miércoles, 1 de septiembre de 2010

- FIGNON NOS HA DEJADO -

¡Qué mala leche tenía! El gafitas francés. Y qué precocidad y coraje. Seguramente , Laurent Fignon ha sido el último gran ciclista francés. Una terrible enfermedad, le ha dejado k.o. a mi edad. A los cincuenta juveniles años. Una pena. Muerte de un ciclista. De un corajudo y gran campeón, el cual y con una precocidad envidiables e inauditas, logró ganar dos Tours de Francia con veinte y pocos años. Recuerdo a Fignon. Era un espectáculo. Un joven, que se comía el mundo a bocados y con un esfuerzo brutal. Su gesto crispado no parecía augurarle buen destino en esto del ciclismo. Pero solo era un gesto exagerado. Su fuerza era extraordinaria. Aspecto altanero y antipático. Sin concesiones. Risas y sonrisas, las justas. Fignon se ponía encima de una bicicleta solo para ganar. Lo demás se la traía al fresco. No era buen escalador, pero eso no le importaba. Se retorcía como un esclavo encima de la "burra", crispaba el rostro con el sufrimiento límite, y aguantaba. Aguantaba mucho. Flacucho, rubio y desgarbado. Me engañó. Pensé que subiendo de esa lastimera manera las grandes cimas, no llegaría lejos. Pero, no. Fué uno de los primeros grandes ciclistas que empezó a subir los puertos a golpe de riñones. Lo que supone un esfuerzo añadido. Pero el gran Laurent, soportaba bien los sobreesfuerzos. Y cuando te dabas cuenta, se recuperaba y te restaba minutos en plena escalada. Y en el llano era terrible. En cuanto veía opción, atacaba como un suicida, convencido de sus posibilidades y de que la iba a liar. ¡Admirable coraje de campeón! A los españoles nos caía fatal el gafitas, y nosotros a él, también. Esa eterna rivalidad francoespañola. Fignon, tenía un genio terrible. En una Vuelta a España, y en el transcurso de una de las etapas, un cámara le vió en apuros y le enfocó. La respuesta fue la cólera del terrible Fignon en forma de escupitajo en toda la citada cámara. Laurent no se andaba con chiquitas. Después, tuvo un tremendo bajón. Se pasó años siendo un segundón. Un año, pareció revivir hacia el Olimpo, pero solo fue fugaz. Su tiempo de éxito se había llamado,precocidad. Cuando ahora se retorcía sobre la bici, ya no preocupaba a nadie. Ya no era fuerza, sino un tic de limitación. Eran los años ochenta, y yo un hombre mucho más joven. El ciclismo, empezaba a soportar el azote del veneno del dóping. Siento de veras que se haya muerto el gran Fignon. Su forma de entender el ciclismo, se parecía mucho a como la entienden los corredores valientes, épicos y con clase. - ¡VIVE FIGNON! -

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