viernes, 10 de noviembre de 2023

- CINE DE ESTRENO= "SABEN AQUELL ..." -



Bien hace el director David Trueba en no ir a las tripas del morbo de un personaje popular que nos hizo reír y mucho. Salía en la tele y en los casettes fumándose un cigarro. Y nos contaba chistes con una seriedad extraña. Y todo el mundo se reía con sus cosas.

¡Eugenio! Interpretado magistralmente por David Verdaguer, y "Conchita" su mujer, de cuyo papel se encarga espléndidamente Carolina Yuste.

Eugenio. Un tipo raro y llano. Alto, delgado y con aquellas gafas peculiares y de su época. Trueba nos cuenta desde la literalidad la época de Eugenio. Su sociedad, su contexto, aquel otro mundo en donde éramos jóvenes y esperábamos cosas.

Una España tradicional, post franquista, extraña, usual, que quería reírse de una vez de algo diferente y distinto. España pugnaba por ser nueva, pero nunca es nada fácil moverse de ahí y cambiar cosas.

La mujer de Eugenio, catalana y de origen andaluz. La chica que aspiraba a ser artista y que fue mujer. Mujer enamorada de un hombre especial. Capaz de sacrificarse a la antigua usanza, de renunciar a muchas cosas, y de nunca perder el humor ni la compostura. Conchita es fuerte, cuida a sus hijos, recibe el palazo del cáncer con resignación cristiana, y siempre saca fuerzas de flaqueza con su voz y su guitarra aunque no tenga la genialidad ni la pegada de un crack.

¡Eugenio! Falleció a los cincuenta y nueve años. Parecía un niño grande y poco valorado. En aquella época había muy pocas posibilidades para salir del blanco y negro de lo conocido, y lanzarse al color y a la bendita locura.

A Eugenio parece que no le gustaba contar los miles de chistes que se sabía, y que acaparaba en sus repertorios y actuaciones. Eugenio era un tipo triste, extraño, práctico, no mostrando su miedo escénico y tragándose sus miedos y su visión particular de las cosas.

Eugenio tenía tal autodestructividad, que no le daba importancia ni fe a sus éxitos evidentes. Eugenio, triunfó como humorista, pero como ser humano buscaba un triunfo imposible que no fuera el amor de su Conchita morena de su corazón.

Catalán, Eugenio. A mucha honra y naturalidad. Y comenzando sus chistes por aquel suyo "Saben aquell que diu ..." Quería ser natural, sin alharacas, ganar pasta y ser respetado.

Lo que pasa es que sus ojos con gafas serían mucho más ambiciosos de lo que aparentaría. Eugenio se hubiera ido por ahí con su amor, por el mundo, a disfrutar, a que no le dieran la matraca con los autógrafos o con la popularidad. Parece que la figura paterna le marcó para mal y no supo reaccionar cuando se le fue su Conchita.

La falta de amor propio no fue óbice para que extrajera una gracia para el chiste, realmente soberbia para un tiempo suyo que en el fondo deseaba salir ya del franquismo, coger el coche todos los domingos con la familia y largarse por ahí.

Es una buena reflexión sobre la cara negra y fou del chiste y de su pregonero. El chiste trata de sorprender en la medida que deseamos la risa sin necesidad de impostarla. No. Los chistes de Eugenio te hacían sacar la novedad de quien quiere disfrutar de la vida y no sabe cómo hacerlo. Eugenio nos empujó hacia la utopía del humor sin hacernos levantar de nuestra silla de casa.

Eugenio no era de tele ni de grabación. Aunque saliera mucho ahí. Eugenio era de sala de fiestas, de sus ojos tímidos velados por sus gafas estratégicas, de dejarlo estar y disfrutar sin querer con la magia de sus ocurrencias.

David Trueba nos describe a un Eugenio literal, descrito, humanote, padrazo de todos y de nadie, caradura y niño, temeroso y amoroso, y haciendo juegos con las palabras y las situaciones, y siendo barcelonés hasta las trancas, y vulnerable, y presa de mil millones de tentaciones negadas que pudieron con su resistencia.

-BONITA PELÍCULA. -
 

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