
Se notaba en persona que su currículum laboral no podía mentir. Había trabajado muchos años en una multinacional. Iba de coqueta y de chica eterna en la presentación de su libro nuevo de poemas orientales. Ya no hará sesenta años, pero es igual.
Es bonita, juvenil, sabe estar como nadie, más que vivida, bien casada, ocurrente, muy cómoda entre sus admiradores y hasta sus pelotas, callada inicialmente; discreto florero que luego mutaría en ciclón definitivo de las pequeñas cosas del Japón y...