lunes, 26 de marzo de 2012

- FERNANDO ALONSO RESUCITA ENTRE LAS AGUAS DE MALASIA -



Estos hombres de negocios que piensan en desarrollar su industria   de   la  espectacular  velocidad, se llevaron ayer el Gran Premio de coches de la Fórmula 1, nada menos que a Malasia.
Pocos recuerdos de Malasia. Que si tigres en televisión y cine, Sandokán, Emilio Salgari, la Perla de Labuán, o los terribles monzones. Y, toda la pobreza y la desigualdad. Las junglas de Malasia llenas de humedad, serpientes y animales salvajes, y del tercer mundo. Lejísimos...
Pues allí, hay un circuito de carreras en el que por cierto, nuestro genial Fernando Alonso, ya había conocido los sabores del triunfo. Ayer, casi milagrosamente y muy feliz, repitió.
Nada fue tranquilo en la prueba. Todo, un puro y laborioso nervio. Una épica y una aventura la carrera y sus circunstancias. Una tremenda nube, comenzó a soltar agua sin parar, y dejó el circuito lleno de charcos y hecho unos zorros. Lo mejor, a pesar de la humedad terrible, es que la temperatura era de veintiséis grados. Siempre es mejor cuando llega el   tremendo diluvio que no haga frío.
El jefe de carrera, mandó parar. No había manera de seguir. El famoso y peque coche del safety car, encabezaba una y otra vez las cosas y la paz entre rivales. Pero la tempestad venció al safety, y los coches tuvieron que detenerse por completo, y los conductores refugiarse y relajarse, en espera de mejores noticias de clima.
Hasta entonces, las cosas iban moderadamente bien para un Fernando Alonso que había hecho una aceptable salida, y andaba quinto. Pero la potencia de Hamilton, Weber, Vetel, Button y compañía, caminaba rayando lo impasable de nuevo para Ferrari y el astur.
Tras reanudarse todo y con Grosjean eliminado, ya nada podía ajustarse que no fuese al guión del azar y de la bravura o clase al mando del volante.
El tema ruedas, fue la gran noticia. Que si neumáticos de agua, que si de secado, que si los mecánicos corriendo y sudando de un lado a otro, y ganándose el sueldo     más     que  merecidamente. Menudo trajín ...
Fernando Alonso volvió a ser inconformista, y aunque su Ferrari sigue sin ser de fiar o de garantías, hizo un alarde y se fue hacia adelante. Aprovechó que sus rivales no andaban finos, y su valiente apuesta de genio, le sonrió.
Otro audaz e inédito,-como fue el joven mejicano de Sauber, Sergio Pérez,-, persiguió como un galgo al campeón asturiano. Las ruedas y todo su coche, iban mejor que todo lo de Alonso. Pero al bravísimo Pérez, le traicionó su bisoñez y ambición, y se pasó de frenada cuando estaba a punto de capturar.
Éllo, le permitió a Fernando el apretar los dientes, ganar en Malasia, ser el líder del Mundial, y salir del bólido con una alegría enrabietada y comprensible. Alonso llevaba demasiado tiempo sin ganar una carrera. Había que celebrarlo. Estaba feliz, no lo disimulaba, hacía bien, y de paso volvíamos a confiar en el campeón asturiano todos los sonrientes y apasionados españoles. Lo siento de veras por Sergio Pérez. Tenía todas las papeletas en el bolsillo.
En el gran circo de Eccleston, que se acaba de iniciar, y que ahora mira a China como próximo escenario, todo está abierto y nada definido. Vetel y los Red Bulls parecen tímidos ahora. Como los McLaren. Habrá que esperar. Queda todo el tiempo del mundo.
Sí. Las aguas de alegría de Malasia, le dieron buenas endorfinas a F. Alonso. Ganó porque es el mejor piloto, porque tuvo suerte, y porque no se le ve acomodado. Me alegro mucho por sus noticias. No quiero que se resigne a los malos augures.
- ¡ENHORABUENA! -

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