Un escalofrío recorre mi alma cuando escucho a Marisa. Casi no recuerdo cuándo la conocí. Es posible que haga ya dieciocho años. Y ahora, algo extraño parece que sigue rodeando la psique de esta mujer.Yo sé que me quiere. A su manera, pero me tiene aprecio. Cuando la conocí, ya era ciega. Invidente, solitaria, inteligente, espabilada por vivida, agria, amable y hasta cortante. Y extremadamente sensible. Recuerdo una vez que se aprovechó de unos amigos como yo, y nos instó a bajar precipitadamente...