
Déjame. Déjame soñar. Déjame imaginar otros nuevos escenarios de realidad. Y que fluya en mí cada día la paz de una esperanza.
Déjame imaginar trenes y viajes. Y ojos de mujer y magia femenina. Y primavera eterna que envuelve el crecer de las plantas más maravillosas. Permite que dé rienda suelta a lo que quizás no pase, o que si sucede no sea tan doloroso ni dramático. Deja que mis sueños levanten la tapa de lo imposible, y que el tubo digestivo de la realidad sea capaz de digerir los tránsitos...