jueves, 14 de febrero de 2019

- EL DOCTOR -




Nerviosote y compulsivo, ambicioso y actual. El doctor Asias es bastante lo que parece cuando le has tratado mucho. Es mi caso.
El doctor, ama su seguridad profesional, y para eso teje su red de interesada impunidad. Quizás algún día pueda oírle escuchar sus sinceras disculpas. Porque Asias nunca admite errores ni cuando se ve acorralado por las evidencias.
Asias es flaco, enjuto y con frenética actividad, aunque también sabe tenerse excelentes descansos. En su consulta manda él. Es el rey, la gran autoridad, el puto amo, el que te busca las cosquillas en provocación verbal, y al que sospecho que su única vocación médica estriba en el reconocimiento y la relevancia social. Necesita sentirse grande y absolutamente necesario e imprescindible.
Siempre está con nervios. Mueve sus brazos y su cuerpo como lo haría un pegador simple ante una hormiga pequeña. Desea triunfar. Triunfar y estar siempre relajado y en acción. Lo sabe todo. Y a mí no me convence para nada la gente que todo lo sabe. Mi amor es la duda metódica y hasta la fuerte complejidad.
Antonio Asias no se conforma con cualquier cosa. Su mejor aparente defensa son los rollos que te suelta, a la par que mueve sus dedos frenéticamente sobre las teclas de su ordenador. Y como no le gusta ser divulgativo, entonces sus indicaciones resultan evasivas, inconcretas y poco creíbles.
El reto vendrá cuando le plantes cara y le busques sin rodeos el tú a tú. Entonces la cosa se pondrá emocionante. Y a Asias le aparecerá la vulnerabilidad en forma de excusas lanzallamas. Se enciende y te busca las vueltas. Todo depende de tu actitud. Trata de crecerse desde su energía y nunca cometerá la honestidad de admitir que se altera, y que casi sin querer se mete él solo en sus líos y no sabe salir de su propia dialéctica. Es como un boxeador de los superwelters que tratase de anular a rivales de los grandes pesos. ¡Un iluso!...
Pero lo mejor para detener la pelea en su consulta es fingir el zen y hasta el budismo. Callarse, y mirarle sin respuesta y con convencimiento. Hacer ver que te ha ganado la lid, aunque no haga sino un soberano ridículo.
Cuando ve que cambias la estrategia y tras pensar que no vale la pena, bajas aparentemente la guardia, y el doctor Asias queda desnudo, sorprendido y sin recursos. Y se le ve la menoridad y la fragilidad. Y entonces el nerviosismo de Asias se esconde en su evidente fracaso interior. No puede ahora darte la paliza, sabe que puede hacer lo que se espera, pero que sus rivales los pacientes se lo han puesto absolutamente fácil y que todo es tongo de perdedor.
El doctor Asias nunca acepta aparentemente y así como así que no gana. Y entonces, cuando le pillas desconcertado, tú le puedes decir que no os peleáis porque ya os conocéis muchos años y que eso ya no se lleva porque es absolutamente imposible ...
Es la puntilla para Asias. El rejón definitivo. Pero te da la mano, y tú también has de dársela a él. Sufre Asias. Pero no parece tener ya la menor opción de ganar el envite. Y como en el fondo no se siente caballo goleador, trata de compensar su carrera médica con energía y constante vitalidad. Arremangado, y aparentemente de vuelta de todo. Como esos futbolistas sin calidad, que tratan de tapar sus agujeros a base de correr y correr. Aunque sea a veces como pollos sin cabeza.
Hace tiempo que creo saber quién es el doctor Asias.  Es apasionante lidiar con él cuando vas por males o dolores a su consulta. Pasan muchas cosas. Demasiadas. Quiero que Asias se relaje pero es  imposible. Que se ponga en la piel del paciente, pero no puede. Que te mire con ternura no va con él, y todo esto le parece demasiado romántico. Y muchas veces me pregunto si algún día logrará algo relevante y si triunfará deteniendo su impulsividad y sus nervios desaforados. Mas lo dudo.
-NO SE LO CREE NI ÉL-

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