martes, 28 de abril de 2015

- ALBERTO Y SUS FRAGILIDADES -



Me ha llamado esta tarde Alberto, el cual nos releva a mi hermano y a mí en los cuidados necesarios de mi senecta madre. Y su voz era aranera y preocupante a un tiempo. Porque Alberto estaba aupado en la euforia, como reinvindicando su injusto lugar en el mundo, y crecido ante una situación que le perturbaba.
Maldito dinero. Acababa de recibir una mensualidad de miseria,-supongo que coincidiendo azarosamente con las próximas Elecciones-, y desde su particular perspectiva tomaba muy a la ligera algunas decisiones. Porque para él, este fin de semana tenía que ser muy pero que muy diferente a otros tiempos similares y anodinos. Incambiables y resignados.
Tenía un problema acuciante el bueno de Alberto. Que no se fía de sí mismo ni de las consecuencias de algunos de sus actos. Alberto me dice que él no quiere saber nada del número pin ese que dan los bancos para así sacar el dinero que necesita. Quiere que se lo dé el hombre o mujer de la ventanilla, pero como hoy no estaban entonces nos pedía a mi hermano y a mí un anticipo. Y el lunes nos lo devolvería todo. Yo, le he tenido que decir: -"Pero, Alberto, si el dinero puedes sacarlo tú y tal..."
- "¡No! No me fío. Me conozco y no quiero tal número pin ..."
- "Alberto, jejeje, ¡por Dios!..."
- "Me conozco y de verdad que yo no saco nada así. Y como me gustaría comprarme un poco de ropa y bajar al bar a ver al Real Madrid y eso, pues os lo pido por favor y tal..."
He sonreído. Alberto es un hombre bueno con un pasado potentemente adverso. En efecto, como le dé la vena, coge el número pin ese, y cuando llegue a fin de mes no le queda ni un céntimo. Tiene razón. Ha estado demasiados meses sin un euro en el bolsillo salvo el imprescindible para pagar el alquiler de la habitación del piso que comparte con más personas, y comiendo gracias a la misericordia del Banco de alimentos y a lo que le damos por cuidar a mamá. Que es bien escaso.
Alberto y el dinero. Y tantos y tantos Albertos de la necesidad y de la supervivencia. En medio de su merecida alegría, no sospecha que el lunes el personal del Banco o Caja correspondiente, le dirá que saque el dinero por el cajero y que le adjudicarán un número secreto para extraer el money. Hoy estaba Alberto demasiado contento. Sé que nunca se está demasiado contento, y me preocupa ni mezcla de sentimientos y de sensaciones.
Que vaya al mercado y se compre ropa, y que se ilusione un poquito. Es humano como todos y tiene el derecho pleno a soñar y a gozar. Pero no frecuenta Alberto las buenas compañías y eso me preocupa esencialmente porque cuida afanosamente a mi madre.
Sus amigos son un par de alcohólicos que piden limosna en la Iglesia de San Nicolás todos los lunes y en donde les da. Son pareja. Ella es una dejada, y él un hombre muy alto con una enorme cojera que no desea admitir que ha de crecer. Y en medio de esa dejadez que conoce y que les quiere, Alberto corre bastante peligro.
Alberto sigue teniendo vértigo vital. Ha decidido ha tiempo que no aspirará a tener una compañera que le haga sentirse más maduro. Alberto sigue la deriva del derrotado conformón, y se niega una y otra vez a sí mismo la capacidad de pensar con más agudeza en su derecho de prosperar más allá del comodín defensivo inmediato y de oxígeno de supervivencia.
Alberto tiene razón pero ni mucho menos, toda. No tiene derecho solo a aspirar a dicha supervivencia y a no pegarse el gran castañazo. ¡No! Alberto tiene derecho a la dignidad, a buscar unos amigos sanos, a ponerse activo y reivindicativo, a no poner excusas de lesitud para no mirarse el corazón; a demasiadas cosas que le hacen ser casi un viejo prematuro e imposible.
Me duele mi afecto hacia Alberto. Ha hecho y hace una labor abnegada y satisfactoria hacia mi madre. Admirable. Pero me gustaría que se siguiera levantando y reivindicando una mejora personal en su vida.Que se abriera y exteriorizara su verdadero dolor. Pero anda distraído el pobre con otro orden de prioridades. Solo desea quedarse como está.
-Y NO ESTOY DE ACUERDO-

2 comentarios:

Un gran placer ha sido leer tu relato atrapante de principio a fin, me gustó y te felicito poeta-escritor.
Un saludo cariñoso.

Besos y agradecimientos para Emilia Fuentes!

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