jueves, 4 de septiembre de 2014

- CINE = "EL NIÑO". -



La promoción dió éxito. La gente ha sentido la necesidad de volver al cine. Y cuando he ido a ver esta película, he visto las butacas bien llenas. Sea bueno para nuestro tan alicaído cine español.
"El niño". Acción. Más de dos horas de secuencias en movimiento y sin apenas pausas. La excusa e idea,-que no el guión-, son oportunas y hasta impecables. La otra realidad. La realidad que existe más allá de algunas diferencias interesadas. El Estrecho de Gibraltar. Las cercanías inevitables entre las pobrezas y las riquezas. La ambición y las lógicas. Las comparaciones y las ilegalidades. La necesidad imperiosa de no quedarse nunca atrás. El anhelo de vivir y de desear. No hay clases sociales en el deseo. La vida está para ser vivida.
Tres culturas. Los estrategas gibraltareños, los legalistas "buenos" españoles, y las condiciones duras del Magreb. Inglaterra, España y Marruecos. En el fondo, condenados por su vecindad geoestratégica a entenderse. Es lo único y mejor.
La droga. La policía. Los que se saltan las prohibiciones y se buscan la vida. Las mafias. La violencia. La represión. Lo inmediato y duro. Las venganzas y los submundos. Las cloacas y la supervivencia. La necesidad de no quedarse ahí parados y muertos de asco. Los poderes en la sombra. La lucha larvada y encarnizada. ¿Los buenos y los malos? ...
Dice uno de los muchachos que se lanzan a transportar la droga, que: "hay que arriesgarse". Significativa frase que da paso a peligros y a consecuencias siempre azarosas que no pintan bien. Y en medio de los dramas inacabables y de las rutinas necesarias, nace el cine que empuja al espectador y le mete dentro de los ruídos de las motos de agua, o de las lanchas, o de las tremendas pasadas de los helicópteros policiales bien cerca de los ilegales y delictivos ambiciosos.
Escasos kilómetros de mar para llegar a los objetivos. Juegos estratégicos. Ausencia de ética, y abundancia de tirarse por la calle de en medio. Hay tanto tiempo para quedarse pensando tristes en tierra, que se decide no pensar demasiado y que el sol salga por Antequera.
Las hachas de los agentes cortan merluza congelada por si en medio está la cocaína u otras substancias. El manejo en el puerto es un lugar laborioso y de esoterismo. En el tapar del negocio puede pasar cualquier cosa poco esperada. Los peces gordos tienen sus propias reglas. Se las saben todas. Conocen bien lo que hay que hacer. Si les sabe bien la golfada, pueden vivir de los alijos y del cuento sin pegar golpe y en el lujo el resto de sus vidas.
Hay demanda. Mucha demanda. La solución no es policial. Hay que tener mucha vocación para llevar una placa en ese geoestratégico lugar. Un buen servidor público para la salud de todos. Lo malo es que al otro lado de la aparente buena salud, hay otra salud igualmente insuficiente que se llama miseria.
Luis Tosar, la acción trepidante, el amor que no conoce los ritos ni las fronteras, y el trabajo cotidiano. Los monos de Gibraltar. Las cargas. Los árabes trasiegan en su segundo mundo portando enseres y más cargas. Mercados y pueblo llano. Substancia real debajo de los consabidos estereotipos. No hay grandes diferencias entre las diversas culturas. Todos quieren la mejora de sus vidas y de sus laboriosos cometidos.
Si nos olvidamos de las espectaculares aspas de los helicópteros y de los apuros límites en el mar de los lancheros arriesgados, lo bueno de este film del director Daniel Monzón, es el repaso y acercamiento a un mundo que es de verdad. Bendito ruído y trajín que nos muestra al menos la realidad escondida y casi sórdida. Que ahí, en ese lugar tan hermoso y siempre cercano, pasan todas las cosas del mundo. Y que no son tan distintas las personas de quienes vivimos mejor y en la tumbona los dramas habituales.
-ENTRETIENE Y ATRAE ESTE FILM-

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