
Mariano Rajoy pasaba por allí. Era una mañana de verano. Un Juzgado. Con buena mata de pelo casi cosida a su barba habitual, Rajoy se dispuso a obedecer la acción judicial y a testificar. En esa calidad iba al juzgado. En calidad de testigo.
Relajado, tranquilo, confiado, sereno, y hasta chistoso y ocurrente, Mariano se sintió francamente bien. Las caras de muchos de sus contrincantes aparentes e institucionales también presentaban aspectos relajados. Quizá demasiado relajados, cuando lo que...