martes, 5 de febrero de 2019

- MADURO CON JORDI ÉVOLE -




Le vi tenso. A Nicolás Maduro. Bronco y con rabia. Con un rictus de gran frustración en el corazón. Jordi Évole le miraba atento y sabía torear a un morlaco demasiado negativo y con derrotes.
Sí. Tenso y a la ofensiva desesperada. Es como si hubiera visto recientemente vídeos de líderes caídos y temiese en el fondo lo peor. Tiraba contínuamente balones fuera. Porque Maduro no es un político ni un estadista, sino un militar más; un hombre de acción y de peleas.
Los malos eran todos los demás agentes exteriores. Él afirmaba una y otra vez que no había hecho nada mal en Venezuela, y su autocrítica fue muy menor.
Chávez era otra cosa. A Maduro le faltan varios escalones para llegarle. Chávez era mucho más estratega y listo. Parecido en friki, pero con mayor acierto y hasta credibilidad.
A Maduro le jode que su país esté patas arriba y hasta las gorras. Se dejaba llevar demasiado por su natural impulsividad. No le cabe ahora el humor, y en política para parecer creíble hay que hacer la sonrisa y el chiste desdramatizador. Está militarizando a su país. Solo ve militarizar, y le cuesta Dios y la ayuda el negociar y ceder a una realidad que nunca esperó.
La política no es facilidad, jamás. No es un juego facilón, sino la fría cabeza de un jugador de ajedrez. Fidel Castro hablaba siempre del imperialismo yankee, pero tenía amigos. Era muy cercano hasta del gallego y franquista Manuel Fraga. Era muy astuto, y sabía de los momentos de estarse relajado.
Chávez fue un valiente indígena que se rebeló contra la fuerza de los blancos morenos y rubios, y creó hasta una ideología y una raíz contra, más clara y mediática. Le tiraba bemoles, pero además era eficaz y aglutinador. 
A Maduro se le escapa esto de las manos, y los militares dudan y miran preocupados. Trump le ha amenazado con que le invadirá, y esto le ha sentado a Maduro como una psicológica patada en los mismísimos y no se le ve con ganas de volver a la salsa o a la bachata. Con Évole, le vi jodido.
¿Quién es Guaidó? Tiene carisma, modales, es joven y argumenta ser el nuevo Presidente. Lo que faltaba para el duro no es Guaidó, sino que recibe muchos apoyos de mucha gente y aquiescencias oficiales exteriores. Le está colando un gol por la escuadra a un portero nervioso.
Pedro Sánchez le ha dicho a Maduro y al mundo, que reconoce a Guaidó como Presidente. Yo, me digo y os digo, que eso se parece más que mucho a una injerencia en los asuntos interiores y propios de un país. Eso no se debe hacer. La única solución son las elecciones y la democracia. Todo lo demás son errores, carencias, e intereses bastardos y económicos.
¿Guaidó hará que ceda la tensión en Venezuela y que no haya sangre, y convocará elecciones generales?, ¿hay alguna garantía?, ¿quién es Guaidó? Su apellido suena a catalán o a emigrante. Su pose mediática y familiar tiene un criollo aire a Obama y a liberal. O, neoliberal ...
¿Aceptará Maduro lo que le negó una y otra vez a Jordi Évole, que es que se acuerden elecciones? El orgullo del señor Nicolás parece demasiado herido para poder pensar en paz. Maduro nunca ha dado la talla de estadista y ahora lo paga con creces ante el brutal acoso neoliberal y ventajero. Venezuela sufre y se divide, y se decepciona. Y necesita un revulsivo.
-LE GUSTE O NO A MADURO-

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