
I. Los madrugones suelen ser tan simbólicos como necesarios. Hacía algunas semanas que yo me iba a mover. Y el ruido de los petardos sin horario de las fiestas falleras, el motor que le pondría concreción a mi deseo real: ¡¡viajar!! ...Hay que hacerlo. Había que hacerlo. Lo hice. Un madrugón potente camino de las tierras del Cantábrico. Maletas, dejar atrás la preocupación económica, e inventarme un enorme motivo para sentirme bien diferente.La entraña estuvo en la noche precipitada. En mi corazón...