martes, 20 de marzo de 2012

- PRIMAVERA -



Primavera, está dormida la primavera. Aletargada, tímida, temerosa, refugiada, y hasta sola y olvidada.
Pero, existente y viva. Imparable como la realidad. Y, de repente, como una magia de lujo, como un arabesco de lava incontenible de continuidad y fulgor, el viejo dios invierno comenzó a quejarse malherido. El ciclo inevitable del caminar continuado, le colocaba    a   la  ninfa  bellísima y princesa primavera, una gran promesa de reinado.
Sí. Al principio todo era adolescente y casi imperceptible. Solo los sensibles,    agudos,    observadores y poetas románticos, podían vislumbrar que algo nuevo sucedía. Sí.     Por   ejemplo, en las ramas de los árboles surgían unas novedades en forma de niños o brotes, que sacaban a la luz una nueva y prima verdad, a la par  que un inevitable crecimiento. Noticia pionera.
La rebelde primavera, se hacía sitio en el centro de su verdad, mandando paulatinamente al invierno, al recuerdo y a la nostalgia de un pasado que casi nunca existe.
Brillo, renovación, cerezo en flor, precocidad, sangre de hormona alterada, y lluvia en la tarde de los ojos enamorados de un cómplice y tiernamente audaz jardín. El nuevo amor. La nueva sorpresa, el reclamo y la líbido de los animales y sus parejas. La atracción salvaje intersexual, la reproducción, la muestra, la cópula, y de nuevo la sexualidad y el amor. La lírica.
Las lluvias atienden al verde de los prados, y la hierba crece casi perceptiblemente. Color y exhuberancia. Exceso estético, y ternura de niño frágil y fuerte a un tiempo. Cuna de víveres, de esperanzas, de días largos e interminables que marchan hacia un lugar siempre esotérico y dual en el atractivo de la pareja eternamente enamorada y sin poderlo evitar. Atrapados en la jungla de una atracción. Un beso, unas caricias, unas manos, unas ilusiones, unas ganas de romper con la generación anterior, de sorprender con la identidad de unas ropas breves, personales y audaces, y todas las ganas de viajar a vivir.
El sueño de la primavera, es justo y corto. Es una paz de genios y de despertares, de gentes que se rebelan sobre la tiranía saliendo de la osera discreta de su menoridad coyuntural, y vindicando un gran cacho de bienestar y de placer. Sus derechos.
Camino de la estación del metro del verano, la primavera se desplaza inestable     entre   borrascas, calmas y desequilibrios, pero siempre se va notando que esa primavera es más viva que una rosa roja, o que un alazán galopando elegante y majestuoso, o que esa mariposa llena de manchas alegres, casi botánica, que sirve para que el niño rompa a jugar y a sonreír, y para que la chica muestre sus piernas bellas y depiladamente suaves en belleza y verdad.
Bendita señorita primavera, inspiración de románticos, sed de libertinos      que   siempre superaron la agorafobia y que adoran los espacios grandes, abiertos y arriesgados. Flowers, hippies, y barrio latino à Paris. Ibiza.
Porque, en definitiva, ese manantial que brota desnudo, es la primavera. El    estallido  mediático del vigor y del color espectacular y natural, la aventura de la escapada de la montaña, el amor que nunca te dije, la ropa mojada y sorprendida que se entremezcla con el nervio de la ansiedad de la atracción expectante y gozosa, y de nuevo todo el amor. Agua y río que nos lleva.
Luz, flor, frescor, lluvia, prado, tirante, color, apertura, deporte, vitalidad, manga corta, juventud, adolescencia sin edad, eternidad permanente y larguirucha, y de nuevo todo el afecto. Hasta que ese encantador y pizpireto tren primaveral, saca el trino de un pájaro, y anuncia que se detiene en la estación verano.
-PARA POETAS DE TODOS LOS HEMISFERIOS-

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