martes, 20 de enero de 2015

- MALOS TIEMPOS PARA EL HUMOR -



Escuchaba el otro día en la radio al maestro "Peridis" argumentar que él nunca haría una viñeta que causara dolor a alguien. Y me pareció un argumento sólido y humano. Pero siento no compartir del todo la esencia de dicho argumento. Porque lo del daño es comprensivo pero también muy relativo. El satírico y el humor auténtico nunca hacen daño. Lo que hacen, es pensar y salirse de la norma para conducirnos al camino de la plena libertad y realidad.
Mi propuesta va por otros vericuetos. Veréis. Yo opino que vivimos en un tiempo tremendamente solemne e inseguro, en el cual el humor aparece como una osadía. Hay miedo e intolerancia. Severidad. Queremos tenerlo todo aseguradito y en orden. Hay temor larvado y distancia extrema ante los otros. ¡Oh, los otros! ...
Es un mundo colosalmente religioso y a la poca broma. Humor, el justo. No nos hace pizca de gracia que alguien dé un paso más del que esperamos. Las tradiciones, los atavismos, las costumbres, las trascendencias, están a salvo. Hay un gran blindaje emocional. Muy poca personalidad y muchas ganas de salvar el pellejo. Aquello de, "virgencita, virgencita, que me quede como estoy..." Conformismo.
El humor está huérfano de grandes maestros. En Estados Unidos por ejemplo, es difícil ver a comentaristas abiertamente críticos a lo que el capitalismo y los sistemas proponen. Reírse es casi una irreverencia. Reírse aparece como una familia de consenso y sin sorpresas en el marco de temas menores y cotidianos. Banalidades y comedietas.
Y esto es exportable al resto del planeta. ¿Cuestionarse las cosas hoy en día con arrojo y decisión?, ¿hacer de las verdades oficiales una plastilina modificable?, ¿reírnos a mandíbula batiente de nosotros mismos? ... Absolutamente es una quimera. Desgraciadamente.
Y acerca del debate sobre la libertad de expresión, yo dejaría la frase capada y reducida a la libertad a secas. Ese es el debate. La libertad está ahora en mantillas y a merced de los potentes maniqueos e hipócritas. La libertad. Eso es lo que subyace tras los atentados vergonzosos y canallas del otro día en París. El triunfo del terror sobre la sonrisa. El fracaso de la provocación humorística frente a la aventurera idea y sexy del desenfado. El derrumbe de una solidez que nos dé cancha para decir inteligentemente todo aquello que nos dé la gana y siempre sin el menor deseo de zaherir. ¿Y por qué diablos teníamos que tener el afán de zaherir a nadie haciendo sátiras humorísticas o gracia abierta?, ¿por qué el humorista queda tan condicionado por los acémilas y los bárbaros? ...
Yo pienso en lo mucho que nos costó históricamente liquidar los corsés y desmarcarse. No fue nada fácil salir de otros tiempos y de otros contextos. Nada sencillo dejar el tabú. Nos costó mucho alcanzar las nuevas y necesarias libertades. Recibimos palos por todos los sitios, incomprensiones, inquisiciones, castigos, reproches, acusaciones y amenazas. Nos castigaron y zarandearon. Pero logramos salir. Se consiguió un paso o muchos hacia adelante. Podía ser posible cuestionar y cuestionarse. Era alcanzable el respeto saliéndose de lo normativo y afirmando que bajo el adoquín estaba la playa.
Hoy me pregunto si está prohibido prohibir. O si realmente se puede prohibir y si ya no nos dejan pasar. Siento que entre ejércitos y dioses intocables, nuestra libertad se ha ido al carajo y a la nada. Me da la impresión de que la inteligencia hiverna en el interior de la osera del miedo y de la supervivencia.
-PARECEMOS OTRO MUNDO-

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