
Sí. Desde hace muchos veranos. Imprescindible la sandía en mis comidas de verano. Ves la tele, los ciclistas del Tour o de la Vuelta, y con el soniquete me suelo dar una cabezadita. Mi siesta española y de mí.
Sí. La comida. Comer la sandía tenía para mí miles objetivos. El cachazo de sandía que más que comer, yo engullía, me saciaba la sed insoportable de mi casa calentorra e imposible, me sedaba y me hacía olvidar los problemas. El cacho enorme de sandía que me zampaba tras un plato de...