto y hasta resolutivo.
Carlos va a la suya y nunca da demasiadas explicaciones. Le preocupa enormemente su posición social. Pero sus ojos le delatan. Es una mirada triste y sin brillo, hace las cosas porque no tiene más remedio, y no va a tolerar rivalidades.
Se siente estafado en su familia pero nunca lo dirá. Y, fracasado. Cosa que tampoco podrá confesar. Porque está lleno de miedo a que las cosas consolidadas se desmoronen y no le cuadren.
Carlos, es exigente en extremo, megaexigente, vanidosón y definitivo. Es bajito, pero es lo de menos. Él se siente agrandado y magno, diferente y especial, el mejor padre y hasta el mejor amigo de su hijo. Importante.
Carlos se afirma como conservador, y no gusta de las cosas complejas porque no cree en ellas. Confunde a menudo lo simplón con lo sencillo, y le gusta  a él decir siempre la última palabra. No los demás ...
El silencio le aterra porque le delata, y a veces le lleva al sueño absurdo. Carlos es independiente, el jefe de sí mismo y de los suyos, y nunca es partidario de cambios ni de revoluciones inadmisibles para él. Porque piensa que le conviene que todo siga como está; que todo sea rápido y en extremo previsible. Carlos aún es joven pero es un viejo. La sorpresa ya le pasó, y no cree para nada en ese azar. Amargado e impotente, trata de impostar la imagen y la idea de un hombre práctico y baqueteado con capazos de experiencia.
Carlos nunca sabe lo que es el futuro ni lo que ha de venir. No cree en el futuro, porque creer en él es imaginar paradigmas placenteros en su vida, los cuales nunca aparecerán.
Carlos no piensa. Nunca piensa. Y cuando lo hace, es para contenerse y lamentarse. Carlos lo rompía todo, lo hacía añicos, tendría valentía y también muchísimas incomprensiones dado que ha creado un personaje que tiene su cara y su cuerpo pero que no es él.
Se separaría de su mujer, se liberaría de todas las ataduras, y hasta se iría de la ciudad alejándose de todos sus familiares. Se iría lejos, bien lejos, a otros lares en donde quizás su sonrisa inexistente pudiera dar paso a un rictus prometedor de paz y mejora.
Carlos va por la vida de serio y de listo. De, que no pasa nada y de que todo está controlado. Carlos va de responsable, de padrazo, de pionero de iniciativas, de caritativo y también de defenestrador.
Carlos no tiene rivales. Tiene enemigos, y es colérico y abrupto. Si te encuentras con él, sonríele aunque no te haga ni caso porque es mejor. Seguro que si estás con él o le rivalizas, te encontrará pegas y superará alguna de sus dudas hasta hacerte ver que siempre es y será mucho mejor que tú.
Símbolo e hijo de su raíz y de su modo de ver las cosas, y cededor ante la religión y la tradición. Él será un preservador más de la costumbre y del pasado. No tendrá más carajos que convivir con el nuevo tiempo de hoy, pero se ajuntará poco con él. Vivirá un tiempo suyo paralelo con el presente, y dejará pasar las horas y los días.
Y Carlos seguirá desilusionado y replegado hacia sí mismo. Y le dará igual un abril que un octubre, la sonrisa de un gato o el vuelo de un elefante. Carlos es el enfant terrible de sí mismo. Siempre, su peor enemigo. Por eso el bajito y malencarado Carlos y en cuanto puede, cierra las conversaciones y se va. Se va muy rápido, camino como siempre de una parte que no es real y solo formal.
- ¡ALLÁ "CARLOS"! -

0 comentarios:

Publicar un comentario