
El otro día me senté sobre aquellos banquitos reivindicadores y terribles, que intentaban dar respuesta a mi extraño e incomprendido malestar. En el cercano pueblo de Xirivella me pasaron cosas dolorosísimas e inauditas. Aquel almacén de piezas de lámparas en el que estuve desde 1979 al 92. Demasiado tiempo en la enfermedad de la nada; instalado en el dolor más que desalentador. Con la sensación de ser una pluma que el aire caprichoso se llevaba jugando con ella ...Era verano. Hacía mucho calor....